Mi mayor condena (Sombras En Manhattan 1) 35.  Tae Min
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35.  Tae Min

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J oder... me duele todo el maldito cuerpo.

Siento la herida caliente y tirante, la cabeza va a estallarme y apenas soy capaz de levantar los brazos.

Han pasado cinco días desde que me apuñalaron, pero me siento como la mierda.

La recuperación está siendo demasiado lenta, y eso me está desesperando.

Pulso el botón de la enfermera y Sloan se levanta rápidamente del sillón en el que estaba sentada, acercándose para mirar el gotero.

―Estoy bien, pequeña ―digo con voz ronca―. Vuelve a sentarte.

―¿Te duele mucho? Iré a llamar a la enfermera.

Se da la vuelta para marcharse, pero la sujeto de la muñeca para impedirle hacerlo.

―Ya la he llamado yo, así que ven aquí.

―Si voy a buscarla vendrá más rápido.

―Estoy bien, en serio. Solo siéntate conmigo.

Ella sonríe, entrelaza sus dedos con los míos y se sienta en el borde de la cama.

No se ha movido de aquí desde que me pasaron a planta, y me consta que fue casi imposible sacarla del hospital el día que me operaron.

Se ha ocupado de cada una de mis malditas necesidades, y aunque he insistido en que se vaya a dormir a casa, permanece a mi lado noche tras noche, cuidándome.

Y parece agotada.

Tiene unas ojeras enormes, camina cansada y sus ojos apenas pueden mantenerse abiertos.

Tengo miedo de que al final tengan que ingresarla.

―Túmbate conmigo ―pido.

―Voy a hacerte daño.

―La herida es en el otro lado, cariño. Vamos, lo necesito.

Ella sonríe, se quita las deportivas y se tumba con sumo cuidado, mirándome de lado. La abrazo con mi brazo libre de la vía para atraerla más cerca y nos quedamos así, sin decir una sola palabra, un buen rato.

―Me has llamado cariño ―susurra.

―¿Lo he hecho?

―Lo has hecho.

Sonrío.

―¿Supone para ti algún tipo de problema? ―pregunto.

―Depende. Si lo has dicho por decir, no lo repitas. Pero si significa algo más...

Lo hace. Significa que después del accidente ―porque no se le puede llamar de otra forma, ya que el pobre hombre no se encontraba en su sano juicio― me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta como para desperdiciarla con tonterías.

Seguir alejándome de ella por lo que pasó hace diez años no me ha traído más que problemas, así que he decidido dejarlo todo atrás y empezar de cero. Juntos.

Hay muchas cosas de las que debemos hablar, desde luego. He tenido mucho tiempo para pensar en la teoría de Joon y es cierto que parecen faltar algunas piezas, así que tendremos esa conversación cuando estemos en casa.

Pero mientras tanto, solo quiero tenerla cerca.

―No lo he dicho por decir.

Ella se incorpora, me mira con la esperanza dibujada en el rostro y une sus labios a los míos con una suavidad que me sabe a demasiado poco. La sujeto en el sitio con la mano en su nuca y profundizo el beso, pero el carraspeo de Joon la separa de mí como una maldita bala.

―Tan oportuno como siempre ―protesto.

―Venía a ver cómo estabas, pero parece que te recuperas de puta madre ―bromea.

Le pasa a Sloan una bolsa con algunos recipientes de comida que ella agradece con una sonrisa.

―Na Ri pensó que podrías no estar comiendo bien, ella misma lo preparó ―explica mi primo.

―Iba a bajar en un momento a comer ―responde Sloan―, pero su comida tiene mucha mejor pinta que la de la cafetería del hospital.

Se levanta y se aleja hasta el sofá grande que hay en la otra punta de la habitación, levanta la parte de arriba de la mesa de café para ponerla a la altura justa para comer y abre los recipientes sin prestarnos la más mínima atención.

―¿Cómo estás? ―pregunta mi hyung , sentándose a mi lado.

―¿Recuerdas aquella vez que recibí un balazo por tu culpa? ―Él asiente―. Fue una maldita caricia comparado con esto.

