MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 8 #2
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Aprieto la mandíbula cuando el silencio hace acto de presencia. Escucho cómo se mueve dentro de la habitación, cada paso que da, incluso creo escuchar cómo inhala y exhala con fuerza.

—Entiendo.

Es todo lo que dice y hace que me sienta más mierda de lo que ya me siento.

Espero hasta que finalmente aparece frente a mí.

Ese bastardo de Joseph, cómo diablos acertó tan bien con la talla de su cuerpo; la maldita ropa le queda como si fuera hecha para él.

Los dos llevamos unos vaqueros azules, pero los de él se pegan más a su cuerpo, una camisa negra con algunas decoraciones en los hombros y el pecho.

Jaehyun decide arremangar las mangas hasta el codo y se ve sexy, maldición, se ve bien con ella; cada curva de su cuerpo está perfectamente ajustada a ese traje de vaquero de mierda como si fuera a montar algo más que no sea un jodido caballo.

No, no quiero que monte el animal, quiero que me monte a mí.

—Entonces, debemos bajar ahora —musito.

Quiero preguntarle si realmente está bien.

No fui cuidadoso anoche, maldita sea, no sabía que estaba intacto; es difícil saberlo, ese lugar no lubrica y, aunque lo lubriqué con anterioridad, siempre se sentirá apretado, pero eso de anoche fue demasiado, no puedo no volver a sentir eso, tengo que hacerlo.

No obtengo otra respuesta más que un asentimiento de cabeza.

Anoche apagamos los dispositivos que hay dentro de nuestras orejas, pero ya están encendidos nuevamente.

Salimos de la habitación y, después de cerrar la puerta, engancha su brazo del mío y empezamos a bajar al primer nivel.

El primer rostro que vemos es el de la mujer de anoche; no voy a negar que siempre utilizo a las mujeres para satisfacer mis propias necesidades, pero nunca les hago promesas ni les miento, mucho menos las ilusiono sabiendo que al siguiente día me darán igual.

Pero a ella no la elegí porque quería follar, lo hice porque quería que él se sintiera más cómodo y se diera cuenta de que yo debía ser quien estuviera en su lugar, que no necesitamos de nadie más para pasarla bien si estamos nosotros dos; pero de igual forma, aunque no pasó así al principio,

igual me metí en su cama, bueno, la nuestra.

Al cruzar por su lado ella sonríe, sin girarse a mirarnos; al menos sabe su lugar y no tendré que pasar un momento incómodo.

Al entrar en el pasillo del primer nivel nos encontramos con varias personas de las que vimos ayer, igualmente vestidos con ropa adecuada para montar a caballo o bien para estar en una hacienda; el anfitrión incluso lleva un sombrero.

Su esposa gira el rostro hacia nosotros y me sonríe.

Después de saludarnos entre todos, salimos al patio.

Unos guardias nos guían a la parte trasera del lugar; el sitio es enorme, nos guían justamente a las caballerizas.

Nunca había visto tantos caballos juntos y mucho menos tan grandes; este imbécil cuida mejor de los animales que de los seres humanos, pero ¿qué se podría esperar de un maldito hijo de perra como él?

El mencionado carraspea y hace que uno de sus guardias golpee repetidas veces una pequeña campana hasta que todos guardan silencio y le ponen atención a él.

—Queridos socios y amigos, la mayoría de ustedes ya saben cómo va la dinámica; sin embargo, me veo en la obligación de aclararlo porque tenemos nuevos integrantes este año —informa.

El hombre mira hacia nosotros, quienes sonreímos en su dirección mientras los demás aplauden dándonos la bienvenida.

—La dinámica es así: una persona de cada pareja, no importa el sexo, tomará un caballo.

Todos están domesticados, solo se hará una carrera; el primero en llegar se lleva el premio, pero...

—hace una pausa que me hace apretar los puños—.

Si dos llegan a la vez, que ha sucedido en otras ocasiones, cada uno debe montar un caballo sin domesticar y domarlo; entonces, el diamante que aseguro y doy fe de que es uno de los más exquisitos de esta temporada será suyo.

Los demás empiezan a aplaudir mientras hablan entre ellos, quizás poniéndose de acuerdo sobre quién monta el caballo o cuáles serán las estrategias que usarán.

Nunca he montado nada, no soy alguien de ir mucho al campo, mucho menos a recrearme montando un animal, pero supongo que hay una primera vez para todo.

Antes de que podamos ponernos de acuerdo, el anfitrión se acerca a nosotros con una sonrisa, como si quisiera saber cuál de nosotros lo hará, ya que se queda en silencio esperando.

—Lo haré yo —avisa el capitán.

Le sonríe al hombre, quien agranda la sonrisa de sus labios mirando fijamente a los de Jaehyun.

—Excelente, encantado de verlo montar, Harry —el hombre toma la mano del capitán y le besa los nudillos como si yo no existiera—. Si me disculpan, debo volver a darle inicio al evento.

Aprieto la mandíbula cuando Jaehyun continúa sonriéndole a ese imbécil. El hombre se va y me libero del agarre que manteníamos.

—¿Quieres dejar de coquetearle? Es un maldito enfermo —reclamo.

