12
Una semana después.
Debí imaginarme que las llamadas de mis abuelos y Ava durante los últimos días no serían por nada bueno.
Resulta que esta noche hay unos premios en reconocimiento al periodismo del país.
Ava está nominada como la mejor bloguera moderna del periódico para el que trabaja y, sumándole a eso que mi abuelo es el dueño de varios noticieros del país, tanto el presidente como todos los Geon debemos asistir.
La otra noche estuve en el apartamento del capitán. No, los días no han sido suficientes; seguimos buscándonos por la noche, aunque durante el día solo somos un ministro y un capitán, el novio de mi hermana y yo el esposo de la suya.
Llego al evento en mi auto, entro de la mano con Emily.
Somos dirigidos a la mesa donde están mis abuelos, mi padre, mi madre y algunas otras personas de mi familia.
Saludo a mi abuela dándole un beso en la mejilla, mientras que ignoro a su marido y tomo asiento sin que me lo pidan.
Mi vista viaja a Jaehyun, que llega con su familia, quienes toman asiento en nuestra mesa.
Ava se sienta a mi lado y se cuelga de mi brazo.
—Abuelo, abuelita, este es Jan Jaehyun, mi novio —presenta mi hermana.
Jaehyun hace una reverencia hacia los ancianos y luego hacia mi madre. Ella le estrecha la mano, por lo que intenta hacerlo con mi abuelo, pero él le deja la mano en el aire y soy yo quien la toma.
—¿A qué te dedicas y qué tienes para ofrecerle a mi nieta? —interroga mi abuelo.
—Soy militar, señor. En cuanto a lo que tengo o no, me encargaré de eso personalmente.
El anciano se aclara la garganta, inconforme con la respuesta.
—Si es hermano de Ava, se le puede dar una oportunidad. La esposa de mi nieto es la mejor esposa para él —habla el anciano.
—Yo espero los anuncios de la boda pronto —interviene mi abuela—. Una mujer está hecha para estar en casa cuidando de su esposo e hijos, velando por el bienestar de su hogar, no haciendo el trabajo de su marido.
Mi hermana agacha la cabeza con los ojos nublados por las lágrimas. La sostengo y la envuelvo en mis brazos, dejando a Ava de lado.
—Eso fue en el siglo catorce, en tus años.
Ahora las cosas son diferentes, abuela. Las mujeres trabajan, no esperan a que su marido les dé migajas para comer, no dependen de un hombre para comprarse unas bragas y, más importante aún: las mujeres de esta época disfrutan el sexo, les gusta follar.
Si no, pregúntale a tu hijo, que folla con mujeres diez años más jóvenes que él y le encanta, ¿cierto, señor presidente?
—¡Dios mío! ¡Pero qué cosas dices, muchacho! ¡Por Dios, cierra la boca! Mi hijo no haría esas cosas, pero tú... ¡Pobrecita de mi Ava, no sé a quién saliste tan promiscuo y sinvergüenza! —reclama mi abuela.
—Ya cometí un error con mi hijo, no sucederá lo mismo con mi pequeña.
Si Emily no se quiere casar, no lo hará solo porque ustedes quieran.
Pueden desheredarla, es todo lo que le pueden quitar, y da igual: mi dinero es bastante para que mis hijos vivan como reyes el resto de sus vidas.
Nadie quiere llevar una vida tan miserable como la tuvieron ustedes —interviene el presidente.
Todos tomamos asiento y la ceremonia de premiación inicia. Tomo de mi bebida mientras miro a Jaehyun por encima del hombro. Él está sentado a mi derecha y Ava a mi izquierda, mientras mi hermana está a la derecha del capitán y mi madre a su lado.
Escabullo mi mano derecha por debajo de la tela que decora la larga mesa.
Acaricio el muslo del capitán, haciendo que se sobresalte y dé un brinco en su lugar.
Disfruto verlo morderse el labio inferior; guío la mano a su entrepierna y aprieto su miembro.
Da un trago de su bebida mientras desabrocho su pantalón.
«Creí que sería una noche aburrida, pero estar rodeado de gente no impedirá que haga que se corra frente a ellos mientras hablan y chismorrean sobre la vida de los demás».
El whisky escocés baja por mi garganta con suavidad.
Intento mantener la mirada al frente o en cualquier otro lugar que no sea en el ministro.
Emily está sosteniendo mi mano derecha mientras habla con su madre no sé de qué; no puedo centrar el sentido para escuchar y entender lo que están diciendo, no puedo hacerlo cuando la gruesa y enorme mano del ministro está acariciándome por debajo de la mesa.
Esto no está bien. Cualquiera que mire en nuestra dirección podría darse cuenta de lo que está sucediendo: su esposa está a su lado y mi novia justo al mío.
Esto no es correcto, no es moral, pero no soy capaz de hacer nada al respecto.
No porque no pueda, es que no quiero hacerlo; se siente bien, me gusta cómo se siente aunque sé que no está bien.
Soy consciente de lo que sucedería si se dan cuenta: mi familia se dividiría en dos bandos y estoy seguro de que el mío estaría completamente vacío, aunque tomando en cuenta que casi no hablo con ninguno de ellos, sería casi lo mismo que como es ahora.
Vuelvo a beber del Johnnie Walker como si fuera agua.
No sé si es por el alcohol, pero mi cuerpo empieza a calentarse y no tardo en sentir la humedad que sale de mi miembro.
