Jaehyun #2
Después de un rato tomamos asiento. Cada vez me siento más colérico al darme cuenta de cómo ese tipo observa con deseo lo que es mío.
Llego a un punto en que me siento tan frustrado que hago que Jaehyun se levante de su sitio y lo siento en mi regazo.
Él sonríe ante eso, sin entender lo enojado que estoy ahora mismo.
Me gusta verlo sonreír, pero para mí, para nadie más.
Las chicas regresan a la mesa, gritan y animan a los demás, mientras mi chico observa a Jessia con cariño. Lo sujeto de la mandíbula y hago que me mire a mí.
—Tu hombre soy yo. Mírame a mí, carajo —reprocho, y él levanta una ceja.
—Ahora que lo pienso, ¿qué somos? —cuestiona, moviéndose sobre mi regazo—. Yo digo que nada especial; no recuerdo que me hayas pedido nada, tengo los recuerdos borrosos —sisea.
Hace el ademán de levantarse y lo sujeto de la cintura, haciendo que vuelva a sentarse encima de mi polla. Lo tomo del cabello y empujo hacia abajo mientras restriego mi erección contra su trasero para que sienta lo que ha provocado.
—¿Quieres que te pida algo, moviendo tu culo encima de mí como si no fueras consciente de lo que provocas en mí? —advierto.
Aprieto más el mechón de su cabello. Jaehyun abre la boca y gime; se muerde el labio inferior y asiente con frenesí.
—Lo que quiero pedirte es que me chupes la polla hasta que te atragantes con ella —susurro en su oído.
Paseo mi lengua por el lóbulo y dirijo la mirada hacia el tipo que no deja de mirarlo.
—El baño —jadea, a punto de explotar de placer.
Una sonrisa se dibuja en mis labios y los dos nos ponemos de pie.
—Atenderé mis asuntos, vuelvo pronto —comunico.
Hago énfasis en la palabra «mis». El hombre tensa la mandíbula, molesto, y le guiño un ojo antes de avanzar hacia los baños.
No tengo idea de dónde está Alexandre; no lo vi en su sitio y ni siquiera noté cuándo se levantó y se fue.
Le doy una nalgada a mi chico antes de acercarnos al baño de hombres.
La música va disminuyendo conforme avanzamos por el pasillo.
Un gemido agudo se escucha dentro; intercambio miradas con Jaehyun antes de que se encoja de hombros.
Niego con la cabeza mientras los jadeos se vuelven cada vez más intensos y fuertes.
Me acerco sigiloso a la puerta y la empujo con suavidad.
Encuentro a Emily encima del lavamanos, con las piernas abiertas y el vestido subido hasta el abdomen.
Las manos del ruso están escondidas bajo la tela que cubre el pecho de mi hermana mientras le aprieta los senos y hunde el rostro entre sus piernas.
Cierro la puerta y sacudo la cabeza.
—Mejor vamos al baño de chicas —propongo.
—¿Quiénes eran? —indaga, y pongo cara de asco.
—Mi hermana y tu padre —respondo. Observo cómo asiente y se echa a reír.
—Pero no olvides que ella está secuestrada —se burla.
Sus ojos se cierran mientras ríe. El corazón me da un vuelco al verlo sonreír así, tan lleno de vida, tan hermoso.
«Si tan solo se quedara así para siempre, si pudiera mantenerlo así de feliz, sonriendo tan precioso como lo está haciendo ahora...».
Entramos al baño de mujeres y cerramos la puerta.
Intento guiarlo hacia uno de los cubículos, pero él me empuja por el pecho y empieza a besarme.
Siento la puerta contra mi espalda. Sin dejar de besarme, busca desesperado el cinturón de mi pantalón, lo desabrocha junto con la prenda y tira de ellos hacia abajo hasta liberar mi miembro para él.
Rompe el beso y se lame los labios con la mirada fija en mi polla erecta y palpitante.
—Tómala, nene —demando.
Sujeto su cabello. Se deja caer de rodillas frente a mi dureza, agarra el tronco con la mano derecha, se lleva la punta a la boca y succiona despacio.
Dibuja círculos alrededor del orificio con la lengua, aprieta el falo, lo levanta un poco y pasea la lengua por toda su longitud.
Baja y sube; se lo mete a la boca y chupa mientras mueve la lengua a su alrededor.
Aprieto los dientes. Observo cómo intenta tragárselo entero hasta que los ojos se le llenan de lágrimas.
Vuelve a centrar las caricias en el glande, que no deja de expulsar líquido preseminal.
Mis caderas se mueven a su ritmo. Libera la polla y baja hasta los testículos, besándolos mientras me masturba con la mano derecha y aprieta la base.
—Córrete en mi boca —suplica.
Vuelve a guiar la polla al interior de su boca.
Se mueve tan despacio que resulta tortuoso.
Muevo las caderas exigiendo la velocidad que necesito para correrme.
Él aumenta el ritmo, pero deja que le folle la boca a mi gusto.
Aprieto las hebras de su cabello con más fuerza mientras se me llenan los testículos, y termino dentro de su boca con un gemido gutural que me deja sin aire.
—Tan delicioso, carajo, roi... —jadeo, todavía dentro de su boca.
Salgo de su boca y limpio la comisura de sus labios, apartando las gotas que se escapan.
Me muestra la lengua y me agacho; me chupo el dedo manchado de mi simiente frente a sus ojos y uno sus labios con los míos.
Juego con su lengua mientras le quito el pantalón, me deshago de su ropa interior y lo levanto, colocándolo de espaldas a mí con el torso apoyado en el lavamanos.
