MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) Doyun
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Doyun

Llegamos al estado de Texas ya pasadas las cuatro de la madrugada.

El presidente ya ha hecho las reservaciones en un motel de la ciudad; solo se reservaron tres habitaciones: una para los tenientes, una para los sargentos y otra para los dos capitanes y para mí.

Ninguno duerme, nos dedicamos a vigilar la ciudad y encontrar los puntos estratégicos más cercanos a la mansión del anfitrión de la gala.

Tenemos claro en qué posición estará cada uno el día de mañana y durante tres días.

Tengo entendido que el presidente no vendrá a menos que su presencia sea necesaria y yo prefiero que no aparezca.

Cada grupo se va a su habitación; nos turnamos para ducharnos quedándome yo al último.

El capitán Spencer ya está dormido en una de las dos camas que hay en la habitación; me levanto del suelo cuando la puerta del baño se abre permitiendo que el capitán Jan salga de ella.

Mi vista se centra en las gotas de agua que bajan de su cabello recorriendo su cuello para después perderse en su torso; intenta secarlo con una toalla y mira en mi dirección.

—Ya puede pasar —dice.

Camino en su dirección y, estando frente a él, coloco una de mis manos en la pared justo al lado de su cabeza.

Me acerco más a él hasta que mi nariz roza con la suya, lo sujeto de la cintura con la mano derecha y lo atraigo a mi cuerpo, pegándolo a mí hasta que sentimos cada cosa que hace el otro: cada suspiro, cada respiración, los latidos del corazón del otro, todo.

Me agacho y aprieto el agarre en su cintura haciendo que se ponga de puntillas para estar lo más cercano a mi altura que se puede; su cuerpo se estremece cuando me acerco a su rostro.

—Ministro, ¿qué está haciendo? —pregunta a punta de suspiros.

Sé que le pasa lo mismo que a mí, él también lo quiere, me desea, me necesita. Deseo darle lo que su cuerpo le pide al mío.

—Practicar —respondo acercando mis labios a los suyos.

Cierra los ojos esperando a que lo bese.

La mano que sostiene su cintura intento bajarla a su trasero y él la detiene sujetándola con fuerza.

Ignoro eso y en lugar de tomar sus labios ataco su cuello: primero besando normalmente, chupo la piel, lamo moviendo la lengua a mi antojo, después mordisqueo y me aparto cuando lo escucho jadear.

—Usted es tan...

—Sexy, guapo, irresistible, encantador, sensual, lujurioso, lascivo... ¿Cuál es la palabra que buscas, capitán?

—Promiscuo y sinvergüenza —dice apartándome de él con un empujón.

—Hagamos como que te creo —musito tomando la toalla para meterme al baño—. Buenas noches, Geon Jaehyun.

—Geon Jaehyun, mis pelotas. Dios, qué imbécil —lo escucho quejarse cuando lo dejo con la palabra en la boca y me meto a bañar.

Al día siguiente

Llega la hora de irnos a la ubicación que nos envió nuestra informante.

Los soldados ya están en sus respectivos lugares; el capitán Jan y yo subimos a mi auto y nos ponemos en marcha.

Después de un rato nos encontramos con pura carretera desolada, apenas vemos una gasolinera a unos metros antes de llegar a la mansión.

Aprieto la mandíbula notando la seguridad del lugar: por todos lados hay guardias armados, uno de los que están en la puerta nos hace una señal para que entremos.

Avanzo en el auto hasta que me hacen detener en la puerta.

—Nombres... —exige.

El hombre echa un vistazo al interior del auto y Jaehyun se mantiene sereno mirándolo.

—Maikol y Harry Walker —respondo y extiendo las identificaciones de ambos.

El hombre se aparta del coche y susurra algunas cosas en el micrófono que cuelga de su oreja; después asiente y hace que las enormes puertas se abran dejándonos pasar.

Jaehyun le sonríe y mueve los dedos despidiéndose de él; el hombre le devuelve la sonrisa a la vez que le guiña un ojo.

Al entrar en el enorme jardín, la seguridad hace que bajemos del auto, el cual revisa hasta el último neumático, mientras otros dos hombres nos revisan el cuerpo con cautela.

