Nueva marca
Seokjin, el rey omega consorte, se encontraba recostado en un diván de seda, rodeado por su servidumbre. Vestía uno de sus trajes favoritos: un conjunto de finos tejidos blancos con detalles bordados en rosa cereza que caían igual que pétalos al moverse. Su cabello estaba recogido con delicadeza, su piel brillaba bajo la luz. A su lado, dos sirvientes le masajeaban los hombros y los brazos, mientras un tercero le ofrecía té de flores.
—Más presión en los hombros, por favor —murmuró Seokjin, cerrando los ojos de manera placentera—. Mmm. Vamos, cuéntenme algo interesante. ¿Algún escándalo del que no me haya enterado todavía?
La sirvienta que había entrado con una bandeja de fragancias se detuvo, pálida como la luna. Tragó saliva, con el rostro lleno de dudas.
—Señor... —susurró con voz insegura— Majestad, se dice que el príncipe ha encontrado un omega... moribundo, en los ríos.
Seokjin abrió los ojos.
—¿Un qué? —cuestionó al mirarla.
—Un omega, majestad. Herido. Y según dicen los guardias... tenía una marca de alfa.
Seokjin se incorporó lentamente, pero su postura estaba tensa y sus ojos, antes suaves, se afilaron de inmediato.
—¿Y qué más están diciendo? —preguntó.
La criada bajó la voz.
—Los rumores dicen que... podría tratarse del omega del príncipe.
Seokjin se quedó inmóvil. Después se levantó de un salto, soltando un bufido incrédulo.
—¡Imposible! ¡Mi hijo todavía no marca a ningún omega!
—Es lo que escuché, señor —respondió la criada, temblando—. Solo son rumores.
Seokjin agitó la mano, despidiendo a todos los sirvientes de inmediato. Su capa ondeó como fuego al moverse.
—Fuera, ¡todos fuera! —ordenó, con el ceño fruncido.
Cuando estuvo solo, su mirada se encendió como una chispa furiosa.
—Ese niño... —gruñó, y después de dudarlo un poco salió de la habitación casi corriendo.
Atravesó pasillos pulidos y alfombras carmesí, ignorando los saludos formales de los guardias. Su respiración se aceleraba con cada paso. La indignación lo dominaba. No solo por la marca, sino por el escándalo, por la falta de respeto... ¡por la irresponsabilidad!
—¡JEON JUNGKOOK! —gritó, llamando a su hijo— ¡¿DÓNDE TE METISTE?!
Los sirvientes se asomaron desde los rincones. Algunos chismosos. Otros genuinamente preocupados. Seokjin era amado, pero cuando se enfadaba, a pesar de ser un omega; era temido.
—¿Qué sucede ahora? —preguntó una voz más grave desde el piso superior.
Seokjin levantó la cabeza.
Descendiendo con una calma imperturbable que no coincidía con el dramatismo del momento, estaba el rey Namjoon. Alto, imponente en su porte de alfa, con una capa oscura e incrustaciones de oro. Cabello oscuro peinado hacia atrás, y esa aura autoritaria que hacía inclinar la cabeza a cualquiera que lo viera.
—Seokjin... —dijo, con una ceja arqueada—, ¿otra vez gritando? ¿Qué pasa ahora?
Seokjin respiró hondo, conteniendo la histeria.
—Namjoon, se trata de tu hijo. Hay un rumor —dijo, acercándose a él con el mismo dramatismo con el que caería una estrella del cielo.
—¿Cuál rumor? —Namjoon frunció el ceño.
—Dicen que ha marcado a un omega —explotó Seokjin, levantando las manos— ¡y no conforme con eso está moribundo ese omega!
Namjoon se quedó mirando unos segundos, como si sus oídos hubieran captado un número incorrecto.
—¿Qué dices?
—¿Tengo que repetirlo, cariño? —Seokjin chasqueó la lengua y se cruzó de brazos— ¿O quieres que lo mande a gritar por todo el reino para que quedes claro?
Namjoon suspiró, se acercó despacio y tomó las manos de su esposo.
