30. Tae Min
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A largo la mano instintivamente hacia el otro lado de la cama para encontrarlo vacío. Joder... otra vez. Llevo tres semanas acostándome con Sloan y todas las noches, todas las malditas noches, se marcha en cuanto me quedo dormido. En serio, voy a matarla.
O mejor aún, atarla a la pared para que no pueda huir de mi cama.
La única noche que logré mantenerla aquí hasta por la mañana fue la de la subasta, y todo porque Joon se hizo cargo personalmente del cambio del cuadro cuando lo trasladaban a la casa del comprador.
Despertarme con ella a mi lado fue demasiado para mi cordura, he de reconocerlo.
Abrir los ojos y ver su rostro relajado por el sueño, sus labios entreabiertos y sus pechos sobresaliendo de la sábana fue más que suficiente para estar dentro de ella antes de que se despertara del todo.
Y no fue solo sexo.
¿Realmente alguna vez lo ha sido?
Joder, ni siquiera sé qué estoy haciendo.
Quiero estar con ella, pero el miedo a que vuelva a traicionarme no me permite abrirme del todo.
Quiero relajarme, ser el de siempre, pero la imagen de Sloan besando a Ethan aquel día en el campus me persigue como un puto fantasma cojonero.
Y me odio a mí mismo por no poder confiar, y a ella por haberme hecho ser así.
Sé que todos me dicen que han pasado diez años, que ella seguramente haya cambiado, pero...
El sonido de mi teléfono detiene mis pensamientos.
Es un mensaje de mi primo, Do Hyun. El cuadro ya está colgado en las paredes de Hanbyte Technologies y nosotros tenemos ochenta y cuatro millones de dólares en la cuenta que la organización tiene en Singapur.
El comprador de la subasta jamás sabrá que lo que tiene en su pared es una imitación, el dueño original ha donado cincuenta millones a la investigación del ELA y todos hemos salido ganando. Diez de diez.
Me levanto de la cama, me doy una ducha y llamo a Joon mientras preparo el café.
―¿Tan temprano despierto? ―bromea.
―Se ha vuelto a largar ―bufo―. Do Hyun me ha escrito. El dinero ya está en Singapur.
―Magnífico.
―El comprador está más que satisfecho con el trabajo y ha dicho que nos encargará más como este.
―Lo que se traduce en mucho dinero. Siempre es un placer hacer negocios con mi padre, joder.
―Ya lo creo. ¿A qué hora es la reunión con Harrington?
―A las cinco. Seguramente tenga que pasarme todo el día en la organización para ocuparme del reparto del dinero, así que nos vemos en el garaje.
―Perfecto, nos vemos allí.
Voy a desayunar a mi cafetería favorita, la única que puede hacerle la competencia a mi cafetera de última generación.
Desayuno mientras leo el periódico y me paso por la galería para terminar con un encargo de restauración del museo.
No veo a Sloan al llegar, pero sé que está aquí porque su bolso está en su silla.
Cojo mis materiales y me bajo a la sala de conservación para ponerme a trabajar.
Suelo venirme aquí porque necesito ponerme la música a todo volumen para poder concentrarme.
Hoy me toca restaurar un Renoir, Baile en el Moulin de la Galette .
Es un cuadro de colores cálidos con mucho detalle, así que estaré entretenido con él gran parte del día.
Pierdo completamente la noción del tiempo. Cuando veo a Sloan aparecer con una bolsa de papel, me doy cuenta de que ha pasado la hora del almuerzo.
―Adrian me ha dicho que estabas aquí ―dice sentándose a mi lado.
Saca de la bolsa un sándwich de pastrami caliente, queso, chucrut y salsa rusa, y lo pone sobre la mesa con un vaso de americano helado. Joder, todavía se acuerda.
―Supuse que no habías almorzado ―susurra, como si tuviera miedo de mi reacción por este gesto.
―Te lo agradezco ―respondo, limpiando el pincel para que no se deteriore―. Estoy famélico, y ni siquiera me había dado cuenta de la hora.
Sloan parece feliz de que acepte su gesto.
Permanece a mi lado mientras como, en un silencio bastante cómodo.
Sonrío cuando empieza a tararear la canción que suena en mi móvil bajito, moviendo los pies como si quisiera bailarla.
Es metal lento, pero ella igualmente lo bailaría. Sonrío sin poder evitarlo.
Y entonces recuerdo que esta mañana mi cama estaba vacía.
