11
No tengo idea de cuándo cayó la noche, pero según mi celular son más de las diez y aún estamos aquí.
Más de uno está ebrio, pero eso solo los pone más felices.
Ahora estamos en la zona especialmente para bailar y todos lo estamos haciendo: Jaehyun con su novia, yo con la amante del presidente, y los demás distribuidos como se les pega la gana, aunque he notado que el capitán Spencer no le quita los ojos de encima a mi hermana,
cosa que sé ella también está notando.
La música termina y empieza a sonar Killing Me Softly With His Song de Fugees.
La coronel Hoenen se pone de pie y se acerca al capitán Jan, lo invita a ponerse de pie y él niega; ella empieza a bailar mirándonos a todos nosotros.
De alguna manera, aunque la música sea algo lenta, eso hace los movimientos de la mujer sensuales y provocativos.
Ella vuelve a insistir pidiéndole al capitán que baile junto a ella y esta vez se pone de pie, se coloca a un lado de ella y todo desaparece, lo único que logro ver es a él.
La forma en que mueve su cuerpo: sus piernas se mueven mientras él las abre al ritmo de la música, los demás lo animan observando lo bien que lo hace, cómo cruza sus manos por encima de su cabeza, se gira mientras baila, acaricia sus piernas con las manos suavemente como si lo disfrutara,
el gesto que hace con los labios y la forma excitada de su rostro...
La polla me aprieta debajo del pantalón y agradezco que al escuchar a los demás aplaudir él se detiene y vuelve a sentarse; toma un sorbo de su trago mientras me mira y hago lo mismo.
Lo observo decirle algo a mi hermana y después ponerse de pie para perderse por el pasillo que lleva a los baños.
Muevo uno de mis pies como si tuviera un maldito tic nervioso, enciendo el celular mirando la hora en la pantalla; al tiempo entra una llamada de la coronel Hoenen y me giro a verla.
Ella me guiña un ojo y me levanto fingiendo que salgo a contestar, tomo un camino completamente diferente al que debería.
«Esa maldita está ayudándome, algo debe querer después».
Al entrar en el baño de los hombres me encuentro con el capitán Jan, con la espalda recostada en el lavamanos como si estuviera esperando algo o a alguien, que espero haber sido yo.
—Esto no está bien —dice cuando cierro la puerta detrás de mí y empiezo a acercarme a él—. Tenemos que detenerlo ahora —insiste. Llego a él y lo sostengo de la cintura pegándolo a mi cuerpo—. Esto no es moral, no está bien, nosotros... no se puede.
—Geon Doyun siempre puede —musito antes de tomar sus labios.
Él no se resiste ni intenta apartarme; en su lugar, envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y me atrae hacia él.
«Al diablo si no está bien, a la mierda si no es moral; se siente jodidamente bien y no pienso detenerme, no quiero hacerlo».
Aprieto los dientes mirando los gestos de su rostro y escuchando los jadeos que intenta mantener dentro de su garganta.
Las gotas de sudor bajan por mi barbilla, los músculos de mi cuerpo se tensan todos a la vez mientras gruño sintiendo la estrechez que envuelve mi miembro; me aprieta como si fuera a estrangularme. Se siente bien y me gusta, me encanta.
Se inclina hacia adelante con el torso recostado sobre el lavamanos, el trasero elevado y las piernas abiertas. Me mantengo de pie detrás suyo, agarro sus caderas y muevo la pelvis de adelante hacia atrás con rapidez.
Sé que el hecho de que mi hermana esté en el mismo lugar donde estoy consumiendo a su novio debería hacerme sentir mal, pero no es así.
Me excita más la idea de saber que en cualquier momento nos podrían encontrar y siento que a él le pasa lo mismo.
Hace tiempo dejé de sentirme culpable por los sentimientos de los demás; no volveré a hacerlo ahora.
No voy a engañar a nadie: nunca he sido una buena persona.
—Ah, ministro... —El jadeo placentero que sale de su boca me lleva al límite. Mis bolas están llenas y voy a vaciarlas dentro de él.
Así de excitado como estoy, me inclino hacia él.
Sujeto su mandíbula con mi mano izquierda mientras con la derecha aprieto la piel de sus caderas.
Hago que me mire y maldigo en mi interior cuando lo hace.
Sus mejillas están rojas, sus ojos llorosos de placer y su boca, esa bendita boca que me invita a pecar cada vez que la veo...
De la nada siento los labios secos, tengo sed y lo único que quiero probar ahora mismo es su boca, y lo hago.
Lo beso sin dejar de entrar y salir de él con movimientos repetitivos y certeros. Su cuerpo pierde fuerzas, sus piernas tiemblan mientras sus paredes se contraen apretando mi miembro una y otra vez. Su lengua entra en mi boca y la chupo, saciando la sed y bebiendo de su saliva.
Rompo el beso al sentirlo apretar las mejillas de su trasero haciendo que su canal me apriete con más fuerza. Gruño en su oreja y llego al éxtasis corriéndome dentro de él. Mientras lo hago, deposito pequeñas mordidas por su hombro, su clavícula y finalmente llego a su cuello.
—No muerdas, no me marques, por favor —pide, y sé lo que está pensando en estos momentos.
Mi celular vibra dentro de mi pantalón y estoy seguro de que es Jessia.
Me aparto del cuerpo del capitán, quien se mete en uno de los cubículos.
