Mi mayor condena (Sombras En Manhattan 1) 29.  Sloan
66%

29.  Sloan

––––––––

E l coche del presidente Han ―Joon Seo, debo acordarme de llamarle por su nombre de pila― aparca en la puerta de casa a las ocho en punto. Uno de sus hombres se baja del vehículo para abrirme la puerta y, cuando paso por su lado, me lanza un guiño y una sonrisa. ¿Qué se supone que significa eso?

―Estás preciosa ―dice Joon Seo nada más sentarme a su lado.

―Gracias.

Debe notar mi incomodidad, porque sonríe y estira su brazo para abrocharme el cinturón de seguridad, sobresaltándome.

―No voy a morderte, solo pretendo que llegues segura al evento ―dice con humor.

―No todos los días sale una con el jefazo de la mafia coreana ―protesto.

―En eso tienes razón. Pero te di mi palabra de que estarías a salvo mientras no abrieras la boca y lo mantengo.

―¿Y para qué me lleva con usted? ¿Para que vea lo bien que dan el golpe esta noche?

―En primer lugar, no soy tan estúpido como para dar el cambiazo en una subasta en la que van a comprobar el cuadro más de cien veces a lo largo de la noche. El Monet que se subasta es el real, Sloan.

―Así que darán el golpe cuando esté en posesión de su dueño.

―Te he pedido que vengas conmigo porque no tenía con quién acudir. Y siendo quien soy, aparecer en un evento de este calibre sin una acompañante sería un suicidio.

―Pobre... ¿Las mujeres se lanzarían a sus pies o qué?

―Me encanta tu humor mordaz. Pero sí, eso es exactamente lo que ocurriría.

―Me parece increíble que un hombre poderoso como usted necesite escudarse en una simple mujer como yo.

―Créeme, Sloan... eres cualquier cosa menos simple. Y tutéame, por favor, o de nada servirá que seas mi acompañante.

―¿Qué se supone que debo hacer?

―Divertirte. Si hay algo que te guste, dímelo y pujaré por ti... en pago del enorme favor que estás haciéndome esta noche.

―Me basta con este vestido ―susurro―. Es increíble, y ha costado una fortuna.

―Fortuna bien gastada, porque estás realmente impresionante. Si no estuvieras interesada en mi primo, estaría tentado de seducirte.

―¿Cómo has...

―¿Cómo lo he sabido? ―Sonríe―. Eres muy evidente, Sloan. Lo suficientemente evidente como para hacerme sospechar que lo que pasó hace diez años no fue tan sencillo como pretendiste hacerle ver.

Le miro con sorpresa, pero él saca su teléfono móvil y termina la conversación. ¿Debería contarle lo que pasó realmente? Estoy segura de que tomaría cartas en el asunto, pero... ¿Qué sentido tiene ahora?

Cuando llegamos al museo, me quedo con la boca abierta. Esto no es una gala benéfica, es Hollywood en Manhattan. Alfombra roja, photocall, periodistas... Madre mía, ni siquiera me había parado a pensar en la clase de evento al que vendría.

―Respira, Sloan ―susurra Joon Seo en mi oído.

Obedezco porque, efectivamente, me había olvidado de respirar.

―No puedo hacerlo ―respondo―. Esto es demasiado, yo...

―Por supuesto que puedes hacerlo. Primero saldré por mi lado, rodearé el coche y te abriré la puerta. Procura al salir que no se te vean las bragas a través de esa raja quilométrica que llevas.

La broma me hace sonreír.

―Mucho mejor. Solo tienes que sujetarte de mi brazo, sonreír y posar a mi lado hasta que estemos dentro. Después todo será mucho más sencillo, ¿está bien?

Asiento, sacudo las manos para aliviar mis nervios y cierro los ojos haciendo respiraciones profundas. Escucho la risa de Joon, y le miro abriendo un ojo para encontrármelo tirado en el sillón con la mano en su estómago.

―No es gracioso ―protesto.