―¿Por qué te has ido de madrugada? ―pregunto.
―No me he ido de madrugada, Tae. Era por la mañana.
―No me jodas, Sloan. Me he despertado a las ocho y ya no estabas.
―Tenía que venir a trabajar, por si no lo recuerdas. Y quería darme una ducha y cambiarme de ropa.
Vale, su lógica es aplastante, pero eso no quita que me joda haberme despertado sin ella.
―Despiértame la próxima vez, joder ―susurro―. No tienes por qué andar sola por la calle a esa hora.
―He llamado a un taxi que me ha recogido en la puerta. Además, tu primo tiene a dos hombres vigilándome. Aunque me hubiera ido andando, estoy segura de que no me habría pasado nada.
Odio que tenga razón. Lo odio con todas mis fuerzas. Pero como no puedo contradecir eso, me limito a comerme el bocadillo. Joder, qué bueno está.
―Hoy no puedo irme contigo ―dice de pronto―. He quedado con Ava y los demás para ir al cine.
―¿Vas a ver algo interesante?
―La película de Michael Jackson. Liam fue a verla y dice que es increíble, así que nos hemos animado a hacer una salida de grupo.
Saco mi cartera del bolsillo de atrás de mi pantalón cargo y le doy mi tarjeta.
―Cárgalo a la empresa ―ordeno―. Iros a cenar después, pero no bebáis demasiado.
―No tienes que hacer esto, Tae...
―Considéralo la cena de empresa del mes, pero sin jefes que os den el coñazo.
Ella sonríe, la sonrisa más bonita que he visto en toda mi vida, y me sorprende besándome en los labios. Es apenas un roce, da un salto de la caja en la que está sentada y se marcha por donde ha venido, dejándome con una erección en los pantalones... y ganas de mucho más que un beso.
Niego sonriendo y vuelvo al trabajo. A las cuatro, subo a mi apartamento para darme una ducha, cambiar mi ropa de trabajo por un traje a medida y meterme en mi papel de segundo al mando.
Tengo que esperar a Joon quince putos minutos, porque al parecer, para él las cuatro y media son las cinco menos cuarto.
―Lo siento, lo siento... ―se disculpa entrando en el coche― Mi padre me ha llamado justo cuando iba a salir.
―¿Qué quiere ahora?
―Saber quién es Sloan. Al parecer, algún capullo le ha enviado mis fotos de la gala benéfica con ella en el photocall.
―¿Y qué le has dicho?
―He estado tentado a decirle que es mi novia, pero he sido un buen primo y he salvado tu pellejo.
―¿Qué. Le. Has. Dicho? ―insisto, marcando las palabras.
―Que es tu novia. Que usé mi posición para robártela para la fiesta, lo cual es cierto... y que tú apareciste con la chica que me gusta.
Le miro con los ojos como platos.
―¿Te gusta Emma?
Joon pone los ojos en blanco.
―¿Eso es con lo único que te has quedado de todo lo que te he dicho? ―protesta.
―Es lo más importante, sí.
―No es que me guste, pero estaba pensando en ella cuando llamó.
Le miro atentamente. Está más nervioso de lo normal. Se está mordiendo las uñas, y eso solo lo hace cuando me oculta algo importante. Te cacé, cabronazo.
―Suéltalo ―ordeno.
―No sé de qué estás hablando.
― Hyung ... desembucha.
―El día de la subasta, al terminar, Emma y yo continuamos la fiesta en el Eclipse. Me encontré con el hijo de puta de Dante, nos invitó a unas rondas...
―Y te follaste a Emma.
―La verdad... no tengo ni idea, aunque todo apunta a que sí. Estábamos desnudos en mi cama, así que...
―Joder, hyung ...
―No lo digas, porque te aseguro que yo me siento lo suficientemente culpable por mi cuenta.
―¿Y ahora qué?
―Emma hace como si no hubiera pasado nada, así que supongo que no tiene mayor trascendencia. Tampoco se acuerda de lo que pasó y bromea con que es una lástima no recordar haberse follado a uno de los hombres más ricos del país, pero...
―Emma no es así.
―Lo sé perfectamente, gracias ―bufa―. Pienso que está actuando así para que yo no me sienta culpable, pero en realidad tengo la culpa.
―Dos no follan si uno no quiere, hyung .
―Lo sé... pero no puedo evitar pensar en que hay algo que falla.
