4. Sarah #2
—Mi hermano no me matará, si es a eso a lo que te refieres. Pero sabes que en nuestro mundo siempre estoy en peligro, Sarah.
Tiene razón, por supuesto. He crecido viendo cómo mi madre se pasaba en vela gran parte de la noche rezando para que mi padre regresara de una pieza, y eso que solo era el consigliere.
—Lo haré —suspiro al fin—. Me casaré contigo.
—¿Hablas en serio, Sarah? Puedes pensarlo bien, no voy a marcharme mañana y...
—Dices que tu hermano sabe que me encuentro en Italia. No es que tengamos todo el tiempo del mundo.
—Puedo ponerte a salvo en otro lugar, ese no es el problema.
—¿Y seguir huyendo toda la vida de él? No quiero esa vida para mi hijo.
—No te arrepentirás, te lo juro.
Me sorprende sujetando mi cara entre sus manos y besándome.
Apenas es un roce de sus labios en los míos, pero jamás me han besado con tanto mimo.
Su boca es suave, tan suave que mi cuerpo se relaja entre sus brazos y termino apoyándome en su pecho, dejando escapar un suspiro entrecortado.
Gabriel parece malinterpretar mi reacción y se aparta, dejándome vacía... y anhelante.
—Lo siento. —Su voz es ronca, lo que me hace sonreír.
—No te disculpes. Si vamos a hacer a todo el mundo creer esta historia, tendremos que besarnos en público.
—Sí, tienes razón. Pero ahora mismo no hay nadie a quien engañar y yo...
—Está bien, Gabriel. No pasa nada. ¿Por qué no vamos a que conozcas oficialmente a tu hijo?
Una enorme sonrisa de felicidad se dibuja en sus labios y me sobresalto al darme cuenta de lo atractivo que es.
Realmente siempre lo fue, pero yo estaba demasiado cegada por mi amor adolescente por su hermano como para darme cuenta de ello.
Tomo su mano y lo llevo hasta el patio trasero.
Cuando le decimos a Gaby que él es su papá, mi hijo nos sorprende lanzándose a sus brazos y sollozando con fuerza.
—¿Por qué lloras, campeón? —susurra Gabriel, acariciando su cabello.
—En la scuola se ríen de mí porque no tengo papá —confiesa mi hijo, rompiéndome el corazón—. Todos dicen que mamá es la novia de tía Giulia y...
—¿Por qué nunca me has dicho nada? —Me acerco a ellos y acaricio la mejilla húmeda de Gaby con la mano.
—No me gusta verte llorar —solloza—. No quiero que estés triste.
— Bene, bene, bambino ... —Gabriel acaricia la espalda de Gaby para calmarlo y me siento aliviada de tenerle aquí ahora mismo—. Mañana mamá y yo te llevaremos juntos al colegio, ¿de acuerdo?
—¿De verdad?
—De verdad. Así no volverán a reírse de ti por no tener padre.
—¿Dónde estabas? ¿Por qué no viniste nunca a verme?
—Porque estaba trabajando. Pero ya no volveré a separarme de ti, te lo prometo. Pronto nos mudaremos a vivir juntos en una casa grande, y conocerás a tus tíos y a tus primos.
—¿Primos? —pregunto en un susurro.
—Tu hermana se ha casado y tiene gemelos —explica.
La noticia me alegra muchísimo. Bianca y yo estuvimos muy unidas antes de mi matrimonio, y aunque nunca me atreví a ponerme en contacto con ella por miedo a que Stefano me encontrara, la he echado terriblemente de menos.
—Bien, jovencito, es hora de irse a la cama —le digo a mi hijo cuando ha logrado calmarse, aunque yo aún tenga encogido el corazón—. Mañana debes levantarte temprano.
—¿Te quedarás conmigo, papá?
—Tengo algunas cosas que arreglar, pero te prometo que estaré de vuelta antes de que despiertes.
—¿Lo prometes?
Gabriel le ofrece su meñique, que mi hijo no duda en unir al suyo.
—Te doy mi palabra.
Gaby parece conformarse con eso, pues asiente y sigue a Giulia hacia su habitación. No me pasa desapercibido que ella tiene los ojos enrojecidos por las lágrimas.
—Volveré a primera hora para llevar a Gaby al colegio —dice Gabriel dirigiéndose a la puerta—. Después podremos ir al registro para formalizar nuestro matrimonio.