—No te desgastes. Te vas a enfermar —dijo, con el tono suave que usaba solo para él—. Lo mandaré a llamar a nuestra habitación. Escucharemos de su boca la verdad.
Seokjin elevó la barbilla, dejándose acunar por la firmeza de su alfa.
—Bien —dijo, con voz trémula, aunque trató de esconderlo—. Hazlo rápido, Namjoon. Mi corazón no puede soportar un rumor de esta magnitud.
Mientras Namjoon hacía una seña para que un guardia saliera en busca del príncipe, Seokjin soltó un suspiro largo y tembloroso. Y su mente no dejaba de repetir una sola pregunta:
¿El rumor era cierto?Y de ser cierto, ¿Quién era ese omega...?¿Y por qué su hijo lo había llevado al castillo?
Los enfermeros, betas todos, se movían con cautela mientras el príncipe Jeon Jungkook observaba desde la distancia con los brazos cruzados y el rostro serio.
Jimin yacía inconsciente en una de las camillas. Su piel pálida parecía aún más transparente bajo el resplandor de las velas. Las vendas cubrían su pecho y brazos, pequeñas manchas carmín comenzaban a filtrarse. El sudor le cubría la frente, y su respiración estaba irregular, él seguía peleando por aferrarse a un hilo de vida.
Min Yoongi, el médico real, un hombre apuesto y de semblante serio, con cabello oscuro recogido en una pequeña cola y ojos rasgados que parecían verlo todo7, se acercó al príncipe con una carpeta en la mano y el ceño fruncido.
—Alteza... —comenzó, con una voz que el príncipe reconoció al instante como mala señal.
Jungkook se giró para mirarlo a los ojos.
—Este omega ha sido repudiado, alteza. Va a morir —dijo sin rodeos—. Aunque sanen sus heridas superficiales, su destino es la muerte... la marca de su alfa está en agonía y con él, lo está matando.
Jungkook desvió la mirada hacia Jimin. Lo observó en silencio. Era frágil. Pero hermoso. Pestañas largas, facciones delicadas que parecían talladas con esmero. Sus labios hinchados y heridos aún no habían perdido el color rosado, y en sus mejillas se adivinaba la huella de lágrimas que no había podido derramar despierto.
¿Qué clase de dolor había sufrido para llegar hasta ese estado?
—Todo por la marca —murmuró con los ojos clavados en su cuello—. ¿Qué clase de alfa marca a un omega... y luego lo deja a su suerte?
Taehyung, que estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados, soltó con frialdad:
—Un alfa sin corazón.
El silencio se adueñó de la habitación. Tanto Yoongi como los enfermeros se detuvieron. Había algo intocable en ese comentario. Algo que dolía incluso sin nombre.
Min Yoongi se acercó para revisar una vez más el pulso del omega.
—Es joven —dijo—. Yo diría que tiene nuestra edad... tal vez una o dos estaciones menos que nosotros. Definitivamente ha sufrido bastante.
Jungkook se tensó.
—¿Crees que soporte el ritual para borrar la marca? —preguntó, aunque en su voz ya se intuía poca esperanza.
Yoongi negó sin pensarlo.
—No. Si intentamos borrarla de manera tradicional, su cuerpo no soportará el proceso. Su sistema ya está colapsando. Lo único que podría salvarlo... sería que otro alfa lo marque. Eso anula la marca anterior... aunque permanecerá débil un tiempo y si él rechaza al alfa morirá en el proceso.
Jungkook parpadeó una vez. Procesando.
—¿Algún voluntario? —preguntó en voz alta, dejando la pregunta en el aire como una flecha dirigida al vacío.
Nadie respondió.
Los enfermeros evitaban mirar, sus rostros llenos de compasión silenciosa. Todos eran betas, incapaces de marcar. Taehyung giró la cara hacia otro lado. No porque no le importara, sino porque sabía que no era su lugar. Él ya tenía un vínculo eterno con Min Yoongi.
Entonces, el médico volvió a hablar, mirando directamente a Jungkook.
