Capítulo Diez
Katie & Lily
—Todo va a salir bien —dijo Evan mientras remaba en el bote a través de las bravas aguas del océano. La sangre del infame capitán Theo Bones aún estaba fresca en una especie de espada (*buscar en Google cómo se llama la espada de los piratas) que colgaba de su cinturón.
Katie se quedó embelesada mientras veía al amor de su vida maniobrar la pequeña embarcación sobre las turbulentas olas. Él la había salvado y, de paso, había acabado con su despiadado captor.
Su corazón se ensanchó al volverse para mirar el barco pirata en llamas mientras empezaba a hundirse en el mar. Las llamas lamían los mástiles de madera, prendiendo las velas y destruyendo la bandera del famoso Bones para siempre.
Volvía a ser una mujer libre y el maldito rubí rojo, que volvía loco a todo aquel que lo miraba, estaba ahora a buen recaudo en el fondo del océano. Quizá un cangrejo ermitaño lo usaría como concha. Quizá no. Tal vez un tiburón lo mirara y perdiera el juicio. (*Demasiado flojo, Katie. ¡Venga ya!)
Se volvió de nuevo hacia su amante mientras jugueteaba nerviosa con el collar que él le había tallado en una cáscara de coco.
Evan había dicho que estarían juntos para siempre, pero ahora era el momento de demostrarlo.
¿La dejaría cuando por fin llegaran a la costa o la llevaría a la campiña francesa y compraría una granja de cabras como prometió, para vivir el resto de sus vidas abrazados?
Eso era lo que ella quería. Lo sabía en su cerebro corazón.
Definitivamente, no quería volver a su triste y pequeño apartamento y a su trabajo de mierda antigua vida. Esto era mucho más emocionante.
Justo cuando el sol empezaba a ponerse a lo lejos, tiñendo el vasto cielo de vibrantes tonos rosas y rojos, Evan se volvió y le sonrió.
Fue en ese momento cuando lo supo: estarían juntos para siempre. Estaban destinados a estar juntos.
Tenían el resto de sus vidas para ser uno solo, y eso empezaba ahora.
Al final, el horrible día de Katie resultó ser bastante bueno.
Me hormiguean los dedos mientras escribo Fin, las tres letras más emocionantes que una escritora puede teclear.
Me echo hacia atrás, respiro hondo y me quedo mirando el grueso montón de páginas mecanografiadas.
He terminado. Por supuesto, todavía tengo que hacer algunas correcciones y pasarlo todo de nuevo al portátil pero, curiosamente, el primer borrador está listo.
Aunque nadie compre el libro, lo he terminado. Ahora soy una escritora de verdad.
Jayden entra en la habitación y me vuelvo hacia él con una gran sonrisa.
—No me lo digas —dice, con sus ojos marrones iluminándose—. ¿Está...?
—¡Terminado! —digo con orgullo.
Se acerca y pone sus grandes manos sobre mis hombros, masajeándolos con la presión justa. Dejo caer la cabeza hacia delante con un gemido mientras me frota la espalda.
—¿Así que han destruido el rubí? —pregunta mientras lee la última página.
—Y tanto —asiento con una sonrisa—. Evan puede con todo.
Sus manos se detienen en mis hombros mientras se inclina. —Creo que estoy empezando a tenerle un poco de envidia a ese tal Evan.
—Yo no la tendría —le digo mientras levanto la cara y beso su barbilla poblada—. Puede que esté un poco basado en ti.
—¿Un poco? —pregunta arqueando una ceja.
—Basado libremente —corrijo. No se lo traga. —Vale, está totalmente basado en ti.
Jayden sonríe y la imagen hace que sienta que el pecho me va a explotar.
—¿Y qué hay de Katie? —pregunta—. ¿Está basada en ti?
—No mucho —digo encogiéndome de hombros—. Aparte de eso de meterse en un aprieto y que un hombre cachas y guapo venga a salvarla.
—Vaya, qué pena.
Giro la cabeza bruscamente y le miro. —¿Por qué dices eso?
—Bueno —dice mientras se yergue y aparta sus manos de mí—. Aquí dice que estaban destinados a estar juntos, Evan y Katie. Si Evan está basado en mí, entonces...
—Quizá ella esté un poco basada en mí —le corrijo rápidamente—. De hecho, creo que es un calco de mí misma. Sin contar todo el asunto de los piratas y el rubí mágico.
—Ah —dice mientras se acaricia la barbilla—. Eso está bien.
¿Eso está bien?
¿Qué quiere decir con que eso está bien?
Pero antes de que pueda preguntarle, se marcha, dejándome con la cabeza dando vueltas.
Quiero ser suya. Quiero quedarme aquí y ver a dónde llegamos.
Esta ha sido la mejor semana de mi vida y no quiero volver a lo que tenía antes.
Mi cutre apartamento me va a parecer tan frío y vacío sin Jayden. Y ni siquiera quiero pensar en cómo va a sentirse mi cama.
Y nunca me he sentido tan viva como escribiendo este libro. Tal vez no sea Nora Roberts ahora mismo, pero quizá con algo de práctica pueda mejorar.
Mi antiguo trabajo como administrativa en una planta de procesamiento de propano ya no suena demasiado emocionante, no es que lo fuera nunca.
De verdad quiero quedarme aquí con Jayden.
Él ha dicho muchas cosas, pero siempre han sido en el fragor del momento. Es fácil dejarse llevar durante el sexo, pero pedirle a alguien que se quede de verdad, especialmente para un hombre de las montañas solitario, es algo más difícil.
Suspiro mientras me quedo mirando mi última página, que aún descansa sobre la máquina de escribir.
Katie tuvo su final feliz.
Pero ¿lo tendré yo?