Abro sus piernas con mi rodilla y separo las mejillas de su trasero. No hay un puto lubricante; tengo en el coche, pero no voy a dejarlo aquí esperando.
—Puedo esperar a que lleguemos a casa —dice, mirándome a través del espejo.
—No. Mi chico siempre obtendrá lo que es suyo —respondo.
Llevo dos dedos a su boca. Observo a través del cristal cómo los chupa mientras presiono con el dedo medio de la otra mano.
Introduzco los dedos húmedos en su agujero, abriéndolo poco a poco hasta lograr que el músculo ceda.
Lo tomo de la cintura con la mano izquierda; con la derecha, guío la punta hinchada hacia la entrada apretada que espera por mí.
—Umm... —gime bajito.
Lo tomo de la mandíbula y lo beso para que resista mientras me hundo por completo. Ya dentro, empuño un mechón de su cabello, rodeo su cuello con la mano libre y hago que mire al espejo.
—Mírate, tan precioso teniéndome dentro de ti —elogio.
Empiezo a empujar dentro de él con fuerza.
Se muerde el labio inferior con la vista fija en mí; sus ojos brillan de placer, como si fuera a derretirse en cualquier instante.
El sonido obsceno de la piel de mi entrepierna chocando contra su trasero me enloquece.
Me inclino y devoro su boca; retiro la polla hasta la mitad y vuelvo a meterla de golpe.
Hago que sus piernas tiemblen. Repito el movimiento dos veces y, a la última, lo sujeto por las caderas y lo embisto fuerte y rápido, como le gusta.
—¡Umm, Dios, Doyun, joder! —gime con fuerza al llegar al orgasmo.
Sus paredes internas se aprietan alrededor de mi miembro, exprimiéndolo hasta dejarme vacío. Lo sostengo de la cintura al sentirlo temblar; él se apoya en el lavamanos y asiente.
Regresamos a la mesa una vez limpios. Jaehyun le comenta algo a Jessia mientras tomo el vaso de Emily y le doy un sorbo.
—Ha sido un placer, pero mi chico quiere irse a casa. Nos vemos en la base el lunes —me despido.
Espero a que Jaehyun termine de hablar con el ruso; no entiendo de qué hablan tanto. Emily se me acerca y finge toser.
—Sobre lo que viste en el baño...
—Sí, estás secuestrada, te obligaron, escuché tus gritos de dolor y sufrimiento. Tranquila, ya entendí. Al menos te quedaste en la familia —me burlo—. Madrastra de tu ex...
—Cállate. Qué imbécil —se queja.
Salgo del bar junto a Jaehyun; Jessia también viene con nosotros.
Sé que no quiere pasar tiempo con esos hombres a espaldas de Andréi.
Me detengo en un puesto de comida; bajamos del auto y entramos.
Las mesas están al aire libre, así que tomamos asiento en una de ellas.
Ordenamos, y Jaehyun se me queda viendo de forma extraña.
—Esa porción es como para cinco personas, y solo somos tres —dice.
Como el doble o el triple que él, pero es bueno que lo sepa para que se acostumbre a la cantidad de comida que debe cocinar para mí cuando desee hacerlo.
—Te aseguro que la comida no se desperdiciará —respondo.
Converso con Jessia mientras nos traen lo pedido. Siento la mirada de Jaehyun puesta en mí; me sé observado y me gusta. Jessia lo mira a él y sonríe con complicidad.
—Él está muy enamorado. Mira cómo se queda embobado al verte hablar —susurra la mujer.
Giro el rostro y me encuentro con sus ojos brillosos. Una sonrisa tímida aparece en sus labios y esa maldita taquicardia vuelve a atacarme. Le devuelvo la sonrisa justo cuando la mesera trae la comida, la coloca en el centro de la mesa y se queda a mi lado.
—¿Desean algo más? —ofrece.
No sé si me habla a mí, y la verdad es que no me importa.
—No, él no quiere nada más. Te llamamos si alguno necesita algo, gracias —responde Jaehyun con molestia.
Jessia suelta una carcajada antes de empezar a comer. Sostengo un trozo de carne con los dedos y le doy un mordisco; le ofrezco la otra mitad a Jaehyun, quien la acepta a pesar de tener la boca llena. Me sonríe con los ojos entrecerrados mientras mastica.
—¿Cómo es que me mira? —le pregunto en un susurro a Jessia.
—Como quien observa lo más hermoso que tiene, como alguien enamorado. Justo como tú lo miras cuando él no se da cuenta —musita.
Giro la cabeza hacia mi chico. Lo observo comer con ganas; toma una hoja de lechuga, envuelve varios trozos de carne dentro, se levanta y me la extiende. La tomo sin vacilar y sin apartar los ojos de su rostro. Tan hermoso, tan mío.
—Justo así, como lo estás mirando ahora: como un idiota —agrega Jessia.
El presidente aparece para recoger a Jessia. Nos despedimos y Jaehyun sube al auto.
—El consejo está pidiendo hablar con ustedes sobre la intervención del sindicato en el rescate de Jaehyun.
Les aseguré que solo fue una coincidencia; puedo convencerlos de eso, soy el presidente, pero no ocurrirá lo mismo con el FBI.
Cuida tu espalda, cuida lo que haces y en quién confías.
No puede filtrarse la información sobre la relación de Jaehyun con el sindicato, y mucho menos tu relación con él.
De ser así, los tres terminaremos en el averno.
Ya sabes: habla con él, tienen que rendirle cuentas al consejo el lunes —advierte, y asiento.