—El único alfa libre en esta habitación es usted, alteza —dijo con calma. No era una pregunta. Era una verdad expuesta al centro del salón.
—Lo sé —respondió Jungkook, bajando la mirada momentáneamente hacia el piso—. Pero soy el príncipe. No puedo permitir que una decisión impulsiva... trastoque lo que es mío por deber y no por deseo.
»Me gustaría salvarlo —continuó, con un peso en cada palabra—, pero no puedo marcarlo. No debo. Y dudo que haya alguien más dispuesto a hacerlo. Es una lástima... pero morirá.
Se alejó, dando la espalda.
—Procuren que no sufra —ordenó—. Que sea rápido. Que no duela.
—Sí, alteza —respondió Yoongi con los ojos bajos.
Hubo un largo silencio.
Después, el llanto.
Suave. Apenado. Desgarrador.
Jimin comenzó a sollozar en sueños, su cuerpo temblaba, y su alma gritaba desde un lugar donde nadie podía alcanzarlo. Ese llanto, apenas audible... fue suficiente.
Jungkook frenó.
Su respiración se cortó, sentía que alguien lo hubiera golpeado en el pecho desde adentro.
Sus pupilas se dilataron.
Y una voz que rara vez aparecía para hablarle de escuchó dentro de su cabeza.
“Salvémoslo.”
Jungkook abrió los ojos, sintiendo su corazón latir más fuerte.
Era su lobo.Una parte de él que había callado durante demasiado tiempo y que por primera vez en años... estaba hablando, exigiéndole algo.
Salvarlo.A él.Al omega moribundo y repudiado.
Jungkook se acercó a la cama donde Jimin yacía, sentándose con suavidad a su lado, después deslizó su mano sobre la del omega. Era tan fría. Tan débil. Demasiado frágil. No era justo que una vida terminara así.
—Si lo marco, se salva... ¿verdad? —murmuró sin apartar la vista de su rostro.
—Sí, alteza. —Yoongi asintió—. La marca de un alfa fuerte suprime la anterior. Pero no es una decisión cualquiera.
—¿Eh? —dijo Taehyung incrédulo, entendiendo aquellas palabras del príncipe—. No puede hacerlo, alteza. Eso es... sagrado.
—Lo sé —respondió Jungkook, sin levantar la voz, aunque sus ojos brillaban con un brillo sin igual—. Pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras muere. No es solo un omega herido. Es una persona. Y lo quiero salvar. Quiero protegerlo.
Taehyung cruzó los brazos. Habían pasado tantas pruebas juntos. Conocía al príncipe mejor que nadie, pero esta vez sentía que no podía alcanzarlo.
—No sabemos de dónde viene —murmuró, sin mirar a Jimin. No quería parecer cruel. Solo era precaución. Protección a su príncipe.
—Pero... sabemos a dónde podrá ir —respondió con voz baja—: A mi lado, y estará seguro.
Yoongi amplió los ojos, sorprendido. Haciendo contacto visual con Taehyung; su alfa.
—¿Está seguro? —preguntó Yoongi—. Si lo marca, su destino estará atado al suyo. No habrá retorno.
Jungkook respiró hondo. El lobo dentro de él rugía con fuerza, queriendo proteger de una vez el corazón debilitado de aquel omega. Así que apretó la mano de Jimin. Los dedos del omega no reaccionaron, pero la calidez del contacto parecía haber despertado algo en su lobo. Una fuerza impulsiva que lo empujaba hacia un destino que no había elegido, pero que sentía inevitable.
El príncipe se levantó lentamente y miró a todos en la habitación.
—Necesito privacidad —dijo, sin arrogancia—. Voy a marcarlo.
Taehyung fue el primero en reaccionar. Asintió, sin más palabras, entendiendo que no había nada más que decir. Agarró la mano de Yoongi y lo guió hacia la puerta. Todos los enfermeros también comenzaron a salir en silencio hasta dejarlos solos dejando la habitación completamente en calma; un príncipe y un omega moribundo. Nada más.
