30
Finalmente llegamos a nuestro destino: un bar que se mezcla con una discoteca, donde la música late como el corazón de la ciudad misma.
Las luces de neón iluminan la entrada, proyectando sombras vibrantes sobre la acera.
Una fila de personas espera afuera, ansiosa por entrar, pero nosotros pasamos sin demora gracias a la reservación de Doyun.
No puedo evitar sonreír al ver cómo todo parece abrirse siempre para él, como si el mundo supiera que Geon Doyun está destinado a tener lo que quiere. El interior es un caos controlado, con luces parpadeantes que crean un ambiente casi onírico.
La música es fuerte, tan fuerte que siento el bajo resonar en mi pecho, acompañando los latidos de mi corazón. Doyun se inclina hacia mí; su aliento cálido roza mi oído mientras dice algo que se pierde en el estruendo, pero su sonrisa me dice todo lo que necesito saber.
—Hola, yerno... —bromea Emily.
Su hermano la escanea de pies a cabeza y ella le sonríe mientras se da la vuelta, mostrándole sus curvas a su mayor.
—Como dije antes: una puta —exclama Doyun.
—Espero que no te moleste que me esté cogiendo a tu papá —me dice.
—No, para nada —respondo de inmediato.
—Qué bueno, porque igual seguiría haciéndolo —dice.
Toma a su hermano de la mano, lo guía a la pista mientras suena una bachata de fondo y ambos empiezan a bailar mientras hablan.
Avanzo hacia donde está Jessia, tomo asiento a su lado y observo lo que está tomando: jugo Mott's.
Normalmente se usa para mezclar el licor, pero ella no puede beber alcohol.
—Quiero que tú y Doyun sean los padrinos de mi boda —dice, mirándome a los ojos—.
Invitaría a Em también, pero como estarán los del consejo, ella no podrá asistir; sería peligroso que la vieran ahí, toda la fachada de que está secuestrada se iría por la borda —comenta, y asiento con la cabeza entendiendo su punto.
—Claro que quiero ser el padrino, Jess; contigo todo siempre será un rotundo sí —concuerdo.
Una sonrisa se plasma en sus labios al escuchar mi respuesta. El presidente, aunque me sorprende que esté aquí, sonríe en mi dirección mientras intenta acariciar a Jessia sin abandonar su pose dominante.
«Realmente él y Doyun, junto a la nueva versión de Em, sin duda son familia: cortados con la misma tijera».
Doyun regresa de la pista y me envuelve desde atrás. Esconde la cabeza en el hueco entre mi cuello y mi hombro y, después de inhalar mi aroma, deposita un beso en mi cuello.
—Vamos a bailar, roi —susurra en mi oído.
Tira de mí y me pongo de pie. Nos movemos entre la multitud; Doyun saluda a algunos conocidos que apenas logro distinguir en la penumbra. Toma mi mano, guiándome hacia la pista de baile, donde el ritmo nos envuelve como una ola.
—En serio, ¿vamos a bailar? —pregunto.
—Contigo quiero hacerlo todo—susurra.
Su mano se posa con firmeza en la base de mi espalda, mientras nuestras otras manos se entrelazan. La calidez de su palma contra la mía es reconfortante, familiar. El ritmo de la música marca nuestros primeros pasos, suaves y controlados, moviéndonos al unísono.
—Nos movemos bien juntos —murmura—. Sobre todo cuando estamos en la cama —susurra.
Siento mis mejillas arder y solo soy capaz de asentir, incapaz de formular una respuesta coherente, porque estoy demasiado inmerso en este mar de sensaciones que él ha desatado en mí.
Es una noche perfecta, de esas en las que el aire nocturno acaricia la piel con una brisa suave, mientras las luces de la ciudad parpadean a lo lejos.
Doyun y yo estamos en la despedida de soltero de su padre.
Ha sido una velada interesante, llena de risas, bromas y el tipo de diversión que uno solo puede encontrar en eventos como este.
Doyun, con su sonrisa deslumbrante, se mueve entre la multitud, siendo el centro de atención como siempre.
No puedo evitar sonreír al verlo tan feliz, disfrutando junto a su padre y los amigos más cercanos de la familia.
Hay algo especial en ver a padre e hijo compartiendo un momento así, como si todo el peso del mundo se desvaneciera por unas horas.
Decidí tomar un respiro y me alejé un poco de la multitud.
Encontré un rincón más tranquilo donde el bullicio se sentía más lejano y saqué mi teléfono para enviarle un mensaje a Jessia.
Quiero mantenerla informada sobre cómo va todo.
Sabía que al día siguiente se casaría con Andréi, y aunque estaba emocionada, también estaba nerviosa por cómo se comportaría él durante su despedida de soltero.
Guardé el teléfono y volví a buscar a Doyun, que ahora está en el centro de la pista, rodeado por algunos de los amigos de su padre. Se está riendo de algo que alguien dijo, con esa risa que siempre lograba contagiarme. Me acerqué a él, deslizando mi mano por su espalda para llamar su atención.
Doyun me miró con esa chispa traviesa en los ojos que me hacía sentir como el único en la habitación, incluso en medio de una multitud.
—¿Todo bien? —me pregunta, inclinándose un poco para que pueda escucharlo sobre la música.
—Todo perfecto —respondo, y le devuelvo la sonrisa—. Acabo de hablar con Jessia; está deseando que llegue mañana.
Doyun asiente y toma mi mano entre las suyas.
—Y usándote como sus ojos para vigilar a su futuro marido. No puedo creer que mañana sea el gran día para ellos —dice.
—Ni yo —confieso. Apoyo la cabeza en su hombro por un momento—. Va a ser un día increíble. Pero esta noche, asegurémonos de que tu padre la pase bien, como se merece.