―Ese pobre tipo te destrozó el intestino, Tae. Y el balazo no fue culpa mía, joder. Fue un accidente.

―Te dije que te mantuvieras al margen e interviniste ―protesto―. Si me hubieras dejado hacerlo a mi manera...

―Vale, de acuerdo, pero no podía dejar que te amenazaran de esa forma. ¿Cuánto tiempo vas a estar reprochándomelo?

―Hasta que se me olvide.

La enfermera llega en ese momento. Mira mi bolsa de suero, pone una nueva e inyecta en ella los analgésicos. En cuanto el líquido empieza a hacer efecto, dejo escapar un suspiro de alivio.

―No se lo digas a ella ―advierto―. Que es un puto infierno... no quiero que lo sepa.

―¿Habéis arreglado las cosas?

―Más o menos. Aún tenemos que hablar, pero después de estar a punto de morir no quiero seguir perdiendo el tiempo.

―Si llego a saber que estar al borde de la muerte era lo que necesitabas para espabilar, te habría disparado yo mismo ―bromea.

―Muy gracioso. Vamos, distráeme. ¿Cómo va lo que nos traemos entre manos?

―Lo tenemos todo listo. Todos están preparados. Tendré que posar solo frente al gilipollas de Harrington, pero...

―Lleva a Na Ri contigo.

―Ya se lo he pedido, pero tiene mucho lío en la galería. Parecía que no, pero resulta que eres cien por cien necesario para esta familia...

Le saco el dedo, pero sonrío. La verdad es que ya echo de menos la normalidad, estar aquí encerrado es un incordio, ya no digamos no tener nada que hacer.

―Tráeme aparatos de escucha ―le pido―. Mañana quiero estar presente de alguna manera en todo esto.

―¿Vas a morirte por perderte la acción o qué?

―Me aburro.

―Tienes a una mujer increíble haciéndote compañía.

―Una mujer que no me deja tocarla por miedo a que se me abra la herida.

Joon se ríe, mira a Sloan y levanta el pulgar. Ella le responde de la misma forma, aunque estoy seguro de que no tiene ni puta idea de por qué mi primo le ha hecho ese gesto.

―¿Lo harás con ella delante?

―Si va a formar parte de mi vida, tiene que saber a qué me dedico realmente. Ahora mismo solo puede imaginar cosas, creo que es la mejor manera de poner a prueba lo que está dispuesta a aceptar.

―¿Y si sale mal?

―Entonces no deberíamos estar juntos. Una vez iba a dejarlo todo por ella, hyung , pero esta vez... esta vez tendrá que aceptarme como soy.

Joon se marcha poco después, llevándose los recipientes de la comida. Sloan va a darse una ducha ―ventajas de tener una habitación VIP―, y cuando regresa veo que se ha puesto unas mallas y una camiseta larga.

―Vete a casa ―le pido.

―No voy a moverme de aquí ―protesta, sentándose en la silla junto a mi cama.

―Tu abuela te necesita. ―Ella bufa, bastante molesta.

―Mi abuela solo necesita a Jenna y una buena partida de bingo. Acabo de hablar con ella, está perfectamente.

―Si te quedas, será bajo mis condiciones.

―¿Y qué condiciones son esas?

―Dormirás en la cama. Sin discusión.

―Pero puedo moverme y hacerte daño.

―¿Has visto el tamaño? No va a pasar.

―Tae... si esto significa algo, de verdad que quiero saberlo. No quiero hacerme ilusiones para después...

Tiro de ella, que tropieza y cae a medias sobre mí.

La beso... la beso con todo el anhelo que he intentado ocultar desde que apareció frente a mí hace unos meses.

Ella me devuelve el beso, pero se aparta al poco tiempo y se incorpora, mirándome con tanta esperanza en sus ojos que me tienta a decirle que la quiero. Pero no es el momento, aún no lo es.

―Solo quiero ver a dónde nos lleva esto ―explico―. Estoy cansado de luchar contra lo que hay entre nosotros, Sloan. Me revienta que te marches después de tener sexo. Quiero poder llevarte a cenar y que no te niegues porque dije que no era nada serio.

