38. Tae Min
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T omo una botella de alcohol del mueble de la cocina y me dejo caer en el sillón. Me la llevo a la boca y el calor abrasador del líquido quema mi garganta, pero eso no es nada comparado con cómo me siento ahora mismo.
Dolor. Traición. Asco.
Culpa.
Una culpa tan grande que ha hecho que me sea imposible poder mirar a Sloan a la cara.
Todos los años de odio, todo el dolor que le he causado desde que volvió.
Todo lo que ha tenido que sufrir por mi culpa.
Entierro los dedos en mi pelo y me muerdo la lengua para no gritar.
¿Cómo no se me ocurrió antes? ¿Cómo nunca se me pasó por la cabeza que mi madre podría estar detrás de todo?
Porque me hizo creer que me engañaba.
Porque su mentira fue tan malditamente creíble que mi mente no necesitó pensar más en los motivos de nuestra ruptura.
―¡Joder!
Estampo la botella contra la pared.
Sus últimas palabras resuenan en mi mente y no soy capaz de probar de nuevo el alcohol.
Maldita mujer.
¿Por qué demonios ha tenido que cargar con ese peso sola? ¿Por qué no confió en mí? ¿Por qué...
Y la verdad me llega como un auténtico mazazo al corazón.
Porque nunca se creyó suficiente para mí.
Nunca quise verlo, o darle importancia, pero siempre supe que era así. Podía notarlo en sus gestos, en sus miradas cuando creía que yo no la veía. Aquellas veces en las que se quedaba pensativa, seria, y se sobresaltaba cuando me acercaba.
Mi madre lo supo nada más verla... y lo usó contra ella.
Mi propia madre fue la causante de todo el dolor, el odio y el resentimiento que he sentido durante diez largos años. La persona que debería haberme protegido, que debería haberlo dado todo por mi felicidad... es la que me hizo más daño.
Y saberlo deja un vacío en mi pecho que no soy capaz de gestionar.
La puerta se abre. No necesito mirar para saber quién es. Joon deja una botella de agua sobre la mesa, junto a las pastillas. Las tomo sin una palabra, pero cuando deja un tazón de crema de arroz, lo aparto sin mirarlo.
―Tienes que comer ―protesta.
―No tengo hambre.
―Sé cómo debes sentirte, pero...
―No, hyung. No lo sabes ―lo interrumpo―. No tienes ni puta idea de cómo cojones me siento.
―Tienes razón. No lo sé. Como tampoco sé por qué coño has echado a Sloan.
―Necesito estar solo.
―Ella es tan víctima como tú.
―Ya lo sé.
―Si lo sabes, ¿por qué has roto con ella?
Lo miro por primera vez desde que entró.
―¿Y quién cojones dice que lo he hecho?
―Por el aspecto que tenía al marcharse, cualquiera diría que me equivoco.
―¿Cómo estarías tú, dime? Joder, ni siquiera sé cómo voy a ser capaz de mirarla a la cara.
―Tú no has hecho nada malo.
―¿No? La he tratado como a una mierda durante meses. La retuve en contra de su voluntad, Joon. Sabía perfectamente que jamás nos delataría, y aun así la secuestré porque quería vengarme por lo que pasó hace diez años.
―Ella no te guarda rencor por eso.
―Ha vivido diez malditos años sola, en una ciudad lejos de su abuela. Muerta en vida porque mi madre la amenazó con destruirla. Cada vez que pienso en todo lo que ha tenido que pasar, yo...
Se me rompe la voz, y no puedo continuar. La culpa pesa tanto, joder... es demasiado.
―Debería ser una buena persona, hyung ―susurro―. Dejarla libre, permitirle alejarse de mí. Pero soy un hijo de puta y no puedo hacerlo, joder. La necesito tanto como respirar, y si me deja, si vuelve a dejarme, yo...
―No va a dejarte, idiota ―protesta, abrazándome―. Sé que es un momento muy difícil, pero echarla era lo peor que podías hacer. Entiendo que necesitaras un momento, pero mañana vas a ir a buscarla, vas a decirle lo mucho que la amas y vas a traerla de vuelta. ¿Entendido?
―¿Y si no quiere volver a verme? ¿Y si después de lo de hoy...
