Epílogo
Lily
Un año después…
—No me mientas, Angie —digo mientras me froto ansiosamente el vientre hinchado—. Estoy embarazada de nueve meses y demasiado frágil emocionalmente para jugarretas.
—No miento, Lily —dice mi nueva agente por teléfono. Llama desde Nueva York (¡exacto, tengo una agente de Nueva York!). —Les ha encantado. ¡Quieren comprar el libro y la opción sobre tus próximas tres novelas!
El teléfono se me resbala de las manos temblorosas y rebota en el suelo con un golpe seco.
¿He vendido un libro?
¡He. Vendido. Un. Libro!
Un grito me desgarra la garganta mientras lanzo las manos al aire en señal de triunfo.
Me pondría a saltar por toda la cabaña como Tom Cruise en Oprah, pero seamos realistas, estoy de nueve meses.
Físicamente soy incapaz de despegar los pies del suelo.
Así que, en su lugar, me limito a gritar con todas mis fuerzas.
—¡Oh, no! —exclamo jadeando cuando me doy cuenta de que Angie sigue hablando.
Camino como un pato hacia el teléfono y me apoyo en el sofá mientras me inclino con torpeza para cogerlo. Esta criatura tiene que nacer ya mismo para que pueda recuperar mi cuerpo.
—Espera, Angie —digo cuando por fin lo cojo—. Empieza de nuevo.
—¿Desde dónde?
—Desde el principio.
Ella se ríe. —Vale. Le has vendido un libro a Seal Skin Publishing.
Echo la cabeza hacia atrás y vuelvo a gritar.
—¿Has terminado? —pregunta ella con una carcajada.
—Ni de lejos —respondo con el pulso acelerado. Soy escritora. Una escritora de verdad, legítima y profesional.
La puerta trasera se abre de par en par y Jayden entra corriendo con un hacha en la mano. Estamos en pleno invierno, pero, como de costumbre, va sin camiseta.
—¿Qué pasa? —pregunta mientras deja el hacha en la encimera y se acerca a mí—. ¿Ya viene el bebé?
—No —digo negando con la cabeza mientras me agarra de los brazos—. Mejor.
—¿Mejor que un bebé? —pregunta, mirándome con extrañeza.
—Bueno, vale, quizá no mejor que un bebé, pero casi. Este es mi bebé. No espero que lo entienda.
Dios santo, qué bueno está. Está todo sudado y tiene los músculos hinchados mientras espera a que me explique. Yo me quedo ahí, pasmada, mirándolo. Ha pasado un año y sigo quedándome atónita ante su impresionante estampa. —¿Qué es? —pregunta de nuevo.
Sacudo la cabeza para bajar de las nubes y sonrío. —He vendido mi libro.
Su rostro se ilumina. —Sabía que lo harías. Eres increíble.
Angie sigue pegada a mi oreja. —Tenemos mucho que hacer —continúa—. Van a enviarnos el contrato y tenemos que repasarlo con lupa. Creo que podemos negociar el anticipo para subirlo al menos…
Mi mano cae lentamente, bajando el teléfono con ella, cuando veo la mirada hambrienta en los sexis ojos marrones de Jayden.
—Tenemos que celebrarlo. —Su voz tiene ese matiz ronco que siempre me pone a mil. Mi coño ya está latiendo—. Voy a darte el trato que se merece una autora estrella.
—¿Qué es eso? —pregunto tragando saliva.
Se inclina hacia delante y presiona su polla dura contra mí. Intento pegarme más a él, pero mi barrigón no deja de entrometerse. Esta criatura realmente necesita desalojar el local ahora mismo. Está muy cerca de recibir una orden judicial de desahucio de su harta casera.
Jayden empieza a besarme el cuello mientras desliza la mano por mi pierna. —Voy a llevarte al dormitorio y vamos a recrear cualquier escena que quieras de tu libro.
Se me abre la boca con un gemido cuando su mano roza mi coño palpitante. Empieza a frotar círculos en mi clítoris sobre la ropa y me pongo de puntillas mientras me arranca más gemidos.
—Oh, mierda —digo con una mueca al recordar que todavía tengo a mi agente al teléfono. Mi carrera de escritora acaba de empezar y ya me estoy comportando de forma totalmente poco profesional.
Pues parece que me pega bastante.
—Angie —digo por el auricular, interrumpiéndola—. Tengo que colgarte.
—¿Qué? ¡No! —dice ella—. Estoy a punto de repasar el contrato.
—¡Luego te llamo! ¡Es una emergencia!
Cuelgo y vuelvo a centrarme en la mano de Jayden. Ohhh, sí.
—¿Y bien, qué prefieres? —pregunta entre mordiscos en el lóbulo de mi oreja—. ¿Capítulo seis, ocho u once?
Me lamo los labios mientras su dedo se cuela por mi cintura. —¿Qué tal los tres?
Suelta un gemido contra mi cuello. —Hecho, señora escritora famosa.
Sí. Este día no ha hecho más que mejorar.
Un contrato para cuatro libros y ahora Jayden va a follarme en cada posición posible; bueno, al menos las posiciones que sea capaz de adoptar con este bombo.
Me besa en los labios y estoy tan mojada...
En plan, increíblemente mojada.
Tan mojada que mis pantalones están empapados y estoy dejando un charco en el suelo.
—¿Has roto aguas? —pregunta él, apartándose mientras mira al suelo.
¿¡Qué!? ¡Noooooo!
Me sujeta por los brazos mientras cierro los ojos y niego con la cabeza.
—No me refería a que tuvieras que ser desahuciada en este preciso segundo —le susurro a mi hija por nacer—. ¿No podías haberle dado a tu mamá unas horas de diversión primero?
—¿Qué? —pregunta Jayden, escandalizado—. ¿Con quién hablas?
—No importa —digo, apartándolo. Sacudo las manos e intento acallar los pensamientos sucios que me recorren la mente—. Sí, he roto aguas.
Jayden entra en acción, cogiendo mi maleta ya preparada y arrancando la camioneta.
Sonrío mientras lo observo.
Yo quería los capítulos seis, ocho y once, pero en su lugar me ha tocado el epílogo en el que Katie da a luz al hijo de Evan.
En fin. ¡Esto también estará bien!