12 #4
El ministro me mira con atención y sostiene una de mis piernas dejándola en el aire mientras suaviza los movimientos de su cadera, la fuerza e intensidad de sus empujes siguen intactas; de hecho, así la fricción se siente más intensa.
—¿Cómo lo disfrutas más? —cuestiona inclinándose hacia mí para lamer y morder la elevación de mi pecho izquierdo—.
¿Rápido y suave —agrega, empezando a mostrarme cómo sería ir rápido y suave— o lento y duro?
—musita echándose hacia atrás, logrando sacar gran parte de su polla de mi interior para después volver a golpear mi próstata de un solo golpe, duro y certero.
—Umm... —jadeo mientras me muerdo el labio inferior mirándolo a los ojos—. ¿Qué tal rápido y duro? —propongo.
Una sonrisa lasciva y coqueta aparece en su rostro mientras me mira con deseo. Se sujeta de mis caderas y juguetea con el borde de su labio inferior.
—Tú lo pediste —dice en un susurro encima de mis labios.
Se aparta de mi rostro observando el lugar donde estamos unidos.
Entra y sale lentamente para poco después empezar a hacerlo a una velocidad indescriptible.
Sus empujes no pierden fuerza, lo que hace que llegue demasiado profundo en mí y golpee mi punto dulce repetidas veces, haciendo que arquee la espalda y abra la boca cuando el oxígeno me hace falta.
Me sostengo de la madera, pero es en vano: él no se detiene mientras me golpea con brutalidad y rapidez por dentro. Mis piernas tiemblan y no soy capaz de mantenerlas en su lugar.
—Joder, nene, siempre te sientes tan bien... —gimotea con la voz entrecortada por los movimientos que hace—. Podría estar aquí toda la puta vida. ¡Oh, carajo! ¡Roi...!
Sus dedos se hunden en la piel de mis caderas mientras se libera dentro de mí. Puedo sentir las palpitaciones de su polla mientras deja salir su semen.
—¿Roi...? ¿Te atreves a mencionar el nombre de alguien más estando dentro de mí? Maldita porquería... ¡Salte! —exijo.
El ministro me sujeta de las caderas y empieza a salir de mí con lentitud, como si estuviera disfrutando hacerlo.
Levanta la cabeza para mirarme y lo fulmino con la mirada mientras me muevo incómodo, queriendo escapar de su agarre.
Como si fuera poco, me sujeta ambas manos colocándolas encima de mi cabeza.
—Imposible pensar en alguien más teniéndote a ti. El sabor de tu cuerpo es único y la forma en que me siento cuando te follo no tiene comparación —asegura.
No le creo y, aunque sé que no debería importarme si piensa en alguien más, estoy enojado, y mucho.
—¡Mentiras! ¡No eres el único hombre aquí, yo también sé mentir para continuar metiéndolo! ¡Dije que salgas de mí, imbécil!
—Roi —repite, y se acerca a mis labios.
—Encima lo repites. Suéltame y veamos cómo te va —amenazo.
—Roi significa «rey» en francés —explica.
Una estocada brusca vuelve a dejarlo dentro de mí por completo, en lo más profundo, y hace que me corra otra vez.
El militar me libera y sale de mí dejándome tendido encima de la mesa.
¿Roi? ¿Espera que me crea que acaba de llamarme «rey» mientras se corría dentro de mí?
Salgo de la mesa sin decir nada, recojo mi ropa y me meto en su habitación, donde me limpio adecuadamente antes de volver a salir envuelto en una toalla.
—Tenemos que hablar —llamo su atención.
Me muestra el celular y frunzo el entrecejo observando el traductor en la pantalla, el cual asegura que roi significa «rey» en francés.
—Creo que necesitamos usar condón a partir de ahora.
Sé que suena estúpido después de haberlo hecho tantas veces, pero no he estado pensando en Emily, ni en ti, ni en mí mismo, sobre todo cuando te acuestas con todo lo que se te ponga enfrente.
Debí ser más responsable desde el principio, pero creí tontamente que se quedaría en una sola vez y no fue así.
—No uso condón, no me gusta —se queja, y pongo los ojos en blanco.
—Es irresponsable. Mira... ya sé que no me vas a embarazar, pero hay otros problemas...
—Las ETS. ¿Piensas que estoy enfermo o algo así?
—Nooo, pero no puedes enfadarte si tengo dudas. Sé que estás sano, pero nadie sabe las condiciones de las mujeres con las que follas. Sé muy bien que no soy el único, tampoco estoy pidiendo exclusividad, pero al menos sé un poco razonable.
—No estoy enojado por eso, entiendo tu punto.
Sin embargo, no follo a pelo con nadie más; eres la única persona con la que lo he hecho, y es porque malditamente no puedo dejar de probarte así.
Te aseguro que después de lo de Texas no he estado con ninguna otra persona.
No somos exclusivos, pero solo te lo he metido a ti las últimas veces y cada vez me dejas satisfecho.
—Bien... —me aclaro la garganta sin saber qué decir—. Creo que lo mejor será que me vaya.
Tomo mi ropa y la aprieto contra mi cuerpo.
Le pido a Dios que no diga nada, que no refute y me deje ir, porque sé que si lo pide o lo ordena me quedaré hasta que él quiera.
Soy un estúpido y no necesito que nadie me lo diga, lo sé muy bien.
Me muerdo el labio sosteniendo el pomo de la puerta, lo giro para abrirla y me sobresalto cuando lo siento detrás de mí, con su polla punzando en mi trasero por lo dura que está.
—Quédate, solo un rato más, roi —suplica.
Mis piernas pierden fuerzas. Me gira y toma mis labios sin pedir un consentimiento previo.
«No puedo huir de esto, no quiero hacerlo y me da miedo saber lo que eso significa».