―Desde luego que lo es. Te enfrentaste a mi mejor asesina, le tocaste los ovarios durante horas y le plantaste cara, pero te da miedo un puñado de reporteros armados con cámaras y teléfonos móviles que no van a hacerte nada.

―Visto así...

―Te das cuenta de lo ridículo que suena, ¿no?

Sale del coche sin dejarme opción para responder.

Me ajusto el vestido rápidamente, me recoloco el pelo y trago saliva.

Allá vamos. Cuando abre la puerta y me tiende la mano, la tomo y salgo lo más elegantemente que puedo, quedando cegada por un momento por el brillo de los flashes.

Joon me guiña sonriendo, lleva mi mano a su brazo y me guía hacia la zona de photocall, donde posamos para los medios.

―¿Es su novia, señor Han?

―¿Cuánto tiempo llevan saliendo?

―¿Tienen fecha de boda?

Pero Joon Seo no responde a ninguna de las preguntas. Se limita a posar y, cuando parece que se ha cansado de hacerlo, da las gracias y tira de mí hacia el interior del museo.

―Terminado. Lo has hecho muy bien.

―Todo el mundo creerá que estamos saliendo.

―¿Eso te incomoda?

―Si mañana voy a tener una docena de cámaras en la puerta de mi casa, te aseguro que sí.

―Nadie estará en tu puerta porque tengo a mis hombres vigilándola.

Inspiro con fuerza. Por un momento me había olvidado de que soy testigo vigilado de su verdadero negocio.

―Ven, te presentaré a varias personas. Cuando asciendas tendrás que relacionarte habitualmente con ellas.

Sonrío al escucharlo. Cuando asciendas, no si asciendes.

Lo que quiere decir que estoy haciéndolo bien.

Y eso me alivia. ¿Debería preocuparme trabajar para una organización criminal?

Posiblemente, pero me gusta mi trabajo, me llevo bien con mis compañeros y lo último que quiero es tener que dejarlo.

Pierdo la cuenta de las personas que me está presentando, porque mi atención está puesta en la puerta de entrada. Sé que Tae acudirá, escuché a Joon decírselo al director del museo hace un rato.

Ahí está.

Tan guapo que tengo que tragar, porque empiezo a salivar. El traje de noche le queda increíble, y esa sonrisa...

Una sonrisa que va dedicada a su acompañante. Una mujer preciosa con la que tiene la confianza suficiente como para que ella le bese en la mejilla de repente.

Respira, Sloan.

Esto no significa nada.

―Es Emma, nuestra amiga de la universidad ―explica Joon como si hubiera visto mi malestar―. La recuerdas, ¿verdad?

Le miro agradecida, pero eso no me calma en lo más mínimo. Porque la familiaridad con la que se tratan es demasiada para un par de amigos. ¿Y si tienen algo? ¿Y si...

―Necesito ir al baño.

Joon asiente, aprieta mi mano antes de permitirme soltarme de su brazo y me observa mientras me alejo lo más dignamente que puedo hacia la puerta de la sala en la que estamos.

―¿Sloan?

Me giro hacia la voz y me encuentro de frente con Ethan Blackwell, el hombre con el que hice creer a Tae que lo engañaba. Mierda, mierda, mierda...

―Ethan...

Se acerca a abrazarme, pero evito que me apriete entre sus brazos. Le sonrío, porque él no tiene culpa de nada, pero no dejo de mirar de reojo hacia donde se encuentra Tae.

No me quita el ojo de encima.

Joder.

―¿Cómo has estado? ―pregunta Ethan― Hace años que no te veo.

―Bien, he estado bien.

―¿Estás de visita?

―No, he vuelto a la ciudad. Mi abuela tuvo un accidente y decidí volver para echarle una mano.

―¿Y estás trabajando? Porque si no lo estás, tengo un puesto que puede interesarte.

―Tengo trabajo ―respondo sonriendo―, pero te lo agradezco. ¿Y cómo te ha ido? ¿Te has casado?

―Soy un alma libre, ya lo sabes. Prefiero ir de flor en flor a atarme a una sola mujer. ¿Y tú?

―He estado demasiado ocupada como para pensar en el matrimonio.

