Mi mayor condena (Sombras En Manhattan 1) 34.  Sloan
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34.  Sloan

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C uando llegamos al hospital, veo a Na Ri bajarse del coche que venía detrás de la ambulancia.

Sky y Joon llegan justo después, en otro vehículo que seguramente se ha saltado todos los controles de velocidad de la ciudad.

Los acompaña más gente, pero no puedo concentrarme en quiénes son.

Camino junto a la camilla de Tae hasta la puerta de los quirófanos, pero Joon Seo me sujeta cuando intento seguir caminando junto a Tae.

―No puedes entrar, Sloan ―dice con voz calmada―. Va a estar bien.

Asiento y me quedo de pie, delante de la puerta, con la mirada perdida en el cristal opaco.

Mis brazos han caído a ambos lados de mi cuerpo, pero no puedo moverme.

No hasta que sepa que se pondrá bien. Siento un brazo rodear mis hombros, y me sorprendo al levantar la vista y ver que es Sky quien lo hace.

―Deberíamos ir a lavarte, estás cubierta de sangre ―dice.

Parece amable, demasiado amable después de lo que pasamos, pero asiento y la sigo hasta los cuartos de baño.

Me ayuda a lavarme la sangre, me quita la camiseta y la limpia en el lavabo.

No queda demasiado bien, pero al menos hace desaparecer parte de la sangre con una botella de agua oxigenada que no sé de dónde ha sacado.

Seca la camiseta en el secamanos y me ayuda a ponérmela, volviendo a rodearme los hombros para dirigirnos juntas a la sala de espera.

―Va a ponerse bien ―susurra―. Es un hombre fuerte.

―¿Cómo puedes estar tan tranquila?

―No lo estoy ―niega―. Pero estoy acostumbrada a lidiar con situaciones como esta.

―¿Le han herido más veces?

―A todos nos han herido, Sloan. Y es por eso que sé que se va a recuperar.

No sé si lo dice más para sí misma que para mí, pero en este momento agradezco que esté a mi lado.

Me siento junto a Na Ri, que aprieta mis manos entre las suyas.

Está tan asustada como yo, aunque logra disimularlo mejor.

Supongo que debido a que ha nacido en una familia criminal y que los apuñalamientos y los disparos están a la orden del día.

Las horas pasan tan lentas que quiero gritar. Cinco horas, doce minutos y treinta y siete segundos. Ese es el tiempo que dura la operación. El cirujano sale al fin de la zona de quirófanos y pregunta por los familiares. No me atrevo a moverme, pero Na Ri tira de mí para acercarme a él.

―La intervención ha sido complicada, pero ha salido bien ―informa―. Su vida ya no corre peligro inmediato.

Dejo escapar todo el aire que estaba aguantando en los pulmones.

No corre peligro.

Tae se va a poner bien.

―La puñalada le provocó una hemorragia interna importante y una perforación en el intestino delgado ―continúa―.

Hemos tenido que realizar una resección del tramo dañado y una anastomosis para unir los extremos.

También había contaminación en la cavidad abdominal, así que hemos hecho un lavado peritoneal completo para evitar una infección grave.

Se detiene para que procesemos la información. Entiendo a medias lo que está diciendo, pero Joon asiente y el cirujano continúa.

―Ha perdido bastante sangre y hemos tenido que transfundirle.

Ahora mismo está estable, pero muy débil.

Lo mantendremos en la UCI durante las próximas cuarenta y ocho horas para vigilarlo de cerca.

El riesgo de infección sigue ahí, y debemos controlar su presión arterial y su respuesta al postoperatorio.

Si no hay complicaciones, en unos días podremos pasarlo a planta.

El doctor vuelve a entrar en la zona de quirófano y Joon Seo se vuelve hacia mí.

―Deberías volver a casa ―aconseja―. Date una ducha y duerme un poco. Te hace falta.

―Quiero quedarme ―susurro.

―No hacemos nada aquí. No podemos entrar a verle hasta que salga de la UCI, así que lo mejor será que nos marchemos todos a casa. Mañana por la mañana pasaré a recogerte y vendremos a ver cómo ha pasado la noche, ¿de acuerdo?

―Pero...

―Sloan... ―interviene Sky― No le ayudarás en nada si terminas cayendo enferma por el agotamiento. Tae necesita que estés bien, así que hazle caso a Joon y vete a casa.

Tienen razón, desde luego. Nadie puede entrar en la UCI, los médicos dan el parte diario dos veces al día y el próximo no será hasta mañana. No sirve de nada pasar una mala noche sentada en las incómodas sillas de la sala de espera, cubierta de sangre. Así que asiento.

―De acuerdo.

―Vamos, yo te llevaré ―se ofrece.

―Eso también va por ti, Sky ―advierte Joon―. Vete a casa y descansa. Ha sido un día muy largo para todos.

Sky asiente y caminamos juntas hasta el aparcamiento. Su coche, un Lexus de color gris oscuro, está aparcado ocupando dos plazas de aparcamiento. Muy típico de ella.

Se pone en marcha, pero no se dirige a mi casa, sino al sur de la ciudad.

―Esta no es la dirección ―informo.

―Primero vamos a comer algo. No hemos comido en todo el día y, no sé tú, pero yo estoy famélica.

―No tienes que hacer esto.

―¿Hacer el qué?

―Aparentar que te caigo bien. Ya quedó claro que no es así.

Conduce en silencio hasta un restaurante pesquero a orillas del mar.