—Solo estoy haciendo mi trabajo, ministro, haga el suyo y no intervenga en el mío. Después de todo, es bueno ignorando las cosas, ¿no? No me joda —dice antes de girarse e irse hacia donde fueron los demás que van a montar los caballos.

Bueno ignorando las cosas, sí, claro, cómo no; mírame ignorando que odio que hables con otras personas.

No pasa demasiado tiempo cuando somos dirigidos a unas gradas, es la mejor forma en que puedo describir esto; todos tomamos asiento y los demás empiezan a aparecer para después subirse al respectivo animal que hay frente a ellos.

Mi vista viaja al capitán, que se monta en el caballo sin esfuerzo alguno y negándose a recibir ayuda de uno de los guardias.

Un conteo regresivo se hace presente a la vez que el anfitrión levanta un pañuelo y abren las puertas para que empiece la carrera.

Todo el tiempo mantengo la mirada en la forma veloz en que corre el animal donde está montado el capitán, la forma brusca en que su trasero rebota una y otra vez mientras cabalga ese animal, cómo lo sujeta para guiarlo y sostenerse, la emoción que se ve en su rostro,

la sonrisa que aparece en sus labios cuando está cerca de la meta.

«Si tan solo fuera a mí a quien estuviera montando de esa manera, sonriendo para mí, por mí».

Mis ojos se abren cuando el maldito animal se levanta de las dos patas delanteras.

No sé qué hacer, quiero salir del maldito lugar; ese desgraciado dijo que todos estaban domesticados.

Vuelvo a tomar asiento y no sé ni siquiera cuándo me puse de pie; el capitán logra mantener el equilibrio y a pesar de lo sucedido llega de primero, no hubo ninguno que llegara a la par con él.

Todos empiezan a gritar mientras aplauden. Soy el primero en salir de allí yendo hacia donde están esos animales y los concursantes; encuentro al maldito anfitrión sonriendo como si no hubiese sucedido nada.

—¡¿Qué mierda fue eso?! ¡Dijiste que tus animales de mierda estaban domesticados, maldita sea! —grito frustrado.

—Y lo están, cada uno de ellos. Nunca pondría a uno de ustedes en peligro, mucho menos querría a la policía aquí por un accidente. Les pido disculpas a ambos —dice.

Es cuando noto el cuerpo junto a mí sosteniendo mi mano para que no haga una estupidez.

—Les puedo asegurar que nada fue planeado, ustedes son mis invitados especiales, jamás haría algo así; la señorita Helen puede dar fe de ello.

Helen es el nombre que usa nuestra infiltrada en la mafia siciliana.

—Está bien, no tiene que preocuparse, estoy bien, no me pasó nada —interviene el capitán colocándose frente a mí para que lo mire a la cara—. No es el único animal con el que he tratado, incluso ese parece tener más razonamiento que el otro.

¿Ahora está comparándome con un caballo?

—Está bien, amor, estoy bien —musita mirándome a los ojos.

—De acuerdo —respondo.

El capitán se da la vuelta mirando al anfitrión.

—Entonces, ya he ganado. ¿Dónde está mi premio? —pregunta el capitán como si realmente estuviera ansioso por tenerlo; finge bien.

El hombre le extiende un sobre amarillo y le sonríe.

—Como sabrá, no hacemos entrega de nuestros diamantes frente a los demás, nos gusta la privacidad, así que cada uno de los diamantes que obtengan en la gala será enviado días después a la dirección que tenemos de ustedes, además de, claro, el premio de hoy —asegura el hombre.

El capitán solo asiente y, después de hacer una reverencia hacia nosotros, el hombre se marcha.

Cuando está lo suficientemente lejos, el capitán se coloca a mi lado y abre el sobre: hay fotos de un chico joven, fuera del rango de edad necesario, información sobre él y además un documento que asegura que somos sus tutores legales; gracias a Dios esos no son nuestros nombres reales.

—Entonces, así es como funciona —susurra el capitán cerrando el sobre de mala gana.

La policía y los agentes encargados del bienestar infantil de nuestro país suelen tener cierta tolerancia con los abusos cuando vienen de parte de los tutores, ya que según ellos puede ser el método para educar o inculcar valores en los hijos; por eso al venderles a los jóvenes les dan su tutela,

para que si logran llamar o comunicarse con la policía no tengan oportunidad alguna de que su caso sea investigado más profundamente.

Malditos imbéciles, tienen todo perfectamente pensado.

El resto de la mañana se hacen otras actividades en las que los premios son dinero en efectivo y otras cosas que no nos interesan.

Después del almuerzo cada uno sube a su habitación sabiendo que al anochecer finalmente se llevará a cabo la primera parte de la supuesta subasta; ya no sé ni cómo llamar a esta mierda, porque de gala benéfica no tiene nada.

Estando dentro de nuestras habitaciones me encargo de hablar con el presidente de lo sucedido, le explico con detalle lo que tengo en mi poder y lo guardo dentro de mi maleta. El capitán sale del baño y apago el micrófono.

—Apaga el micrófono —ordeno y él lo hace—. ¿Por qué no me lo dijiste? —pregunto acercándome a él.

—¿Ahora quiere hablar? Pensé que estábamos jugando a ignorarnos.

—Responde a la maldita pregunta, Jan.

—¿De qué estamos hablando exactamente? —pregunta como si no supiera a qué me refiero.