Capítulo Cuatro
Jayden
Cada paso por la nieve alejándome de ella es doloroso.
Siento el pecho tan apretado que me duele respirar. No puedo sacarme de la cabeza la sensación de tenerla en mis brazos. Esas curvas tan suaves... van a ser mi perdición.
Me detengo y miro al cielo, intentando controlar las furiosas emociones que me desgarran el cuerpo. Los gruesos copos de nieve flotan entre los altos árboles, cubriéndolo todo, incluido a mí. Un copo me entra en el ojo y sigo caminando mientras se derrite y me resbala por la mejilla.
¿Cómo voy a vivir aquí arriba ahora que sé que ella existe?
Antes era fácil. Las otras mujeres nunca me dijeron gran cosa. No tenían ningún atractivo. Pero con Lily, no lo sé... todo ha cambiado con Lily. No sé cómo he llegado hasta aquí sin ella, pero ahora que la tengo, no voy a dejarla marchar.
Es jodidamente preciosa. Un cabello castaño hermoso, unos ojos azules que rebosan vida, un pijama de carlinos bailarines.
.. Me río entre dientes al recordar lo ridículo que le quedaba, pero luego el pulso se me acelera al recordar lo suaves que se sentían sus curvas bajo la tela.
Sus caderas curvilíneas han hecho que se me haga la boca agua y me ha costado todo lo que tengo no arrancarle ese pantalón de pijama y tomar lo que escondía debajo.
Joder. Continúo caminando por la nieve, sintiendo una década de deseo reprimido recorriéndome el cuerpo.
Llevo diez años aquí arriba solo. Sin desear nada más que la libertad.
Pero ahora... joder, ahora todo ha cambiado.
La deseo.
Mucho.
Espero que ella también me desee, porque va a ser mía.
Al principio me molestó oírla pisoteando la nieve como toda esa ruidosa gente de ciudad que siempre invade mi montaña. Puede que los Miller sean dueños de una cabaña, pero esta es mi montaña. Conozco cada palmo de ella.
Fui hacia allí para advertirles de que se alejaran de mi propiedad, pero entonces la vi.
Nunca antes había reaccionado así ante una chica.
Se me aceleró la respiración, el corazón me dio un vuelco, sentí la cabeza ligera y vacía. Casi se me cae el tronco que llevaba en equilibrio sobre el hombro mientras la miraba asombrado.
Había algo en la forma en que hablaba sola con tanta pasión, agitando las manos como una maldita loca. Me cautivó. Se notaba que estaba llena de vida. Llena de pasión. Llena de algo especial, y fuera lo que fuese, yo también lo quería en mi vida.
La quería a ella.
Verla tan envuelta, como un regalo de Navidad listo para desenvolver —listo para desvestir— para descubrir todos los dulces y cálidos tesoros que escondía debajo, ha hecho que se me pusiera la polla dura en los pantalones.
Cuando se hizo daño, la emoción no hizo más que amplificarse.
Verla tan indefensa, tan vulnerable, despertó algo profundo y oscuro en mí. Tenía que llevármela.
Cuidaré de ella. Lo haré. Pero quiero algo a cambio. La quiero en mi cama con su tobillo hinchado detrás de la cabeza.
Aún resuello cuando vuelvo al lugar donde nos conocimos. Recuerdo que me miró con esos ojos de cierva tan sexis. Me dejaron atónito, pero luego abrió la boca y empezó a gritar con todas sus fuerzas.
Sonrío al recordarlo. Es justo el tipo de chica que he estado esperando. No, la chica que he estado esperando.
Es demasiado inocente para mí. Demasiado pura para lo que tengo planeado.
Los pensamientos que circulan en mi cabeza una y otra vez son demasiado primarios y bárbaros para ella. Son demasiado sucios.
Me meto la mano en los pantalones para colocarme la polla, que me late con fuerza, y acabo acariciándola mientras pienso en lo que quiero hacerle a esas curvas.
