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El mencionado solo asiente y mantiene las manos en su espalda, con la frente en alto y el pecho erguido con orgullo.
«Por Dios, si no se sentía un ser celestial, ahora sí lo están haciendo sentir así. Que alguien lo baje de las nubes».
—En aquel pabellón están los capitanes bajo el liderazgo de la coronel Hoenen; debes tomar el entrenamiento con ella y, además...
—se acerca mucho más a mí, dejando su hombro a la par del mío, solo que yo soy más bajo que él—.
Está prohibido que los militares compartan habitación dentro de la base; la próxima vez los castigaré a los dos —dice sin más—.
Únase al entrenamiento, capitán, siéntase como en casa.
Regreso a mi oficina y me dejo caer en el asiento, suelto un suspiro mientras miro al techo sin saber cómo actuar después.
No soy un hombre para relaciones serias, nunca lo he sido, mi relación más larga duró un mes, y bueno, mi matrimonio no cuenta porque para mí no es más que una atadura; tuve que hacerlo para satisfacer a las familias implicadas, por compromiso, no por placer.
Por supuesto, jamás dejaría mi placer de lado por hacer feliz a alguien más, siempre me pongo yo primero y eso incluye a mis familiares.
Primero yo, después yo, y si queda un poco de espacio, entonces también es para mí.
Soy militar, sí, mi deber es proteger y salvaguardar; sin embargo, no soy un héroe y no pienso convertirme en uno.
Siempre he dicho que soy el villano y el héroe, pero en mi propia historia, de mi vida, porque solo yo puedo destruir mi mundo y solo yo soy capaz de salvarlo.
Anoche me sorprendí, me molestó. Yo tenía planes, tenía el resto de la noche planeado en mi cabeza.
Estoy seguro de que si Emily no hubiese llegado, hubiese hecho tantas cosas con su novio, el capitán Jan.
Ellos dos no son compatibles, ella es una niña en todos los sentidos de la palabra, ella no puede darle lo que yo sí, ella jamás provocará en él lo que puedo hacer que sienta; pero ella es mi hermana.
Nunca me ha importado, después de todo yo me crié con el presidente y a ella la crió Isabella, la educó como si fuera una princesa y, aunque es militar, es dócil, sumisa y amargada para mi gusto, pero quizás no para el de él.
Anoche tuve que irme de la base, sé que si me quedaba no permitiría que ellos durmieran juntos y eso sería cruel con ella. Solo espero que con el tiempo y las mujeres a mi alrededor este deseo que siento hacia él se acabe, porque no puede haber nada, no puede existir.
Los toques en la puerta me hacen salir de mis pensamientos y maldigo sin querer lidiar con la inútil de mi secretaria en estos momentos. Lo único que está buscando es un militar que la coja, pero vamos, ¿alguien en su sano juicio lo haría?
—Señor ministro, el presidente del consejo está aquí, ha convocado una reunión en la sala de investigación, dice que deben estar todos o los de mayor rango —me avisa la chica una vez entra en la oficina.
Sabía que en cuanto su adorado protegido llegara vendría a presentarlo ante los demás personalmente; sin embargo, no sabía que sería tan cortés tratándose del novio de su hijita preferida. No, esos no son celos, jamás lo serían, no de él.
—Avísale a los demás, estaré en la sala en unos minutos —le ordeno y ella asiente.
Supongo que ha llegado el momento de cazar a esos bastardos y meterlos en el hoyo donde merecen estar o bien, tres o cinco metros bajo tierra.
Me acomodo en la silla y busco los documentos sobre la misión Roux, sé que ese será el tema central de la reunión.
Hace unos meses que no tenía una misión encargada a mi equipo, pero mi sede nunca ha fallado y bajo mi liderazgo no será la primera vez.
Mis chicos son inteligentes, arriesgados, acatan las órdenes como se debe y sobre todo ninguno pretende hacerse el héroe, porque aquí o te salvas o te mueres, no puedes dejar tu seguridad en manos de otra persona; pero sobre todo no solo somos compañeros, somos un equipo,
todos nos conocemos desde hace bastante a excepción del recién trasladado.
Salgo de la oficina y me dirijo a la sala, al entrar ya los demás están dentro, están todos los que van a trabajar en la misión.
Mi vista viaja al chico que sostiene la mano de mi hermana y ella le sonríe con adoración.
Carraspeo y él libera su agarre en cuanto nota mi presencia.
El presidente está sentado a la cabeza de la mesa y los demás alrededor de la misma; tomo una de las sillas vacías y me siento a su lado, nunca inferior a él, siempre igual de importante, igual de hombre.
—Coronel Hoenen, recuérdame la jerarquía de nuestra base —le pido.
Ella asiente, se pone de pie y, después de hacer un saludo militar, empieza a hablar.
—Si nos referimos a la FAFSEN como organización, el mayor rango es nuestro ministro, seguimos con la coronel, actualmente contamos con dos capitanes, le siguen los tenientes y como último, pero no menos importantes, tenemos a los sargentos, mi señor —responde.
El presidente es quien se pone de pie cuando la chica termina de hablar.
