Mi odiado Cowboy (Hermanos McTavish 5) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Wolfwalker y Black Elk, aguardaban a que apareciera el jinete del equipo lakota.

Cuando eso sucedió, todos enmudecieron.

—Qué cojones… —murmuró Jack, al ver aparecer en el equipo Lakota, nada más y nada menos que al jinete enmascarado.

¿Acaso era un Sioux? Ahora entendía la animadversión que le tenía. Ese muchacho siempre aparecía para presentarle batalla, pues bien, la tendría.

Continuaba con la cara tapada, pero esta vez no llevaba sombrero, sino dos largas trenzas oscuras, que le llegaban a rozar la cintura. Su ropa era negra, para variar.

—Fast Wolf se ha lesionado —anunció Black Elk, sin más, refiriéndose al jinete que estaba en la lista de participantes, de ahí que la presencia del enmascarado fuese una sorpresa.

Wolfwalker volvió grupas a su endemoniado caballo y dio varias vueltas, con la mirada fija y retadora en el recién llegado.

Al verlo de cerca, se dio cuenta de que sus ojos eran azules, por lo que o no era indio o sólo lo era uno de sus progenitores.

Era lo único que podía verse de su rostro, pues tenía la frente pintada de negro con unas líneas rojas verticales y sus iris resaltaban en su cara como dos zafiros.

Luego, el pañuelo de siempre, tapándole desde la nariz hasta el cuello.

Y guantes. ¡Guantes! Menudo imbécil. Se caería del caballo, pues los caballos lakota eran demasiado potentes para un muchacho tan menudo.

En esos momentos, cabalgaba sobre un pinto con buen tranco, pero demasiado asustadizo.

—Prepárate Zorro, porque te voy a dar una paliza —le espetó, mirándolo fijamente.

El jinete enmascarado únicamente asintió, y Jack pudo ver en sus ojos el brillo de la rabia, preguntándose a qué se debería. Daba igual, lo vencería, como siempre.

Se colocaron en posición, con los caballos sostenidos por sus respectivos holders , pues no llevaban hierro en la boca, ni serretones en la nariz.

Pos supuesto, tampoco silla de montar. No había forma de controlarlos, a excepción de con el peso del cuerpo o con la presión de las piernas, pero no importaba porque lo único que se les pedía era correr como diablos.

Sonó el pistoletazo de salida, los holders los soltaron y comenzó la carrera.

Jack y Blak Elk rompieron a galopar al instante, ganándole distancia rápidamente al jinete enmascarado, pues su caballo, tal y como había predicho el Apsalooke, se encabritó a causad del disparo.

—Cálmate, chico —dijo Phiona, cuando su pinto se alzó de manos. Acto seguido, apretó los flancos y el animal dio un salto hacia delante, rompiendo a galopar tras sus contrincantes.

El pinto era muy rápido, así que pronto quedó a un tranco de distancia de Black Elk. Jack llevaba una buena ventaja y eso la enfadó.

—¡Vamos! —gritó Phiona, cuando logró adelantar al Pies Negros.

Estaba a punto de acabar la vuelta pero Jack ya había saltado de su caballo, mientras su mugger lo capturaba.

Lo vio correr hacia el siguiente, y de un hábil salto montar sobre su lomo.

Ya se había cruzado de vuelta con Phiona, cuando ella hizo lo mismo, pero saltando por la grupa de su nuevo alazán, una yegua con unos cuartos traseros potentísimos y muy rápida.

Echó el cuerpo hacia adelante, apretó los flancos con fuerza y en tan solo media pista de distancia, logró alcanzar a Jack, que ahora montaba un caballo blanco, no tan rápido como el primero, pero muy consistente.

Phiona azuzó a su alazana, inclinó aún más el cuerpo hacia delante y en la curva, el caballo de Jack tuvo problemas, no así su yegua, que con sus fuertes cuartos traseros consiguió sobrepasar al Apsalooke con tan sólo dos trancos.

—Cielos, esa yegua es impresionante —dijo Edgard, arrugando el entrecejo.

—¿Qué pasa? —le preguntó Red.

—Nada, que se parece a una que entrenaba Phiona, de la yeguada de Howard y Tess, hace unos meses.

