5
Llega la noche y, aunque no le comuniqué al ministro mi salida con los chicos, le dije que hoy dormiré en mi apartamento.
Se supone que es mi responsabilidad cuando duermo fuera de la base, pero por el momento no hay ningún peligro evidente, no hemos tenido noticias de algún movimiento de la Cosa Nostra, entonces supongo que puedo sentirme libre un poco.
Cuando dan las diez de la noche termino de cambiarme.
Emily me envió un mensaje de texto diciendo que se iría a dormir temprano.
Salgo de mi habitación casi en puntillas intentando no hacer ruido, con el celular con suficiente carga por si tengo que llamar un taxi o pedir un Uber para llegar a mi apartamento después de salir del bar.
—¿Entonces vienes? —pregunta la rubia que suele acostarse con el ministro, creo que su nombre es Aleja o algo así—. Es que ya nos vamos —me comunica ella y asiento confirmando que sí iré—. Entonces mueve el culo y vamos a beber.
—Vamos a embriagarnos —la secunda Jessia.
Salimos del edificio y maldigo en mi interior viendo a quienes están afuera, pero sobre todo viendo el auto del ministro y a él fuera de este tecleando algo en su celular.
—Estos son Nikolas, Aleja, Genesis, Glori, Marco, Davis, Alejandra, Rebecca y el de allá es nuestro ministro, obvio —presenta Jessia.
La tal Rebecca me guiña un ojo antes de meterse a uno de los autos, todos los demás la secundan subiendo a sus respectivos vehículos y me quedo estático esperando a ver con quién me toca irme. Tengo que comprar un puto carro.
—Ve con el ministro —dice Jessia, guiñándome un ojo—. Eres su responsabilidad después de todo —agrega y niego—. Vamos, Jan, él no come, solo muerde —dice coqueta.
Asiento y camino hacia donde está él. Sin que le diga nada se mete en su asiento, rodeo el auto y me meto en el asiento del acompañante.
Él no dice nada y solo enciende el motor del coche, los demás hacen lo mismo y nos ponemos en marcha después de desbloquear el sistema de seguridad.
Salimos a la ciudad y nos dirigimos al centro.
Mantengo la mirada fija en la carretera, no quiero mirarlo, no sé qué haría si lo miro en estos momentos.
Él de igual forma mira al frente. Aprieto los labios cuando al mover la palanca del auto sus nudillos rozan con mis muslos; me muevo en el asiento alejando mi piel de la suya y observo cómo juguetea con la argolla en su labio inferior.
El auto se detiene en un edificio lleno de luces llamativas y parpadeantes, dirijo la mirada hacia el letrero que dice «DESEO» en letras grandes.
¿Ese es el nombre del lugar o me lo estoy imaginando?
—Mantente donde pueda verte —dice el ministro antes de salir del auto. Salgo yo también y los demás llegan a nosotros.
Entramos en el bar y nos dirigimos a la parte de arriba; lo que parece ser la azotea es una zona más privada con menos gente, mejor música y dos chicas bailando en tubos en cada esquina del lugar.
Tomamos asiento en un sillón en forma circular, una camarera nos atiende y nos trae las bebidas que ordenamos.
Yo pedí cerveza, no estoy acostumbrado al licor de aquí, pero los demás, incluso las chicas, están bebiendo whisky.
Después de un rato Rebecca me invita a bailar y los demás empiezan a animarme; acepto y voy con ella a la pista.
El aire acondicionado del lugar no es suficiente cuando nos movemos al ritmo de la música, ella mueve las caderas muy bien y no me quejo cuando frota su culo con descaro en mi entrepierna.
Logro ver a otros unirse a la pista, a excepción del ministro, quien no aparta la mirada de nosotros mientras bebe de su vaso y una de las chicas baila encima de él como una profesional.
Ella intenta besarlo y él coloca el vaso en medio de sus bocas y le dice algo para después hacerla beber un trago largo del licor.
—Juguemos al reto o shot —propone la rubia cuando regresamos a nuestros asientos y Alessia levanta una ceja.
—¿Esa es una nueva versión? Era verdad o reto y verdad o shot, ¿no? —pregunta la coronel y la rubia se encoge de hombros.
—¿Juegan o no, nenas...? —musita ella con un tono juguetón mirando a todos mientras mueve una de las botellas vacías de las cervezas que bebo.
—¡Haz que gire! —gritan todos al unísono, menos yo.
La chica asiente y coloca la botella en medio de la mesa, intenta girarla, pero el ministro la detiene y ella frunce el ceño.
—Todavía el capitán no confirma si jugará, ¿está dentro o no? —pregunta el ministro y tomo un último trago de mi bebida.
—Siempre —confirmo.
La rubia hace girar la botella; esta se detiene a mi lado, justo apuntando a Jessia y al capitán Spencer.
—¿Reto o shot? —pregunta la rubia.
—Primero dinos cuál es el reto y ya vemos si tomamos el shot mejor —responde Nikolas.
—Beberte un shot, pero directamente de su cuerpo: tienes que derramar la bebida en medio de sus tetas y beberla de ahí.
Mis ojos se abren cuando los dos implicados asienten.
