Jaehyun #2
—Legítima defensa —dictaminan los miembros del consejo.
Parece que Doyun y yo pensamos lo mismo, aunque dudo que él me hubiera culpado a mí; yo, en cambio, me iría al fondo por salvarlo. Nos dejan marchar tras asegurarnos que interrogarán a los detenidos hasta sacarles información, cualquier detalle que revele la identidad del tal Azrael.
Llegamos a la base militar y cada quien atiende sus asuntos.
En el pasillo me cruzo con la supuesta ministro que estuvo de relevo mientras Doyun permanecía encubierto; debe rendir cuentas al presidente antes de abandonar las instalaciones y regresar a su sede.
Antes de que pueda mediar palabra, Jessia me toma de la mano apenas me ve, hace lo mismo con el ministro y nos mete a rastras a la oficina.
—Mira, si tus planes incluyen un trío, lamento informarte que no comparto —bromea Doyun.
—Tenemos que hablar —susurra Jessia acercándose a él.
El ministro asiente, desenfunda su arma, le quita el seguro y la apoya sobre el escritorio mientras clava los ojos en la mujer, como intentando descifrar sus pensamientos con solo mirarla.
—Te escucho, alto y claro —suelta en tono cortante.
La mujer camina hacia él, saca lo que parece ser un test de embarazo y lo deja sobre el escritorio. Doyun lo toma con asco y frunce el ceño.
—No me jodas con que tienes COVID, infeliz —sisea, a lo que ella solo niega con la cabeza.
—No es eso: estoy embarazada —confiesa.
—Bueno, menos mal, creí que... Espera, ¿qué? —arruga la frente.
La mujer asiente. Doyun parpadea perplejo y empieza a transpirar como si la criatura fuera suya; se pasa las manos por la cara y se echa el cabello hacia atrás.
—Embarazada —repite el ministro.
Intenta asimilar lo que acaba de oír. Jessia asiente. El ministro desvía la mirada entre ella y yo, entrecierra los ojos, sacude la cabeza y ahuyenta las ideas absurdas de su mente.
—Doyun, di algo, imbécil...
—Mío no es; jamás he metido mi... en tu... Qué asco, no. ¿Qué tiene que ver esto conmigo? —pregunta—. Ah, mierda...
Jessia asiente y el ministro vuelve a enfundar el arma tras ponerle el seguro.
—Entonces, ¿por qué me lo dices a mí? ¿Qué dijo el presidente? —indaga.
Jessia guarda silencio y me sitúo a su lado.
—Tu padre dice que ya cerró la fábrica, que no piensa criar a otro hijo —le aclaro.
Doyun arruga el entrecejo y aprieta los puños con incredulidad. La furia se le nota en el rostro; toda su postura destila indignación y rabia.
—Ningún Geon será tratado como un bastardo, no mientras yo respire, y mucho menos un hijo de Andréi —añade—. No mi hermano...
Como si el mismísimo demonio lo invocara, el aludido entra al despacho.
Nos examina a todos mientras Jessia agacha la cabeza.
Intento dar un paso hacia él, pero antes de lograrlo, Doyun me toma por los hombros y me aparta; agarra a su padre por las solapas de la camisa y le estampa un puñetazo en la cara.
—¡Doyun! ¿Qué cojones te pasa?
—¿Así es como tratas a tu mujer? ¿Qué demonios te ocurre? ¿Cómo se te ocurre decirle que ya terminaste de criar hijos? ¡Contesta! —le exige.
El presidente sigue mirando a su hijo con confusión. Doyun lo sacude sin soltarle la camisa; el hombre se zafa del agarre y lo fulmina con la mirada.
—¿Qué se supone que diga? Solo fui sincero; no engaño a las mujeres para que estén conmigo. Maldita sea, debería partirte la cara, mocoso —le recrimina a su hijo.
—¿Y cuántos condones te pusiste? Es facilísimo dejarle toda la carga a ella, pero no fue la única que se descuidó. Si no querías preñarla, al menos debiste usar un puto preservativo, no son tan caros, ¿lo sabías? —brama Doyun.
—¿Y por qué carajos estamos hablando de mi vida sexual? —inquiere el presidente.
Es en este punto cuando me pregunto: ¿acaso este hombre sabrá siquiera que Jessia está embarazada?
—Muy hombrecito para follar como si tuvieras veinte años, pero cuando toca asumir las consecuencias, desapareces —insiste Doyun.
El presidente se pasa la mano por el pelo como si quisiera arrancárselo; inhala y exhala con pesadez, intentando calmarse, y esta vez clava los ojos en su pareja, que ha permanecido callada todo el rato.
—Jessia, ¿le dijiste al presidente que estás embarazada? —intervengo, captando la atención de los tres.
La mujer niega con la cabeza y Doyun se cruza de brazos, visiblemente molesto.
—¿De dónde cojones sacaste que no quiere al niño? Pedazo de bruta, loca de mierda —se queja Doyun.
—No me confundas con tu madre —le espeta ella.
Andréi se acerca, se acuclilla frente a ella y la mira fijamente.
—Bruja, ¿estás embarazada?
—Sí.
—¿Y todo este circo es por algo que te solté hace un año y medio, cuando apenas estábamos empezando y cuando sí me cuidaba contigo? —le reprocha Andréi.
—Bueno, te pasabas la vida repitiéndolo como un mantra; ¿cómo iba a saber si habías cambiado de parecer? —se defiende ella.
—Preguntando y hablando como personas adultas y cuerdas —salta Doyun—. En el manicomio debí dejarte, no me jodas.
—Respétame, que soy tu madre —se burla ella—; la guapa y sexi.
Andréi se incorpora y ayuda a la mujer a ponerse de pie. Empiezan a caminar hacia la puerta, pero antes de marcharse, el hombre se gira hacia su hijo con gesto amenazador.
—Sobre ese puñetazo... Hablaremos luego a solas, tú y yo —le advierte.
Ambos abandonan la oficina dejándonos solos. Doyun camina hacia mí, me toma de los hombros y me acomoda en su sillón.
—Espérame aquí, cariño, ya regreso. —Me da un beso en los labios y sale del despacho.
Abro el navegador de su ordenador con la intención de entretenerme con algo mientras vuelve.
Mi atención se clava en las sugerencias de la barra de búsqueda en cuanto hago clic sobre ella.