Sí
El rey Namjoon revisaba unos documentos en su despacho, con Seokjin sentado en el escritorio frente a él cuando un soldado apareció tocando la puerta, después les hizo una reverencia.
—Majestad... —dijo, con la voz ligeramente agitada.
Namjoon levantó la vista, frunciendo el ceño.
—Habla.
—El príncipe Jungkook se encuentra en el ala médica.
—¿Y por qué me dices eso? —preguntó, dejando a un lado los papeles—. Dile que venga.
El soldado bajó la mirada, tragando saliva.
—No puede venir, su alteza está encerrado... en una de las habitaciones del ala médica.
Namjoon se incorporó por completo.
—¿Encerrado? ¿Por qué?
El silencio se alargó un instante antes de que el soldado soltara lo inevitable:
—El príncipe... ha marcado a un omega.
Hubo un segundo sin reacción. Luego, la expresión del rey cambió por completo.
—¡¿Ha marcado a su qué?! —rugió al mismo tiempo que Seokjin ponía un gesto que irradiaba horror.
El soldado se encogió de hombros, temblando ligeramente.
—A un... omega, majestad. Parece que lo hizo sin permisos ni protocolos.
El rostro del rey consorte se desfiguró, entre el estupor y la indignación.
—Se supone que es un rumor de corredor... me aferré a esa idea —dijo Seokjin.
—Pues lo hizo —replicó Namjoon con la mandíbula tensada—, y es mejor que sepamos por qué.
Sin perder más tiempo, ambos se dirigieron con pasos apresurados hacia el ala médica. Las faldas de la túnica blanca y rosada de Seokjin flotaban tras él como alas inquietas, y el peso de la corona parecía ahora una carga insoportable.
El rumor ya se había regado a través de los pasillos más rápido que el viento, y los guardias a su paso se apartaban, sabiendo que cargaban un secreto ardiente.
Al llegar, vieron la puerta cerrada y dos guardias apostados frente a ella junto con Kim Taehyung y su omega, el doctor Min Yoongi. El olor a esencias medicinales y algo más... algo distinto, impregnaba el aire.
Namjoon apoyó una mano contra la puerta. Respiró hondo.
—Jungkook... ¿qué has hecho?
Jungkook permanecía sentado junto a la camilla, con la espalda recta y el corazón desordenado. Tenía las manos entrelazadas, apoyadas sobre sus rodillas, pero cada pocos segundos su mirada se desviaba hacia el pequeño cuerpo dormido en la cama.Su omega.Solo pensarlo le aceleraba el pulso.
La puerta seguía cerrada con llave desde afuera, pero él ya no escuchaba nada. Ni los pasos de los enfermeros, ni las voces amortiguadas de Taehyung o Yoongi, ni siquiera el temblor de ira que sabía que sacudiría a su padre tan pronto se enterara de lo sucedido. Todo su mundo, toda su atención, estaban puestos en el joven frente a él.
En ese instante, el omega respiró hondo.
Momentos e después, sus dedos se movieron. Las pestañas temblaron con sublime suavidad, largas y espesas, proyectando sombras delicadas sobre sus mejillas pálidas. Jungkook contuvo el aliento. El lobo dentro de él se erizó, expectante, protector... sin remedio.
Los ojos de Jimin se abrieron.
Un par de iris color miel, cálidos, brillantes, profundos igual a un atardecer en otoño. Ojos suaves que parecían hechos para mirar con ternura... y que ahora lo observaban con un asombro que atravesó la armadura emocional del príncipe alfa como si no fuese más que papel delgado.
Jungkook notó que algo en su pecho se rompía y se recomponía de inmediato, en un mismo latido.
Jimin jadeó, sorprendido. Aquel rostro masculino, de mandíbula fuerte y líneas nobles, estaba demasiado cerca. Su cabello oscuro, largo hasta los hombros, caía igual a una cortina sedosa a los lados de su rostro. Y sus ojos... Azules.
Azules igual que el mar iluminado por la luna. Tan profundos que Jimin sintió que se estaba hundiendo en ellos sin remedio.
Por un instante se olvidó de respirar.
Observó alrededor, confundido, analizando el lugar: la camilla medicinal, los frascos de esencia, los emblemas del reino en las paredes. Luego miró la ropa del joven que tenía delante... La insignia en su pecho.
La reconoció al instante.
La corona de plata incrustada sobre la hoja de un lobo. Símbolo único, exclusivo, imposible de confundir.
El emblema de un príncipe heredero.Del reino vecino.
—¿Qué... qué hago aquí, alteza? —preguntó en un hilo de voz, sintiendo que el cosquilleo del vínculo latía en su garganta, justo donde la nueva marca brillaba bajo la piel. Su corazón tembló, incrédulo—. Siento... siento algo extraño... usted... usted es... ¿mi alfa?
