32. Tae Min
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A ún estoy cabreado porque Sloan se fuera anoche. No pude pegar ojo, y al final terminé bajando a la organización a entrenar. Por suerte no había nadie y no pagué mi mal humor con quien menos lo merecía, pero ahora tenemos una reunión y debo concentrarme.
Maldita mujer.
Cuando entro en la sala de operaciones, Joon ya se encuentra allí, repartiendo unas carpetas de color manila en los diferentes sitios.
Poco a poco van llegando los demás: Seok Min, el protagonista de esta reunión, Sky, Lux y Kai ―los daeri al mando de Sky―.
Mi amiga trae una bandeja de cafés que deja sobre la mesa, teniendo cuidado de dejar el de Joon y el mío aparte. Pelota de mierda...
Joon no pierde tiempo y se pone de pie.
―Bien. Ya que estamos todos, vamos a organizar nuestro próximo trabajo ―dice, sin levantar la voz―. Si todo sale según lo previsto, no solo ganaremos veinte millones de dólares, sino que contaremos con la protección de Harrington cuando sea elegido alcalde.
Paso la mano por la pantalla mural. Se enciende al instante, inundando la sala con una luz fría. Aparece la imagen del candidato Elliot Graves, junto a una ficha breve y concisa. Kai silba por lo bajo al ver quién es el objetivo.
―Guau... esto son palabras mayores ―susurra.
―El trabajo se realizará dentro de una semana ―digo―. Graves dará un meeting en Bryant Park. Es el escenario perfecto, un lugar al aire libre rodeado de edificios altos.
Joon asiente y cambia la diapositiva.
―Durante estos días, los soldados de Lux entrarán en el edificio Bryant Meridian ―añade, señalando el edificio en el mapa―. Ella y yo ya hemos estado allí. Es el punto ideal para llevarlo a cabo, pero necesitamos una copia de la llave de la azotea. Conseguir subir fue... complicado.
―Entendido, jefe ―dice Lux, seria.
―El día del encargo, Min entrará al edificio disfrazado de repartidor de Amazon ―continúa Joon―.
En esos carros enormes que llevan los repartidores puede camuflar el arma sin problema.
Kai, tus soldados robarán uno de esos carros y un paquete dirigido a esa dirección.
Servirá de coartada si alguien lo ve en el edificio.
Kai levanta el pulgar, confiado.
―A las siete en punto, en el auge del meeting, Min reducirá al objetivo ―añade―. Después esconderá el arma en el carro bajo algunos paquetes falsos y bajará para entregar el real. Si la policía pregunta, habrá al menos un testigo que confirme su presencia como repartidor.
Joon pasa a la última diapositiva: rutas, tiempos, posiciones.
―Nosotros estaremos junto a Harrington en el Barclays Center como patrocinadores de su campaña ―explico―. Sky supervisará todo desde el vehículo de operaciones. ¿Alguna pregunta?
Silencio.
―Bien, pongámonos en marcha ―dice Joon, y todos se levantan―. Quiero esa llave en mi escritorio en dos días como máximo, Lux.
―La tendrá mañana por la mañana, jefe.
Joon sonríe, satisfecho. Cuando todos se marchan, da un buen trago a su café y se sienta en una de las sillas libres.
―Tenemos una reunión con Ferretti y Vázarov en dos horas ―suspira―. He reservado una sala privada en un coworking de Chelsea.
―¿Para qué es la reunión?
―Si queremos que Harrington nos cubra las espaldas, tiene que salir elegido. Y para eso necesitamos que el submundo vote por él.
―No serían suficientes votos, hyung .
―Y por eso Vázarov tendrá que hacer un pequeño trabajo para mí.
―Todos saldríamos ganando con este acuerdo.
―Y yo me aseguro mi permanencia en la cúspide de la Santa Trinidad del Crimen restregándole a Vitto Ferretti en el hocico que he sido capaz de conseguir un apoyo político que él no ha logrado ―se jacta con una sonrisa de cabrón satisfecho.
―¿La Santa Trinidad del Crimen? ―río― Qué poético eres, joder.
Me levanto y me dirijo hacia la puerta.
―Voy a seguir con el papeleo hasta que tengamos que irnos ―informo.
―Tae, espera.
Me detengo y le miro con una ceja arqueada.
―Ven aquí y vuelve a sentarte, joder. Es importante.
Hago lo que me dice y espero a que hable, pero las palabras parecen haberle abandonado.
―¿Quieres hablar de una puta vez? ―protesto― Me estás poniendo de los nervios.
―Mi padre ha llamado esta mañana.
―¿Tiene algún otro trabajo para nosotros?
―Tu madre regresa en un mes, y no vuelve sola.
