MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) Emily
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Emily

La luz desaparece y deja el lugar a oscuras.

Unas luces tenues la sustituyen e iluminan con más intensidad el escenario; la gente empieza a gritar, ansiosa por el tan esperado espectáculo de las bailarinas.

Siete mujeres subimos al escenario. Los vestidos que llevamos son demasiado provocativos para mi gusto: nuestras piernas están decoradas con medias de encaje que suben hasta los muslos y llevamos un adorno con plumas enormes encima de la cabeza.

Las cinco chicas enviadas por la FAFSEN continuamos la coreografía de las demás; ellas se roban toda la atención del público por sus curvas pronunciadas y yo solo intento seguirles el ritmo, recordando una y otra vez las indicaciones de Hoenen.

Fijo la mirada en el público; logro ver a mi novio y a mi hermano muy cerca, con la mano de Doyun sobre la cintura de Jaehyun.

Son muy profesionales, saben fingir bien.

Mi vista se detiene sobre el hombre enmascarado sentado justo frente al escenario, observándome.

Se lleva el vaso lleno de whisky a los labios y toma un trago sin apartar la mirada de mí.

Por alguna razón, la intensidad de sus ojos hace que no pueda desviar la vista; sus ojos oscuros me devoran a través de la máscara mientras muevo las caderas con sensualidad.

El baile llega a su fin y las mujeres nos quedamos en el escenario mientras los invitados especiales de la noche eligen a quiénes los acompañarán.

El tal Elijah pone la mirada en Hoenen y en otras dos chicas; con un leve asentimiento de cabeza, les pide que lo sigan.

Luego, el hombre de la máscara se toma un trago de whisky y me elige a mí; me congelo al instante.

Le echo un vistazo a mi novio: él platica con mi hermano, ni siquiera mira en mi dirección.

Llego a la habitación que me indicaron; ni siquiera pensé que uno de ellos me elegiría.

Se supone que mi padre tiene a Caleb encerrado y solo son dos hermanos Roux, entonces, si no es Elijah, no sé quién sea el hombre enmascarado que está dentro de la habitación.

Tomo aire y lo dejo salir por la boca. Toco dos veces la puerta y entro.

La habitación está a oscuras; cierro la puerta detrás de mí y siento los ojos del hombre puestos en mí.

Puedo distinguir su silueta sentada en un sillón, con las piernas cruzadas y con un vaso en la mano que hace girar; el sonido de los cubos de hielo y el licor chocando contra el cristal es lo único que se escucha dentro del cuarto.

Me acerco al interruptor para encender la luz y lo escucho gruñir como si fuera una bestia.

—No necesitamos luz —asegura. Su voz es ronca, profunda, varonil; solo escucharla me hace sentir extraña, débil—. Sírveme un trago —ordena, y lo hago.

Tomo el vaso de sus manos y me giro hacia la pequeña mesa. Tanteo hasta encontrar la botella; vuelvo el rostro al sentirme observada y, con disimulo, saco el frasco y vierto la droga en la bebida. Me giro de nuevo y le ofrezco el vaso.

El tipo me agarra de la cintura y tira de mí con brusquedad; me acomoda en el reposabrazos del sillón.

Me siento nerviosa; derramé más de la mitad de la bebida cuando tiró de mí.

Sus dedos rozan los míos, toma el vaso de mis manos, lo guía a su boca y luego lo aparta; la respiración se me corta cuando lleva el vaso a mis labios.

—Ya bebí mucho esta noche... —me excuso.

—No te preocupes, un poco más no te hará nada; de igual forma vas a sentirlo —asegura, aunque no sé de qué habla—. Toma la maldita bebida —brama.

Tomo un trago largo del whisky a pesar de saber lo que tiene dentro; no hay forma de negarme a hacerlo.

El hombre quita el vaso de mi mano y lo deja en el suelo; me sujeta de la muñeca derecha y me hace sentar en sus piernas a horcajadas.

Sus manos se mueven libremente por mi cuerpo y me quedo quieta, sintiéndome mareada.

Aprieto los ojos e intento concentrarme, pero no puedo.

Sus dientes se hunden en la piel de mi cuello y giro el rostro permitiendo que continúe haciéndolo.

Levanto las nalgas cuando escabulle la mano hacia mi sexo: me acaricia por encima de las bragas, que no tardan en empaparse.

Baja el cierre de mi vestido y deja caer la parte que cubre mi torso, exponiendo mis pechos para él.

Algo no marcha bien, un sabor amargo se instala en mi garganta. Hace más de media hora que las chicas subieron al segundo nivel, donde están las habitaciones; lo que más me preocupa es que hace unos minutos el micrófono de Emily dejó de funcionar y su rastreador se apagó.

Los dispositivos de la coronel siguen funcionando, por lo que sé que no es un problema de los aparatos en sí o de la red: fueron apagados manualmente.

Subir ahí en estos momentos podría costarnos la misión, pero es mi hermana, joder, y ella se resistirá si intentan tocarla y la tomarán de todas formas; no puedo esperar a que eso pase estando aquí cruzado de brazos.