—Estoy aquí el día de hoy como presidente del consejo —informa—.
Como habrán notado, el día de ayer se unió a nuestro equipo el excapitán de la base de Corea, Jan Jaehyun, actual segundo capitán de nuestra base.
Ambos capitanes tienen los mismos deberes, los mismos derechos sin que influya el tiempo en la base —musita en modo de advertencia mirando al capitán Spencer.
Nikolas suele ser algo territorial en cuanto a sus soldados, pero lamentablemente ahora no es el único de su rango.
—Espero todos le muestren el mismo compañerismo que se tienen entre ustedes y que lo respeten como se merece.
Capitán Jan —el mencionado se pone de pie y hace una reverencia—.
Soy Andréi Geon, como mencioné antes, presidente actual del consejo de inteligencia, bienvenido a nuestra base —finaliza y vuelve a tomar asiento.
Los demás aplauden como si fuera una maldita fiesta y me pongo de pie.
—Bien, señoritas, las vacaciones se han terminado, tenemos nuevos objetivos, una nueva misión —les hago saber.
Eso no los emociona, todo lo contrario, hace que cada uno de ellos se tense.
En la última misión perdimos algunos soldados y es algo que no se puede evitar.
Mi secretaria les entrega los documentos con las fotos de los hermanos Roux, su información personal y los cargos de los que se les acusa; proyecto en la pantalla la foto de la jerarquía dentro de la mafia siciliana, que es nuestro principal objetivo.
—Capitán Jan, usted estuvo en la misión anterior, si usted es tan amable de nutrirnos con las informaciones que crea sean de importancia para la misión, lo escuchamos —interviene el presidente.
El mencionado posa la mirada en mí como si estuviera pidiendo mi consentimiento para hablar, respondo con un asentimiento de cabeza y vuelvo a sentarme para dejar que hable. Él se pone de pie y coloca ambas manos en su espalda.
—Caleb y Elijah Roux, dos hermanos políticos, no biológicos, actualmente jefes de la mafia siciliana.
Caleb es el mayor, por ende es el jefe del jefe, es la cabeza de la organización mientras que su hermano solo es el segundo al mando.
En este caso en especial nos estamos enfrentando a la Cosa Nostra, la organización criminal más peligrosa de toda Sicilia.
Según mi investigación, actualmente tiene territorio en Italia, Estados Unidos, Sudáfrica, Rumania y Canadá —lo veo tragar saliva para después fijar la mirada en mí—.
Sabemos que en los últimos dos años han transportado grandes cantidades de droga hacia nuestro país y el continente americano nunca vistas, sumándole a eso su reciente unión con la mafia de Brasil, quienes le han estado facilitando el acceso a Suramérica.
Pero no solo es el narcotráfico, según las estadísticas más de cincuenta niños entre edades fuera del rango normal han sido raptados y alejados de su familia, no buscan extorsión, no buscan dinero de rescate...
—Buscan mercancía para los pederastas —agrego sin apartar la mirada de él y asiente estando de acuerdo con lo que digo.
Mis ojos buscan sus labios y maldigo en mi interior antes de apartar la mirada y girarme quedando frente a la pantalla.
—Nuestros objetivos son ellos, los pederastas —informo y el presidente levanta una ceja, ese no es trabajo de nuestra organización—. Llegaremos a la cabeza a través de los tentáculos —aclaro haciendo que el presidente sonría ladino entendiendo mi punto.
—Elijah Roux —interviene Jaehyun—. Él es el encargado del tráfico de personas en esta parte del mundo —dice y asiento. No quiero mirarlo, necesito concentrarme en lo que estoy diciendo.
—Obtuve información desde adentro, por ahora no puedo revelar la identidad de quien nos está pasando la información, pero en cuanto haya movimiento del otro lado nos moveremos nosotros también.
La coronel va conmigo, los demás sabrán de su posición una vez sepamos con más detalles cómo y cuándo vamos a actuar —informo poniéndome de pie, dando por terminada la reunión.
Salgo de la sala y regreso a mi oficina, mi celular timbra y no tomo la llamada cuando veo el nombre de Ava en la pantalla. Al no tener respuesta me envía un mensaje de texto que leo porque no soy ciego y al cual no contesto.
«Osito, mi amor, mi padre dice que estamos invitados a cenar en casa de mi madre, esta noche te quieren presentar a alguien, ¿vas a venir, verdad?, por supuesto, te amo, nos vemos allá».
—Al menos tiene claro que no pienso pasar a recogerla —susurro para mí mismo.
Dos golpes en la puerta llaman mi atención y la madera se abre dejando entrar al capitán en compañía del presidente y mi hermana menor.
—Ogro...
—Ministro —la corrijo.
—Esta noche iremos a cenar a casa de mis suegros, ¿quieres venir? —cuestiona mi hermana y sacudo la cabeza.
—Tengo otros compromisos —le dejo saber y su cara se pone triste inmediatamente—. Pero vamos, eres la más hermosa del mundo, claro que le caerás bien, eres una Geon, tu novio no podrá encontrar nada mejor nunca —musito mirándolo a él, quien me escanea y niega.