—Será casualidad…

—Tiene que serlo.

El estadio estalló en vítores cuando la alazana llegó a la meta.

Phiona desmontó de un salto, hizo una voltereta en el suelo y tras ponerse en pie como un acróbata de circo, corrió hacia su último caballo, un pura sangre inglés, negro como la noche y el más rápido que había montado jamás, aunque también el más loco.

Sí, era un riesgo, pero quien no arriesga no gana.

Su holder la esperaba nervioso y sonriente, pues si todo seguía así, el equipo Lakota vencería. Se agarró a las crines, estiró la pierna derecha y de un salto, se puso sobre su lomo y rompió a galopar justo cuando Jack saltaba del suyo.

Phiona no sólo le dedicó una mirada airada sino que le dijo adiós con la mano mientras el Apsalooke soltaba una maldición ante la burla.

Se cruzó con Black Elk a mitad de pista, estaba claro que el Pies Negros no tenía nada que hacer y ahora la carrera se debatía entre ella y su odiado contrincante.

—¡Corre, chico! ¡Vamos a demostrarles de qué somos capaces los wasichu! —Azuzó a su montura, que respondió mejor que nunca, estirando todo su cuerpo, logrando una zancada tan larga como sólo un pura sangre inglés es capaz de conseguir.

No tuvo problemas en la siguiente curva y la recta la realizó impecable. Estaba eufórica, por lo que giró la cabeza para ver dónde estaba Jack y lo vio a unos siete trancos de distancia.

¡Iba a ganar! ¡Estaba a punto de ganar a ese gilipollas!

Sólo faltaba un último giro y después, recta y meta.

Se inclinó hacia la izquierda, agarrándose a las crines de su caballo, que la hizo perfecta.

¡Última recta!

La meta estaba cerca. ¡Tan cerca! Oh… ¡Iba a ganar! ¡Iba a ganarle a Jack en su terreno!

Pero cometió un error.

Volvió a girarse y ese gilipollas ya estaba a punto de alcanzarla.

Mierda… Estaba cerca, ¡tan cerca que iba a rebasarla!

—¡Joder!

Azuzó al caballo con toda la fuerza que pudo. El animal respondió y aumentó el ritmo.

Pero Jack la rebasó en el último momento y lo hizo desde tan cerca, que su caballo se encabritó y empezó a cocear al aire.

Como una súbita ráfaga de viento, el jinete Apsalooke se alejó, regalándole con los cascos de su montura una lluvia de polvo que encabritó aún más al purasangre y se le metió en los ojos a Phiona, dejándola sin visión.

Finalmente, Jack cruzó la línea de meta, mientras ella seguía intentando calmar a su caballo y al mismo tiempo, haciendo malabarismos para no caerse de su lomo.

Segundos después, Black Elk la sobrepasó también y finalmente tuvo que saltar cuando llegó a la meta, como si fuera un payaso de rodeo.

¡Era el mayor ridículo que había hecho en toda su vida!

Estaba tan enfurruñada y tan desconcentrada que, al lanzarse de su caballo, tropezó y cayó de espaldas. Después se estiró y se quedó inmóvil sobre el polvo de la pista.

El estadio enmudeció.

No se había hecho un daño irreparable, era la rabia y el disgusto lo que la mantenían paralizada.

Había estado tan cerca… ¡Tan cerca de vencer a Jack!

Alguien le tapó el sol de la cara y le tendió la mano. Era Jack, sus ojos parecían preocupados. Ella achicó los suyos y se puso en pie con rapidez.

—¿Estás bien, muchacho?

Phiona sintió la acuciante necesidad de quitarse el pañuelo de la cara y enviarlo a la mierda.

Pero no lo hizo, aunque sí le dio un empujón y después se sacudió el polvo de sus ropas.

—Aparta de mi camino —le dijo, poniendo voz grave para no revelar que era una chica.

—¡Vale! —oyó que gritaba Jack tras su espalda.

Había perdido esta batalla, pero ganaría la guerra.

La próxima vez que compitieran, sería en el Indian Relay, la mayor carrera y la de más prestigio. Y lo humillaría ante todas las tribus.

Prepárate, Jack Wolfwalker. Porque acabaré contigo y con tu reputación.