MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 25 #2
71%

25 #2

Llego a uno de los últimos cuartos, ubicado cerca del acceso al sótano según los planos del edificio; dejé el de Jaehyun para el final porque él requiere una revisión particular.

Una inspección que le recuerde a quién pertenece y lo que le ocurrirá a esa maldita Nathalie si intenta acercársele. Siempre queriendo medirse conmigo; pobre perra insolente.

Llamo dos veces a la puerta antes de entrar.

Abro los ojos con sorpresa al toparme con una chica de apariencia similar a una muñeca, de cabello rubio trenzado y complexión esbelta; a pesar de llevar la bata hospitalaria, luce bastante provocativa.

Pero quién lo diría: las más bellas suelen ser las más trastornadas; si no, que miren a Hoenen.

Reviso los informes que sostengo en las manos, localizo el número del dormitorio y leo su nombre, edad y fotografía. Al llegar al diagnóstico, me encuentro con un dato revelador: «Trastorno bipolar, hipersexualidad».

¿Desde cuándo tratan la hipersexualidad en un psiquiátrico? Vaya, todos los días se aprende algo nuevo.

—Doctor Janer... —La modulación de su voz delata su excitación; enarco una ceja al ver cómo desliza las manos por su cuerpo—. Tengo serios problemas...

—Doctor Warker —la corrijo, y ella asiente. —¿Cuál es ese problema?

—Necesito un examen... Mi corazón... Algo palpita desbocado dentro de mí ahora mismo; requiero una consulta, una revisión a fondo, muy... muy adentro... —Suelta un jadeo desde el fondo de la garganta.

Junta los muslos mientras me mira directo a los ojos.

De pronto, la imagen de mi Jeep destrozado cruza por mi mente, seguida del rostro de Jaehyun lastimándose por mi causa, y el corazón se me encoge.

No puedo ni contemplar a nadie más; no quiero hacer esto con otra persona.

No puedo herirlo, me niego a lastimarlo.

—Lo lamento, Barbie: mi inyección lleva grabado el nombre de Ken en el émbolo; pero descuida, seguro alguien más calmará tus urgencias. —Doy media vuelta y emprendo la salida.

La oigo soltar una maldición, a la que le sigue el impacto de un objeto estrellándose contra la pared y un alarido de su parte.

—¡Púdranse usted y su bata, doctorcito sexi, hijo de la gran puta que lo parió! —brama.

«Vaya, alguien amaneció de mal humor. Tan bonita, pero con la boca tan sucia».

Entro al cuarto de Jaehyun sin tocar la puerta; giro el picaporte despacio. Me quedo inmóvil al verlo de espaldas, contemplando un punto fijo del muro mientras tararea una melodía que no reconozco.

Cierro la puerta, me acerco a él y lo rodeo por la cintura; él sonríe. Me siento en el colchón y le doy espacio para que gire y quede frente a mí.

—Hola, doctor, creí que seguía molesto conmigo —confiesa, recorriéndome con la mirada.

No puedo enfadarme con él; no cuando sus ojos se iluminan así al verme, no cuando anhelo su presencia cada minuto del día, cuando habita en mis pensamientos sin pagar alquiler. Me resulta imposible enojarme cuando empiezo a dimensionar lo que despierta en mí.

—Mi ética no me permite desatender a mis pacientes; me informaron de que solicitaba una revisión profunda.

Me inclino hacia él, le sostengo la nuca y acaricio el nacimiento de su cabello, arrancándole un suspiro mientras cierra los ojos esperando un beso. Rozo mi nariz con la suya; su respiración se acelera y entreabre los labios buscándome.

—¿Cuál es su diagnóstico, doctor? —Toma mi mano libre y la presiona contra su entrepierna, haciéndome palpar la erección contenida bajo la tela—. ¿Qué tratamiento me prescribe?

—Voy a recetarte MPGG —le susurro al oído—. Te administraré la dosis para que te dure toda la noche; puedes tomarla de pie, recostado o en la postura que prefieras, nene.

—¿MPGG? —repite, rozando sus labios contra los míos.

—Mi polla grande y gorda; toda para ti —sentencio antes de devorarle la boca.

Abre los labios permitiendo que nuestras lenguas se encuentren. Me invade una urgencia feroz por marcarle el cuello, el torso y cada rincón de ese cuerpo que me pertenece: todo él es mío, de nadie más, únicamente mío.

Nos separamos en cuanto Hoenen carraspea desde el umbral.

Lleva una bandeja metálica y la deposita sobre la cama, entre los dos.

Examino las medicinas: hay varios comprimidos, pero lo que llama mi atención es un frasco sin rotular con líquido transparente.

Guardo todo en una pequeña bolsa hermética y me la meto al bolsillo; Jaehyun toma el vaso con agua simulando haber ingerido la dosis.

—Doctor, ¿podemos hablar un momento, por favor? —interrumpe el enfermero que me presentó horas atrás.

Intercambio una mirada con Jaehyun para hacerle saber que volveré. Hoenen sale con nosotros y se pierde por el pasillo, mientras el empleado y yo regresamos a mi despacho.

—¿En qué te puedo colaborar? —pregunto, acomodándome en el asiento.

El sujeto vacila, parece inquieto, como si sopesara el peso de sus palabras. Me cruzo de brazos esperando a que hable; la determinación asoma en sus ojos y toma asiento frente a mí sin haber recibido invitación.

