Doyun
El calor me invade, aprieto los dientes; quiero retenerlo por más tiempo, pero es imposible.
Al principio lo estaba haciendo lento porque parecía ser difícil moverse encima de mí teniéndome dentro, pero unos minutos después lo está haciendo rápido y duro: se mueve de abajo hacia arriba hundiendo las uñas en mis muslos,
con la cabeza inclinada hacia atrás hasta que hago que vuelva a erguirse y fije la vista en mí.
—Eso, precioso, déjate venir para mí —motivo.
El placer ilumina su rostro, el color azul grisáceo de sus ojos se vuelve más intenso; escucharlo jadear mientras salta encima de mí me lleva a caer en picada en los brazos del diablo.
La forma excitante en que muerde el labio inferior y esa mirada, como si fuera a derretirse de placer, me vuelven loco: me gusta ver las cosas que provoco en él, el deleite con que gime mientras se aprieta los pezones moviéndose y follándose a sí mismo con mi polla.
Me sujeta de la nuca y lo beso mientras termino dentro de él y él sobre mí.
Sonreímos jadeando, con la nariz rozando la del otro, viendo ese collar que solo significa una cosa: la unión de nuestros cuerpos, una unión que no terminará; un collar que cuesta más que algunos de mis coches. No se merece menos, no siendo mi chico.
La noche llega y nos preparamos para irnos al bar.
Tocan a la puerta; los dos estamos a medio vestir, así que me pongo una toalla y salgo.
Según me comentó mi chico, su hermana se fue de la casa de sus padres; tengo entendido que está viviendo en un apartamento y que regresó a su trabajo como bloguera y publicista de algunos noticieros y una que otra revista de farándula de Nueva York.
Solo espero que no sea ella, porque mis abogados ya están haciendo los trámites para un divorcio que sea justo para ella y no tengo paciencia para aguantarme uno de sus dramas.
Abro la puerta y me quedo estático con la mirada puesta en mi hermana.
Si no fuera mi hermana no la hubiese reconocido: se cortó el cabello, ahora le llega hasta un poco más arriba de los hombros, tiene unas trenzas adelante y el resto suelto y ondulado.
Lleva un pantalón ajustado y un top pegado al cuerpo; no lleva sostén, la ropa marca las curvas que no sabía que tenía, sus labios están pintados de un rojo intenso y su cuello está decorado con una cadena de la que me gustaría no reconocer el escudo: el de los Roux.
Es un sello que ponen en sus mujeres, en las que serán o son sus esposas o las mujeres que han elegido para ser más que solo su juguete sexual: la mujer que hará crecer su descendencia.
La chica me abraza por el cuello y al separarse sonríe ampliamente.
—Feliz primer día de cumpleaños, primogénito Geon —felicita mi hermana.
Vuelve a abrazarme y esta vez se queda congelada mirando hacia el interior de mi apartamento.
—Em, déjame explicarte —interviene Jaehyun.
La chica sale de mis brazos; alterna la mirada entre su exnovio y yo. Una sonrisa burlona y llena de dolor se plasma en sus labios; empieza a reírse a carcajadas mientras las lágrimas comienzan a arruinarle el maquillaje.
—Pulga, no llores, no pude evitarlo, te lo juro... —intento explicar.
—¿No pudiste evitarlo? ¿Es todo lo que dirás? ¡¿Por lo menos lo amas como se lo merece?! —grita.
Sus gritos hacen que los guardias suban a corroborar que todo esté bien.
Ella niega repetidas veces, se mueve de un lado a otro y se peina el cabello hacia atrás; al levantar los brazos logro ver el arma que lleva en los pantalones: no es su arma de reglamento, quizás sea un regalo de su nuevo novio.
—Emily —insiste Jaehyun.
—¡Es que soy tonta, estúpida o ciega! ¡Ustedes dos...
que me jodan! Era obvio. Pasé dos putas semanas enteras pensando en quién sería la mujer por la que me hiciste a un lado, me pediste que fuéramos amigos...
¡y estás tirándote a mi hermano! De todos, ¡tenía que ser él!
Ustedes dos son tan... —Guarda silencio, como si no encontrara las palabras para expresarlo.
—Lo siento mucho, debí decírtelo cuando tuve la oportunidad —susurra Jaehyun.
—Contigo no tengo nada más de qué hablar, no quiero volver a verte.
