Mi Omega Untouchable El protector inesperado
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El protector inesperado

El canto de los pájaros se mezclaba con el murmullo constante del río y el chasquido ocasional de una caña de pescar al ser lanzada. El aire fresco de la mañana rozaba suavemente la superficie del agua, haciendo que pequeñas ondulaciones brillaran a la luz del alba. Era una escena apacible, protegida por el manto verde de los árboles que se alzaban a ambos lados del río.

De pie sobre una roca lisa, con los pies descalzos sintiendo la temperatura helada del agua, estaba el príncipe Jeon Jungkook.

Era imposible no mirarlo. Era imposible no detener la respiración.

Su presencia dominaba el paisaje. Su figura alta, marcada por músculos definidos sin caer en lo exagerado, irradiaba fuerza sin necesidad de imponerse. Su piel tenía el tono cálido del sol al amanecer, suave firme, es que la vida lo esculpió con devoción.

Y su cabello...Oscuro, largo hasta los hombros, suelto y ligeramente ondulado, se movía al compás del viento, enmarcando un rostro de belleza feroz. Labios definidos, nariz preciosa y una mandíbula que parecía haber sido afilada por la misma luna.

Pero eran sus ojos lo que detenía el mundo.

Azules igual que el corazón del océano. Profundos como un secreto que nadie jamás descubriría por completo. Había tormenta en ellos a veces. Otras, calma absoluta. Pero siempre, siempre, una intensidad que hacía que incluso el aire se sintiera más denso.

Jungkook estaba vestido con una camisa ligera, abierta en el pecho, y unos pantalones de lino que dejaban su torso y brazos al descubierto. No llevaba la corona ni los símbolos de su cargo. Allí, junto al río, era simplemente él. Un alfa libre. Fuerte. Dueño absoluto de sí mismo.

Kim Taehyung, su sirviente más cercano, un joven elegante de cabello castaño y ojos cafes que había crecido con él y era más que si sirviente; su amigo lo veía desde la orilla, sosteniendo una cesta con peces.

—Su Alteza, si tira tan fuerte va a espantar a todos los peces —rió Taehyung desde la orilla, sentado bajo la sombra de un árbol.

—Yo no vine a pescar peces —respondió Jungkook sin mirarlo, concentrado en la superficie del agua—, vine a pescar paz. Y tú estás arruinándola con tu voz.

Taehyung fingió indignación, llevando una mano al pecho.

—¡Mi voz es lo más hermoso que hay en este reino!

—Entonces el reino está en problemas —respondió el príncipe.

Jungkook se hundió un poco más en el agua, disfrutando la sensación de libertad. Aunque sus guardias estaban merendando el bosque por si llegaba a necesitar algún tipo de protección. De igual manera estaban lejos de él porque así lo había ordenado. Ese era su día de descanso, Jungkook no necesitaba atender reuniones ni lecciones políticas aquel día.

Por unas horas, solo era Jeon Jungkook, hijo del rey, amante del río y los días tranquilos.

A la orilla, Taehyung se incorporó lentamente, sus ojos entrecerrados por el sol reflejándose en el agua, se abrieron un poco más. La canasta que llevaba resbaló de entre sus dedos y cayó al suelo con un sonido llamativo, los peces aún sacudiéndose dentro.

—¿Qué...? —murmuró, casi en un suspiro.

Taehyung se inclinó un poco hacia adelante, agudizando la vista sin atreverse a dar un paso más. La brisa movía su cabello ligero, pero sus ojos permanecían fijos en algo entre la vegetación.

—Alteza —llamó, sin apartar la mirada, su voz se tensó al pronunciar la palabra. No lo miraba a él. Miraba más allá— ¿ve eso?

Jungkook saltó al agua con la confianza de quien pertenece a los elementos. Nadó hasta que sus pies tocaron el lecho del río, y se irguió. Después dejó caer la caña en el suelo a medida que el agua resbalaba por su torso, bajando por su pecho firme y abdomen marcado. Levantó una mano para apartar el cabello mojado de su frente, y con un gesto casi instintivo, frunció el ceño.

—¿Qué pasa? —preguntó, aunque la inquietud ya se dibujaba en su mirada azul como un relámpago silencioso.

Taehyung no despegó los ojos de lo que había visto. Levantó lentamente el brazo y señaló hacia el borde de los árboles. Su dedo tembló.

—Allí —dijo, con la voz más baja—, en la grava del río... junto a los juncos.

Jungkook volvió la vista hacia el lugar.

Allí había una figura delgada, tendida a medio cuerpo sobre la orilla. Tenía la piel tan pálida que con la arena húmeda. El cuerpo parecía abandonado, despojado de vida, como si el río lo hubiera escupido y la tierra no lo hubiera querido tragar.

Demasiado quieto.Demasiado frágil.

En ese momento solo se escuchaban las hojas agitadas por el viento y el ritmo del agua golpeando contra las piedras. Algo en el pecho de Jungkook se tensó. No sabía quién era, pero supo de inmediato que nadie merecía morir así. Solo. Herido. Invisible.

Su mandíbula se endureció.

—Iré —dijo Jungkook.

No lo pensó dos veces. No lo analizó. No lo consultó. Solo actuó. Era su naturaleza.

