33. Sloan #2
Él parece ver mi miedo y sigue mi mirada. En cuanto ve lo mismo que yo, se coloca delante de los niños, intentando desviar la atención del intruso de ellos.
El tipo no parece estar bien. Suda demasiado, tiembla demasiado y sus ojos parecen vacíos. Se mueve nervioso, mirando los cuadros con pavor y tapándose los oídos con las manos... pero no suelta el maldito cuchillo.
Derek intenta reducirlo, pero el tipo se pone mucho más nervioso y termina apuñalándolo en el estómago.
―¡Derek!
Tae detiene a Na Ri con la mano cuando intenta acercarse al guardia de seguridad para ayudarlo.
Ava y yo nos ponemos delante de los niños con sus cuidadores para protegerlos y Tae aprovecha para moverse lentamente y desviar su mirada de nosotros.
Marcus aparece, y al ver a Derek en el suelo, echa mano de su arma, pero Tae lo detiene.
―Baja el arma, Marcus ―ordena―. Hay niños delante.
―¡Pero señor Han...
―Yo me encargo.
Estoy temblando. Sé que forma parte de una organización criminal, que debe estar entrenado para lidiar con tipos mucho más peligrosos que este, pero eso no evita que esté aterrada por lo que pueda pasar. Da otro paso hacia el hombre, que parece no darse cuenta de nada de lo que pasa a su alrededor.
―Soy Han Tae Min, el director de esta galería ―se presenta―. Si bajas el cuchillo y me dices qué necesitas, te ayudaré.
―No puede ayudarme... ¡Nadie puede ayudarme! Quieren llevarme, ¿no lo ve? Me abrirán para estudiarme. ¡Me estudiarán!
Parece tener algún tipo de brote psicótico. Veo a Tae dudar un segundo, y veo a Evan colgar disimuladamente el teléfono de la recepción. Gracias a Dios, ha podido pedir ayuda.
―La policía está en camino ―susurra―. Lo estaban buscando.
Tae asiente imperceptiblemente y se acerca un paso más al hombre. Se remueve inquieto, golpeándose la cabeza con el mango del cuchillo y susurrando repetidamente que no van a llevárselo.
―Nadie quiere llevarte, hombre ―dice Tae―. Aquí solo están mis empleados, y te aseguro que no quieren hacerte ningún daño.
Ava y yo asentimos repetidamente, intentando hacerle ver que no somos peligrosos, que puede soltar el cuchillo. Los niños lloran asustados. Sus responsables intentan calmarlos, pero, si siguen llorando, puede que atraigan la atención del hombre y termine por atacarlos.
Me doy la vuelta hacia ellos y me pongo en cuclillas.
―Debéis guardar silencio ―susurro―. El señor Gumiho está encargándose de todo, pero necesita que estemos callados para poder hacer magia, ¿de acuerdo?
―Tengo miedo ―solloza uno de ellos.
―Yo también, pero debemos ser fuertes para ayudar al señor Gumiho . ¿Podéis hacerlo? ―Los niños asienten―. Esconderos detrás de los adultos, pegaros mucho unos a otros hasta que desaparezcáis, ¿de acuerdo? Pronto terminará todo, os lo prometo.
Ava me mira con agradecimiento cuando me incorporo. Tae sigue hablando con el hombre, pero no logro escuchar lo que le dice.
―¡Están ahí! ―grita el intruso señalando uno de los cuadros― ¡¿No los ves?! ¡Se esconden ahí!
―Puedo hacer que se vayan ―responde Tae―. Puedo hacer que mi gente se lleve los cuadros y ellos se vayan, pero suelta el cuchillo.
―¿Los conoces?
―¿Qué?
―¡Los conoces, joder! ¡Eres uno de ellos!
El miedo me paraliza. Tae ha metido la pata, y si ese hombre lo cree un enemigo lo apuñalará como a Derek. Intento dar un paso hacia él, pero Ava me detiene poniendo una mano en mi estómago.
―No lo empeores ―susurra.
Tiene razón, desde luego. Si intervengo puedo hacer que se ponga más nervioso y la cosa termine peor. Pero Tae está en peligro y no sé qué hacer para ayudarlo.
―¡Claro que no! ―responde sonriendo― Solo intento ayudarte.
―Intentas engañarme para llevarme con ellos. ¡Joder, eres uno de ellos disfrazado!
Se abalanza sobre Tae y veo a cámara lenta como mueve el brazo para enterrar el cuchillo en su abdomen.
Él mira al tipo sorprendido, mira hacia el cuchillo y lo sujeta con fuerza cuando el hombre lo suelta.
El agresor se da la vuelta hablando cosas sin sentido y golpeándose la cabeza con el puño, manchado ahora de la sangre de Tae.
―¡Tae! ―grito.
―¡No te muevas!
Cae de rodillas al suelo, poniendo un gesto de dolor.
No puedo quedarme quieta, no cuando está desangrándose a solo unos metros de mí.
Me deshago del agarre de Ava y Na Ri, que me han sujetado cuando he gritado, me tiro al suelo y gateo hasta que estoy justo a su lado.
Estoy temblando tanto que cuando levanto la mano para ayudarlo a apoyarse en mi cuerpo apenas puedo sujetarlo.
―Puede ser peor ―logra decir―. ¿Por qué coño nunca haces caso?
―No vas a morirte, Han ―advierto―. Como se te ocurra morirte, yo...
No puedo seguir, porque un sollozo sube por mi garganta y empiezo a llorar. Si lo pierdo de nuevo... dios santo, no quiero ni pensarlo. Tae sujeta mi cabeza contra su hombro, pero estoy tan asustada que no puedo dejar de llorar.
―No voy a morir. Es solo un rasguño.
Apenas termina de decir esas palabras, se desmaya entre mis brazos y juro que yo misma voy a matar a ese desgraciado si termina muriendo. No puedo perderle ahora, no cuando estamos empezando de nuevo. No cuando iba a contarle lo ocurrido para que pudiera perdonarme.
La policía llega al fin, reducen al tipo con un táser y la galería se vuelve un caos.
Los sanitarios montan a Tae Min y a Derek en dos ambulancias.
Intentan prohibirme acompañarle, pero una sola mirada de advertencia por mi parte parece hacerles desistir.
Voy a ir con él al hospital y va a sobrevivir.
Sí, va a sobrevivir.