Mi mayor pecado (Sombras en Manhattan 2) 32. Gabriel
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32. Gabriel

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E sta mañana he recibido una llamada del don para reunirme con él en su casa.

Cuando llego, además de los tres capos restantes —Dante, por supuesto, Alessandro y Lorenzo—, veo que también están Joon y Tae...

por lo que todo apunta a que esta reunión tiene que ver con lo que le hicieron a mis hombres. Al fin voy a tener mi maldita venganza.

Me acerco a Tae y le doy un abrazo. Saludo al resto con un gesto de cabeza y me siento en mi lugar.

Vitto y Joon permanecen de pie en la cabecera de la mesa, a la espera de que todos nos sentemos.

Me sorprende ver a Sky, la gajang de Joon, entrar por la puerta con ese andar de felino que tanto me divierte.

Me lanza un beso y se sienta en una silla pegada contra la pared, lejos de la mesa. ¿Qué hará ella aquí?

—Bien... Ya que estamos todos, es hora de planear nuestra represalia a lo que le hicieron los albaneses a los nuestros —dice Vitto.

Sandro deja escapar un bufido, y le miro con una ceja arqueada y la mano en la culata de mi pistola.

—¿Tienes algo que decir? —pregunto.

—Que eres un puto incompetente, eso tengo que decir —protesta—. Le robaste el puesto a tu hermano y no sabes hacer tu jodido trabajo, por eso están todos muertos.

La rabia me hace verlo todo rojo. Me levanto de un salto y le agarro por el cuello, apretando intencionadamente hasta dejarlo sin aire.

Sonrío cuando empieza a ponerse rojo, y quiero seguir apretando...

joder, me muero de ganas de hacerlo, pero tengo muchas cosas buenas en mi vida como para dejarme matar por culpa de este gilipollas.

—Vuelve a repetir que no sé hacer mi trabajo y eres hombre muerto —amenazo en cambio, con los dientes apretados.

—Gabriel, vuelve a tu sitio —protesta Joon sin mirarnos siquiera—. Y tú deja de tocar los huevos, no es momento de gilipolleces.

Hago lo que me pide, pero no me pasa desapercibida la risa que Tae intenta esconder detrás de la mano. Maldito hijo de puta... Verás como no se ríe tanto cuando le haga volver a casa como una puta cuba...

—Los hombres de la Kangpae han descubierto que los albaneses celebrarán dentro de tres días una reunión importante en el hotel Trump de Las Vegas —informa Vitto—. Acudirán varios altos cargos europeos, por lo que también asistirán los miembros del consejo de Arjan.

—Será nuestro momento de actuar —asiente Joon.

—Nos infiltraremos en el hotel —continúa diciendo Vitto.

—¿En el hotel Trump? —bufa Sandro— Será difícil.

—La Kangpae jamás actúa sin un plan bien meditado —replica Tae, con orgullo.

—Los empleados del hotel desaparecerán por unas horas, estarán dormidos antes de que la reunión comience —explica Dante—. Nuestros hombres los sustituirán. Camareros, seguridad, incluso el personal de recepción. Nadie sospechará.

—Cuando la reunión alcance su punto álgido, las luces comenzarán a parpadear —añade Vitto—. Simularemos un fallo eléctrico y la sala quedará sumida en la más absoluta oscuridad. Luego, las puertas se cerrarán automáticamente. Nadie podrá salir. Y entonces, actuaremos.

El silencio en la habitación se siente pesado. Tamborileo los dedos sobre el brazo de mi sillón, atento.

—Dispararemos en la oscuridad —termina Dante—. Nadie verá nada. Los únicos que quedarán vivos serán Arjan y los europeos.

—¿Y para qué dejarlos vivos? —interviene Rossi.

Joon esboza una leve sonrisa.

—Porque no queremos llevar la guerra a Europa. Si los europeos sobreviven, entenderán el mensaje: Nueva York no está en juego. Si insisten en respaldar a Arjan después de esto, estarán eligiendo un conflicto que no pueden ganar, porque saben que la Kangpae de Busan estará de nuestro lado.

Vacía de un sorbo la copa que tenía a medias sobre la mesa.

—Ya que Arjan le ha cogido el gusto a eso de dejar mensajes, le responderemos —continúa Vitto—. Escrito en sangre, donde todos puedan verlo: New York è nostra. Chiunque provi a portarcela via, morirà .

—Nueva York es nuestra. Quienquiera que intente arrebatárnosla, morirá —traduzco para los coreanos.

—Que entienda que con la alianza no se juega —asiente Joon.

Los murmullos de aprobación no tardan en aparecer. Estoy ansioso por vengar a Daniele y al resto de mis hombres.

—Esta vez actuaréis por vuestra cuenta —continúa—, pero contaréis con ayuda por si la cosa se tuerce.

Sky se pone de pie y se acerca a Joon. Él le sonríe y le echa el brazo por los hombros.

—Os presento a Sky. Ella será quien se encargue de los europeos si deciden actuar.

Escucho el bufido de Rossi y veo a Tae tensarse. Por dios, que no abra su maldita bocaza...

—¿Una mujer se va a encargar de salvarnos el culo si algo sale mal? —escupe, mirándola de arriba abajo— Pues que Dios nos pille confesados...

Joder, ni siquiera la veo moverse. De repente salta sobre la mesa como una puta gata rabiosa y tiene a Lorenzo haciendo equilibrios en su silla con un puñal apuntando su cuello. Un cuello que empieza a sangrar... aunque muy débilmente.