Es tranquilo, sencillo y cálido. Cálido es la palabra perfecta para describirlo.

Apenas tiene seis o siete mesas, pero todas están ocupadas.

En cuanto el dueño ve a Sky, dibuja una enorme sonrisa en su rostro y se acerca para abrazarla.

―¿Cómo está? ―pregunta.

―Todo ha salido bien, phà . Estará dos días en la UCI, pero se recuperará.

¿ Phà ? ¿Este hombre de aspecto amable es el padre de la asesina más peligrosa de la ciudad?

―Ella es Sloan, la pareja de Tae ―me presenta, sorprendiéndome.

―Tan bonita como imaginaba. Vamos, entrad y sentaos, os prepararé mi plato especial para levantar el ánimo.

Sky sonríe, y su rostro entero se transforma. Ya no es la mujer fría y psicópata que me vigiló cuando estuve prisionera, sino una mujer dulce, amable y femenina que mira a su padre con tanto amor que creo que la han cambiado de repente y no me he dado ni cuenta.

El padre de Sky nos lleva a la parte de atrás del restaurante, a un despacho en el que hay una mesa con dos sillas mucho más cómodas que las del restaurante. Cuando nos deja solas, miro a Sky con una sonrisa.

―¿Qué? ―protesta.

―No sabía que podías ser tan mona.

―Siempre soy una monada, Sloan. Me conociste mientras trabajaba. Y no te odio, mi comportamiento no tuvo nada que ver con eso.

―¿Entonces por qué fuiste tan borde?

―Porque estaba enfadada. Tae es mi mejor amigo y lo vi demasiadas veces bebiendo hasta perder el sentido por tu culpa. Hablaba en sueños, y lo único que decía era que le habías sido infiel y que no podía perdonarte. Y pusiste en peligro a la organización, además.

―Me odiabas ―insisto.

―Sí, te odiaba. Pero he visto el cambio de Tae ahora que está contigo, y me he dado cuenta de que le haces mucho bien. No sé qué pasó en el pasado, pero es evidente que no eres la misma mujer. Y yo mejor que nadie sé que las personas pueden cambiar.

―Creí que estabas enamorada de él.

Rompe a reír a carcajadas.

―Tae es como un hermano para mí. Le admiro muchísimo, le quiero muchísimo, pero créeme, antes que acostarme con él me vuelvo lesbiana. No, no estoy enamorada de él ni lo estaré jamás.

Su padre llega con un par de cuencos humeantes que deja frente a nosotras, besa a su hija en la frente y nos vuelve a dejar solas.

―Pruébalo ―dice Sky―. Es Khao Tom Gai , sopa tailandesa de arroz con pollo. Te encantará.

Desprende un olor cítrico, pero cálido. Reconfortante. Su sabor es suave, con un leve toque de jengibre. El arroz se deshace en la lengua, y el pollo es muy tierno, pero jugoso. La verdad es que está deliciosa, y casi sin darme cuenta me he tomado el tazón completo.

Y me siento mucho mejor, el padre de Sky tenía razón.

―Quería disculparme por haberte cortado aquel día ―susurra Sky de repente―. No era mi intención, solo quería asustarte un poco para que te callaras.

―Fui un grano en el culo, no te lo tengo en cuenta.

―Pagué el precio ―responde, enseñándome una leve cicatriz en su cuello, idéntica a la mía―, pero debes saber que en ningún momento pretendía matarte.

―¿Cómo es? ―pregunto en un susurro― La vida en la organización, quiero decir.

―¿Cuánto te ha contado Tae?

―Nada, en realidad. Joon me dijo que erais una organización criminal del estilo de la Cosa Nostra o la Bratva, pero no entró en detalles.

―Entonces creo que deberías preguntarle a él, Sloan. No sé cuánto quiere que sepas, y no voy a meter la pata contándote demasiado.

Asiento, porque entiendo su postura. Su padre trae un plato con unos pequeños dulces de colores y formas diferentes, con una textura similar al mazapán, pero muy brillantes.

Me explica que son Luk Chup , dulces hechos con pasta de judía y recubiertos con una pequeña capa de gelatina.

Sabor suave, pero también deliciosos. Me como un par de ellos, y Sky insiste en que me lleve una caja de dulces para compartir con mi abuela.

Cuando terminamos la cena, me despido de su padre y Sky me lleva a casa. Me encuentro a mi abuela sentada en la mesa de la cocina con Jenna. En cuanto me ven, ambas abren los ojos como platos y se ponen de pie, acercándose hacia mí.

―¿Qué ha pasado? ―pregunta mi abuela― ¿Estás herida?

―Estoy bien, no es mía.

―¿Qué demonios ha pasado, Sloan? ¿Por qué vienes así?

―Un hombre armado ha entrado a la galería.

Se ha escapado del psiquiátrico y no había tomado su medicación para la esquizofrenia.

Había robado un cuchillo al escuchar las voces de su cabeza, y cuando ha visto los cuadros ha empezado a decir que alguien estaba dentro y que quería diseccionarlo.

Estábamos teniendo una visita escolar en ese momento.

―Dios santo... ―susurra Jenna.

―Ha herido a uno de los guardias de seguridad y, cuando el director ha intentado intervenir para calmarlo y conseguir que suelte el cuchillo, lo ha apuñalado. La sangre es suya.

―¿Están todos bien?

―No sé cómo estará Derek, el guardia, pero el director está estable. Le han operado y debe quedarse dos días en la UCI, pero todo salió bien.