El temblor en su voz lo delató.Jimin lo sabía. Y Jungkook también.
El príncipe tragó saliva, acercándose un poco más, cuidando no intimidarlo. No quería asustarlo. No quería que se sintiera atrapado. Quería protegerlo, resguardarlo del mundo entero.
—Te encontré en la orilla del río —susurró Jungkook, su voz profunda estremeció los tímpanos de Jimin, pero no de mala manera, se sintió cálida en extremo, amable, reconfortante—. Estabas herido... inconsciente. Y no podía... no podía dejarte morir.
Los labios de Jimin temblaron. Las lágrimas se acumularon en sus ojos color miel, derramándose con un brillo inocente.
—Me... me ha salvado la vida —murmuró—. U... usted me marcó...
Jungkook cerró los ojos un instante.No se arrepentía. Ni un segundo. Pero tampoco quería que Jimin lo sintiera como una imposición.
–Lo hice para salvarte —dijo con sinceridad—. Tu marca anterior... te estaba matando. No tuve elección. Si no te marcaba, no estarías respirando ahora.
Jimin llevó tembloroso la mano a su propio cuello. La piel ardía con un calor dulce y protector. El olor del alfa lo envolvía igual a un abrazo cálido. Su lobo interior gimió lleno de alivio. De pertenencia.
Cuando volvió a mirar a Jungkook, el mundo entero pareció detenerse. Los ojos azules del príncipe lo estaban mirando como si fuera algo precioso. Algo único. Algo suyo.
El omega, en ese instante, sintió que había visto el cielo. No uno hecho de nubes y luz... uno hecho de aquella mirada azul, profunda y hermosa.
—¿Cuál es tu nombre? —cuestionó Jungkook.
—Soy Park... Park Jimin.
—Jimin... —murmuró—. ¿Sabes que puedes rechazar mi marca? Pero de hacerlo, el alfa con el que te vinculaste antes seguirá siendo tu alfa aunque estés repudiado y volverás a enfermar.
—¿Por qué me ayuda, alteza? U-usted es el pri-principe de Haneul, ¿cierto? —Jimin tragó saliva—. ¿Por qué ayudarme?
—Mi lobo me lo pidió —contestó.
El corazón de Jimin golpeaba tan fuerte que podía escucharlo en los oídos. ¿El príncipe... lo ayudaba porque su lobo se lo pidió?Eso no tenía sentido. Los alfas reales eran famosos por ser fríos, calculadores, políticos. No actuaban por impulsos... mucho menos por instinto.
Pero Jungkook no parecía frío.Ni calculador.Ni distante.Parecía humano.Muy humano.
El alfa se acercó un poco más, despacio, asegurándose de no invadirlo. Le tomó la mano, aquella mano pequeña y fina, con una delicadeza que era completamente distinta a su fuerza. El pulgar de Jungkook recorrió la piel del omega con un gesto delicado.
—No tienes por qué temerme —murmuró.
—No le... no le temo, alteza —balbuceó—. Solo... no entiendo. Mi antiguo alfa... él...
Los ojos azules del príncipe se suavizaron, y una corriente protectora le recorrió la espalda.
—No tienes que decirlo ahora —respondió con calma, aunque por dentro el lobo rugía lleno de ira—. Lo que te hizo, sea lo que sea... ya no puede tocarte. No mientras respires bajo mi marca.
Jimin sintió un tirón cálido en el pecho.La marca vibró respondiendo a la voz del alfa.
—Pero... —Jimin apretó ligeramente los dedos de Jungkook, sin darse cuenta—. Si me quedo con su marca... su vida cambia. Usted tiene deberes... un reino... un futuro ya escrito. Yo soy...
—No eres un problema —interrumpió Jungkook con firmeza, inclinándose hacia él—. No eres una carga. Ni un error. No importa de dónde vienes. No importa lo que te hicieron creer. —Los labios de Jimin se entreabrieron, sorprendido—. Mi lobo te reconoció —continuó el príncipe—. Y no he sentido algo así en toda mi vida. No tenía elección. No podía dejarte morir, Jimin. No podía.
Un temblor recorrió el cuerpo del omega.
—Alteza... —susurró, con lágrimas formándose otra vez—. ¿Qué va a pasar conmigo ahora?
Jungkook respiró hondo. Su mirada azul ardió con decisión y ternura.
—Lo que tú quieras que pase —contestó—. Puedes quedarte bajo mi protección, bajo mi techo, bajo mi marca... si lo deseas.
Jimin bajó la mirada.La marca ardió... pero no de dolor.El omega iba a contestar, pero antes de hacerlo, un ruido seco golpeó la puerta, era un golpe autoritario.
