MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 9 #2
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No deben ser sus toques porque en cierta forma son delicados, lo que me hace pensar en una de las chicas.

La coronel Hoenen no suele ser tan gentil, así que debe ser una de las que fingen ser más femeninas de lo que son para llamar mi atención.

La puerta se abre y confirmo lo que ya sabía: es Aleja.

Me sonríe con coquetería desde la puerta; por la abertura de la misma observo al capitán mirar hacia nosotros.

La mujer cierra la puerta y camina hacia mí contoneando las caderas de forma exagerada, no siento ningún interés al verla.

Ella llega frente a mí y, sin decir nada más, sostiene los reposabrazos de la silla giratoria y la hace hacia atrás; se arrodilla frente a mí y levanto una ceja cuando sujeta el cinturón de mi pantalón con intenciones de desabrocharlo.

Sujeto su muñeca y hago que levante la mirada en mi dirección.

—Ministro... —su voz suena como un jadeo, casi gime mi rango y aun así no siento curiosidad, no tengo ganas y vaya que eso es una gran sorpresa hasta para mí.

—Ahora no tengo ganas, lárgate; y cuando necesite dónde vaciarme, tampoco te avisaré. Largo...

Se pone de pie con el ceño fruncido. Estoy seguro de que dirá algo, pero los golpes de alguien llamando a la puerta se lo impiden. Ella bufa al ver al capitán escaneándonos de pies a cabeza; la mujer niega y se aleja de mí acercándose a la puerta.

—Estás en todas las malditas partes, ¿no? —la escucho susurrarle. El capitán ni siquiera se inmuta y ella se va.

Termina de entrar, niega y mira la camisa de mi uniforme mal acomodada dentro de mis pantalones.

—Solo venía a informar de mi salida de la base. Ya me sé el sermón de que será mi responsabilidad; puedo cuidar mi trasero —dice enojado.

Sé lo que piensa, pero ¿por qué está enojado? Independientemente de si hice algo con alguien más o no, ese no debe ser su problema: es el novio de mi hermana, no el mío.

Asiento y me levanto de mi asiento, sostengo el arma que mantengo en mi pantalón y la dejo encima de mi escritorio.

No tengo idea de si hay alguien vigilando las cámaras, pero me importa una mierda.

Al notar mis intenciones, niega nuevamente y sostiene el pomo de la puerta, abre la misma queriendo salir; sujeto su mano y cierro la puerta.

Mi torso está pegado a su espalda, inhalo el aroma que sale de su cuerpo; me gusta más cuando está sudado de saltar encima de mí.

—Geon Doyun, ese es mi nombre —susurro encima de su oreja. Su cuerpo tiembla a la vez que aprieta los labios para no dejar salir el jadeo que le provoco—. Estás celando al hermano equivocado, cariño.

—No me llames así —demanda casi en un jadeo.

—Si tanto lo deseas, solo tómalo.

Sostengo su mano derecha y la atraigo hacia atrás, hago que sienta la erección en mi pantalón; su cuerpo vuelve a estremecerse cuando le da un apretón al bulto en mi entrepierna.

Muerdo la comisura de mi labio inferior y juego con la argolla que hay en él.

Observo cuando libera mi erección y se da la vuelta: sus ojos de ese color tan extraño, esa hermosa y provocativa mezcla entre gris y azul, el pecado dibujado en sus iris.

La sensualidad con la que muerde su labio inferior mientras me mira y desajusta el cinturón de mi pantalón despierta mi lado animal.

El cavernícola que intento dejar dentro de mi pecho sale cada vez que pone esa mirada erótica y llena de lujuria mientras me mira; es como si sus ojos gritaran que lo folle, como si a través de ellos pudiera saber cada cosa que él quiere o está pensando.

Bajo la mirada al mismo ritmo que lo hace él: se pone de rodillas, queda a la altura de mi entrepierna, deja a la vista la tela blanca de mi ropa interior en la que hay una pequeña marca de líquido preseminal.

Estaba sin ganas hace pocos minutos; solo bastó verlo para que mi polla se endurezca y escupa presemen. Todo esto causas en mí, Jan Jaehyun.

Gruño cuando baja la tela, libera mi erección frente a su cara.

Levanta la cabeza mirándome mientras sujeta el tronco y pasa la lengua por la humedad que sale del glande; aprieto los dientes cuando deposita un beso justo encima del pequeño orificio de la cabeza de mi polla.