—Mire, quería saber si tiene noticias del doctor anterior. Es decir, teníamos ciertos tratos juntos; ignoro si le pasó la información o cómo procederemos ahora que él no está. No sé si lo conocía, si tal vez le comentó algo...

«Bingo». Un negocio clandestino entre el personal y el médico que la FAFSEN mantiene bajo custodia mientras avanza el caso. Claro que el hombre juró ignorar todo, pero es evidente que este sujeto sabe demasiado.

—Por supuesto, me habló del tema; trabajábamos de cerca. No mencionó tu nombre específico, solo indicó que mi futuro socio vendría a buscarme. Sin embargo, comprenderás que no soltaré palabra hasta confirmar que nos referimos al mismo asunto —miento.

Noto sus dudas, así que relajo la postura para proyectar total seguridad.

—Si desconfías, no hay problema; puedo operar por mi cuenta. Prefiero no dividir ganancias...

El tipo se muestra tenso, se pasa las manos por el cabello buscando qué decidir, revisa el móvil en su bolsillo y asiente tras verificar un dato en la pantalla.

—El tráfico de órganos —susurra, mirando a ambos lados.

Aprieto los puños y asiento con discreción; este imbécil confirma que hasta para delinquir se requiere cerebro.

—De eso mismo hablo —afirmo.

Exhala aliviado, me sonríe y sus ojos adquieren un brillo oscuro y perturbador. Este infeliz no lo hace únicamente por dinero: disfruta con ello. Los hospitales albergan a muchos enfermos, pero a veces quienes aparentan mayor lucidez son los más podridos por dentro.

—Tenemos a la siguiente persona elegida, aunque debemos aguardar unos tres días. De todos modos, no sé si le apetezca acompañarme esta madrugada; le aseguro que le resultará fascinante, lo disfrutará —asevera con una sonrisa siniestra.

—Allí estaré —respondo.

El enfermero asiente y se dispone a salir; aclaro la voz para retenerlo.

—¿Alguien más sabe de esto? Conviene tenerlo claro para no cometer indiscreciones ante la persona equivocada...

—Solo nosotros dos, el conserje de la limpieza y Azrael —indica, haciéndome fruncir el ceño—. El líder. Desconocemos su identidad real; se hace llamar el Ángel de la Muerte y jamás le hemos visto la cara —agrega.

El sujeto abandona la oficina. Activo la pantalla del reloj y enlazo el audio de los micrófonos instalados en los cuartos; silencio el resto de las habitaciones y mantengo únicamente la señal de Jaehyun, quien puede oírme a través del receptor que lleva oculto en la oreja.

A través de la cámara del reloj diviso a otro enfermero dentro de su habitación. Aprieto la mandíbula: el tipo se aproxima a mi chico, lo toma por el mentón y se inclina a su altura para acariciarle la mandíbula.

—¿En serio alguien tan perfecto como tú, con ese porte y esa cara, puede estar jodido de la cabeza? —le suelta el enfermero.

—¿En serio tu madre no pudo abortarte, bastardo? —responde Jaehyun.

El tipo suelta una risa y le roza los labios; Jaehyun aparta la cara fulminándolo con la mirada.

—Esa boca debe sentirse de puta madre rodeando mi polla.

Aprieto los puños y salgo del despacho sin despegar los ojos del reloj.

—Mi boca tiene dueño; no cometas una estupidez, no me agrada ver morir idiotas frente a mí —le advierte Jaehyun.

—¿Y quién va a matarme? ¿Acaso tienes marido? ¿Dónde anda, dentro de tu cabecita loca?

Jaehyun asiente y suelta una carcajada, acomodándose en la cama como si jugara con él; vaya que sabe fingir.

—Estoy comprometido con Lucifer: mi novio es el mismísimo diablo. Todo lo ve, todo lo escucha; nos está observando ahora mismo. Oyó lo que dijiste sobre mi boca y está furioso; tómalo como una señal para largarte si aprecias tu vida —sentencia.

Ríe con fuerza mientras se recuesta con desdén sobre las sábanas.

—Sí que estás zumbado, pero mejor para mí. ¿Lucifer? Claro que sí —se burla el enfermero.

Observa a Jaehyun procesando sus palabras, niega con la cabeza y empieza a desabrocharse el cinturón. Apago el reloj y abro la puerta de golpe. El tipo intenta guardarse los genitales apresuradamente; Jaehyun me divisa desde el colchón y me dedica una sonrisa cómplice.

—Hola, mi diablo... —saluda, mirándome fijamente.

—Hola, roi —le respondo con un guiño.

Enfoco toda mi atención en el enfermero, que forcejea con la cremallera del uniforme.

—Doctor... solo vine a administrarle la medicación —balbucea.

Extrae varias pastillas de su bolsillo y el frasco de contenido incierto que ignoro si se bebe o se inyecta, aunque poco me importa a estas alturas.

Le arrebato las píldoras de la palma, lo sujeto con fuerza de la quijada y, mientras se queja, le abro la boca a la fuerza.

Le arrojo las cápsulas sobre la lengua y le empujo la cabeza hacia atrás para obligarlo a tragar; al notar su resistencia, le estrello la nuca contra la pared un par de veces hasta que su nuez de Adán se mueve indicando que tragó.

Tomo con la otra mano el frasco del líquido incoloro. El terror inunda sus ojos y comienza a sacudir la cabeza con desesperación.

—¡No, por favor, no! ¡Eso no se bebe! No sabía que era suyo... —suplica.

Le tiemblan las piernas mientras mira el envase con espanto. Retiro el tapón y le vacío el contenido en la garganta.