—Espera, ¿mañana?
—¿Hay algún problema?
—No, claro que no, es solo que...
—Lo siento, no pensé que quisieras una celebración. Podemos...
—¡No! Tienes razón, no la quiero. Las cosas están yendo demasiado deprisa, es todo. Hace unas horas estaba sentada en la playa disfrutando del atardecer y ahora voy a casarme contigo para regresar a Nueva York. Me siento abrumada.
Gabriel sonríe, acaricia mi cabello con suavidad y deposita un beso en mi frente que me hace cerrar los ojos de placer.
—Estaré aquí a primera hora, intenta descansar.
Le observo marcharse y me quedo en el recibidor, con la espalda pegada a la puerta, más tiempo del necesario. La realidad me golpea y dejo escapar un gemido, deslizándome por la madera hasta el suelo. ¿Qué se supone que estoy haciendo?
—Creo que tenemos que hablar.
Levanto la mirada hacia Giulia, que me mira con curiosidad desde el quicio de la puerta del salón.
—Antes necesito una copa.
Giulia me sirve una copa de vino, se sienta frente a mí en la mesa del comedor, donde hace minutos estaba Gabriel, y me mira.
—Explícame por qué demonios le has hecho creer a Gaby que su tío es su padre —empieza.
—Gabriel quiere proteger a Gaby de su hermano. Él fue quien me salvó de la muerte, Giulia. Él me rescató y me trajo a este lugar.
—Así que al fin descubrimos quién es el dueño del cheque...
—Sí. Me ha pedido que me case con él y regrese a Nueva York.
—Dime que no has aceptado...
—Stefano sabe que estoy en Italia. Si me encuentra y descubre la existencia de Gaby, me lo quitará.
—No te encontrará si su hermano mantiene la boca cerrada.
Río sin poder evitarlo. Giulia no sabe la mayor parte de la historia, y debo contársela para que lo entienda.
—Créeme, no necesita la ayuda de su hermano para encontrarme. Stefano es el sottocapo de la Familia Vitale en Nueva York.
—¡Mierda! ¿Es de la Cosa Nostra?
—Somos de la ‘ Ndrangheta. Mi padre es el consigliere del suyo.
—¡Joder, Sarah! ¿Por qué no me lo dijiste?
—Tenía miedo de que salieras corriendo si te lo decía.
—Seguramente lo habría hecho, pero no por lo que crees. —Mira hacia el techo, avergonzada—. Mi familia pertenece a la Cosa Nostra, Sarah. Soy una auténtica chica siciliana.
No puedo evitar reír. Lo que empieza siendo una leve risa termina convirtiéndose en una carcajada que resuena en toda la habitación.
—Calla, vas a despertar al niño —me regaña ella, aunque también sonríe.
—De todas las personas que viven en Italia tuve que hacerme amiga de alguien de la mafia —continúo riendo.
—Sí, bueno... yo también huía de mi familia cuando nos conocimos.
—Por tu condición sexual, supongo.
—Mi padre iba a casarme con su consigliere. Es un buen tipo, pero me gustan los coños.
—Eres una ordinaria.
—Pero aun así, me quieres.
—Sí, te quiero. Y por eso voy a pedirte que te vengas conmigo a Nueva York.
—Estás loca si crees que voy a meterme en la boca del lobo contigo. Mi sitio está aquí, Sarah. Soy feliz haciendo pasteles y viviendo una vida relajada junto a la playa. Te compraré tu parte del negocio y...
—Ni hablar, el negocio es tuyo. Hablaré con Gabriel y nos ocuparemos de transferirlo a tu nombre antes de que nos vayamos.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres?
—Gabriel nos protegerá. Y, lo que es más importante, mi hijo necesita un buen padre. Ya has escuchado lo que ha estado sufriendo en la escuela. No quiero que vuelva a pasar por eso nunca más.
—Pero regresar a aquella casa y vivir bajo el mismo techo que Stefano...
—Ya no soy la misma chica estúpida y enamorada que esperó que su esposo fuera a buscarla a aquel almacén. Va a pagar por todo lo que me hizo... y quiero ser testigo de ello.
—Solo espero que no salgas herida de nuevo, hermana. Pero si es así, si sientes que no puedes con ello, no dudes en volver.