El corazón de Jungkook se tensó cuando la voz del rey Namjoon se escuchó desde el otro lado, grave y tensa:
—Jungkook. Abre la puerta. Ahora.
Jimin se sobresaltó, instintivamente aferrándose a la manga del príncipe. Jungkook bajó la mirada hacia esa pequeña mano agarrada a él, y su corazón dio un vuelco.
—No te soltaré —susurró—. Pero antes de enfrentar a mi padre quiero que me des una respuesta.
Jimin sostuvo la mirada del príncipe.
—Alteza, usted no sabe quién soy. Ni tampoco sabe quién era mi alfa. Por eso tengo que decirlo antes de que se inicie algún conflicto entre reinos por mi culpa.
—Habla —dijo Jungkook.
—Mi alfa era el príncipe de Aerthya: Lee Seojin. Me ha repudiado porque cree que... Cree que yo maté a su cachorro. ¡Pero juro que no es cierto! Yo no soy un asesino. Seojin no me dejó explicarle cuando me echó del castillo, ni cuando me exilió del reino.
Jungkook se quedó en silencio. Mirando a Jimin a los ojos, después se volvió a acercar, acariciandole la mejilla. Sosteniéndole el rostro con ambas manos, con sus pulgares limpiando las mejillas húmedas del omega mientras sus ojos se oscurecían, no de ira hacia Jimin... sino hacia la injusticia que le habían hecho.
—Mírame —pidió el príncipe con voz baja, y ronca.
Jimin obedeció, temblando.
—No creo que seas un asesino —afirmó Jungkook, con una firmeza que no dejaba espacio para duda alguna—. No lo veo en tu mirada. No lo siento en tu alma. No lo siento en tu marca.
El omega parpadeó, sorprendido.
—Pero alteza... si su padre se entera de que marcó a un omega del reino vecino...
—No hiciste nada malo —lo interrumpió Jungkook—. Yo te marqué, no tú a mí. Y lo hice porque estabas muriendo. Porque tu alfa te condenó injustamente y porque mi lobo te eligió.
Su mano tembló cuando bajó los dedos hasta el cuello de Jimin, rozando la marca que brillaba sobre su piel.
—Jimin... —susurró, acercándose un poco más—. Mi padre no decidirá sobre mi vínculo. Nadie lo hará. Solo tú.
El omega sintió un nudo en la garganta.
—Pero... habrá consecuencias políticas —murmuró—. Si el príncipe de Aerthya descubre que tengo otra marca... podría acusarles de secuestrarme. Podría...
—Que lo intente —gruñó Jungkook, y por primera vez, el lobo habló a través de él—. Si ese alfa vuelve a acercarse a ti, tendrá que enfrentarme.
El corazón de Jimin se comprimió por la intensidad de su voz. Nadie, jamás, lo había defendido así.
—No entiendo porqué tu alfa no te defendió. Yo... Puedo sentir tu verdad a través de la marca. —Jungkook frunció los labios—. Jimin, eres inocente de ese crimen; lo sé.
De repente, otro golpe seco estremeció la puerta. Esta vez más fuerte, acompañado de la voz desesperada de Seokjin:
—¡Jungkook! ¡Abre de una vez!
El príncipe respiró hondo, volviendo su atención a la puerta... pero sin soltar el rostro del omega.
—No tengo cuidado de lo que haya detrás de esa puerta —le dijo, con total honestidad—. Solo quiero saber algo antes de abrirla.
Jimin tragó saliva.
—¿Qué... qué quiere saber, alteza?
Jungkook bajó la mirada un instante hacia la mano del omega, aún aferrada a su manga... luego volvió a mirarlo a los ojos.
—¿Quieres mi marca, Jimin? —preguntó—. ¿Quieres quedarte bajo mi protección... conmigo?
El aire se volvió espeso.El corazón del omega dio un salto doloroso.La marca brilló una vez.Se trataba de un latido que contestaba primero que él.
Jimin abrió los labios, en el instante que la puerta volvía a temblar bajo los golpes de su futuro suegro, el rey alfa del reino más poderoso:
—Sí...
Jungkook exhaló.
El príncipe sonrió, tomando la mano del omega, entrelazando sus dedos con los de él, justo en el instante en que la puerta se abrió de golpe.
Namjoon y Seokjin irrumpieron en la habitación.Y lo que vieron los dejó sin aliento.
Hasta aquí el capítulo de hoy!!
¿Se dan cuenta de que Jungkook es todo un sol?😫Es demasiado amable, jeje confieso que me acuerdo de Eric de la sirenita cada vez que escribo de jk en este fic🫠
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