Inclino la cabeza hacia atrás, el calor del interior de su boca rodea mi miembro; empieza a mover la cabeza de atrás hacia adelante mientras mueve la lengua en círculos y cada nada succiona como si fuera a tragárselo todo.

—Carajo —maldigo.

Introduce más de la mitad del tronco en el interior de su boca, después vuelve a sacarlo y, mientras masturba el tronco con la mano, recorre lo demás con la lengua; baja y sube, lame y chupa la punta como si fuera dulce, toma todo lo que sale de mí mientras me la chupa.

Los toques en la puerta hacen que se detenga, lo agarro del cabello y empujo mi grosor dentro de su boca hasta que él continúa tragándose mi verga y chupándola.

—Doyun... soy Emi, ¿mi novio está ahí? Es que lo estoy buscando y no lo encuentro —habla mi hermana desde afuera de la oficina.

Aprieto la mandíbula, el chico se aparta con los labios empapados de saliva o quizás de líquido preseminal.

Me importa muy poco que sea mi hermana quien está detrás de esa puerta, todo lo que quiero es que termine lo que inició y no dejaré que salga de aquí hasta que lo haga.

El capitán coloca ambas manos encima de mis muslos y con la mirada me suplica que no diga nada.

—¡Sí, estoy aquí, yo...! —habla el capitán.

—¡Estamos hablando sobre algo, danos cinco minutos y lo dejaré ir! —le aseguro.

A él, porque hablé mirándolo a él; necesito que sepa que de aquí no sale hasta que saque la última gota del semen que está a punto de salir de mí a borbotones.

—Mal chico, no se habla con la boca llena, bebé —susurro bajito para que solo él escuche.

Acaricio suavemente su labio inferior, lo recorro de un extremo a otro, lo sujeto de la barbilla y hago que abra la boca para después guiarlo de regreso a mi polla; la toma y continúa chupando y lamiendo mi miembro con la misma intensidad.

Desde donde estoy puedo ver que mi hermana continúa afuera esperando.

Sus labios se sienten tan bien alrededor de mi verga.

Aprieto su cabello, siento cómo sus mejillas se contraen mientras succiona la cabeza de mi polla; aprieto los dientes y evito gruñir alto.

Empiezo a correrme dentro de su boca; no hay demasiado, me corrí varias veces dentro de él.

Me muerdo los labios, su manzana de Adán baja y sube dejándome saber que se ha tragado todo.

Se pone de pie de inmediato y puedo decir que maldice al encontrar una gota de mi semen en su camiseta.

Acerco mi mano derecha y con el dedo índice tomo la gota viscosa de mi simiente, paseo el dedo por mi lengua mientras me mira fijamente, giro el dedo hacia él, quien abre la boca y me muestra la lengua; paseo el dedo ya limpio por encima de su lengua y maldigo en mi interior cuando chupa el dedo.

Lo sujeto de la cintura y lo acerco a mi cuerpo, que continúa a medio vestir.

—Me estás volviendo loco —susurro antes de unir nuestras bocas.

Nunca he sido alguien de besar tanto, nunca me ha gustado perder el tiempo en esas cosas cuando podemos pasar al sexo inmediatamente; sin embargo, con él es distinto: cada vez me siento más necesitado de probar sus labios, de morderlos, de chuparlos hasta que se hinchen,

de degustarlos hasta que sangren.

Casi gruño cuando se aleja. Lo veo acomodarse los pantalones antes de apartarse de mí; yo hago lo mismo asegurándome de volver a mi asiento antes de que abra la puerta. Mantengo la mirada en la laptop que acabo de encender mientras siento la presencia de mi hermana dentro de mi oficina.

—El presidente nos dio vacaciones... bueno, a mí no, pero los chicos irán al club a jugar a los bolos y a festejar, no sé si quieras acompañarnos, Yun...

—Claro, adelántense, en unos minutos estaré ahí afuera con ustedes —les digo y la escucho reír emocionada.

Levanto la cabeza encontrándome con las manos de ambos sujetando la del otro y con los dedos entrelazados. Entrecierro los ojos cuando ella se pone de puntillas y lo besa en el cuello; él le susurra algo y ambos salen de mi oficina sin decir nada más.