Y no te preocupes: no soy de las que hacen el ridículo pidiendo y suplicando por amor; soy una Geon, valgo más que eso y, si no es contigo, hay otros miles en el mundo —le dice a Jaehyun, y luego posa la mirada en mí—: Pero tú, Geon, espero que esta vez sepas lo que tienes,
que valores a quien te eligió; nadie le quita una pareja a otro a menos que esa persona quiera irse también.
Juro que si le haces daño será la primera vez que usaré mi arma en contra de mi familia —amenaza.
—No me amenaces, mocosa —me planto frente a ella.
—Emiliana Andrea Geon para usted, señor ministro —brama.
Sin decir nada más, levanta el mentón como toda una Geon en su máximo esplendor y da media vuelta; deja de mala gana el regalo que traía para mí en el piso y sale de mi apartamento.
Me giro hacia Jaehyun; él solo niega y se muerde el labio inferior, luego se mete en la habitación de invitados mientras termino de arreglarme en la nuestra.
Una vez listos, los dos salimos del apartamento sin mirarnos ni hablarnos.
No tardamos en llegar al bar, donde ya están el presidente, Jessia, el capitán Spencer y otros pocos militares con los que no comparto normalmente.
Busco con la mirada a Jessia: ella es la única que podría arreglar este ambiente de mierda.
Tomo asiento al lado del presidente y Jaehyun se acomoda junto a Spencer; mi padre me ofrece de su trago, pongo cara de asco y me sirvo el mío propio.
Le doy un sorbo y se lo extiendo a mi chico, quien lo toma disimuladamente y bebe del vaso.
—Hola, buenas noches, mis novatos favoritos. Recuerden: si no te mantiene, no te detiene; y si en la vida no tiene metas, ponte un condón cuando te la meta —bromea.
—Así no iba —susurra Spencer.
Todos empiezan a reír con la llegada de Jessia; ya lo dije: la maldita es puro ambiente del bueno. El presidente solo niega cuando la mujer se sienta en sus piernas. Emily no tarda en aparecer, se ve resplandeciente, justo como estaba minutos antes de enterarse de mi relación con su ex.
Me sorprende verla bailar tan animada: es como si la hubiesen cambiado por otra persona, más atrevida, más alegre, más vivaz.
Las dos chicas empiezan a bailar al ritmo de la música; Jessia hace que me ponga de pie y mueve el culo contra mi entrepierna mientras el presidente solo ríe al igual que los demás.
La canción termina e inicia una bachata de esas que me ponen alegre, o quizás sea el licor que ya he bebido.
«Tengo veintiocho años y la sensación de que este es el mejor precumpleaños de mi vida».
—Doyun, en serio, pesas mucho, enderézate, por favor —suplica Jaehyun.
Continúo fingiendo estar ebrio, solo quiero ver qué es lo que hará.
Llegamos al edificio donde vivimos y subimos a nuestro apartamento.
Mi brazo derecho está por encima de sus hombros; intenta sujetarme, si realmente estuviera ebrio dejando caer todo mi peso sobre él, estaríamos los dos en el suelo, porque no podría levantarme.
Frente a la puerta intenta buscar las llaves dentro de mi pantalón. Aprovecho su cercanía para besarlo en los labios; se aparta, vuelvo a besarlo y bufa molesto.
—Ya estás cansado de mí, ¿eh?... Y eso que recién estamos empezando. Qué amores son estos —bromeo.
Levanto los labios formando un piquito; el capitán pone los ojos en blanco y me besa.
—Quédate quieto, ¿sí? —pide.
Me ayuda a entrar y cierra la puerta detrás de nosotros con la punta del pie. Me lleva a la habitación y me sienta en la cama; lo agarro de la cintura y tiro de él, dejándome caer de espaldas sobre el colchón.
—Quiero usar tu culo de almohada hoy. Es tan suave, pero tan firme a la vez... —Le aprieto las nalgas.
Escucho cómo maldice y me aparta la mano.
—Si vas a vomitar, asegúrate de estar lejos de mí. Dios santo, si esto solo es el precumpleaños, no quiero imaginarme lo que harás mañana. Duérmete y ya cuando te sientas mejor te levantas y te bañas, ¿de acuerdo? —demanda.
—Sí, señor presidente, lo que usted diga. Devuélvame a mi novio: él me cuidará, no me dará un sermón —bromeo.
—Sermón mi culo. Duérmete ya. Voy a dejarle un mensaje a mi madre, que ha estado escribiendo, ¿de acuerdo? Solo recuerda no vomitar la cama, ¿entiendes mis palabras?
—No vomitar nuestra cama. Entendido, presidente —me burlo.
Hago un saludo militar, por lo que él niega con la cabeza antes de salir de la habitación llevándose su celular.