Ethan abre la boca para hablar, pero la cierra y dibuja en su rostro una sonrisa socarrona.

―Vaya... Así que el gran hombre también ha venido ―susurra.

―¿El gran hombre? ¿Quién...

―Sloan. ―Es la voz de Tae, tan profunda que me provoca escalofríos―. Tenemos que hablar.

―Eh, claro. ―Me vuelvo hacia Ethan―. Me alegro de haberte visto, Ethan.

―Lo mismo digo. A ver si quedamos para tomar un café... o cenar, lo que prefieras. ¿Sigues conservando el mismo número?

Voy a sacar de mi bolso el móvil para darle mi número nuevo, pero Tae me coge de la mano y me arrastra hasta la salida. En nuestra huida ―porque parece que huimos de algo― veo que Joon está hablando con Emma, y que parece ser tan cercano a ella como Tae, lo que me alivia.

―¡Espera, Tae! ―exclamo― Voy a terminar cayéndome con estos zapatos.

Se agacha, me coge en peso con un solo brazo y sigue caminando al mismo paso. Tengo que agarrarme a su cuello para no caerme, y lo miro con fastidio, aunque por suerte lo ha hecho cuando ya habíamos salido del salón de la subasta.

Sube al piso de arriba, que supuestamente está cerrado al público.

Me encierra en una habitación que parece un despacho y me aplasta contra la pared.

Su boca está sobre la mía antes de que pueda siquiera respirar.

Pero no es deseo lo que siento en este beso...

sino un intento de doblegarme. Está enfadado y quiere que me rinda... y no pienso darle el gusto.

Le aparto con un empujón. Ambos estamos jadeantes, furiosos y desesperados por el otro, todo a la vez.

―¿Se puede saber a qué coño ha venido esto? ―protesto.

―¿Qué cojones estabas haciendo con él, Sloan?

―Ha venido a saludarme. ¿Tengo que ser tan desagradable como tú e ignorarle?

―¡Sí, joder! ―Se pasa la mano por el pelo― Conmigo o con él, Sloan. No puedes tenernos a los dos.

―¿Pero tú te estás oyendo? ¡Solo le estaba saludando, por amor de dios! Además, fuiste tú el que dijo que esto era solo sexo casual, sin responsabilidades. Ahora no me vengas con estas.

Se mueve tan rápido que no soy capaz de verle venir. Me ha inmovilizado contra la pared, metiendo una de sus piernas entre las mías y sujetándome los brazos por encima de la cabeza con una sola mano. Mi corazón late a mil por hora, y no es miedo lo que siento.

―Suéltame ―exijo.

―Jamás.

Pega su boca a la mía con un beso duro, aunque breve.

―Eres mía, joder. ¡Mía! Y si te vuelvo a ver hablando con ese hijo de puta vas a pagar las jodidas consecuencias.

―¿Qué vas a hacerme, Tae? ¿Volver a atarme a tu cama?

―¡No me tientes, maldición! Porque estoy a un paso de...

Se calla, sujeta mi mentón con su mano libre y vuelve a besarme, esta vez hundiendo la lengua en mi boca.

Pero este beso es suave, dulce, y termino gimiendo entre sus labios.

Tae suelta mis manos y rodeo con ellas su cuello, poniéndome de puntillas para que su polla se restriegue contra mis labios a través de la tela del vestido.

Aprovecha la abertura de mi vestido para deslizar la mano por mi muslo y colar un dedo por el borde de mi ropa interior, encontrándome mojada.

―¿Te mojas por él así de rápido, Sloan? Yo creo que no.

―Que te jodan.

Hunde un dedo dentro de mí y gimo ante el latigazo de placer que me recorre cuando estimula mi punto G.

―Apuesto a que él nunca te ha hecho gemir así de fuerte, pequeña ―susurra en mi oído, provocándome escalofríos―. Su polla no es suficiente para ti.

―¿Qué sabrás tú lo que es suficiente para mí?

Lo estoy provocando, sí. Porque sé que cuanto más enfadado esté más increíble será el sexo. Porque no me cabe duda de que no voy a salir de esta habitación sin haber sido follada por él.