Mi cuerpo se tensa en el acto.
―¿A qué te refieres con que no vuelve sola? ―pregunto, aunque ya sé la maldita respuesta.
―Ha convencido a tres mujeres para que pasen un tiempo con ella aquí, en Nueva York. Son tus candidatas a esposa.
―Tu padre cree que tengo novia. ¿No se lo dijo?
―Ella piensa que solo es una aventura pasajera, y que cuando veas a las mujeres que la acompañan elegirás a una de ellas.
―Y una mierda. ―Me levanto―. ¡Una puta mierda!
―Tae...
―Ya soy mayorcito para elegir yo mismo a la mujer con la que casarme, si es que lo hago. Ella no tiene ningún derecho a decidir por mí.
―Oye, que estoy de tu parte ―responde levantando los brazos―. Solo quiero que estés preparado. Ya sabes cómo es, y estoy seguro de que será capaz de cualquier cosa con tal de verte casado con alguien elegido por ella. Y no quiero que tengas problemas con Sloan.
―Esto no tiene nada que ver con Sloan, hyung . Tiene que ver conmigo.
Marco el número de mi madre. Estoy cabreado, joder. Furioso. ¿Cómo se atreve a imponerme a una mujer como si estuviéramos en la época de Joseon?
―¿Cariño? ―susurra adormilada― Son las dos de la madrugada.
―¡Me importa una mierda la hora que sea! ―grito― ¿Es cierto que vas a traerme mujeres para elegir esposa como si fueran ganado, mamá?
―Dicho así suena patético.
―¡Porque es patético, joder! Escúchame bien, más te vale que cuando te bajes del puto avión de regreso a Nueva York la única mujer que te acompañe sea Mi Ra, porque te juro por dios que las envío de vuelta, ¿entendido?
―¡Tae Min, tienes que casarte!
―¡No tengo que casarme, maldita sea! Si alguna vez decido casarme, lo haré con una mujer elegida por mí, no con una de esas princesas de silicona de las que te rodeas.
―¡Pero Tae...
―Por tu bien, mamá, no las traigas contigo.
Cuelgo el teléfono sin dejarla responder. Casi puedo verla estampando el móvil contra el edredón de su cama ―porque es su tesoro más preciado y jamás se atrevería a dañarlo―. Joon está repantigado en el asiento, riendo a mandíbula batiente.
―Cállate, joder ―protesto―. No tiene ni puta gracia.
―Me habría gustado verla por un agujero ―ríe―. Debe estar muy cabreada.
―Es su problema. Me voy al gimnasio.
―¿No ibas a ocuparte del papeleo?
―Necesito golpear algo.
―¡Que no sea a mis hombres!
En cuanto entro en el gimnasio, me dirijo hacia un saco de boxeo. Lo golpeo sin guantes, con fuerza, descargando toda la rabia que siento ahora mismo. ¿Por qué se cree con el derecho de decidir por mí, joder? ¿Es que acaso soy un niño de diez años?
El siguiente golpe va a parar a la cara de Sung, que se ha interpuesto en la trayectoria sin que yo me diera cuenta.
―¡Joder, Sung! ―protesto, tomando su cara para asegurarme de que no le he hecho demasiado daño― ¿Por qué te has puesto en medio, hombre?
―Estás cabreado.
―Mucho. Mi madre está buscándome esposa.
―¿Vive en la Edad Media o qué?
―Eso mismo me pregunto yo. ¿Qué necesitas?
―Un pigmento. La última vez lograste sacarlo rápidamente y...
―Vamos a ver de qué se trata.
Estar con Woo Sung me calma. No por estar con él, a veces es un grano en el culo, sino porque el arte en sí me tranquiliza. Cuando Joon viene a buscarme, ni siquiera me he dado cuenta de la hora. Subo a mi apartamento a darme una ducha rápida y a ponerme un traje para la reunión.
No me sorprende ver que la excentricidad de Vitto Ferretti se ha quedado en su casa.
Desde que Joon es el gran jefe, solo puede venir a las reuniones con su jefe de seguridad y una escolta de no más de cuatro hombres.
Antes traía cerca de una docena, todos armados hasta los dientes y mostrando sus armas sin vergüenza.
A nosotros nos va más la discreción. Cuanto menos gente conozca nuestros asuntos delictivos, mucho mejor.
Joon se asegura de que lleguemos los primeros y se sienta en la cabecera de la mesa.
Yo, a su derecha, Daniel y Sky de pie, justo detrás de nosotros.
Todo un espectáculo de mierda, porque Sky podría terminar con todos ellos sin despeinarse.
Los demás líderes llegan escalonadamente.
Iván con puntualidad rusa. Vitto... casi diez minutos tarde.
