MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 23
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Despierto por la claridad provocada por los rayos de sol que entran desde el balcón.

Le dije a Jaehyun que corriera la jodida cortina, pero siempre hace lo que le da la gana en casa.

Anoche la pasamos muy bien; al principio fue un poco incómodo por la situación con Emily, pero después de unos tragos todo marchó bien.

Incluso Spencer me empezó a caer mejor después de lo de anoche; quizás él sea un buen partido para mi hermana.

Es más que obvio que, aunque ahora no haga nada al respecto, no permitiré que mi apellido se mezcle con el Roux: es que ni muerto lo aceptaría.

Abro los ojos y parpadeo un par de veces tratando de acostumbrarme a la claridad. Me giro en el colchón y tanteo la cama en busca de Jaehyun, pero su lado está vacío. Me levanto y salgo de la cama con una erección monstruosa que hace que me duela la cabeza.

«Me acostumbras a correrme tan pronto como me levanto para después escapar y dejarme con esta erección dolorosa».

Me meto al baño y tomo una ducha. Las imágenes de lo que sucedió anoche cuando llegamos del bar me inundan los pensamientos y sonrío.

Es una pena que no haya tenido el mismo despertar que ayer; hoy debe ser mejor, pero no sé dónde carajos está mi chico.

Voy a buscarlo y tener mi mañanero aunque sea dentro del auto, pero de que lo tengo, lo tendré.

Vuelvo a la habitación y me visto con el uniforme militar, ya que no iremos a beber hasta la noche.

Me acerco a la mesita de noche, donde hay un papel; lo tomo y sonrío como un estúpido leyendo lo que dice:

«Feliz cumpleaños, beau borrachón. Sigue fingiendo embriaguez y terminarás siendo el de abajo cuando te emborraches de verdad».

Sacudo la cabeza con una sonrisa en los labios, introduzco la nota en mi bolsillo y reviso los mensajes en mi celular mientras salgo del apartamento.

Encuentro varias felicitaciones: del presidente, de Jessia e incluso de Ava y de Isabella.

Entro al chat de Jaehyun: hay un mensaje suyo disculpándose por no haberlo encontrado a mi lado cuando desperté, dice que su madre lo llamó y que estaría en casa de ella por lo menos hasta el mediodía.

Subo a mi auto y conduzco hasta la casa de los Jan.

Me estaciono y, al salir, toco la puerta.

Quien me abre es Maximus, y levanta una ceja al verme; la madre de Jaehyun aparece con el vientre un poco abultado.

Alterno la mirada entre los dos seres frente a mí: el cornudo y la que le puso el cuerno, pero ajá, no pienso decir nada al respecto.

—Dejemos las cordialidades de lado: solo vine a buscar al capitán Jan —informo, y ellos se miran el uno al otro—. ¿Qué pasa? —insisto, temiendo lo peor.

—Es que Jaehyun no está aquí. Hace unas semanas que no viene, no después de que Ava se mudó; normalmente sale con ella, no vienen aquí —me avisa su madre, y levanto una ceja.

—Él me envió un mensaje diciendo que estaría aquí, que tú le enviaste un mensaje. Entonces, ¿dónde está Jaehyun? —insisto.

—Él realmente no está aquí —interviene Maximus.

Me mira con preocupación. No quiero pensar lo peor, pero al igual que yo sabe los peligros que corre Jaehyun estando solo por ahí. No sé en qué estaba pensando al salir solo del apartamento, aunque haya sido para ir con su madre, lo cual al parecer no hizo.

La madre de Jaehyun me muestra su celular, en el que el último en enviarle un mensaje fue Jaehyun.

Entro al chat sin consultarle y, ciertamente, hay un mensaje de ella más temprano pidiéndole a Jaehyun que venga a casa, que es algo urgente y necesita verlo.

Giro el teléfono mostrándoles la conversación a los dos y ella se pone nerviosa mientras niega con la cabeza.

—No, yo no envié ese mensaje, lo juro, no fui yo —asegura.

Antes de pensar lo peor, intento llamar a Jaehyun desde el celular de su madre, pero no hay respuesta. Insisto un par de veces: nada. Lo intento desde el mío y esta vez el celular ni siquiera suena: al parecer lo apagaron, y eso solo significa una maldita cosa: lo tienen.

—¡Mierda! —grito con frustración.

¿Cómo me descuidé de esta manera? ¿Por qué lo dejé solo cuando soy yo quien debe protegerlo?

—Ava estuvo aquí por la mañana —me deja saber Maddison.

Miro a su esposo, quien asiente confirmando lo que dijo su mujer.

