MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 24
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Me muevo en el colchón debajo de las sábanas. Doyun continúa con sus pies enredados con los míos; sonrío recordando las cosas que pasaron después de que curó mis heridas. Me acerco a su rostro y froto mi nariz contra la suya.

«No lastimaré más a tu chico, lo prometo, amor; haré que estés feliz y orgulloso de mí».

Salgo de la cama sigiloso, evitando hacer ruido.

Me visto con una de sus camisas y un pantalón de chándal de la ropa que trajo de mi apartamento; voy a la cocina y busco en el refrigerador.

Saco algunas frutas y las lavo mientras enciendo la estufa y preparo un desayuno para los dos: huevos fritos, tocino, fruta picada con algunos waffles y un vaso de zumo de naranja.

Mi celular empieza a sonar: está junto al de Doyun aún en la repisa de la sala.

Pongo la mesa ignorando el ruido; sonrío al terminar y me sacudo las manos.

Avanzo a la repisa y tomo mi celular: tengo varias llamadas perdidas de mi madre.

A diferencia de ella, Maximus ha estado llamándome cada día después de lo que me pasó, pero ella recién me llama hoy y, después de lo de anoche, supongo que solo llama por lo que le interesa: su hija.

Entro al chat con ella y encuentro unos mensajes suyos diciendo que encontraron el cuerpo de Ava; dice que está muy triste porque su hija está irreconocible y que quiere verme hoy en cuanto el hospital le entregue el cuerpo para velarla y enterrarla. No respondo nada y dejo el celular en su lugar.

Antes de girarme, mi vista se centra en el celular de Doyun, en el mensaje que ilumina su pantalla. Echo un vistazo observando el nombre de la mujer que le acaba de escribir; otro mensaje de ella llega y aprieto los puños leyéndolos:

«¿Quieres practicar hoy? Estoy disponible ahora, si quieres hacerlo».

«No te olvides de mí, búscame con la misma frecuencia con que lo hacías antes. Hace una semana que no me respondes; saca tiempo para mí, estoy disponible para cuando quieras practicar».

Es un imbécil, eso es lo que es, nada más: tan lleno de mentiras como de sí mismo.

Aprieto los ojos sin querer despertar; el aroma de lo que sea que están haciendo en la cocina me despierta el apetito. Escucho la puerta abrirse y después cerrarse; sonrío cuando escucho a mi chico echarle el cerrojo. Mantengo los ojos cerrados y espero esos besos que suele darme para despertarme.

Se sube a mi regazo a horcajadas; me emociono.

Lo siento buscar algo debajo de su almohada; mis ojos se abren de par en par al sentir el cañón frío de un arma en medio de mis cejas.

Jaehyun sostiene el arma sin temblar, con una seguridad que me hace cuestionarme: ¿dónde está el chico al que le temblaba todo el cuerpo anoche mientras hacíamos el amor?

—Cariño, ¿qué pasa? —me atrevo a preguntar.

Golpea mi rostro con el arma. Vuelve a colocarla en medio de mis cejas y esta vez le quita el seguro, preparándola para solo tener que apretar el gatillo.

—Lo voy a preguntar una sola vez, Geon Doyun —advierte.

Observo el celular que trae en la mano. No entiendo nada: no he hecho nada, ni siquiera veo a nadie desde hace meses. ¿Qué diablos...?

—¿Quién putas es Casia y qué es lo que tienes que practicar con ella? —brama.

El arma que mantiene en mi frente la baja a mi garganta y la coloca debajo de mi mandíbula; ejerce presión mientras espera una explicación. ¿Quién carajos es Casia? Yo también quiero saberlo.

—Escucha, amor, no sé de qué estás hablando. Baja el arma y explícate, por favor —suplico.

Tremendo despertar: superó todas mis malditas expectativas.

—No sabes —repite mis palabras.

Asiente como si me estuviera burlando de él.

Busca en mi celular, enciende la pantalla del aparato, lo gira en mi dirección y, al acercarme a mirar, me lo lanza a la cara.

Maldigo entre dientes y lo sostengo; pongo los ojos en blanco al observar de qué está celoso.

En verdad no dejaré que vuelva a quedarse con Jessia.

—¿Vas a contestar o debo llamar y que me conteste ella? —insiste.

—¿En verdad vas a resistir saber quién es ella? —bromeo.