—Esta mujer es capaz de matar a diez hombres en menos de un minuto sin despeinarse —responde Joon con orgullo—. Así que muestra un poco de respeto.

—Si hubiera querido, abuelo, ahora mismo estarías muerto. Te habría matado en menos de diez segundos sin estropearme la manicura. ¿Qué te parece si lo hago?

Tae pone los ojos en blanco, pero ni siquiera mueve un músculo.

—Sky, deja de jugar —ordena.

— Kráp, húa-náa...

Sky se desliza por la mesa y vuelve a su asiento, guardando el puñal en su canalillo. Escucho a Sandro carraspear.

—Joder, me la ha puesto dura —susurra.

Dante le da un codazo y lo mira con el ceño fruncido. La verdad es que no puedo culpar a Sandro por decir eso, Sky es una mujer preciosa con unas curvas de infarto y cualquiera con dos ojos en la cara a quien le haya puesto el culo delante como ha hecho con Sandro estaría babeando.

—Que cada uno se prepare —ordena Joon—. En tres días, recuperaremos el orden de la ciudad.

Me despido de todos y regreso a casa. Si voy a dejar a mi familia sola durante varios días, tengo que dejarlo todo bien atado. En cuanto llego a la mansión, veo a mi hermano y a Renata gritándose en italiano a pleno pulmón en medio del salón.

—¡Silencio! —grito— ¡¿Qué está pasando aquí?!

Veo a Stefano inspirar con fuerza y pasarse las manos por la cara.

—Solo intento trasladar mis cosas a mi nueva habitación —explica.

—¡No te vas a divorciar de mí! ¿Me oyes? —grita Renata— ¡No vas a dejarme!

—Como te vuelva a escuchar una vez más, te juro que no tendrá necesidad de divorciarse porque te voy a meter un puto tiro. —Mi voz es mortalmente suave, tanto que Renata se estremece.

—Pero Gab...

—¡He dicho que te calles, joder! Stefano, ve a por tus cosas.

—Mi hermano obedece y desaparece por el pasillo—.

En cuanto a ti... Si quieres seguir viviendo aquí hasta el divorcio, más te vale que te comportes.

No tengo paciencia suficiente para aguantar tus putos berrinches, ¿me oyes? ¡Y ahora largo de mi vista!

—¿Cómo que hasta el divorcio? ¡No vas a echarme de esta casa! ¡Soy tan Vitale como...

—¡Tú no eres una mierda! Apareciste en el Eclipse engatusando a mi hermano, pero nadie sabe de dónde has salido. Sé que lo intentaste con otros capos de la Familia antes, pero ellos no fueron tan fáciles de manejar como Stefano, ¿verdad?

—No sé de qué estás hablando.

—¿No? Podemos llamar a Sandro Bellini, si te parece. Me da la impresión de que tendréis versiones diferentes de la historia.

—Mira... Sé que me odias por lo que tu mujer tuvo que pasar por culpa de Stefano, pero yo no tengo nada que ver.

—¿No? Yo creo que tienes todo que ver, Renata. Porque mi hermano trató bien a Sarah hasta que tú apareciste. Y qué casualidad que fue entonces cuando se enganchó a las drogas. Pero ahora quiere redimirse, quiere cambiar y te está jodiendo viva. ¿Verdad?

—Tu hermano es bastante grandecito para que nadie le diga lo que tiene que hacer.

—Desde luego que lo es. Así que como descubra que vuelve a encontrar un paquete de droga al alcance de su mano, vas a saber lo que hago con los que me joden. ¿Lo has entendido? —Ella solo mira al suelo, sin hablar—. ¡Responde!

—Lo he entendido, capo.

—Bien, y ahora desaparece de mi vista. Cada vez que apareces me entran ganas de pegarte un tiro.

La hija de puta vuelve a su suite. Le hago una señal a Ángelo, uno de mis soldados, para que la siga y se asegure de que no le ponga las cosas difíciles a mi hermano. Después entro en mi despacho y marco el número de Nathan Caldwell, mi abogado.

—Mucho tiempo sin tener noticias tuyas —dice al descolgar.

—Lo que significa que no me he metido en problemas últimamente —respondo sonriendo—. Tengo un trabajo para ti.

—¿De qué se trata?

—Quiero que lleves el divorcio de mi hermano. Quiero que te asegures de que Renata no pueda sacar tajada de la familia y que se marche lo más lejos posible de esta casa.

—¿Tu hermano? ¿Tú me pides que haga algo por tu hermano?

—Hay cosas que han cambiado —susurro.

—Así que vas a perdonarle después de todo...

—Voy a darle la oportunidad de redimirse —corrijo—. ¿Lo harás?

—Dile a ese desgraciado que me envíe todos los documentos necesarios y me pondré a ello lo antes posible.

—¿En cuánto tiempo puedes tenerlo?

—El divorcio puede tardar meses, incluso más de un año si ella decide alargar el proceso. Si se empeña en quedarse con propiedades o exigir un acuerdo favorable, podríamos estar hablando de una batalla legal tediosa.

—No tenemos tanto tiempo —respondo con firmeza—. Quiero que se largue cuanto antes.

—Entonces necesitamos presión. —Nathan deja caer las palabras con una calma estudiada—. Si quiere jugar sucio, podemos recordarle que hay cosas en su pasado que no le conviene que salgan a la luz.

—Extorsión.

—Negociación estratégica. —Su tono es impasible—. Podemos ofrecerle una salida rápida y limpia o hacerle entender que pelear no es su mejor opción.

—Dante me dijo que no era trigo limpio —digo, tras unos segundos de silencio.