Se hundió en el agua con un movimiento limpio, recuperando el ritmo poderoso que sus brazos habían perfeccionado en años de entrenamiento. Las corrientes chocaban contra su torso, pero él las cortaba como si pertenecieran al mismo filo que llevaba en la mirada. Era un buen nadador, sí. Había aprendido por necesidad. Pero cada vez que cruzaba un río así, la sensación de libertad era demasiado grande para no pensarlo como destino.

Cuando llegó a la orilla opuesta, se levantó con el agua goteando sobre la tierra. Y al acercarse al cuerpo tendido, algo en su interior cambió.

Se arrodilló junto al desconocido.Su respiración, por primera vez en mucho tiempo, se detuvo.

Era un omega.

Y estaba destrozado.

La primera impresión fue de violencia. De dolor antiguo y reciente. Su rostro, empapado por el sudor y el agua del río, estaba cubierto de tierra seca que se adhería en parches a su piel. Tenía los labios partidos, una mejilla amoratada, y sangre reseca en las cejas como si hubiese llorado con los ojos abiertos. Su ropa estaba desgarrada, especialmente alrededor del cuello y los hombros, pareciera que lo hubieran arrastrado, como si hubieran querido borrar su identidad arrancándole cada capa. Sus manos... delgadas... llenas de raspones y hematomas, temblaban con cada latido de su corazón.

Y en su cuello...

Jungkook tragó saliva.

La marca.

Una marca tan roja, tan inflamada, que parecía arder sobre su piel. No era solo un sello. Era una herida viva. Feromonas salían de ella en ondas suaves, casi apagadas, parecía los restos de un incendio que aún no se extinguía. Y aún así, incluso en ese estado, se percibía la fuerza de quien la había dejado.

—Tiene marca de alfa —susurró Jungkook finalmente, acercando su mano sin atreverse a tocar—. Pero está tan inflamada... parece reciente.

Su voz se quebró, casi imperceptible.

—O... —se quedó en silencio, dándose cuenta de lo más cruel.

No era reciente.Era reciente... y ya estaba muriendo.Abandonada. Rechazada.

Taehyung llegó tras él, agachándose con cuidado, aunque su expresión denotaba que estaba impactado.

—¿Lo repudiaron? —preguntó el alfa al sentir el aroma del omega, su voz derramaba compasión con horror—. Qué lamentable.

Lamentable no era una palabra suficiente para describir lo que pasaba cuando un omega era marcado y luego dejado a su suerte. Ellos sabían que el vínculo, cuando no era correspondido, podía devastar el alma de quien lo llevaba.

Jungkook apretó la mandíbula. La marca, cuando era abandonada, se convertía en un estrago emocional y físico. La fiebre, el dolor, la confusión.No era un simple “desencuentro”.Era una condena lenta.Una sentencia de muerte en manos de quien, se suponía, debía amarlo.

Y aun así, este chico había llegado hasta el río. Herido, con fiebre, rendido. Aunque vivía todavía. Contra toda probabilidad.

Jungkook se inclinó más, apoyando el dorso de la mano en su frente. El contacto lo sorprendió. Era como tocar una piedra que ardía por dentro. Su piel estaba fría... pero la marca latía. Era extraño. Era peligroso.

—Está ardiendo en fiebre interna —murmuró, mientras el omega respiraba en sus sueños con dificultad—. Su cuerpo está frío, pero la marca... Es como una quemadura viva.

Jungkook apretó los dientes.

—Lo llevaré conmigo —dijo, sin espacio para objeción.

Taehyung levantó la vista, arqueando una ceja. Hubo un segundo, una pausa silenciosa entre los dos, un reflejo de lo que eso significaba. Rescatar a un omega marcado por otro alfa no era solo una imprudencia: era una declaración.

—¿Está seguro, alteza? Si está marcado...

—Lo sé —interrumpió Jungkook, sin apartar la vista del omega inconsciente. Lo observó con algo parecido a una furia calma, estaba tomando una decisión sabiendo que cambiará el rumbo de su vida.

Después hubo silencio.El río siguió su curso.

El príncipe deslizó su brazo por debajo del omega, levantándolo con cuidado. El cuerpo del rubio se hundió contra su pecho, débil, inconsciente, pero vivo.

Muy vivo.

—No puedo dejarlo aquí —dijo Jungkook finalmente, caminando hacia sus caballos—. Es un omega repudiado y herido. Entre nosotros y la muerte, solo tiene esta oportunidad.

Taehyung bajó la mirada, con una sonrisa leve en los labios.

—Ya sabía que diría eso.

Jungkook acomodó a Jimin sobre su caballo, subiéndose detrás de él para sostenerlo firme.

—¡Mi capa! —gritó.

Y de entre los árboles salieron sus guardias y sirvientes. Uno de ellos corrió hacia él, entregándole una capa seca que utilizó para envolver al omega.

—Sería demasiado fácil dejar que se ahogue en su destino —murmuró Jungkook, sin notar que Taehyung lo escuchaba.

El príncipe del río había encontrado al omega que nadie debía tocar. Al omega que ya tenía dueño, pero estaba solo. Y aunque todavía no sabía su nombre... Jungkook ya había tomado una decisión porque su instinto protector se había activado.

Lucharía contra quien fuera necesario.Incluso contra otro príncipe.Incluso contra un reino entero.Porque ese omega abandonado no era basura.No era mancha.No era crimen.Era una vida.

Una que, desde ese instante, le pertenecía al protector más inesperado de todos.

Hasta aquí el capítulo, muchas gracias por leer! Si la historia te está gustando me ayudarías mucho comentando, votando y compartiendo con toooodo el mundo! 3