La conversación queda interrumpida cuando llegamos al edificio de Harrington. Como la vez anterior, un séquito de empleados nos espera en la entrada para recibirnos, y yo pongo los ojos en blanco.
―No es necesario que monten todo este circo. Lo saben, ¿verdad? ―protesto para que solo Joon me escuche.
―Son órdenes de Harrington, así que déjalos en paz ―me regaña Joon.
―Es que es ridículo.
―Tú lo sabes, yo lo sé... ellos no. Así que cierra el pico.
Harrington nos recibe con una enorme sonrisa. Sobre la mesa hay un maletín de metal, y Joon arquea una ceja al verlo.
―Ahí no caben veinte millones, Harrington ―es lo único que dice.
―Ahí solo hay cinco ―explica―. El resto te lo transferiré ahora mismo en criptomonedas.
―Inteligente...
Joon desliza por la mesa una tarjeta con nuestra dirección de wallet escrita a mano. El asesor financiero de Harrington se pone a trabajar en su ordenador y diez minutos después, suena el teléfono de Joon. Transferencia hecha. Pago realizado.
―El trabajo se realizará dentro de una semana, durante su meeting en el Barclays Center ―informa Joon―. Graves tendrá un meeting paralelo en Bryant Park. Será perfecto para proporcionarle una coartada sólida.
Mi primo se levanta ajustándose la chaqueta.
―Nosotros estaremos con usted sobre el escenario ―continúa―. Como los patrocinadores de su campaña.
―Espere... ¿Eso es todo? ―pregunta Harrington, sorprendido.
―Es todo lo que usted necesita saber.
Toma el maletín de la mesa y estrecha su mano.
―Es un placer hacer negocios con usted.
En cuanto estamos en el coche, Joon abre el maletín. En efecto, hay cinco millones de dólares en billetes no numerados. Lo cierra de nuevo y lo deja en el suelo, a sus pies.
―¿Cuál es el plan? ―pregunto― Porque no puede ser tan sencillo como lo has pintado.
―No, no lo es. Aún estoy pensándolo, nos reuniremos con Seok Min en dos días para organizarlo todo.
―¿Y a qué ha venido eso de que estaremos en el escenario con ese gilipollas? No hay forma de que nos relacionen con un asesinato.
―Este hombre tiene un ego desmedido y necesita que le bailemos el agua. Digamos que es parte de nuestra... actuación. Tenemos el dinero, pero no tenemos forma de asegurarnos de que cumplirá su palabra con lo de la impunidad a las mafias.
―Tienes razón, no lo había pensado.
―Por eso yo soy el jefe y tú el segundo al mando ―bromea.
―Capullo de mierda...
―¿Cómo vas con el Renoir? Me ha dicho Adrian que te has hecho cargo de su restauración.
―He avanzado bastante esta mañana, pero requiere muchas horas de trabajo. El barniz ha amarilleado en exceso y está apagando la saturación de los colores. Tardará un tiempo en recuperar todo su esplendor.
―¿Y cómo van las cosas con Sloan? No creas que no me he dado cuenta de que no te ha molestado que le dijera a mi padre que es tu novia.
―Las cosas van bien ―reconozco―. Pero estoy jodido, de veras. Totalmente jodido.
―Nunca has dejado de amarla.
―Supongo que no. Pero sigo sin confiar en ella, así que estamos en tablas. Nos acostamos juntos de vez en cuando y el resto del tiempo tenemos un trato cordial.
―¿De vez en cuando? ―bufa― Vivo encima de ti, capullo.
―Vale, casi a diario. Pero ella se marcha antes de que me despierte y yo...
―Y a ti te llevan los demonios.
―Joder, estoy tentado a atarla a la cama de nuevo, en serio. Es escurridiza como una puñetera lagartija.
―Si lo haces, insonoriza el piso, porque mis hombres ya hacen apuestas.
―Vete a la mierda.
―Solo digo lo que veo. Y lo que oigo. Lo muchísimo que oigo.
―Cállate ―protesto, aunque sonrío.
―Lo intento, pero estoy muy solo... y me das mucha envidia, joder.
―Follaste con Emma, ¿recuerdas? Ay, no... que no lo haces ―le pico.
―Vete a la putísima mierda.
Le veo salir cabreado del coche y no puedo evitar sonreír. Tengo que hablar con Em sobre lo que pasó esa noche... Necesito conocer la otra versión de los hechos para poder jactarme a gusto.