MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) Doyun
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Doyun

Después de que le dieron el alta nos pusimos en marcha.

No soy estúpido: el hecho de que no apoye su espalda en el asiento del auto me deja claro que le duele y no es para menos.

Esa maldita mujer... No veo la hora de ir y visitarla; nunca se olvidará de mí y me aseguraré de ello.

Le envié fotos al presidente de los medicamentos que necesita Jaehyun: no quiero detenerme en una farmacia y dejarlo solo.

—Quiero ir a mi apartamento —comunica, y asiento sin apartar la mirada de la carretera.

Para allá vamos. ¿Adónde cree que lo llevaré?

Llegamos al complejo de apartamentos y lo ayudo a salir del auto; los de seguridad le sonríen y él asiente devolviéndoles la sonrisa.

Subimos al ascensor y entramos en nuestro apartamento; acomodo las cosas en la mesa de la sala y preparo el sillón por si quiere sentarse, pero continúa de pie como si estuviera esperando algo.

—¿Quieres descansar aquí o en la habitación? Llamaré para pedir unas cosas y hacerte algo de comer; tú solo dime qué se te antoja y yo lo cocinaré —propongo.

—¿No entendiste lo que dije? —pregunta con frialdad.

Mantiene la cabeza agachada. Me acerco a él e intento tomar su mano; la aparta como si fuera a lastimarlo con solo tocarlo.

—Te pedí que me llevaras a casa —recalca.

—Y te traje a nuestro apartamento. ¿Adónde quieres ir entonces? ¿Quieres que nos vayamos a tu apartamento?

—No. No nosotros: yo, solo. Puedo cuidarme solo, ¿entiendes? Contrataré a una enfermera. No necesito... no quiero que me toques. No estoy pidiendo tu lástima: está matándome que me mires como si fuera un cachorro al que acaban de atropellar. No quiero ver a nadie ahora, solo quiero irme —confiesa.

—Pues qué mal por ti. En primer lugar, no me importa si puedes cuidarte solo o no: eres mío y yo cuido lo que me pertenece.

Segundo: olvídate de la enfermera; no tengo un maldito título, pero soy todo lo que necesitas.

Me da igual si no quieres que te toque: aceptaste estar conmigo y desde ese momento tu cuerpo no solo es tuyo, me perteneces por completo.

Y hazme el favor de dejar de confundir el amor con el que te miro con lástima, porque no se parecen en nada.

Si quieres irte, perfecto, vete, pero iré contigo quieras o no.

Ahora siéntate antes de que te haga sentar yo mismo. ¿Estás escuchando con claridad, Jan?

Jaehyun asiente. Camino hacia él y sujeto su mejilla; hago que levante el rostro, deposito un beso rápido en sus labios, alcanzo su nariz con dos de mis dedos y juego con ella un segundo.

—Entonces, ¿cama o sillón? —insisto, y miro sus ojos.

—Cama. Y si no es mucho pedir, un poco de helado, por favor —responde.

Sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas, las cuales aparto antes de que salgan por completo.

Minutos más tarde, ambos estamos dentro de la habitación con el televisor encendido; aunque ninguno le presta atención, escucho el timbre.

Le doy una mirada a Jaehyun y me apresuro a abrir: mi padre y Jessia entran.

Avanzamos hacia la habitación y la chica se acomoda al lado de Jaehyun con una sonrisa alegre.

—¿Qué onda? Traje dos tarros de helado, pero quiero que compartas, no seas mezquino, mira que somos... ¿cómo se dice? ¿Compliamigos?

—¿Y qué significa? Tu léxico es tan amplio que tiene palabras que no he escuchado nunca —responde Jaehyun.

Una sonrisa enorme se plasma en los labios de la chica, haciendo que Jaehyun se contagie y le sonría.

Ella es esto: pura alegría, felicidad. Nunca la he visto triste ni llorando, solo molesta a veces; pero es de esas personas que destilan una vibra tan buena y alegre que siempre quieres estar rodeado de ella.

—¿Estás incómodo, cierto? Ven, tu suegra mamacita te ayudará —anima Jessia.

Jaehyun le sonríe y asiente, dejando que la mujer lo ayude; me sorprende lo cuidadosa que logra ser mientras lo coloca en una posición más cómoda, sin lastimarlo.

—¿Sabes que el presidente estuvo a punto de comprar la maldita farmacia para ti? ¿Qué les haces a los Geon? Todos ellos te quieren... y yo también; siempre estaré de tu lado, ¿sí?

Jaehyun asiente. Mantiene las manos dentro de los bolsillos y lo escanea de pies a cabeza.

—Dile a Doyun que te pase mi número. Jessia no me deja dormir más de cuatro horas, así que puedes llamar, ya sabes, si necesitas algo —propone el presidente.

—Bien, demasiada visita por hoy. Ya trajeron lo que necesitaba, pueden irse... Y espero, coronel Hoenen, que sirva de reemplazo los días que esté fuera de la base; después de todo, le encanta ordenar como si fuera la jefa —bromeo.

—Soy la amante del jefe, eso me da el mismo poder —responde guiñando un ojo—. Y yo sí sé aprovechar los beneficios que me dan mis atributos —agrega con una sonrisa amplia.

Ruedo los ojos.

—¿Atributos? ¿Cuáles? ¿Dónde están? —me burlo, y busco con la mirada por todas partes.

—Qué imbécil. Qué bueno que no podrás follar por varias semanas, te lo mereces —ataca la mujer.

Ignoro la sonrisa que curva los labios de mi padre.

—Tengo dos manos, ¿lo olvidaste?

La mujer pone los ojos en blanco y sale de la habitación; se lleva al presidente, no sin antes darme una mirada y lanzarme un beso.