—¿Crees que mi hija...? —interviene Maximus.

—No lo sé, pero lo sabré, y si ella hizo algo estúpido, créanme que el divorcio ya no será necesario —advierto.

—Tengo que hacer una llamada —dice Maddison antes de quitarme el celular y perderse dentro de la casa.

Le doy una última mirada a Maximus y vuelvo a mi auto.

Llamo a la base y al presidente: nadie sabe dónde está Jaehyun.

Pido que rastreen su ubicación, pero no hay señal.

Llego a la base y encuentro a todos reunidos, incluido el presidente; un chico joven a quien no conozco está frente a un computador tecleando a toda velocidad, buscando la ubicación de Jaehyun.

—Lo tiene Caleb —asegura Emily entrando en la sala.

La veo tan tranquila que me lleno de ira. Avanzo hasta ella y la sujeto del cuello apretando con más fuerza de la que debería; el presidente me aparta de ella, quien empieza a toser sosteniéndose la garganta.

—Como todo esto sea un plan tuyo para vengarte de mí, te vas a arrepentir, mocosa. No eres la única que puede asesinar a alguien, aunque sea de su familia —la fulmino con la mirada.

—¿De qué hablas, estúpido? —se queja.

—¡De que eres la zorra de Caleb Roux! ¡De eso hablo! ¿O piensas que no reconozco ese collar que llevas? Tú misma te nombras la puta de un criminal. Bruta, igual que tu madre —escupo.

Ella empieza a reír; sujeta el collar del que acabo de hablar.

—No sabía que eras tan estúpido, Doyun. ¿Crees que odio a Jaehyun por ti?

¡Lo quería, imbécil! ¿Quién te dijo que uno olvida con tanta facilidad a quien ama?

Ah, no, es que nunca te has enamorado, ¿cómo vas a saberlo?

¡Deja de llorar y buscar enemigos imaginarios, haz tu puto trabajo y encuéntralo! —gruñe mi hermana.

Niego con la cabeza y me acerco al chico que continúa tecleando.

—¿Novedades? —presiono.

—Estoy en eso —asegura—. Necesito tiempo.

—No cuento con eso. Dame la ubicación del capitán y la quiero ahora —exijo.

La rabia me hace hervir la sangre. No puedo creer que esto esté pasando, no puedo aceptar que esto sea mi culpa. No debí perderlo de vista en ningún momento; maldición, no debí sacarlo de la base, no debí permitir que saliera solo, no conociendo su maldita situación de mierda.

—Evita buscarlo en Italia. No creo que Caleb sea tan tonto como para llevarlo allá sabiendo que ustedes lo buscarían justamente ahí —interviene Emily.

—Ava —musito, volviendo al lado del muchacho—. Rastrea el celular de esa maldita perra —ordeno.

El chico asiente y toma los datos que le doy. Me doy la vuelta y peino mi cabello hacia atrás, frustrado. Hace horas que se lo llevaron: cada segundo que perdemos es uno que les damos para hacer con él lo que les dé la gana. Debí matar a ese maldito Caleb en cuanto lo vi.

—Lo tengo —exclama el muchacho—. La ubicación me lleva a Kiev, la capital de Ucrania, pero no me da las coordenadas exactas...

—Lo tienen en algún lugar bajo tierra —asegura el presidente, y no tengo dudas: eso es lo más probable.

—Tengo en mente un lugar: solo fui una vez allí, pero ahí es donde suele estar el hermano de Caleb; ahí arreglan sus negocios con los ucranianos. Yo los guiaré —habla Emily.

—¡A prepararnos! La única misión es clara: traer al capitán de regreso cueste lo que cueste. Quiero a mi esposa viva; a Caleb, directo a la cabeza. No dejen a nadie más con vida, ¿entendido? —ordeno.

—¡Sí, señor ministro! —responden al unísono.

Un total de treinta soldados iremos a su rescate: de Nueva York somos veinte y los otros diez son enviados desde la central en Corea del Sur.

Terminamos de cargar las armas y el presidente no tarda en hacer que lleguen los helicópteros que nos van a trasladar.

Los soldados suben de ocho en ocho a cada aeronave; Emily intenta subir a la que voy y la sujeto del brazo, haciendo que se detenga a mi par.

—El juego de putita de la mafia se terminó o te recordaré el apellido que portas, ¿entiendes? —amenazo.

Sacude la cabeza, se libera de mi agarre y choca contra mi hombro al subir al helicóptero. Subo detrás de ella y las aeronaves se ponen en marcha.

«Solo espero encontrarlo tal como lo dejé anoche, por el bien común de la sociedad mundial».