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Finalmente volvemos a subir en eso de la una de la madrugada.
El anfitrión nos comentó sobre las chicas y chicos que tiene disponibles para, según él, «hacer más emocionante la noche», y tanto Doyun como yo estuvimos de acuerdo en que fuera una mujer.
Los tres entramos en la habitación y ella se mantiene en silencio; el ministro le coloca seguro a la puerta y se detiene frente a ella.
—Los dos al mismo tiempo, o nada —advierte el ministro.
Ella asiente y se baja la cremallera del vestido para después dejar caer la prenda al piso. La escanea de pies a cabeza, se gira y empieza a caminar hacia mí.
—Ya escuchaste, amor... ¿Prefieres adelante o lo quieres por atrás?
—Quiero el de adelante —confirmo—. Busca los condones, cielo.
Camino hacia la chica y cruzo por su lado mientras me quito los pantalones.
El ministro vuelve a aparecer con una erección monstruosa en el bóxer; los tatuajes que decoran su brazo me hacen sentir ese revoloteo en el estómago.
Siempre he tenido cierta fijación por los chicos que se ven malos.
Giro el rostro centrándome en la chica frente a mí.
El ministro hace que la chica le baje el bóxer y empiece a chuparle la polla; noto cómo lágrimas salen de sus ojos cuando el hombre le folla la boca sin control alguno.
Los dos tenemos el preservativo puesto. Esta vez tomo asiento en el sillón y ella se sube a horcajadas encima de mí; se deja caer en mi erección y me hago un poco para atrás para que el ministro tenga una buena posición.
El mencionado se acerca a ella por detrás, el grito ahogado de la mujer y la forma en que se aprieta a mi alrededor me avisa que ha entrado en ella; escucharla gritar me pone la libido a mil, además de lo apretada que se siente.
Él empieza a moverse provocando que ella también lo haga. El roce de su polla con la mía dentro del cuerpo de esta mujer me hace jadear; se siente bien y no sé si es por él o ella.
Levanto la cabeza observando la mirada lasciva del ministro puesta en mí, bajo la mirada a sus caderas donde arremete con fuerza dentro de ella; siento cómo su coño se contrae cuando se viene haciendo que yo también termine.
—¿Terminaste? —pregunta el ministro.
Sujeta a la mujer de los muslos y la aparta de mí sin salir de ella.
Toma asiento en la otra esquina del sillón manteniendo las piernas de ella abiertas a cada lado de las de él; observo cómo entra y sale mientras la folla por el culo.
Su sexo empieza a contraerse mientras se corre aunque él no la esté follando por ahí.
¿En serio tan bueno es?
Ella jadea excitada, intenta girar el rostro para mirarlo y él le sujeta el rostro haciendo que me mire a mí mientras él también me mira.
No tengo idea de si esto evitará que la curiosidad que siento por él desaparezca, pero quiero intentarlo.
Con ese pensamiento me cambio el preservativo y vuelvo a embestirla mientras la sostiene; mis ojos se mantienen fijos en él, que no aparta la mirada de mis caderas mientras las muevo de adelante hacia atrás.
—Mierda —gruñe el ministro.
Parecemos tener el mismo pensamiento: me sujeta de la mandíbula y tira de mí hasta unir nuestras bocas, pero ninguno la abre. Me aparto antes de que proponga alguna tontería y me meto al baño dejándolo con ella en la habitación.
Se supone que después de follar dos veces continuas debería estar tranquilo por el momento, pero después de ducharme mi miembro continúa erecto y sé perfectamente a causa de quién.
La chica ya no está y el ministro ha recogido el desastre que hemos hecho; el lubricante está encima de la mesita de noche junto a la cama con dos condones.
Ignoro eso y me meto debajo de las sábanas sin decir nada. Él se mete a bañar y cierro los ojos queriendo conciliar el sueño. Pasados unos minutos, siento cómo tira de las sábanas que cubren mi cuerpo; me doy la vuelta observando la oscuridad en su mirada.
—Lo intenté, juro que lo he intentado desde el primer día, pero esta mierda no está funcionando —gruñe inconforme.
Se coloca encima de mí y sujeta el elástico de mi bóxer, tira de él hacia abajo.
—Señor ministro... —intento.
—No, hoy no hay ministro, no hay capitán, no eres el novio de mi hermana y no soy el esposo de la tuya; solo somos Maikol y Harry, nadie más...
—Solo hoy —le aclaro.
—Solo tres días —dice—. No me gusta besar a cada persona con la que me acuesto, pero tú... Llevo deseando hacer esto desde que te conocí —agrega inclinándose hacia adelante para empezar a besarme.
Es un beso violento y feroz, como si quisiera quitarse las ganas que tiene de mí; su lengua invade el interior de mi boca, tira de la tela de mi bóxer despojándome de él, me abre las piernas colocándose en medio.
Su boca ataca mi cuello cuando pasea los dedos empapados por el centro de mis nalgas hasta encontrar el pliegue.
Gruñe cuando su dedo no puede entrar en mí con tanta facilidad, pero al final lo consigue; baja a mi pecho y se prende de uno de mis pezones poniéndolo erecto inmediatamente mientras con su mano libre pellizca el otro.