La envié aquí con algo así en la cabeza, pero pensarlo no es lo mismo que saber que podrían hacerle algo a ella.

¿Qué mierda estaba pensando?

—Perdí el contacto con Emily —informo a través del intercomunicador.

Jaehyun me mira y aprieta los dientes.

—Encuentra a mi hija, Geon Doyun... —ordena el presidente.

Aprieto los labios y juego con la argolla que decora la comisura de mi labio inferior. Comparto miradas con el capitán, quien entiende perfectamente lo que quiero; hablo por el intercomunicador e informo a los demás de que ha llegado la hora de intervenir.

El capitán Spencer es el primero en sacar su arma y acercarse sigiloso al segundo nivel.

Hago lo mismo; el capitán Jan se mueve a la par que yo.

Sujeto mi arma con ambas manos mientras los tres subimos las escaleras poco a poco.

Miro a todos lados; antes de subir el último escalón resuena el primer disparo: Spencer le ha disparado a alguien o le dispararon a él.

El disparo pone en alerta a los hombres de la mafia, que inician el intercambio de fuego.

Un mafioso nunca está solo: por muy poderoso que sea, no es un dios y sabe que sin vigilancia hasta el más fuerte cae.

Llegamos al segundo nivel; disparo a quienes no reconozco.

Una de las habitaciones se abre dejando salir a algunos tipos, y de entre ellos a Elijah Roux; sus hombres lo rodean mientras nos atacan en conjunto.

Tomo a Jaehyun del chaleco antibalas y lo atraigo hacia mí; lo meto detrás de la pared. Son demasiados y nosotros no tenemos suficientes balas para enfrentarnos a ellos; se supone que no estaban preparados para esto, pero parece que sí.

El ruido de los disparos disminuye y salgo con el arma en alto, preparado para disparar. Entro en la habitación de donde salió Elijah; solo encuentro a unas cuantas chicas envueltas en las sábanas y a la coronel Hoenen vistiéndose.

—¿Dónde está Emily? —pregunto. Ella niega—. Carajo —gruño furioso.

Si uno de esos malditos puso las garras sobre mi hermana sin que ella lo quisiera, lo voy a destrozar.

Salgo de la habitación, azoto la puerta y avanzo hacia la habitación del fondo.

Antes de llegar a ella me veo rodeado de hombres nuevamente; alguien me cubre desde atrás dándome tiempo para cubrir el frente.

El capitán Spencer me refuerza por el lado derecho y Hoenen por el izquierdo.

Los hombres contrarios hacen un escudo y la puerta de la habitación se abre, dejando salir a Caleb Roux.

Me lleno de furia viendo la sonrisa en sus labios; la sangre que corre por mis venas empieza a hervir al saber a quién está mirando detrás de mí.

Disparo sintiéndome furioso mientras el hijo de puta solo sonríe con sorna, se encoge de hombros y posa la mirada en mí; hace una reverencia hacia nosotros mientras va retrocediendo y se acerca a la salida de emergencia.

—Nos vemos pronto —se burla.

Levanta la mano derecha y nos muestra una pequeña braga blanca, la cual olfatea antes de rodearse el cuello con ella y mover los dedos en señal de despedida.

—¡Hijo de perra! —grito furioso.

Intento llegar a él; uno de sus hombres intenta dispararme, pero mi chico lo derriba antes de colocarse justo a mi lado y tomarme por los hombros para que me detenga.

La puerta de emergencia se abre y ellos se van.

El sonido ensordecedor del jet nos toma desprevenidos; cubrimos nuestros oídos y, cuando termina el estruendo, me pongo en pie de inmediato y entro en la habitación.

Encuentro a mi hermana acostada en la cama, envuelta en las sábanas blancas, desnuda; el vestido con el que bailó está roto en el suelo.

—Doyun... —Hoenen me trae de regreso a la realidad.

Me subo a la cama y recorro su cuerpo en busca de alguna herida; dejo salir el aire que mantenía retenido al no encontrar ninguna.

—Saldré en un rato, dame unos minutos —pido.

No espero a que conteste y palpo el cuerpo de mi hermana: está caliente.

Busco por toda la habitación hasta encontrar el frasco de la droga vacío.

Palmeo su rostro varias veces, pero no responde; lo más seguro es que le hayan dado la droga a ella misma.

Observo su cuerpo y me lleno de rabia: si Andréi ve esto...

el cuerpo de su hija lleno de marcas rojas, moretones y mordidas por todos lados, como si hubiese follado con un animal y no con un ser humano.

Envuelvo su cuerpo con la sábana y la sostengo en brazos; salgo de la habitación y los demás me miran con preocupación. No debí enviarla a hacer algo así, no cuando sabía que estaría expuesta a esto.

Nos ponemos en marcha hacia la base. No emito palabra alguna y no pienso hacerlo: ahora se ha vuelto personal para mí, lo voy a matar, lo destrozaré.

Maldito Caleb Roux. Varias horas más tarde llegamos a la base; Jaehyun abre la puerta de la camioneta para que salga.

