14 #2
—Caleb actualmente está en Japón. Según lo que creo, se va a reunir con el jefe de la Yakuza para algunos negocios. Tengo la ubicación donde se llevará a cabo la última reunión; es lo único que tengo para darte.
—Bien, entonces llegó la hora de seguirle los pasos a esa rata. ¿Señor presidente? —El ministro mira a su padre.
Como presidente del consejo, nadie puede hacer nada sin el consentimiento de Andréi; este, por su lado, asiente ante la pregunta de su hijo.
—Más tarde hablaremos sobre las estrategias y lo que haremos.
Mientras tanto, necesito que el capitán Jan se quede en un lugar seguro; no puede estar solo, mucho menos ir a su apartamento.
Le recomiendo no salir de la base y, si lo hace, por favor avísele al ministro primero.
Prepárense: en dos días partirán a Japón —comunica el presidente.
El ministro me devuelve el celular y aprovecho para revisar los mensajes que me envió mi madre.
«Tenemos que hablar, necesito que me ayudes. Por primera vez sé un buen hijo y llámame».
Suelto un suspiro mientras entro al chat de Maximus, y los demás empiezan a abandonar la sala.
«Hola, ¿todo bien? Conozco tu situación, por favor mantente a salvo. Si me necesitas, sabes cómo encontrarme».
«Ya no estoy en la milicia, pero haré lo posible por protegerte. Ava anoche hizo una estupidez, creo que la mimé demasiado durante su adolescencia».
«Ya no será lo mismo. En cuanto despierte y se recupere la obligaré a ir al psicólogo. No te sientas culpable si no puedes venir al hospital».
«Tú sabes que no es la primera vez. Perdóname por todo esto, cariño. Cuídate y deja que los demás se cuiden a sí mismos, ¿de acuerdo?».
—¿Qué pasa? ¿Está todo bien? —pregunta el ministro colocando su mano en mi espalda baja.
Giro el rostro a todos lados dándome cuenta de que no hay nadie más dentro de la sala. Suelto un suspiro y asiento.
—Es Ava, intentó suicidarse —susurro.
Pone los ojos en blanco alejando su mano de mí.
—¿Esta vez sí se murió o volvió a fallar? —curiosea.
Vuelvo a asentir.
—Entonces no me importa. Cuando lo logre, solo entonces me importará, para beberme un whisky a su nombre —se burla.
El militar cierra la puerta de la sala de reuniones aun estando los demás afuera. Camina en mi dirección haciendo que retroceda por inercia; me agarro de la mesa, mi cuerpo choca con ella y Doyun me acorrala entre su cuerpo y la madera. Roza su boca con la mía.
Abro la boca y dejo salir un jadeo cuando pasea la lengua por encima de mis labios. Escabulle su mano derecha por debajo de la tela de la camisa de mi uniforme militar hasta llegar a mi pecho; frota la palma contra la areola de mi pecho izquierdo hasta hacerme estremecer.
—Ministro... —jadeo bajito cerca de sus labios.
—Deseo como un loco prenderme de tu pecho hasta hacer salir algo de él —susurra.
Toma mis labios y los devora con deseo y necesidad mientras aprieta mi pezón erecto con fuerza. La erección no tarda en aparecer bajo la tela de mi pantalón y maldigo cuando baja la mano, abandonando mi pecho para darle un apretón a mi entrepierna.
—Dios... —gimo bajito.
—Sí, mi roi, soy tu Dios —exclama.
Vuelve a besarme. Coloco ambas manos en su pecho y las guío a los botones de su camisa, desabrochando dos de ellos. Rompo el beso y ataco su cuello, pero él sostiene el mío sujetándome con brutalidad, haciéndome gruñir de placer.
—Maldición... —jadea antes de pasar su lengua por encima de mis labios—. ¿En la noche? —cuestiona.
—En la noche —confirmo apartándome de su cuerpo, y él libera el agarre en mi cuello.
Los golpes en la puerta no se hacen esperar y cada uno mira al otro, observando la erección del contrario.
La del ministro simplemente es monstruosa; empiezo a pensar en medirla para saber su tamaño.
Se acomoda la ropa y ambos salimos, encontrándonos con el presidente y la agente de cabello rojo.
Ella mira al ministro y le guiña un ojo.
—Te extrañé tanto, mon amour —dice la chica.
Se lanza a los brazos del ministro, quien le sonríe; por alguna razón el presidente también lo hace al verlos juntos.
—Me vas a pegar las pulgas de los Roux, aléjate —exige apartando a la mujer—. Además, deja de jugar: todas las mujeres terminan enamoradas de mí y no quiero romperte el corazón. Ni siquiera me gustas —le dice.
La chica se gira y abraza al presidente.
—Padre, dile algo —suplica la mujer.
Creo que me he perdido de algo. ¿Padre? ¿El presidente es su padre?
—Sí, Geon, déjala, le gusta soñar despierta —se burla el presidente.
Todos empiezan a reír menos yo, que no entiendo nada. El ministro se aclara la garganta en cuanto nota mi seriedad y se rasca la nuca.
—Ella es la adoptada de la familia —me avisa.
—Adoptada o no, me toca la mitad de tu herencia, mujeriego, infiel, polla alegre —responde.
Todos guardamos silencio. La coronel Hoenen aparece y la miro caminar en mi dirección; el presidente no le quita la mirada lasciva de encima, pero ella toca mi hombro y sonríe hacia mí.
