MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 20
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Su alarma suena. Ya estamos preparados para salir; son las siete y media de la mañana y tenemos que regresar a nuestros asuntos. La herida de mi brazo ya no molesta, pero la de su torso está sanando despacio, por su costumbre de consumir whisky aunque esté tomando los antibióticos.

—¿Tomaste tus píldoras hoy? —Me coloco frente a él.

—Por supuesto, hace rato —asegura.

No le creo. Es como un niño haciendo un berrinche por no tomar su medicina.

—¿Cuándo fue eso exactamente? —indago, sin creerme que se haya medicado por sí solo.

—Justo cuando no estabas viendo —insiste.

Camino hasta la mesita de noche, abro la primera gaveta y busco las píldoras, encontrándome un sinfín de preservativos sin usar.

Al menos dijo la verdad cuando aseguró que se protege con las demás personas.

Tomo los frascos y las pastillas que le daré; sirvo un vaso de agua, camino de regreso, sujeto su mandíbula y hago que separe los labios.

Introduzco ambas píldoras en el interior de su boca, luego el agua, y lo obligo a tragar.

—Prefiero que vengan de tu boca —dice.

Me toma por la cintura para pegarme a su cuerpo; une sus labios con los míos, pasa la lengua por mi boca y me da un beso rápido.

—Tengo que trabajar —se burla.

—Idiota —ataco.

—Precioso —contraataca.

Me guiña un ojo y sale de la habitación.

Espero unos minutos a que la hinchazón en mi pantalón baje y salgo al patio, donde están los demás soldados.

Doy inicio al entrenamiento; algunos de los soldados no apartan la mirada de mí, pero no dicen nada, así que no me importa.

Logro ver a Emily en el pabellón de Spencer, por lo que sé lo que viene más tarde.

No tengo idea de cómo decirle que se acabó; no puedo decirle: «Lo siento, terminemos porque estoy follando con tu hermano y siento que me estoy enamorando de él».

Eso sería una estupidez, ni el peor hombre del mundo haría algo así.

Antes de que termine el entrenamiento, el presidente llega. Todos nos ponemos en alerta y esperamos a que diga a qué vino; antes de hacerlo, avanza hacia Emily y le da un beso en la frente.

—¡Todos a la sala de reuniones ahora: tenemos a Elijah Roux en la palma de la mano! —anuncia el militar.

Esto está raro, hay cosas que no me cuadran. Son mafiosos a los que llevamos años buscando y ahora, de la nada, son fáciles de atrapar. Esto no tiene sentido.

—El hombre que ven frente a ustedes es Elijah Roux, el hermano menor de los Roux —aclara el presidente.

Muestra una foto del susodicho bajando de un jet.

Emily regresó hace poco; justo ahora está sentada al lado del hombre que ella sigue pensando que es suyo y me llena de rabia.

Nunca he tenido problemas con ella, de hecho nos llevamos ahí, lo normal; odio cómo me siento viéndolo cerca de ella, sabiendo que puede gritar a los cuatro vientos que tienen una relación, pero yo no puedo hacerlo.

Algo de acción me despejará de los pensamientos que me atormentan y que me niego a aceptar.

Yo no puedo estar enamorado de tal forma que quiera sacrificarme por alguien cuando nunca he pensado en hacerlo ni siquiera por gente a la que conozco desde que nací; sin embargo, a él solo tengo meses de conocerlo.

Esto no tiene sentido: sentir tanto en tan poco tiempo.

—Este hombre aterrizó esta mañana en Las Vegas, vino desde Italia.

No tenemos claro quiénes lo acompañan o si vino solo con su esposa.

Según las informaciones que tengo, sus intenciones son claras: festejar su aniversario de bodas —agrega, y muestra una foto de la serpiente que decidió adoptar hace unos años; ella ha sido una buena chica—.

Presten atención: si se sale de control y lastiman a la esposa de Elijah, mejor que no regrese frente a mí quien lo haga. ¿Soy claro? —advierte el hombre.

—Sí, papá canguro, ahora dinos tu plan —intervengo.

El presidente pone los ojos en blanco y procede a mostrar una foto de lo que parece ser un club o algún casino de Las Vegas.

—Elijah y su esposa han contratado unas bailarinas eróticas, son cinco; tengo entendido que dos de ellas son para su acompañante y tres para meterse en la cama con él y su esposa, por supuesto eso es si las chicas le agradan a él. No obligaré a nadie a hacer esto, así que... ¿voluntarias? —indaga.

Mira entre las chicas que hay sentadas a su alrededor. Jessia es la primera en levantar la mano y el presidente sonríe con satisfacción. ¿Sabe que si las cosas se alargan le van a follar a la mujer?

—¿Cuántas mujeres más necesitas? —inquiero.

—Cuatro más —responde, y una sonrisa se posa en mis labios.

—Sargento Geon, Martínez, Gerard y la teniente Marcus; ahí tienes a tus cuatro chicas —exclamo.

Los ojos de Emily se abren de par en par al escuchar mis palabras. ¿Que si voy a enviar a mi hermana pequeña a bailar para un mafioso? Sí, claro que sí.

—Perfecto, prepárense. Todas ustedes son militares; está de más decirles que nada de drogas.