Jessia es quien sirve el shot y se sube a las piernas de Nikolas, él le quita el vaso mientras ella se desabrocha la camisa dejando ver su sostén; después se inclina un poco hacia atrás a lo que él la sostiene de la espalda con una mano y con la otra deja caer el licor en medio de las tetas de ella.
Se agacha y se inclina hacia adelante lamiendo todo el rastro de la bebida, yendo desde el ombligo hasta llegar al sostén, tira de la tela hacia abajo y lame el centro de los senos de la mujer y se aparta con una sonrisa mientras los demás gritan emocionados.
Así continuamos jugando. Aleja casi chilla de emoción cuando la botella se detiene en medio de ella y el ministro; esta vez quien pone el reto es Genesis. Por alguna razón nadie eligió shot, todos quieren reto.
—Tu reto es bailar encima del ministro sin tocarlo, tienes que hacer que se le ponga dura en menos de un minuto o tienes que beberte el resto de la botella.
Aleja no lo duda; como la sinvergüenza que es, se quita la tanga que lleva puesta y se sube a horcajadas encima del hombre.
Empieza a mover las caderas hamacándose encima de él.
Aparto la mirada cuando él me mira y le agarra las nalgas; no pasa el minuto cuando ella se levanta y todos gritan mientras el ministro se acomoda en el sillón para que no se le note la erección.
—¡Oh, vamos, eso no era un reto! A nuestro jefe se le pone dura desde que ve un par de tetas y un culo respingado. ¡Vamos, muévela de nuevo! —anima Jessia.
Agradezco que no me haya tocado a mí en ninguna de las veces, no soy tan descarado como estas personas.
Mi vista se centra en la botella, que se detiene en el borde de la mesa apuntando hacia el ministro y hacia mí.
Aleja niega e intenta mover la botella nuevamente, pero Jessia la detiene y sonríe mientras levanta una ceja.
—Un juego es un juego, las reglas se cumplen y yo siempre he querido ver a dos hombres besándose en vivo y en directo —dice Jessia.
Al verme negar, el ministro carraspea y niega igualmente.
—No lo haré, cámbialo o no juego —amenaza y ella pone los ojos en blanco.
—El mayor le besa el cuello al otro por treinta segundos —propone Rebecca.
—No —digo inmediatamente y ella levanta una ceja con diversión.
—¿O temen que eso los haga ir más lejos y hacer algo más? —provoca.
Los demás la secundan gritando todos a la vez y, aunque niego, el ministro solo se encoge de hombros, se da un trago largo y toma asiento donde anteriormente estaba Jessia.
—No vaya a gemir el nombre de mi hermana, capitán —musita con un tono burlón.
Todos ríen por ello. Me sujeta de la cintura acercándome más a él y susurra:
—Solo es un juego, solo treinta segundos —dice en un susurro que estoy seguro nadie más escucha.
Cierro los ojos cuando siento su respiración en mi cuello, después aparecen sus labios mientras besa la zona.
Abro los ojos sin querer mostrar lo que está pasando por mi cabeza: lo estoy disfrutando.
Su lengua se mueve a su antojo por la extensión de mi cuello, la piel se me pone de gallina cuando muerde con una suavidad torturadora, pero tan placentera como nunca había sentido.
—Ministro... —susurro en un jadeo que no sabía que se escucharía como tal.
Él se aleja, se encoge de hombros volviendo a su asiento, toma un trago de su bebida y hace que la rubia se suba en sus piernas sin volver a mirarme. «Solo es un juego, nada más, no significa nada, la erección en mis pantalones es solo la reacción a lo que hizo, eso es todo».
—Te lo dije —susurra Jessia inclinándose hacia mí—. No come, pero muerde.
—¿En serio? Quizás no, no lo noté —digo.
Tomo un trago mientras acaricio la zona donde mordió, intentando cubrir si dejó algún rastro o marca.
Claro que me mordió, hizo lo que quiso sin medir las consecuencias, sin tener en cuenta que ese solo acto borró todo el avance que habíamos tenido en alejarnos el uno del otro.
Egoísta, eso es lo que eres, Geon Doyun: un maldito egoísta que mueve muy bien la lengua y muerde como nadie me ha mordido antes.
Sé que las intenciones de Aleja al querer jugar ese dichoso juego esta noche no son más que buscar una oportunidad para estar conmigo.
Ella no significa nada para mí, ni siquiera se me paró cuando me bailó como la puta desesperada que es, pero después tendré que aclararle algunos puntos porque parece ser que está confundiendo algunas cosas.
Escuchar a mi cuñado jadear por lo que le estaba haciendo me la puso dura, por eso la senté a ella en mis piernas.
No necesito que otros se den cuenta de lo que me pasa con él, no me hace falta que me digan lo que ya sé: que él no es mío, que no puedo mirarlo porque le pertenece a mi hermana, pero estoy tan seguro de que ella no lo lleva al infierno como podría hacerlo yo.
Una santurrona aburrida no es lo que él merece.
Pasión, fuego, deseo, alguien que le dé el uso que su cuerpo necesita, que lo haga bajar al infierno y sentir su cuerpo envuelto en las llamas candentes que hay ahí debajo y después volverlo a subir; no necesita un amor lleno de cursilerías, necesita a alguien que lo folle como se debe,
me necesita a mí.
Sé que los dos nos dijimos que esto tenía que parar antes de llegar a algo.