―Volverá. Esa mujer te quiere demasiado para no hacerlo. Y espero que de ahora en adelante os dejéis de tonterías y empecéis a ser felices de verdad, joder. Estoy demasiado viejo para tanto estrés.
―Eres un puto adolescente ―bromeo.
―Viejo ―insiste―. Entre todos me vais a matar.
―¿Dónde está? ―pregunto.
No necesito decirle que me refiero a mi madre.
―He tenido que encarcelarla. Te juro que casi la amordazo, pero he logrado contenerme.
―Insultando a Sloan, ¿no?
―No tienes por qué saberlo. He llamado a mi padre. Le he contado lo que ha pasado y te aseguro que está muy cabreado.
―¿Conmigo?
―Con tu madre. Ha dicho textualmente “¡Si esa maldita mujer se hubiera metido en sus putos asuntos, ahora tendría un par de nietos!”.
―Joder, es insistente con eso ―río sin ganas.
―Lo bueno es que le da igual con quién nos casemos mientras le demos nietos. Ha dicho que se encargará de ella personalmente.
―Bien.
―Sé que ahora quieres estar solo, pero recuerda que yo siempre estoy aquí, hermano. Siempre.
Asiento porque no quiero llorar delante de él.
No otra vez. Nos quedamos así, en un cómodo silencio, hasta que consigue hacerme comer las gachas.
Cuando termino, se arremanga la camisa para fregar los platos y deja la cocina ordenada.
Limpia el desastre de la botella estrellada, hace mi cama y se marcha.
Joon limpia cuando está estresado, lo que siempre ha sido una ventaja.
De repente toda la carga emocional se vuelve demasiado pesada. No puedo mantener los párpados abiertos, así que me levanto y me voy a la cama. Voy a hacer lo que Joon me ha dicho. Mañana iré a buscarla.
Tiene razón, no debería haberla apartado.
Pero me sentía tan sobrecargado por todo lo que estaba sintiendo que he sido incapaz de pensar con claridad.
Me meto en la cama. Las sábanas huelen a ella, joder. Veo sobre la mesita de noche su cargador, su libro electrónico y sus auriculares inalámbricos. No le ha dado tiempo de llevarse nada.
Rebusco en el cajón de la mesita de noche hasta dar con la camiseta que usa para dormir. La llevo a mi nariz e inspiro con fuerza su aroma.
Ella es mi hogar, joder.
No necesito a mi madre, ni a la organización, ni todo el maldito dinero que tengo en el banco.
Solo la necesito a ella.
Mi teléfono suena y sonrío cuando veo el número de Sky.
―Parece que las noticias vuelan ―digo al descolgar.
―Logan me lo ha contado. ¿Cómo estás?
―Acabo de descubrir que fue mi madre quien me destruyó la vida. No estoy bien que digamos, la verdad.
―Siento mucho que tu madre te haya hecho algo tan cruel.
―Gracias, Sky.
―¿Cómo está ella? Sloan.
―Se ha ido a casa.
―¿Que se ha ido? ¿Por qué?
―Yo le he dicho que se fuera. Necesitaba estar solo y pensar.
―Que necesitabas... Tae, te quiero muchísimo, pero eres gilipollas.
―Gracias por el apoyo ―protesto.
―Hablo en serio. Deberías haberle asegurado que no va a cambiar nada entre vosotros, idiota. Que la amas y que lamentas haberla odiado por tantos años.
―Lo sé... ya lo sé. Mañana voy a ir a buscarla y voy a decirle todo eso. Y más. Mucho más.
―Ella nunca te engañó, Tae.
Sus palabras se me clavan como puñales en el alma.
―Lo sé, joder ―susurro―. Ya lo sé.
―Es una buena chica. Cuando te estaban operando tuve la oportunidad de hablar con ella y... Consérvala, ¿de acuerdo? Te hace ser mejor persona aunque tú no lo veas.
―Te aseguro que no voy a permitir que se aleje de mi lado nunca más.
―Bien. Te dejo dormir. Aún necesitas reposo. ¿Quieres que te recoja mañana?
―No... quiero ir solo.
―Como quieras.
Me cuelga, y tengo que aguantarme las ganas de vestirme e ir a buscarla ahora mismo.
Pero permanezco en la cama con la mirada fija en el techo.
Ella también necesita un momento para procesarlo, para pensar en todo esto.