—Olvídalo, Geon, haz lo que quieras. Realmente no sé qué esperaba de ti. Terminemos lo que sea que tenemos —exclama.

Aparta el arma de mi barbilla e intenta levantarse de mi regazo, lo sujeto de las muñecas, nos giro y lo dejo debajo de mí. Forcejeamos por unos segundos hasta que tira el arma al suelo y le sujeto ambas manos, inmovilizándoselas sobre la cabeza.

—¡Libérame, imbécil! Te juro que te voy a moler a golpes cuando me sueltes, ya verás. ¡Suéltame, joder! —grita.

—En primer lugar, se dice: «Buenos días, mi amor» —resalto las últimas dos palabras.

Provoco que enfurezca. Ahora soy yo quien está sentado encima de él; sin ejercer presión sobre su cuerpo, intento besarlo en los labios. Gira el rostro; lo sujeto de la mandíbula con mi mano libre y deposito un beso en su boca.

—Primero los buenos días, después el beso; así se saluda a tu hombre, ¿entiendes? —continúo.

—Jódase, ministro —brama.

—Sobre Casia... —Busco el teléfono entre las sábanas, lo tomo, lo desbloqueo y lo coloco frente a sus ojos—: Dile algo —demando, a la vez que deslizo el micrófono en la pantalla para que empiece a grabar.

—¡Púdrete, quédatelo! ¡Después de todo no es tan glorioso como todos creen! —grita, haciéndome sonreír.

«Oh, claro que soy glorioso; solo estás vociferando sandeces porque estás celoso».

—«Disculpe, no reconozco su voz. Solo respondo a órdenes del señor Geon. Por favor, asegúrese de configurar la aplicación y agregar otra voz si desea hacerlo. Cuando guste podemos practicar su francés, estoy disponible todo el día de hoy» —responde la inteligencia artificial a la que nombré Casia.

Empiezo a reír; observo su rostro. La vergüenza sonroja sus mejillas, aprieta los labios y no sabe qué decir; no es para menos, yo tampoco sabría qué decir si me pongo celoso de una aplicación.

—Entonces, roi, ¿estás celoso de una inteligencia artificial que me enseña francés? —me burlo de él.

Se libera de mi agarre y me empuja para que me quite de encima; sale de la cama y se acomoda la ropa.

Sale de la habitación sin decir nada y cierra la puerta en silencio, dejándome en la cama.

Pensé que Jessia era exagerada y descontrolada cuando se pone celosa, pero Jaehyun acaba de apuntarme con su arma mientras duermo solo porque estaba celoso de una maldita aplicación. ¿Esto realmente acaba de pasar?

Después de bañarme salgo a la sala. Jaehyun está sentado en el sillón; al sentirme se levanta rápido y se coloca frente a mí. Me cruzo de brazos haciéndome el ofendido; mira el golpe que me dio en la boca, supongo que ya tomó color.

—Preparé el desayuno —informa con la cabeza agachada.

—En serio, no me digas —respondo.

Jaehyun levanta la cabeza de repente y me mira enojado, como si hubiera sido yo quien lo golpeó y no él a mí; coloca una mano en su cintura y levanta el mentón mirándome con superioridad.

—Eso te pasa por ponerle nombre de mujer a una aplicación. Te jodes, entonces; de hecho, deberías pedirme perdón por el mal rato —brama.

—Que te pida perdón, dices... Tú sí que tienes las pelotas bien puestas, ¿eh? Casi me matas, pero tengo que pedirte perdón por tus celos hacia una aplicación, no me jodas...

—Bueno, nadie estaba celoso, solo te pregunté. Deja de llorar. Ahora siéntate y come; el desayuno ya se enfrió por tu culpa —reclama.

Introduce el tenedor en uno de los waffles de mala gana y se lo lleva a la boca sin dejar de mirarme.

—Iré al entierro de Ava, Maddison me lo está pidiendo —informa.

Tomo asiento a su lado y empiezo a comer. Me importa poco si va a ir a ver a su madre; he sido claro al decirle que no lo dejaré solo: no irá a ningún lado si yo no voy con él.

—Perfecto, entonces vamos a despedir a la muerta y por la noche a celebrar que ya no necesito divorciarme —bromeo, aunque lo de celebrar no es ninguna broma.