44. Sarah
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H a pasado un mes desde que el padre de Giulia se marchó.
Sus heridas han cicatrizado, y aunque Val aún insiste en que lleve la bota ortopédica, camina con mucha más facilidad.
La rehabilitación está siendo muy efectiva, aunque creo que es por la recompensa que Giulia recibe de Valentina si hace las cosas bien.
Empezaron a salir en cuanto Giulia fue capaz de levantarse de la cama.
Mi amiga estaba tan nerviosa en su primera cita que estuve bromeando sobre ello todo el día, pero la verdad es que me alegro de que ambas estén juntas.
Jamás había visto a Giulia así con nadie.
En sus relaciones anteriores, ella era siempre la que cuidaba a la otra persona, la que ponía toda la carne en el asador y no recibía tanto como daba.
Esta vez es totalmente diferente, Val la mima tanto que a veces pienso que Giulia exagera un poco para recibir más atenciones.
Observo la escena que se desarrolla delante de mí con una sonrisa.
Toda la familia unida, sentados a la mesa para tomar juntos el desayuno.
Bianca y yo hacemos tortitas, Chiara y Val sirven café.
Gianluca vigila que las tortitas terminen en la boca de los gemelos y no en sus pantalones, mientras Nicola y Stefano discuten sobre trabajo.
Stefano...
Ayer nos presentó a Michael, su padrino en Narcóticos Anónimos.
Gracias a él mi cuñado está integrándose de nuevo en la familia, haciendo pequeños trabajos sencillos mientras consigue el divorcio para volver a ganarse la confianza del don.
Nicola y él tuvieron una conversación hace unos días.
Cuando Stefano esté completamente recuperado, y si quiere ser el sottocapo de Gabriel, Nicola le cederá su puesto.
—¿Estás segura de que puedes aguantar todo el día? —pregunto a Giulia, sirviéndole un plato de tortitas con sirope y nata.
Ha decidido llevar a Gaby al parque de atracciones, y la verdad es que no estoy muy segura de que en su estado sea la mejor idea. Sugerí que cambiara el parque por el cine, pero mi amiga insistió en que ella también quiere conocer a Blue, el dinosaurio de la atracción de Jurassic World .
—Valentina insiste en llevar una silla de ruedas —protesta poniendo los ojos en blanco—. Le he asegurado que no saldrá del maletero del coche, pero estoy segura de que si ve en mi cara un solo gesto de incomodidad o cansancio me obligará a usarla.
—Bien por Val —responde Gabriel, que está dando buena cuenta de su plato de tortitas.
—Sigo diciendo que sería mejor que fuerais al cine —sugiero una vez más—. Podrás ir al parque de atracciones cuando estés completamente recuperada.
—A Gaby le hace mucha ilusión ir, su tía preferida no va a romperle el corazón.
—Perdona, pero su tía preferida soy yo —protesta Bianca.
—¿A quién quieres más, Gaby? —pregunta Giulia a mi hijo— ¿A tía Bianca o a mí?
—¡A las dos!
Sonrío ante mi diplomático hijo. Es demasiado inteligente como para entrar en esta discusión y lo sabe, así que besa a ambas en la mejilla y continúa comiendo sus tortitas con chocolate y plátano.
—Solo puedes elegir a una, Gab —protesta Bianca—. ¿Tía Giulia o yo?
—¡A papá!
—Bien jugado, campeón —ríe Gabriel, chocándole el puño—. Vas a ser mejor capo que yo.
—¿Qué es capo, papá?
—El jefe de la familia.
—¿Tú eres el jefe?
—Lo soy, y cuando seas mayor tú ocuparás mi lugar.
—¿Y seré tan grande y fuerte como tú?
—No sé... A ver... déjame mirar tus brazos...
Gabriel examina los bíceps de Gaby con seriedad. El niño espera expectante, como si su padre fuera un experto en genética que pudiera determinar su complexión adulta.
—¿Qué te parece, Stef? —pregunta— ¿Crees que Gaby será tan alto como nosotros?
—No lo sé... Hay que tener en cuenta que su madre es pequeña...
—¡Oye! —protesto riendo.
—Pero sus huesos son enormes —continúa Gab—, mira este húmero...
—¡Vaya, es enorme! —exclama Stefano con los ojos abiertos como platos— Definitivamente será mucho más grande que nosotros.
—Vamos, mi pequeño Hulk, termina de desayunar si quieres ir al parque de atracciones —le digo.
—¿Recuerdas lo que hemos hablado? —pregunta mi marido.
—Nada de escaparme de la mano de Chiara —asiente el niño—. No perderme de vista ni un solo segundo y ser un hombrecito responsable.
—Y no hablar con desconocidos —añade Stefano—. Si un desconocido te ofrece golosinas, ¿qué debes hacer?
—¡Gritar llamando a Chiara!
Stefano sonríe y le revuelve el pelo con la mano.
—Buen chico...
Mi marido se pone de pie, da el último sorbo a la taza de café y deja su plato en el lavavajillas.
—¿Ya te vas? —pregunto.
Él asiente, me abraza y me besa delante de todos. Stefano y Nicola empiezan a silbar burlándose de nosotros, pero Gabriel les enseña el dedo corazón y continúa besándome.
—Volveré esta noche, tenemos que preparar el envío de mañana —me dice.