Confirmo quién me está llamando y no es ella, sino Ava.
Como hice anteriormente, cuelgo la llamada.
Ignoro el hecho de que tengo mensajes del presidente y su padre; ya veré después lo que quieren, a mí no me van a joder la vida, no hoy.
Me acerco al cubículo donde está el capitán y toco dos veces la puerta.
—Váyase primero, saldré en un momento —dice, y sonrío.
—¿Necesitas ayuda con eso? —pregunto mientras me acomodo los pantalones.
—¿Qué tipo de ayuda? Todo lo que tiene que ver con usted siempre termina en sexo. Ya he caído demasiadas veces.
—Y lo seguirás haciendo. Soy irresistible y tú eres demasiado; te mereces lo mejor y eso soy yo.
—Vaya, ¿adónde con tanta confianza? —pregunta el capitán y, a pesar de no estar viéndolo, puedo imaginar cómo pone los ojos en blanco.
—Soy un Geon, está claro que soy un dios. Ahora dime: ¿quieres la ayuda o no? Podría limpiar tu culo con mi lengua, soy bueno usándola. —El silencio que se hace presente me hace sonreír.
«Se excita tanto como lo hago yo de solo verlo, de solo pensar en él, de tenerlo frente a mí, del mínimo roce, con cualquier cosa; solo tiene que tratarse de él».
—Usted es tan... Solo salga, por favor —insiste, por lo que obedezco.
Tengo claro que haré lo que esté en mis manos para que mi hermana regrese a la base con los demás, mientras que él y yo no haremos eso exactamente, como tampoco tengo planes de que vayamos a dormir.
Quizás es pronto, tal vez no debería llevarlo a casa, a mi lugar, porque nadie más que el presidente sabe dónde vivo, porque no llevo a mis putas a mi apartamento, porque no me gustan las escenas, sean de celos o de cualquier otra cosa.
Pero sé que los dos tenemos claro que solo es sexo; no hay nada más allá y no lo habrá.
No me importa que sepan lo que hago; si él no fuera el novio de mi hermana me daría igual ser cuidadoso.
Ni siquiera me importa que su hermana y su familia se enteren de esto, pero también tengo que pensar en las cosas que sucederían con él.
No es lo mismo que a mí no me importe: de seguro a él sí, y sé que no está dispuesto a perder ese algo bonito y estable que tiene con mi hermana por tener sexo conmigo.
¿Qué tan bueno es el amor que el sexo no pueda ocupar su lugar?
Al llegar al lugar donde estábamos sentados llama mi atención el hecho de que mi hermana no está y tampoco el capitán Spencer. Estoy pensando demasiado, Emily no haría algo así.
—¿Dónde está mi hermana? —pregunto tomando asiento justo al lado de Jessia.
Lo que menos quiero es que una de las chicas se pegue a mí, mucho menos Aleja. Aunque supongo que después de lo sucedido esta mañana, si es que tiene vergüenza, no lo hará; pero con ella nunca se sabe.
—Sabes que ella no tiene vacaciones como nosotros, por ende debe regresar pronto. Llamó a su novio para irse, pero no obtuvo respuesta, así que Nikolas se ofreció a llevarla. Ya sabes lo servicial que es —comenta la coronel, y asiento con la cabeza.
Mentiras. Ese perro nunca ha sido tan bueno, mucho menos se ofrecería a darle un aventón a alguien sin esperar algo a cambio. Y pobrecito de él si le pone una mano encima a mi hermana.
Levanto la cabeza varios minutos después cuando el capitán Jan aparece.
No habla ni una palabra y, al igual que yo, levanta una ceja cuando nota la ausencia de las dos personas que faltan.
Sé que está pensando lo mismo que yo o quizás confía ciegamente en ella, mientras yo dudo hasta de mi propia sombra; eso pasa cuando hasta quien menos pensabas te ha traicionado.
—Es hora, vámonos —ordeno.
Todos salimos y, sin darle explicación a nadie, me subo a mi auto.
Observo por el retrovisor cómo Jaehyun se muerde el labio esperando a que todos se vayan.
Finalmente solo quedan él y Jessia, quien mira en mi dirección y sonríe; le dice algo, él asiente con la cabeza y empieza a caminar hacia mi auto.
—Mi apartamento está un poco lejos. Si quiere, creo que sería mejor tomar un taxi, así no tiene que ir a dejarme y devolverse a estas horas —propone.
¿Él realmente cree que lo voy a ir a dejar a su apartamento para después irme al mío y estar los dos solos en direcciones diferentes cuando podemos estar en el mismo lugar follando mientras amanece? No, definitivamente no haré eso.
Empiezo a conducir sin decir nada. Él de igual forma guarda silencio hasta que llegamos al complejo de apartamentos.
Su boca se abre cuando observa el iluminado y hermoso lugar.
Continúo manejando hasta llegar al edificio que me corresponde; salgo del auto llevándome las llaves conmigo, y el capitán sale y me sigue.
—¿Vives aquí? ¿Por qué me trajiste aquí? Doyun, estoy hablándote —reclama.
Me giro sobre mis talones quedando de frente a él.
—Aquí vivo. No te preocupes, nadie que pueda saber quién eres te verá. Solo sígueme —demando, y lo hace.
Entro en el edificio y los guardias, al igual que el hombre de la recepción, me reciben con una sonrisa.