Me quedo quieto sintiendo la humedad salir de mi polla mientras sus dedos batallan dentro de mí y vuelve a mi boca.
Me levanta el trasero haciendo que rodee su cintura con las piernas; sus dedos abandonan mi cuerpo y después de un rato lo siento querer volver a entrar, esta vez empujando con fuerza usando su polla.
—No quiere ceder, mierda, eres muy cerrado —gime.
«No se trata de si es pequeño o no, nunca ha entrado nada ahí».
Un gemido ahogado sale de mi garganta a la vez que arqueo la espalda cuando logra entrar en mí; aprieto las piernas y me sostengo de las sábanas mientras se mueve lentamente hasta que su polla se desliza más fácilmente dentro de mí.
Entonces empieza a empujar con fuerza, moviéndose de adelante hacia atrás y después en círculos haciendo que sienta cada parte de su miembro; me duele, me arde como el infierno, pero me gusta, me gusta más de lo que duele y el semen que salió de mí cuando entró por primera vez lo confirma.
Vuelve a prenderse de mis pezones con necesidad, sin dejar de entrar en mí una y otra vez; se siente tan bien que duele saber que solo será por tres días.
Estos orgasmos no se comparan en nada con lo que he sentido antes, nunca podrá ser igual.
Volteo la mirada hacia él cuando sale de mí para volver a entrar de golpe; mi miembro vuelve a escupir semen y me arqueo queriendo gritar.
Él no se detiene hasta un momento después, en el que siento su polla palpitar dentro de mí; sale de mi interior y sale de la cama para meterse en el baño azotando la puerta de un golpe.
¿Cómo voy a mirarlo a la cara después de esto? ¿Cómo la miraré a ella? A todos...
Estoy enojado, frustrado y ni siquiera sé por qué estoy actuando así.
Jamás me ha importado si las personas con las que me acuesto son vírgenes o si es la primera vez que alguien las folla, sobre todo cuando se trata del sexo anal, que debe ser mil veces más delicado que el sexo vaginal; pero vamos,
yo pensé que aceptó porque ya había estado con alguien más de esa manera, pero no me jodan, lo lubriqué y aun así el preservativo estaba manchado de sangre.
Si fuera otra persona me daría igual, pero no lo es.
Tengo más que claro que cuando salgamos de aquí todo será igual a como era antes. ¿Si me agrada la idea? Pues no, no me gusta para nada, sobre todo cuando estar dentro de él se siente así; fue el maldito mejor orgasmo de mi vida, y ahora no sé cómo debo proceder.
Sé que fui un imbécil al salir huyendo al baño como un cobarde, pero ¿qué debería haber hecho?
Es el novio de mi hermana y, aunque no quiero pensar en ello, no creo que sea correcto ser tierno con él.
Nunca he sido tierno o cariñoso con nadie, solo con Emily cuando estaba más pequeña e incluso de ella me alejé cuando sucedió lo de Ava.
El presidente y todos los demás tendrán que aceptar que no habrá heredero, que ese hijo que según ella estaba esperando y perdió por mi culpa no existió jamás y no existirá ahora que no quiero saber de ella, que no puedo respirar su mismo aire y, sobre todo,
que no puedo siquiera compartir un mismo espacio con ella.
Jaehyun es su hermano, nunca aceptarán el hecho de que me esté acostando con él y eso está bien, no me importa, ellos no tienen por qué saberlo; pero sé que todo se sabe tarde o temprano y lo hecho ya no se puede deshacer, pero sobre todo no quiero hacerlo.
Sé que dije que solo sería por los tres días que estemos aquí, pero después de lo de anoche no se puede, a menos que él sea quien me ponga un freno; yo no creo poder hacerlo, simplemente me siento como alguien que ha consumido droga o algo adictivo por primera vez: sé que está mal,
pero no quiero dejar de hacerlo.
Anoche no dormí, ni siquiera volví a la cama después de lo que pasó y él tampoco me buscó, pero lo entiendo: salí como un imbécil y lo dejé ahí.
Pero ya lo dije, estoy enojado y no sé qué debo hacer al respecto.
La verdad es que, aunque intenté convencerme de lo contrario, siempre supe que nunca sería suficiente tenerlo una sola vez y ahora que lo he probado no creo poder llegar a cansarme de ello.
«Oh, Geon Doyun, como si no tuvieras suficiente, tenías que tomar también lo que quiere tu hermana».
Niego cuando escucho la puerta del baño abrirse para volver a cerrarse.
Sé que el capitán sí pudo dormir y no lo desperté para turnarnos porque igual no tenía deseos de hacerlo, así que simplemente me quedé en el sillón toda la noche vigilando o quizás sobrepensando las cosas sin obtener ningún resultado,
porque las mismas preguntas continúan dando vueltas dentro de mi cabeza.
Agradezco haberme duchado más temprano. ¿Cómo haré para no tomarlo de nuevo? Deseo hacerlo, maldita sea. Una vez sale del baño, dejo caer mi espalda sobre el sillón; ya tenemos que salir, no hay tiempo para hablar ahora.
—En la mesita de noche del lado izquierdo hay unas botas y una ropa cómoda para montar a caballo, no sé si lo harás o no, pero la trajo el anfitrión, supongo que es necesario que la usemos —le comunico.