―Lo sé muy bien... porque te he follado hasta que has terminado desmayada sobre la cama.

Me da la vuelta, me sube el vestido hasta la cintura y rompe mis bragas de un solo tirón.

Restriega su erección contra mis labios abiertos a través de la tela de su traje, y la fricción me está volviendo loca.

Me muerdo el dorso de la mano para no gemir muy fuerte, porque estoy a punto de llegar al orgasmo.

―Mírate... Poniéndome el pantalón perdido porque ansías mi polla ―se jacta―. ¿No es así, pequeña? Puedes follarte a Ethan cuanto quieras, pero al final siempre vuelves a mí.

Se baja la cremallera del pantalón, libera su polla y se clava en mí con tanta fuerza que termino chocando contra la pared.

―¡Joder, sí!

Gimo intentando sujetarme a algo, a lo que sea, pero solo puedo hundir mis uñas en la pared.

Tae abre la cremallera de mi vestido hasta que cae sobre mis codos, y mete las manos a través de la tela para poder coger mis pechos y pellizcarlos con los dedos.

No puedo más, estoy a punto de correrme, pero no quiero que termine, al menos no tan pronto.

Me retuerzo hasta hacerle salir de mi cuerpo, dejo caer mi vestido al suelo y me siento en el escritorio que veo a mi derecha, abriendo las piernas.

Tae sonríe, se masajea la polla con la mano y se coloca de nuevo en mi entrada, penetrándome tan despacio que duele.

Está tan concentrado en mirar cómo entra en mí que puedo observarlo a mi antojo.

Me fijo en las pequeñas arrugas que se han formado en las comisuras de sus ojos con el paso de los años, que no le restan atractivo, sino más bien al contrario.

En el lunar que tiene debajo del párpado inferior derecho, y esas pequeñas pecas salpicadas sobre su nariz que se han difuminado con el tiempo.

Dios... es hermoso.

Tanto que se me encoje el alma al pensar en perderlo.

Me incorporo para sujetarme a su cuello y pegarlo a mi cuerpo. Hundo la cabeza en su hombro mientras me embiste con fuerza, gimiendo en mi oído, diciéndome cuánto le gusta estar dentro de mí.

Estoy tan perdida en mis sentimientos que los ojos se me llenan de lágrimas, pero las seco con disimulo contra su hombro para que no sepa lo mucho que me afecta, lo mucho que le quiero.

Solo hacen falta unas cuantas embestidas más para que mi cuerpo convulsione, recorrido por el orgasmo.

Tae se detiene un momento, me baja de la mesa y me da la vuelta, apoyándome por completo sobre la madera.

Ahora es su turno.

Me folla fuerte, rápido, profundo. Tan profundo que me produce un leve dolor, pero no es nada comparado con el placer que siento al escucharlo gemir sobre mí.

Está a punto de llegar, puedo sentirlo. Sus dedos se clavan en mis caderas, sus movimientos se vuelven erráticos, y con un jadeo que me llega al alma, se corre dentro de mí, cayendo sin respiración sobre mi espalda.

―Mierda ―gime de repente.

―¿Qué pasa?

―No he usado preservativo.

―Tengo la varilla anticonceptiva. Y estoy limpia.

―Yo también estoy limpio.

Se aparta de mí y me tiende el vestido. Me ayuda a ponérmelo, se abrocha los pantalones y echa su chaqueta sobre mis hombros. Me coge de la mano y entrelaza sus dedos con los míos hasta que llegamos a la planta baja del museo.

―Espera aquí, voy a decirle a Joon que lleve a Emma a casa ―me ordena.

Asiento y le espero en una sala cercana a la fiesta. Desde aquí puedo verle hablar con Joon y Emma, que sonríe, le palmea el hombro y continúa con la conversación que tiene con una mujer, sin mostrar ni un solo atisbo de celos, dolor o pena.

Así que Joon tenía razón... Respiro mucho más tranquila al comprobar que, para Tae, Emma es solo una amiga.