MI MENTIROSO (CLANDESTINO nº 1) 6 #2
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Estoy preparado para esto, no es la primera vez que lo hago, solo toca ver contra quién me pondrá el presidente.

—Entonces, vamos —dice.

Tengo el uniforme puesto, por lo que me quito la camisa quedándome con la camiseta color verde militar para que sea más cómodo moverme.

Camino detrás del presidente, quien avanza fuera del pabellón; observo cómo coloca sus brazos detrás de su espalda, une sus manos colocando una encima de la otra mientras camina sereno y tranquilo.

Llegamos al patio donde los demás militares están esparcidos por diferentes lugares.

El ministro es el primero en acercarse a nosotros y una sola mirada de su padre es suficiente para que tome una pose serena, igual que el presidente.

—¡Formen filas, ahora! —ordena el ministro.

Los militares obedecen inmediatamente y mi vista viaja a Emily, que está sofocada como si hubiera corrido una maratón; además de que no sé de dónde salió, pero bueno, de seguro estaba con sus supuestas amigas, esas que no conocen el significado de lealtad.

El presidente da dos pasos al frente y escanea a todos los soldados frente a él.

—Lucha cuerpo a cuerpo con el capitán Jan —sisea mientras mira a los demás como si estuviera buscando al indicado para pelear conmigo—. Eloah —llama.

Miro a todos lados. No conozco a nadie con ese nombre, pero por alguna razón los demás se ponen tensos al escuchar la palabra. ¿Eloah? ¿Quién carajos es Eloah?

—¿Sí, presidente? —habla el ministro.

¿Él es el tal Eloah? ¿Su nombre no es Doyun o Eloah es un apodo?

—Háganlo —ordena el presidente.

Varios niegan y se apartan dándonos espacio.

Supongo que pelearé con el ministro entonces.

El mencionado se quita la camisa y hace lo mismo con la camiseta que cubre su cuerpo, quedándose con el torso desnudo.

Los demás hacen un círculo a nuestro alrededor, pero lo suficientemente alejados de nosotros para que nos podamos mover como queramos.

El ministro sonríe en mi dirección curvando los labios mientras se pone en posición.

—Bueno, no tengo todo el día —expresa el ministro.

Hace una señal con la mano para que vaya hacia él.

Mantengo la mirada fija en sus labios leyendo lo que dice sin emitir palabras: «Ven aquí, bebé».

Creo que después de todo no sé leer labios o quizás me equivoqué al hacerlo.

Sacudo la cabeza y me pongo en posición.

Cada uno avanza hacia el otro; una vez estamos lo suficientemente cerca, lanzo el primer golpe.

Sonríe y lo esquiva. Empiezo a enojarme cuando hace lo mismo con los siguientes golpes que lanzo en su dirección.

—¡Basta de juegos, Doyun! —interviene el presidente.

El ministro se encoge de hombros y empieza a lanzar golpes en mi dirección.

Logra golpear mi costado con sus piernas, recibo más de una patada suya, algunos puñetazos que logran romperme el labio inferior; él también ha recibido algunos golpes míos, y el pequeño corte en su ceja lo evidencia.

Es bueno, no lo voy a negar, el mejor con el que he peleado hasta hoy.

En un rápido movimiento me envía al suelo; el golpe seco de mi espalda contra el concreto me hace jadear.

Coloca una pierna a cada lado de mi cintura para después agacharse a extenderme la mano para ayudarme a levantar; observo al presidente, que está de brazos cruzados mirando hacia nosotros.

Tomo la mano que me ofrece el ministro y, cuando hace fuerza hacia arriba para levantarme, yo la ejerzo hacia abajo atrayéndolo en mi dirección a la vez que golpeo su pierna con la mía, haciendo que en menos de nada sea yo quien esté encima de él,

solo que él está con el rostro en el concreto mientras empujo su cabeza con mi mano manteniéndolo ahí.

—Entonces... ¿quién es el bebé, señor ministro? —susurro para que solo él pueda escuchar.

—Creo que estamos en posiciones erróneas, capitán... Me gusta ser el de arriba.

Me levanto al darme cuenta de que estoy encima de su trasero. Estando de pie le ofrezco mi mano una vez se da vuelta; la toma y lo ayudo a que se ponga de pie. El presidente aplaude suavemente acercándose a nosotros.

—Muy bien, capitán, me gustó: buenos movimientos, precisión al golpear, lanzaste a un hombre de casi dos metros al suelo y un hombre con su musculatura. Excelente trabajo —elogia el presidente.

—Siempre he dicho que se mueve muy bien —agrega el ministro y su padre lo fulmina con la mirada.

—La próxima vez que pelees como una nena, te voy a sancionar —amenaza el presidente observando al ministro.

Todos se dispersan cuando el presidente se va. El ministro vuelve a colocarse la ropa, al levantar los brazos; él se acerca a mí y se detiene al quedar justo a la par conmigo.

—Prepara lo que necesites, nos vamos en una hora —dice y continúa caminando.

Mi novia viene hacia mí y según ella me ayuda a entrar.

Vamos a mi habitación y me quito la camiseta queriendo verme en el espejo; ese golpe contra el concreto me dolió como una mierda.

Al no ver ningún golpe alarmante vuelvo a colocarme la camiseta; mi novia es quien me limpia la herida del labio con alcohol mientras me mira a los ojos.

—¿Por qué el presidente llamó Eloah al ministro? ¿Qué significa? —pregunto y ella sonríe.

—Mi padre entrenó a Doyun desde niño, él le mostró cómo pelear, entonces desde sus primeros días en la milicia Doyun ganó cada combate cuerpo a cuerpo independientemente del rango de la persona a la que se enfrentó.

Hasta el día de hoy se ha mantenido invicto, nadie lo ha derrotado y la gente del consejo y otros militares importantes que lo conocen lo han nombrado Eloah.

Significa Dios en hebreo, es una forma de llamar a Dios en la religión hebrea, no sé, algo así.

—¿Estás diciendo que él no peleó en serio conmigo?

—No, ni de cerca, y por eso se molestó el presidente.

Digamos que ve a Doyun como su mejor creación, él realmente siempre espera lo mejor de él, es como si fuera su único hijo, siempre ha alardeado de lo orgulloso que está de él —dice con algo de tristeza—.

Pero bueno, creo que mi hermano no quiso lastimarte porque eres mi novio; quiero decir, él suele tomarse las peleas muy en serio, aunque sea solo entrenamiento, sus contrincantes siempre terminan hechos mierda y tú estás perfecto.

Sí, perfecto... No, no me gusta que sea diferente conmigo, no me gusta que no use su fuerza, no soy una masita que se puede romper por unos golpes, pero ya tendré oportunidad de hacer que pelee conmigo como se debe.