Pueden consumir el alcohol que puedan controlar para mantener su papel, pero recuerden que es una misión, no una fiesta.

Deben tener claro que a veces las cosas se salen de control y puede que lleguen a tener que intimar con un objetivo.

Sin embargo, llevarán con ustedes la droga que siempre usamos; una vez dejen a Elijah inconsciente, entrarán el capitán Spencer y el ministro, ellos actuarán a partir de ahí.

Siempre estaremos en los alrededores vigilando; el capitán Jan junto al ministro estarán camuflados como una pareja más que solo va a disfrutar al club, Spencer estará como uno de los cuerpos de seguridad del lugar y otros soldados estarán vigilando alrededor. ¿Alguna duda? —cuestiona el presidente.

Emily levanta la mano con vergüenza y niega con la cabeza.

—Pa... presidente, no soy buena para esas cosas, prefiero las peleas —explica Emily.

—Pues qué lástima, porque ahora nadie necesita que sepas pelear. Eres una militar entrenada para estas cosas; si no puedes hacer tu trabajo, entonces deberías buscarte otro, y hazme el favor de no cuestionar mis órdenes. ¿Sargento Geon? —bramo.

—Entendido, ministro... —musita nerviosa.

Quizás estoy siendo rudo con ella, pero es la realidad: este es el trabajo que ella eligió, nadie la obligó a hacerlo y no es justo que tenga beneficios por ser hija de Andréi; que se arriesgue como las demás.

Si no puede, entonces que renuncie y busque otra cosa que hacer.

Hoenen es la mujer del presidente y hará su trabajo sin problemas, porque una cosa es el trabajo y otra muy distinta la vida personal.

Aunque, conociendo a Emily, capaz que si la follan se enamora a la primera culiada.

«Vaya, esa idea, aunque descabellada, acaba de gustarme bastante».

El presidente se aclara la garganta llamando nuestra atención.

—Entonces preparen lo que necesiten, debemos partir a Las Vegas lo antes posible —agrega con la seguridad que lo caracteriza—. Ministro, capitán Jan y coronel Hoenen, quédense en la sala; los demás, vayan a prepararse —ordena.

Como lo pide, los demás empiezan a salir de la sala. Yo le echo un vistazo al capitán, pero como no soy de mucho hablar, me levanto de la silla y tomo asiento en el lugar a su lado; subo las piernas a la silla vacía de al lado y le guiño un ojo cuando me mira.

—Solo los que estamos en esta habitación sabemos el hecho de que el hombre que encerramos no es Caleb Roux.

Es más que posible que Caleb decida aparecer en esa fiesta; necesito que estén alerta y presten atención, sobre todo usted, capitán Jan, que puede reconocerlo mejor que los demás.

Esto también nos servirá para saber si tenemos chivatos dentro de la base...

—Entonces, ¿por qué se lo dijiste a esta? —cuestiono mirando a la coronel por encima del hombro—. ¿Qué tal si es la chivata y ya confesaste todo?

—Tengo poderes mágicos: hasta un Geon cuenta sus secretos estando dentro de mí —asegura la mujer.

Aquí es cuando me pregunto: ¿será una Geon y no lo sabe?

Esta mujer tiene el ego por las nubes, una seguridad increíble y ni hablemos de la verdad detrás de sus palabras; es de esas personas que mienten con tanta certeza que todo se vuelve creíble saliendo de su boca, tanto que da miedo.

Después de todo, los Geon solo sentimos atracción por gente que vale la pena; los ligues para desahogarnos no cuentan, pero las personas que elegimos para algo más serio son otro cuento.

Si no, miren a Jan Jaehyun: todo el que conoce su historial lo sabe; joder, es el mejor.

—Bien, vayan a prepararse ahora —ordena el presidente.

Salimos de la sala y mis ojos viajan a la esquina donde está mi hermana, apoyada en la pared con las manos detrás de la espalda y jugando con las puntas de los pies como si estuviera esperando a alguien, y yo sé a la perfección quién es ese alguien.

—Hablaré con ella después de la misión. Su estado emocional puede arruinar la misión y no queremos eso; tener a Elijah encerrado nos llevará a Caleb, con un par de días torturándolo hablará —asegura el capitán.

No me importa si lo hace hoy o mañana, lo que quiero es que se haga: que termine con ella, porque soy el único que puede vociferar que él es mío, porque lo es.

Pero no quiero que, ciertamente, los gritos de Emily arruinen esto; mientras más cerca estemos de atrapar a Caleb, mucho mejor para nosotros, mejor para que Jaehyun se sienta seguro.

—Solo ten claro que soy la única persona que puede besarte, tocarte y follarte, ¿entendido? —indago.

Quiero escucharlo repetir las palabras que dijo el otro día en mi apartamento, pero solo asiente mientras mira a mi hermana. Intenta acercarse a ella, pero Hoenen es más rápida que él y toma a la chica de la mano para llevársela.

—Lo siento, necesito enseñar a esta chica a mover las nalgas; demasiado trabajo en poco tiempo, ya podrán imaginarse —exclama burlona. Nos guiña el ojo derecho y se va, llevándose a la chica con ella.