—Mucho cuidado donde pones tus manos —advierto mirando al guardia que empieza a tantearle las piernas al capitán—. Ese culo es mío y no me gusta que le pongan las manos a lo mío —agrego con autoridad y con una voz amenazante.

—Maikol, amor, está bien, solo hace su trabajo —interviene el capitán.

—No me importa, eres mío, nadie va a tocar tu cuerpo frente a mí como si yo fuera una mierda. Quita tus manos de mi chico justo ahora —insisto liberándome del otro guardia que aún no me revisa completamente.

Avanzo de forma amenazante hacia el guardia, quien solo levanta ambas manos. El tan esperado anfitrión sale de la mansión y se dirige a nosotros con dos hombres a su lado; llega frente a nosotros y hace una reverencia.

—Señores Walker, bienvenidos, disculpen el mal momento. Mis hombres solo intentan hacer su trabajo, pero bueno, ellos no saben quiénes son ustedes —se disculpa el susodicho.

—Joseph Philip Lutor —musito con una sonrisa.

Extiendo mi mano hacia el hombre, que no tarda en estrecharla; después hace lo mismo con Jaehyun, pero a este le besa el dorso de la mano como si fuera una chica.

—Es todo un placer finalmente tener a un comerciante de diamantes tan prestigioso como usted frente a nosotros —elogio.

Jesús, ni yo mismo me creo esto, debería ser actor y no militar.

—El gusto es mío, tengo los mejores diamantes de la temporada para el mejor comprador —dice guiñándome un ojo.

El estómago se me revuelve cuando pienso que se refiere a los niños y finjo mi mejor sonrisa queriendo ocultar mi enojo. Jaehyun se cuelga de mi brazo y frota su rostro contra la extremidad.

—Mon amour, je veux me reposer —exclama recostando la cabeza en mi hombro.

—Oh, mis disculpas, deben estar muy cansados del viaje. Les mostraré su habitación, espero sea de su agrado; la hemos ambientado y equipado con lo necesario para la estadía de una pareja joven y tan cariñosa y, por cierto, hermosos colores de cabello —halaga el susodicho.

Realmente lo son. Obviamente debíamos cambiar algunas cosas en nuestros aspectos para no estar como lo hacemos normalmente; por ejemplo, el capitán Jan tiene el cabello rojo con algunas extensiones en la parte de atrás que hacen el cabello más largo, hasta un poco más abajo de sus hombros,

y yo lo tengo solo de un color gris canoso.

Una habitación para los dos... Vamos a estar en la misma habitación, en la misma cama, pero debemos mantenernos despiertos y alerta; qué mejor manera que follando.

No sé, es la única solución que veo a mi alcance y la voy a llevar a cabo.

Realmente los militares especiales que vamos a misiones y nos toca estar cara a cara con la maldad pura que vive en el corazón de los seres humanos y que pudre la sociedad necesitamos de mucho autocontrol.

Desde que vi a este tipo aparecer frente a nosotros y expresarse de esa manera, llamando «mercancía» a los pequeños seres humanos que piensa vender a otra gente de su misma calaña sin importarle cuál sea el destino de cada uno de ellos, me enfureció bastante; y el ministro no está diferente,

por eso decidí intervenir haciendo mención de que quería descansar usando el idioma francés porque sé que el tipo lo entiende bastante bien.

Por suerte el ministro no hizo un escándalo; después de todo, él también es un agente y sabe cómo comportarse. De hecho, creo que su actuación es bastante creíble para los demás, aunque no vi necesario su comentario sobre su poder o posesión sobre mis glúteos, pero bueno, cada uno con sus cosas.

Después de la miserable presentación del anfitrión, el hombre nos indicó que fuéramos tras él y así lo hicimos.

Entramos a la mansión que es más como una hacienda; lo que sí es que es enorme y llena de lujos.

Sin miedo a equivocarme, debe haber más de diez o doce habitaciones, claro que contando las del segundo nivel, que es a donde él nos está guiando ahora.