Mi mano se detiene y se me corta la respiración cuando veo un destello plateado asomando en la nieve. Está justo donde ella estaba revolcándose como una loca mientras intentaba alejarse de mí.
Me acerco con el corazón latiendo a mil por hora, me agacho y la cojo. La llave de su cabaña.
No se la voy a dar. Podría querer dejarme. Podría querer volver a casa y no volvería a verla nunca más.
No puedo permitirlo. Me moriría sabiendo que está ahí fuera, donde cualquiera podría llevársela si quisiera. No, se queda conmigo.
Deslizo la llave en el bolsillo interior de mi abrigo y subo la cremallera.
Es toda mía.
Con una sonrisa en los labios, camino hacia el tronco que llevaba antes de tener su hermoso cuerpo en mis brazos y me arrodillo. Es enorme y justo lo que necesito para descargar parte de este nerviosismo que me ha provocado.
Deslizo el brazo por debajo y, con un gruñido, lo levanto y me lo cargo al hombro. Cortar leña siempre me relaja, pero esta vez no estoy seguro de si será suficiente.
Siento que lo único que me quitará el temblor del cuerpo será subirme sobre el cuerpo deseoso y dispuesto de Lily y hundir mi polla dura en su interior.
—Joder —gruño mientras empiezo a cargar el enorme tronco colina arriba. Espero que ella también quiera eso.
Me tomo mi tiempo, caminando, pensando y demorándome por el camino. He estado fuera un buen rato y ya está oscureciendo cuando por fin regreso. Suelto el tronco junto al bloque de tajo con un gruñido de alivio y me giro para mirar la cabaña.
Ella está ahí dentro.
El corazón me empieza a latir un poco más rápido. Todavía no puedo creer que haya una mujer en mi casa, y mucho menos una mujer tan espectacular e intrigante como Lily.
Entro en la cabaña en silencio y siento que el corazón me da un vuelco al verla durmiendo en el sofá. Mi manta de lana está subida hasta su barbilla, ocultando su cuerpo impresionante.
No importa. Su rostro precioso y delicado es suficiente para mí.
Me quedo allí unos minutos, asombrado, mientras memorizo cada uno de sus hermosos rasgos. Parece tan tranquila mientras duerme ahí que siento una oleada de gratitud recorriéndome.
Podría haber alquilado cualquier cabaña del estado, pero alquiló la de los Miller. Yo podría haber estado en cualquier parte de esta montaña gigante, pero estaba cerca de ella cuando se cayó.
Tenía que ser así. Nosotros estábamos destinados.
Solo espero que ella lo entienda. Solo espero poder demostrárselo.
Me hormiguean los dedos y tengo las terminaciones nerviosas a flor de piel mientras me acerco a ella y deslizo con cuidado mis brazos bajo su delicado cuerpo.
Ella gime y se mueve cuando la levanto, pegándola a mi pecho como si fuera lo más valioso del mundo porque para mí lo es.
Mantiene los ojos cerrados, pero una sonrisa ilumina su rostro mientras gira la cabeza hacia mí. Siento que el corazón me va a estallar mientras miro su cara feliz y tranquila.
No recuerdo la última vez que me sentí así.
¿Cómo puedo dejar marchar a esta chica? No puedo. Tengo que tenerla. Toda para mí.
Joder, ya me estoy obsesionando. Puedo sentir cómo crece en mi interior, apoderándose de mí, célula a célula.
Con su olor embriagador acariciándome la nariz, la llevo a mi habitación y la deposito con cuidado en mi cama. Suelta un gemido cuando retiro lentamente mis brazos de debajo de ella.
No voy a tocarla hasta que ella me lo pida, hasta que me lo ruegue, pero no puedo resistirme a tocar su piel solo una vez.
Me inclino lentamente y presiono mis labios contra su frente. Le doy un beso suave y, cuando vuelvo a incorporarme, tiene una gran sonrisa en la cara.
Y así, sin más, ya estoy enamorado.