Maldigo en mis adentros y agacho la cabeza antes de liberar mi mano del agarre de Emily y pasármela por la cara en un intento por verme relajado.
¿Cómo se logra eso teniendo una mano que cubre el grosor de mi polla completamente y que además me está bombeando por debajo de la mesa?
Mi madre dirige la mirada hacia mí y le sonrío cuando lo noto. Creo ver que me sonríe de vuelta, pero es una sonrisa extraña, como triste, pero a la vez genuina; ella realmente nunca sonríe conmigo, no después de que está Ava.
—Dios... —un quejido se escapa de mis labios.
El ministro aprieta mi polla hasta el punto de que se siente demasiado bien follar su mano, ahora tengo la atención de más de uno puesta en mí. Hace poco empezaron a entregar los premios, pero aún no han mencionado la nominación de Ava, y yo ya quiero irme de aquí; esto no puede estar pasando.
—Mi amor, ¿qué pasa? ¿Estás bien? —indaga mi novia intentando sujetar mi mano.
Tengo ambas manos alrededor del cuello. Ella toca mi hombro y asiento.
—Sí, capitán Jan, ¿está todo bien? ¿Por qué jadea de esa manera? Eso fue un quejido muy sincero —interviene el ministro.
Quiero matarlo. Mi cerebro parece tener otros planes y giro la cabeza para mirarlo a la cara; todo lo que consigo son imágenes mías arrancándole la ropa del cuerpo y cabalgándolo como si fuera su puto.
Giro el rostro al frente, donde está mi madre, pero no la miro a la cara, sino que miro lo que hay encima de la mesa.
—Sí, señor ministro, estoy bien. Solo me dio jaqueca de la nada; he intentado evitarlo, pero he tenido demasiada actividad física esta semana. Supongo que la pondré en pausa por un tiempo —amenazo dándole a entender que hablo del sexo que ocurre entre nosotros con demasiada frecuencia.
El ministro aprieta mi polla una vez más, haciendo que se me vaya el oxígeno de los pulmones y el corazón deje de bombear sangre correctamente. Su dedo pulgar juguetea con el líquido preseminal que sale de mi polla mientras sus labios se curvan de forma sexi y provocativa.
—Ya veo, pero aún es joven, capitán, apenas empieza y la actividad física es buena para su cuerpo. No es tiempo de tomarse un descanso, todo lo contrario —asegura con esa maldita voz tan profunda, tan masculina, tan excitante y tan jodida que no tardo en correrme.
Ni siquiera pensé en el desastre que se podría hacer, pero su mano cubrió mi glande inmediatamente cuando empecé a correrme y no se apartó de ahí hasta que mi miembro dejó de escupir semen.
Me quedo en silencio esperando a que retire la mano de mi entrepierna y así lo hace.
A la vez mencionan la categoría para la que Ava ha sido nominada.
Me abotono el pantalón aprovechando que todos están atentos a que mencionen el nombre de quien resultó ganador.
Una vez que me abrocho, observo al ministro limpiarse las manos con su pañuelo; después lo acerca a mí por debajo de la mesa y lo introduce en uno de los bolsillos delanteros de mi pantalón.
—Lávalo, tú lo manchaste, bebé —musita el ministro en un susurro casi inaudible.
Abro la boca para susurrarle algo por su descaro, pero guardo silencio cuando nombran a mi hermana como ganadora.
Según ellos es la mejor bloguera de la época y no lo dudo, pero ellos y muchos más, como la familia Geon, solo conocen su lado bueno: ella solo muestra una mitad, la buena; su personalidad horrenda, malvada y destructora no la muestra al público, siempre se muestra como una blanca paloma que no es.
La mencionada se pone de pie alegre cuando la luz blanca la ilumina a ella.
El ministro se cruza de piernas mientras toma un trago de su whisky.
Ella sonríe feliz mientras los demás aplauden por su logro; yo no lo hago porque no soy hipócrita y, aunque la ame igual o mucho más que antes porque nunca dejará de ser mi hermana, ya no pienso ser la alfombra que decora el piso por donde ella pasa.
El ministro se queda quieto y ella va a recibir el premio sola.
Por alguna razón que no entiendo me siento aliviado de que no haya ido con ella.
Emily sostiene mi mano y entrelaza nuestros dedos, gesto que no pasa desapercibido para el ministro, que mira por encima del hombro y curva sus labios en una sonrisa.
Mi vista viaja a la plataforma donde está Ava sosteniendo un micrófono; supongo que dirá unas palabras.
—En primer lugar, mil gracias a todos los que leen mis blogs cada día.
Sin ustedes no sería posible todo lo que he conseguido.
Los amo; a mi familia, la hermosa y perfecta familia que tengo; a mi segunda familia, los Geon.
Espero que todos se sientan orgullosos de mí porque yo sí lo estoy.
Además, tengo una hermosa noticia que darles —avisa, y por inercia giro el rostro hacia el ministro, que continúa mirándola como si no le importara.
—Ahora escuchemos las demás mentiras de esta loca —susurra, pero más de uno logra escucharlo.
—Mi esposo, el heredero y primogénito de los Geon, Doyun, y yo hemos decidido que ha llegado la hora de volver a intentar tener un mini-Geon —comunica.
Los abuelos del ministro aplauden y sonríen.