Porque yo me equivoqué al odiarla, pero ella también se equivocó al no contármelo.
Debemos tener una conversación sobre la confianza, también.
Y sobre la autoestima.
Necesita entender que, si yo la amo como un loco, es porque es la indicada. No tiene nada que ver con el dinero, ni la posición. Tiene que ver con cómo me siento estando con ella.
Y me siento invencible, joder.
Cojo el teléfono y decido enviarle un mensaje.
Tenemos mucho de qué hablar, pequeña. Iré a recogerte por la mañana.
Debe tener el teléfono apagado, porque no le llega. Supongo que también necesitará estar sola y pensar.
Debo haberme quedado dormido, porque cuando abro los ojos escucho ruidos en la cocina. Me levanto lentamente y salgo del dormitorio para encontrarme a Mi Ra, con un delantal, preparando la comida.
―No tenéis que venir a cuidarme. Lo sabes, ¿no?
―¿Eso es lo que te alegras de verme?
―Sabes de sobra que me alegro, noona , pero sé por qué estás aquí. Y no hace falta.
―Tienes que comer. Joon me ha dicho que solo has tomado un tazón de juk en todo el día.
―Hay comida en el frigorífico. La abuela de Sloan preparó suficiente comida para un regimiento.
―No hay nada como la comida casera para subir el ánimo. Vamos, siéntate en la mesa, tengo que ponerte al día de todo lo que ha pasado.
Me doy cuenta de que hay un sinfín de platos de acompañamiento sobre la mesa, pollo frito coreano y un par de tazones de arroz. Me siento y empiezo a comer antes de que Mi Ra traiga la sopa, porque de pronto me siento famélico.
―Vamos, distráeme con las novedades ―le pido―. Necesito dejar de pensar en lo que ha pasado.
―Do Hyun ha amenazado a mi padre con mudarse a Nueva York si sigue insistiendo en que se case ―comienza―. El jefe Jang ha tenido nietos. Tres. Su hija ha tenido trillizos, ¿puedes creerlo? No sé cómo demonios han podido gestarse tres criaturitas en un cuerpo tan pequeño.
―¿Cuándo se ha casado Eun Ji? ―pregunto.
―Hace dos años. Su marido es uno de los hombres del jefe Jang, uno de sus gajang.
―No recuerdo haber ido a la boda.
―Porque no lo hicisteis. Nos enviasteis a Na Ri y a mí, ¿recuerdas?
―La verdad es que no.
―A lo que iba. Que el jefe Jang no deja de presumirle los nietos a appa , y él está muerto de celos. Así que no para de insistirle al pobre oppa para que se case de una vez.
―Lo compadezco.
―Ese es el motivo por el que se ha puesto hecho una furia cuando se ha enterado de lo que ha hecho tu madre. Si Sloan y tú os hubierais casado hace diez años, él habría sido abuelo antes que el jefe Jang.
―Eres consciente de lo ridículo que suena todo esto, ¿no?
―Son hombres poderosos que lo tienen todo y que compiten todo el tiempo, Tae. A veces pienso que, en vez de jefes de la mafia, son niños de once años.
―Joon me contó que te intentó casar a ti también.
―No me lo recuerdes ―dice, poniendo los ojos en blanco―. Por suerte soy su hija favorita y me creyó cuando le dije que iba a tomarme en serio lo del matrimonio.
―¿Vas a hacerlo? ―pregunto con una ceja arqueada.
―¡Claro que no! Pero necesitaba una excusa para que me permitiera regresar a Nueva York.
Me río sin poder evitarlo.
―Bien, te he hecho reír ―suspira―. Gracias a dios.
―Gracias, noona , de verdad. Todo esto está siendo demasiado.
―Lo sé. Si yo estuviera en tu lugar... joder, la habría matado con mis propias manos por muy madre mía que fuera, en serio. Me alegro de que no seas como yo.
Asiento, aunque a decir verdad, he estado tentado de levantar mi arma y dispararle. Muy tentado. Tal vez demasiado.
Pero si lo hubiera hecho, si hubiera cedido a mis instintos, Sloan habría huido como alma que lleva el diablo.
Y no puedo permitir que me abandone.
No cuando he aceptado de una maldita vez que no puedo vivir sin ella.