―Las personas que solo tienen sexo no hacen esas cosas.

―Ya lo sé. Joder, ya lo sé. Pero quiero hacerlas contigo.

―Pero no confías en mí.

―No puedo prometerte que confío en ti del todo... pero sí que lo estoy intentando. Hay muchas cosas que debemos hablar, Sloan. Porque hay algo que no cuadra en todo lo que pasó hace diez años. Pero lo haremos cuando salga de aquí, esté recuperado y pueda follarte con fuerza después. ¿Estamos?

―Tal vez no quieras volver a verme cuando sepas la verdad ―susurra.

―O tal vez entienda por qué lo hiciste y pueda volver a confiar en ti.

―¿Me amas?

―No lo sé ―miento―. Te deseo como un loco y le prendería fuego al mundo si alguien se atreviera a hacerte daño, pero no sé si lo que siento es amor. ¿Es suficiente para ti por ahora?

Ella se muerde el labio, con los ojos empañados, y asiente. Gracias a dios. Se tumba de lado junto a mí, rodeo sus hombros con el brazo y la atraigo más cerca de mi cuerpo.

―Duérmete ―ordeno―. Necesitas descansar.

―Estoy bien.

―Y una mierda estás bien. ¿Crees que no me doy cuenta de que estás incómoda en el sofá, Sloan? No estás durmiendo nada, y tus ojeras lo demuestran.

―Dormiré cuando salgas de aquí.

―Dormirás ahora, o mañana le pediré a Joon que te lleve a rastras a casa.

―Me escaparé en cuanto se marche ―bromea.

―Te recuerdo que hay hombres vigilando tu casa.

Su rostro se ensombrece y agacha la mirada.

―No te vigilan a ti, Sloan ―susurro, levantando su rostro―. Ahora es por tu seguridad.

―¿Estoy en peligro?

―No necesariamente... pero te mostraste delante de personas poderosas del brazo de Joon, así que debemos asegurarnos de que no te pase nada.

―¿Así que son una especie de guardaespaldas?

―Algo así.

Pasa un brazo por mi cintura con cuidado de no apoyarlo en la herida y cierra los ojos.

―Cuando te hirieron hice las paces con Sky ―confiesa―. Fue muy amable conmigo, me ayudó a lavarme tu sangre y después me llevó a cenar al restaurante de su padre.

―¿En serio te llevó allí?

―Sí. Pensaba que no me soportaba porque estaba enamorada de ti. Tuviste que ver cuánto se rio.

―Sky es como mi hermana. Es mi sombra, la persona que me protege, así que necesitamos tener una relación muy cercana.

―Me explicó eso, y también se disculpó por haberme cortado aquella tarde. Me contó sus motivos para odiarme en aquel momento, y la verdad es que la entiendo.

―Vamos, duérmete. El médico pasará temprano mañana.

Se acurruca a mi lado y en unos minutos está completamente dormida. Aparto el cabello de su rostro y permanezco un rato mirándola.

Le he mentido.

Le he dicho que no sé si la amo, aunque es imposible amarla más de lo que lo hago. Pero aún necesito saber la verdad sobre lo que pasó antes de abrirme de esa manera en canal.

Porque me ha confirmado que hay más de lo que parecía en un primer momento.

Joon tenía razón, y el hijo de puta va a restregármelo hasta el día del juicio final.

Sloan se remueve inquieta a mi lado. Intento calmarla susurrándole al oído, pero su sueño debe ser terrible, porque no puedo tranquilizarla.

Su frente se frunce y empieza a hablar en sueños, pero no logro entender nada de lo que dice.

Acerco mi oído a su boca y la única palabra que logro entender me hiela la sangre.

Omoni .

Sloan jamás conoció a mi madre.

Nunca se la presenté porque sabía que no le iba a hacer ni puta gracia que estuviera saliendo con una americana. Tampoco le hablé de ella para evitar que se metiera en nuestra relación. Entonces...

¿Por qué cojones Sloan la llama?