—De acuerdo.
—¿Necesitas ayuda? —pregunta Nicola.
—No. Stefano y tú podéis ir a ocuparos del puerto, el jefe de seguridad se ha quejado de que han aumentado los robos.
—Entendido, jefe.
Gabriel me besa una vez más, besa a Gaby también y se marcha. Termino de desayunar y ayudo a Valentina a preparar la mochila con bebidas, algunos snacks y medicinas en caso de que Giulia las necesite.
—Es una cabezota —protesta—. La quiero mucho, pero me saca de quicio su testarudez.
—La consientes demasiado —río.
—¿Consentirla? Se merece el cielo entero después de lo que ha pasado.
—¿Cómo lo lleva?
—Fatal. Se hace la fuerte delante de todos, bromea y aparenta estar perfectamente, pero en realidad está destrozada. Estoy intentando convencerla de que acuda a terapia con Samantha, porque es horrible no poder hacer nada cuando tiene pesadillas.
—Puedo hablar con ella, si quieres. A mí me ha ayudado mucho hablar con Sam.
—Te lo agradecería. Que un hombre la violara fue demasiado para ella, no sé si será capaz de superarlo alguna vez.
—¿Estáis teniendo problemas?
—Ni siquiera me he atrevido a intentarlo. ¿Y si no podemos hacerlo nunca, Sarah?
—Cuando me casé con Gabriel, yo estaba en la misma situación que Giulia.
Habrás escuchado lo que pasó antes de que me marchara.
—Ella asiente—. La primera vez que intentamos hacer el amor sufrí un ataque de pánico.
Gabriel fue paciente, jamás me presionó.
Buscamos juntos la manera de disfrutar del sexo sin que los fantasmas del pasado lo estropearan.
Y sí, la terapia con Samantha fue primordial, pero lo más importante fue ver que mi marido me entendía y me respetaba.
—Me estás diciendo que lo intente.
—Te estoy diciendo que el amor todo lo puede, Val. Puede que al principio no podáis pasar de los preliminares, pero con el tiempo los fantasmas se esfumarán. Solo tienes que ser paciente.
Valentina me sorprende al abrazarme con fuerza. Le devuelvo el abrazo, y sonrío cuando al separarnos veo sus ojos llenos de lágrimas.
—Gracias —susurra.
—No seas tonta.
Todos se marchan y me quedo sola en casa.
Termino de recoger la cocina, porque hoy es el día libre de Madison.
Cuando termino, voy a mi habitación para ponerme el bañador y decido relajarme un poco en la piscina leyendo mi nuevo libro de dark romance.
Hace tanto que no disfruto de la soledad que casi se me había olvidado lo que es.
Me leo cerca de medio libro antes de que me dé hambre y vaya a buscar algo para comer.
Renata está preparándose la comida en la cocina principal, cosa que me sorprende.
No sale de su suite desde que empezó el proceso de divorcio con Stefano.
En realidad, apenas la he visto desde entonces.
—Avísame cuando termines —le digo pasando de largo.
—Te crees que has ganado, ¿verdad?
—¿Disculpa?
—Ahora tienes a los dos hermanos Vitale a tus pies. Te crees la reina de esta familia.
—Yo no soy como tú, Renata. El único hombre que quiero a mis pies es mi marido, el hombre al que amo. Stefano es mi cuñado y le aprecio, es todo.
—¿Después de lo que te hizo?
Aprieto la mandíbula. No pienso entrar en su juego.
—Todos cometemos errores —respondo—. Él se ha dado cuenta del suyo y ha pedido perdón. Para mí es suficiente.
—Aún está enamorado de ti.
—No digas tonterías.
—¿Tonterías? Está haciendo todo lo posible por regresar contigo, ¿no te das cuenta?
—¿Y a ti qué coño te importa? Stefano ya no te quiere, Renata. Haznos un favor a todos, concédele el divorcio y lárgate de aquí.
—No pienso marcharme a ninguna parte. Esta es mi casa y...
—MI casa —la corrijo—. Esta es mi casa ahora, y te marcharás en cuanto el divorcio sea un hecho.
Me da una bofetada, y se queda de piedra cuando se la devuelvo. Se lleva la mano a la cara mirándome con sorpresa, y sonrío.
—No creas que soy la misma niña tonta a la que intimidaste cuando estaba casada con Stefano —suelto con firmeza—.
La Sarah que conocías ya no existe, Renata, y a la actual más te vale tenerle miedo.
Y ahora lárgate de mi vista antes de que me sienta tentada de quitarle el arma a Alessio para meterte un maldito tiro en el culo.
Renata tiene el buen tino de marcharse, y sonrío cuando Alessio y Marcelo empiezan a aplaudir. Idiotas...
—Lo he grabado entero, jefa... —dice Marcelo guardando su teléfono móvil en el bolsillo de sus vaqueros— Verás lo orgulloso que se siente Gab cuando lo vea.
—Joder, me has dado miedo —asiente Ale—. Te has comportado como una verdadera signora de la mafia.
—¿No tenéis trabajo que hacer?
—Nuestro trabajo es asegurarnos de que estás a salvo, pero visto lo visto...
—Que os den. Voy a pedir comida para llevar, avisadme cuando llegue el repartidor.
—¡A la orden, signora !