Entrecierro los ojos al sentir los dedos del ministro resbalar por mi costado, bajando hacia mi cadera, donde aprieta la piel mientras me mira. Mi mirada se conecta con la suya y tengo que apartarla cuando se lame el labio inferior sin dejar de mirarme.

Recuerdo las palabras del anfitrión: «Una habitación ambientada y con lo necesario para una pareja joven y cariñosa como ustedes».

Bastardo, claro que sé al tipo de cariño al que se refiere; y este maldito Geon, por supuesto que tiene una sonrisa de oreja a oreja, pero ya veremos quién juega con quién.

Soy sincero: me atrae, me gusta, lo deseo, quiero sentirlo, tenerlo dentro de mí, pero eso no significa nada más.

No siento nada más por él, nunca me dejaría engatusar ni permitiría que me trate como a su puto del día o del mes.

No digo que no sea capaz de follar con él, sin embargo, siempre tendré claro que de alguien como él no se puede esperar más que solo sexo para saciar las ganas; un hombre con una buena polla, eso es todo lo que es.

—Esta es la habitación que mi esposa ha escogido para ustedes —informa Philip trayéndome de regreso a la realidad—.

Espero sea de su agrado y la disfruten, todo lo que hay en ella es para ustedes.

Al anochecer vendrá alguien a buscarlos, o bien pueden bajar antes si gustan; si necesitan distracción adicional, solo avísenme —dice con una sonrisa coqueta en los labios.

—Así será —responde el ministro.

No dice nada más hasta que el hombre se va desapareciendo por el pasillo.

—Mierda, es que lo quiero matar —refunfuña.

Le echo un vistazo a la recámara, buscando en todas partes y asegurándome de que no haya cámaras o algunos micrófonos escondidos.

El ministro nota lo que estoy haciendo y me ayuda recorriendo otro lugar.

Antes de llegar a la cama hay un espacio con un sillón en forma de L, una silla de color rojo y enorme que además tiene dos cuernos, un refrigerador pequeño con bebidas alcohólicas y agua.

El baño es enorme, una puerta de cristal separa la ducha de lo demás; realmente es hermoso, me encanta, pero no estamos aquí para ver los lujos. Vuelvo al lugar donde está la cama; justo al lado de ella está el ministro parado enfrente de una de las mesitas de noche con una de las gavetas abiertas.

—¿Encontró algo? —pregunto y él asiente.

Me acerco en silencio para ser cuidadoso de no mencionar alguna palabra si hay micrófonos.

Estando detrás suyo me sostengo de sus hombros y me pongo de puntillas.

Pongo los ojos en blanco al encontrarme con la gaveta llena de porquerías: condones, lubricante de agua y de sabores, un par de esposas, pinzas para los pezones; incluso esos bastardos se atrevieron a meter un látigo ahí dentro.

¿Qué clase de personas le dijeron que somos? Aunque bueno, usándolo de la forma correcta, no sería tan malo, ¿o sí? No, Jaehyun, no.

—No se puede desperdiciar, hay que usarlos. ¿Qué piensas, esposo mío? —provoca el ministro.

Gira el rostro hacia atrás para mirar mi reacción, pero ahora está cerca; incluso puedo sentir su respiración encima de mi nariz.

Sus ojos buscan los míos antes de que intente inclinarse para besarme.

Sus labios tocan los míos rozando una boca contra la otra, siento cómo intenta acercarse más y me alejo poniendo los ojos en blanco para disimular el tornado que hay en mi interior ahora mismo.

—Claro, busque una chica y úselos, escuchó la oferta del anfitrión, hágalo —propongo.

—Al subir en la noche —susurra al cruzar por mi lado—. Supongo que no te importa que follemos frente a ti.

Ignoro lo que dice y suelto un suspiro cuando toma asiento en el sillón.

Me quedo lo suficientemente alejado de él, pero no sé si incluso un océano de por medio sea distancia suficiente para que las cosas que provoca en mí desaparezcan o pueda ignorarlas.

No sé qué pasará en la noche, pero sí o sí tengo que dormir en esta cama porque tenemos que estar alerta; podemos turnarnos para que uno vigile mientras el otro duerme y así poder dormir los dos aunque sea un par de horas.