―Espero que sea importante, Han ―protesta sentándose―. Me has jodido la siesta.
Arqueo la ceja, porque hasta donde yo sé, la siesta es de España.
―Te aseguro que merecerá la pena no hacer el vago por un día, Ferretti ―responde Joon.
Boom. Sin anestesia.
La cara que se le ha quedado es todo un poema, y tengo que disimular para no reírme en su puta cara.
―Me he asegurado el respaldo de Harrington si gana las elecciones ―suelta a bocajarro.
―¿Cómo demonios has conseguido eso? ―protesta Vitto, incorporándose y sujetándose a la mesa con fuerza― Llevo años intentando congraciarme con ese desgraciado.
―Y es por eso por lo que yo soy quien está al mando ―responde Joon sin inmutarse―. Si queremos tener este gran as bajo la manga, solo tenemos que conseguir que gane.
―¿Y cómo lo conseguiremos? ―protesta Iván―. No pretenderás que vayamos por ahí coaccionando a los votantes, ¿o sí?
―No creo que sea necesario. Lo primero que debemos hacer es votarlo nosotros. Todos nosotros. Altos cargos, cargos medios y soldados de cada organización deben votar a Harrington. Con eso nos aseguraremos el cuatro por ciento de los votos.
―Una miseria ―protesta Vitto.
―A esos votantes debemos añadir a todo el que dependa de nosotros, todo el que nos deba favores... y todo aquel a quien logremos intimidar. Esto sumaría alrededor del tres por ciento más.
―Sigue siendo muy poco, Han ―interviene Iván.
―Las encuestas determinan que cuenta con el cuarenta y dos por ciento de los votos de los contribuyentes, eso sumaría el cincuenta por ciento. El resto... es donde tú entras en escena, Vázarov.
―Quieres que amañe las elecciones.
―¿Supondría un problema?
―En absoluto. Pero ¿qué pasa con Graves? Es el gran favorito del pueblo.
―A Graves dejádmelo a mí.
―¿Qué tienes en mente, Han? ―pregunta Vitto.
―Cuando ocurra lo sabrás. ¿Algún otro tema que queráis que comentemos?
Pasamos más de una hora comentando las distintas actividades que los demás tienen entre manos y que necesitan la ayuda de las otras dos mafias.
Un cargamento de armas para los rusos, algunos millones en criptomonedas que blanquear de los italianos...
nada fuera de lo común. Cosas que podrían haber comentado ellos mismos en privado, pero ya que estamos aquí...
Una vez terminada la reunión, Joon despide al resto y se deja caer en el sillón con gesto cansado.
―¿Has visto la cara de Vitto? ―sonríe― Le he dado donde más duele.
―Casi se atraganta con el agua que estaba bebiendo ―río―. ¿Crees que saldrá bien?
―No tiene por qué no salir bien, Tae. Vázarov sale ganando tanto como nosotros si amaña las elecciones, y tiene los medios necesarios para hacerlo sin despeinarse. ―Se pone de pie―. ¿Te apetece una copa? Nos da tiempo antes de que Sloan salga de la galería.
―No voy a quedar con ella esta noche ―protesto, aunque evidentemente mi primo sabe que es mentira.
―En serio, Tae... deberías dejar el pasado atrás y empezar de cero con ella. Hacéis buena pareja, y sería una lástima que dejaras pasar la oportunidad solo por algo que ocurrió cuando ambos erais apenas unos adolescentes.
―Tengo miedo ―susurro mirando mi botella de agua―. ¿Y si vuelvo a darlo todo y ella vuelve a traicionarme? Ethan está en la ciudad.
―Ya sé que está en la ciudad. ¿Y qué tiene que ver eso con vosotros?
―Me engañó con él, ¿recuerdas?
―Voy a darte mi opinión aunque no me la hayas pedido. Creo que hay mucho más detrás de vuestra ruptura de lo que vimos a simple vista.
―¿Desde cuándo te dedicas a hacer de dios del amor, hyung ?
―Hablo en serio. Piénsalo: te engaña con Ethan, pero desaparece del mapa al día siguiente, dejándolo también a él. No vuelve a la ciudad en diez años y no tiene contacto alguno con nadie de su pasado, excepto su abuela. ¿De veras no te parece extraño?
―Ahora que lo dices, no tiene ningún sentido.
―¿Se te ha ocurrido preguntarle sobre aquello ahora que estáis bien?
―No me atrevo ―reconozco―. Temo cagarla y volver al principio.
―Pues deberías hacerlo. Deberías sentarte con ella y hablar sobre el pasado para dejarlo atrás de una puta vez y empezar de cero, porque es más que evidente para todos, excepto para ti, al parecer, que estáis hechos el uno para el otro.