—¿Podemos hablar en privado? —pregunta, y mira a los demás.
Asiento y la sigo. Me guía al cuarto de monitoreo de la base, entramos los dos y le echa el seguro a la puerta.
—Mira, sé que no me tengo que meter en tu vida, pero me caes muy bien.
A mí no me interesa lo que hay entre el ministro y tú, pero hay otras personas que no pensarán igual y ustedes dos están dejando demasiada evidencia por todos lados.
Aunque bien solo yo, el capitán Spencer, Emily, tú y el ministro somos quienes tenemos autorización para entrar a este cuarto, los videos de las cámaras de seguridad de la oficina del ministro...
si caen en las manos equivocadas, ustedes dos estarían en problemas —suelta.
Enciende el computador y busca entre los archivos guardados varios de los videos en los que nos besamos: la vez que le hice la mamada y el de esta mañana, cuando él me la hizo a mí.
Frente a mis ojos elimina las grabaciones y también las borra de la papelera, suprimiendo toda evidencia de su existencia.
—Gracias, seré cuidadoso a partir de hoy —aseguro.
—Como te dije, a mí no me molesta. El ministro y yo nos llevamos bien, me atrevo a decir que somos amigos, pero conozco al presidente.
Si realmente solo es sexo, termínalo; pero si va más allá, mi consejo es que mejor dejes a Emily.
No te aconsejo enamorarte de ese hombre porque lo conozco y nunca se ha enamorado: cada vez que siente que una mujer se está enamorando de él, la aleja y se busca a otra.
No sé si contigo sea igual, pero si sientes que te estás enamorando, piénsalo bien.
La gente cree que no, pero el buen sexo es un camino al amor.
Si el ministro se vuelve un imbécil y necesitas una cómplice para darle donde más le duele, por favor recuerda mi existencia —propone.
Sonrío ante lo último que dice. Ella tiene razón en cada una de sus palabras: traición es traición y duele más cuando viene de alguien cercano porque no te lo esperas. Sin embargo, es mejor enfrentar los problemas que ser un cobarde y dejar que otro sea quien diga lo que has hecho.
—¿Amigos? —pregunto.
Extiendo mi mano hacia ella, quien la estrecha de inmediato sin dudar.
—De los leales —confirma.
—Capitán, creo que el ministro lo está buscando. Iré en unos minutos, necesito aclararle algo a la coronel Hoenen —ordena el presidente, apareciendo en el umbral.
«Polla alegre igual que el hijo. Pero qué puedo decir, no tengo la moral suficiente para hablar de eso cuando me meto en la cama del hermano de mi novia, que además es el esposo de mi hermana».
Salgo de la habitación y me acerco a la oficina del ministro. Detengo mis pasos al escuchar la voz de Emily susurrando en el pasillo contiguo.
—No, amo a mi novio, jamás le haría algo así.
Perdóname si alguna vez te di la impresión equivocada.
Estoy enamorada de Jaehyun, él es el único hombre que he tenido, no quiero ni necesito a otro.
Si tienes esos planes, entonces dejemos de ser amigos.
Respeto mi relación y a mi novio, tal como lo hace él.
No vuelvas a decirme algo así —advierte con voz dura.
No tengo idea de con quién está hablando, pero me siento como una mierda en estos momentos. ¿Qué le estoy haciendo?
Doyun
La noche cae fría y desolada sobre la base militar.
Me encuentro haciendo guardia junto al capitán Spencer.
Nunca hay más de tres personas vigilando los alrededores, pero ante la reciente amenaza contra el capitán Jan he decidido vigilar que toda el área sea cerrada correctamente.
Tenemos una buena seguridad, tanto humana como tecnológica, por lo que a cualquiera le sería difícil entrar aquí a menos que sea un soldado registrado en la base de datos de la FAFSEN y que además pertenezca a esta sede.
Ese rato en que el capitán vino a mi oficina...
no lo sé, pero verlo así de vulnerable, así de asustado, me estrujó el corazón; y yo que creía que el mío no funcionaba correctamente.
Verlo llorar me hizo desear cuidar de él; sé que es mi responsabilidad porque es un militar bajo mi cuidado, pero sé muy bien que esa no es la única razón por la que deseo protegerlo.
Anhelo y haré lo imposible por quitar de su vida todo lo que haga que esté triste o le aterre.
Aunque sé que es valiente, su familia es muy importante para él y puedo entender su temor sabiendo que ellos están en peligro por una venganza que es contra él.
Es por esto que siempre preferimos mantenernos con bajo perfil, no dejar que extraños conozcan nuestros trabajos, pero sobre todo que no conozcan a nuestras familias, porque sería directamente una herramienta para llegar a nosotros, cosa que no podemos permitirnos; pero ahora que ha ocurrido,
solo nos queda enfrentarlos.
Todo lo que quiero es cuidar de él, asegurarme de que esté bien y esperar a que entienda que Emily no es lo que necesita: ella no es suficiente para él.
Sé que sueno como un completo imbécil ahora mismo, ella es mi hermana, pero últimamente no me agrada la bigamia; quiero que él ya no sea de ella, quiero que sea solo mío.
Yo soy quien puede darle lo que quiere, lo que necesita.
—Voy a entrar ahora —le aviso a Spencer.