—No sé por qué tu alfa te ha repudiado... —dijo Jungkook en voz baja—. Pero mi lobo insiste en que sea yo quien te salve.
Rozó con el pulgar la mejilla húmeda de Jimin. Observando con detenimiento su rostro que parecía tan herido como su cuerpo.
—Tal vez... no me entiendas —continuó, inclinándose sobre él con cuidado—. Pero ahora serás intocable. Porque te convertirás en el omega del príncipe de Haneul.
Hubo un latido profundo en su pecho. El lobo dentro de él se estremeció con esa declaración. Era real. Era definitivo. Era sagrado.
Jungkook se inclinó aún más, acercándose al cuello del omega. Retiró con un cuidado reverente los vendajes sobre la marca agonizante. Estaba ennegrecida, parecía una herida quemada, pulsando de forma irregular. Era una marca llena de dolor. Llena de abandono.
—No mereces esto —susurró—. No mereces morir así.
Colocó una mano sobre el corazón de Jimin, sintiendo su débil latido. Cerró los ojos, inhaló profundamente, permitiendo que su lobo guiara sus actos.
Sus colmillos se alargaron con un dolor familiar, eléctrico, recorriéndole la mandíbula. El alfa dentro de él se había despertado por completo. Su respiración se tornó pesada, cálida, su cuerpo entero reaccionaba al frágil latido que tenía bajo la mano. No había duda, ni miedo. Solo un impulso instintivo, primitivo... y bondadoso.
Con la mirada fija en el cuello expuesto de Jimin, Jungkook se inclinó lentamente. El lobo dentro de él gruñía con desesperación, pero Jungkook ya había decidido. Lo tomaría con delicadeza. Lo protegería incluso en el acto de marcarlo.
Un instante después, sus colmillos atravesaron la piel del omega.
No fue un mordisco brutal, fue un gesto gentil, cuidadoso y completamente entregado. Jimin emitió un leve gemido, casi imperceptible, y finalmente ocurrió.
Un estallido de luz y energía se expandió desde el punto de contacto. Parecía un latido visible, una onda dorada que iluminó la habitación como si el sol hubiese nacido entre ambos. Jungkook sintió que el aire ardía a su alrededor, que su espíritu y el del omega se entrelazaban a través de un vínculo sagrado. A medida que el vínculo anterior se desvanecía.
El lobo rugió dentro de su pecho, desgarrando y limpiando todo vestigio de la marca anterior. La marca repudiada se deshizo, volviéndose humo, ceniza, olvido.
La suya la reemplazó.
Una marca nueva, viva y radiante, ardiente como fuego en su nacimiento, pero tan cálida como un abrazo eterno. Jungkook permaneció unos segundos más con los colmillos hundidos, asegurando el vínculo, dejando que su esencia se impregnara en cada fibra del omega.
Luego se apartó, respirando con dificultad. Sentía su corazón desbocado, la sangre rugiendo en las venas, su cuerpo vibrando con un poder que no experimentaba desde su primera transformación.
Abrió los ojos.
En el cuello del omega, donde antes había un mal recuerdo, ahora brillaba una marca dorada, luminosa, suave y poderosa, y olía... olía a él. A su pureza de alfa, a su esencia, a la promesa de protección. Una marca que volvía a ese omega intocable.
El cuerpo del omega, que había temblado sin control durante horas, finalmente se relajó. Su respiración, antes irregular y quebrantada, se estabilizó igual que el oleaje tras una tormenta.
Un suspiro escapó de los labios de Jimin. No despertó todavía, pero algo en él había cambiado.
Su interior, su alma, ya no dolía.Y ahora... estaba a salvo.
—Eres mío ahora —susurró el príncipe, con una ternura feroz—. Y estarás a salvo. Te lo prometo.
El príncipe Jeon Jungkook había elegido a su corazón. Sin siquiera conocer su nombre.
Hasta aquí el capítulo de hoy. Muchas gracias por leer!!! 3
Si la historia te está gustando me ayudarías mucho comentando, votando y recomendándola con tooooodo el mundo!