Entramos en el edificio y lo primero que veo es el rostro lleno de terror del presidente.

—Duerme en mi cuarto, me quedo con Emily esta noche —le aviso a Jaehyun—. Sígueme —le hablo a mi padre.

Los dos entramos en la habitación de Emily; la dejo encima de la cama y cubro su cuerpo con otra sábana. Me siento en el borde del colchón y me paso las manos por la cara, frustrado; peino mi cabello hacia atrás y juro que podría arrancármelo del cráneo en estos momentos.

—No te culpes por lo que sea que le haya pasado: ella es una adulta y conoce a la perfección los riesgos de su trabajo. Es mi hija y la amo, pero ella eligió este camino, Doyun —intenta calmarme el presidente.

—Yo la envié ahí, ¿entiendes eso? Si vieras su cuerpo... ella está... Carajo, sabes que nunca se hubiese ofrecido a ir a algo así; yo la obligué, fue mi maldita culpa. ¡Mía y de nadie más! —siseo; esa es la única verdad.

El cuerpo detrás de mí se mueve. Me giro y encuentro la sonrisa resplandeciente de Emily.

—¿Doyun? ¿Eres tú? —pregunta mi hermana.

Extiende los brazos al frente e intenta encontrar mi cuerpo; me acerco a ella y dejo que me toque.

—Perdóname, pulga, no debí enviarte a ese lugar. No fui un buen hermano mayor para ti, lo siento... —me disculpo.

—La cabeza me da vueltas, pero... pero siento que podría volar, me siento liviana... El señor Agus... Caleb Roux es el mismo señor Agus —deja escapar.

Cierra los ojos y se deja caer de regreso en el colchón. Mi padre me mira pidiendo una explicación de lo que acaba de decir, pero no tengo ni idea, no sé quién es ese tal Agus.

—Emily, ¿quién es Agus? —pregunta el presidente, a lo que su hija abre un ojo, lo mira y después lo vuelve a cerrar sonriendo.

—El socio guapo de mamá... —sonríe como tonta.

El presidente me mira, queriendo saber si sé algo, pero no tengo ni la menor idea. Salgo de la cama y me pongo de pie.

—Iré a ver a Jaehyun, espera aquí; dormiré con ella hoy —informo.

—Jaehyun... Ese es el nombre de mi novio —exclama mi hermana, provocando que me gire a verla.

—Por poco tiempo —respondo.

Ella se ríe; está tan drogada, la pobrecita. El presidente niega y me mira. Salgo de la habitación y avanzo hacia la mía; entro sin tocar y mi chico está sentado en nuestra cama con el rostro lleno de preocupación.

—¿Cómo está ella? ¿Qué fue lo que le pasó? —pregunta inquieto.

Cierro la puerta detrás de mí y avanzo hacia él. Me agacho hasta quedar a su altura, aparto el cabello que intenta cubrir su cara y lo coloco detrás de su oreja.

—Tan bonito... ¿Estás preocupado por tu novia? —bromeo.

—Amor, ponte serio, ella no merece que le pase nada malo. ¿Ella está bien?

—Lo está. Caleb la drogó y se acostó con ella; no tengo claro qué sucedió. Ella despertó bien, incluso dijo que el tipo es guapo —le hago saber.

—Bueno, lo importante es que no la haya maltratado; eso espero —dice Jaehyun.

Recuesto la cabeza en sus piernas. Vi todas esas marcas: claro que la lastimó.

Sus dedos acarician mi cabello mientras me siento como una mierda; no debí hacer esto, no debí enviarla a la boca del lobo sabiendo que la podían devorar.

Mi hermana menor... No pensé en ella como mi hermana, la vi como a una rival cuando sé de sobra que no lo es, pero eso hice: sabía lo que podía pasar, aun así la envié y pasó.

—También puedes llorar si quieres hacerlo, señor ministro; guardaré su secreto —asegura el capitán.

Levanto la cabeza y miro esos hermosos ojos que escanean mi rostro como si quisieran ver a través de los míos, justo como hago con él.

La velocidad de los latidos de mi corazón se acelera mientras sujeta mi rostro con ambas manos; inclina la cabeza en mi dirección y une nuestras narices antes de sonreír y empezar a besarme.

Sus labios se sienten dulces; hay timidez en su forma de besar, no sé a qué le teme: jamás me negaría a besarlo. Rompo el beso cuando los pulmones empiezan a exigir oxígeno; vuelvo a recostar la cabeza encima de sus piernas y permito que juegue con mi cabello como se le dé la gana.

Después de un rato regreso a la habitación de Emily. El presidente continúa dentro, pero se va diciendo que tiene asuntos que arreglar; sale dejándome a solas con mi hermana. Me acuesto a su lado y miro al techo, colocando el brazo debajo de mi cabeza.

¿Puede una persona acostumbrarse tan rápido a dormir con alguien más? Siempre he amado mi soledad al dormir porque no hay nadie para perturbar mi descanso, pero ahora no sé si soy capaz de dormir solo, sin él.