Mi mayor condena (Sombras En Manhattan 1) 16.  Tae Min
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16.  Tae Min

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D ebo estar como una puta cabra.

Estoy jodido de la cabeza, no me cabe ninguna duda.

¿Cómo se me ocurre acostarme en la misma cama que ella cuando me arden las ganas de follármela? El aroma de su colonia ha impregnado las sábanas e inunda mi nariz, drogándome por completo.

Chloé. El perfume que ha llevado siempre.

Aunque sé que este no es el original. Es un dupe. Muy bueno, porque todavía se le nota en la piel después de todo el día en la galería, pero imitación al fin y al cabo.

Y me jode. Me jode que no pueda permitirse el verdadero. Me jode saber que ha tenido que volver a casa de su familia porque la despidieron del trabajo anterior y no tenía manera de quedarse donde estuviera viviendo.

Quiero engañarme creyendo que es porque tengo que verla a diario.

Porque estaría mejor sin ella en la ciudad, con mi vida tranquila y ordenada de antes, follando con quien me diera la gana sin que hubiera sentimientos de por medio.

Pero... ¿a quién quiero engañar? Me jode porque ha pasado por todo eso sola. Sin mí.

Escucho su respiración acompasada y respiro por primera vez desde que me metí en la cama.

Me doy la vuelta para asegurarme que la cadena atada a su muñeca no se le enreda en el cuello, o en el brazo, y termina haciéndose daño, pero ha sido inteligente y ha metido la mano esposada debajo de la almohada, pasando la cadena también por debajo.

Me levanto lentamente y me pongo en cuclillas a su lado para observarla.

Tiene bolsas debajo de los ojos y la nariz hinchada por haber estado llorando.

Sus labios resecos parecen haber recuperado la hidratación, y puedo escuchar que está hipando levemente al respirar, como si estuviera llorando en sueños.

Aparto un mechón de pelo que ha caído sobre su rostro, tocándola realmente por primera vez desde que volvió a mi vida.

Joder, qué guapa es.

Los años le han sentado demasiado bien a la hija de puta.

Aprieto los dientes y vuelvo a mi lado de la cama para intentar dormir, pero es imposible cuando tengo su cuerpo curvilíneo y caliente justo a mi lado.

Si fuera otra persona, si fuera un hijo de puta sin sentimientos como debería ser en mi puesto en la organización, podría arrastrarla debajo de mí y follármela sin su consentimiento.

Pero tengo sentimientos. Tengo tantos que me siento abrumado, traicionado, confundido y, sobre todo, aterrado. Aterrado porque esta mujer sea capaz de volver a meterse bajo mi piel, porque vuelva a traicionarme como hizo hace diez años. Porque ahora...

Joder, ahora no sería capaz de soportarlo.

Sloan suspira y se da la vuelta hacia mí, colocándose en la misma posición fetal pero en sentido contrario. La camiseta se le ha subido hasta justo debajo de los pechos, dejándome ver la redondeada curva y su suave piel sonrosada por el sueño.

Mierda.

Mi respiración se acelera y mi polla hace de las suyas, hinchándose debajo de mis pantalones de deporte.

Sin poder evitarlo, estiro la mano y paso un dedo por la perfecta curva, casi gimiendo cuando la suavidad pone de punta todas mis terminaciones nerviosas.

Quiero más, muchísimo más... pero hacerlo implicaría pasarme de la raya que yo mismo me he marcado: no tocarla.

Porque no deja de ser una civil que estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. Nada más que eso.

Kai me ha mandado un mensaje mientras estaba en la cocina.

El puto técnico que ha arreglado el termostato de la galería ha dañado el cableado del módulo de alimentación del panel biométrico, por eso la puerta de mi despacho se quedó abierta.

Iba tan perdido en mis pensamientos que no me di ni cuenta, así que es culpa mía que ella haya descubierto nuestra organización secreta.

Es por eso que me niego a permitir que nadie le haga daño. O eso quiero hacerme creer a mí mismo, qué más da.

Sloan se estira y la puñetera camiseta se sube un poco más, dejando a la vista uno de sus pezones. Pequeño, rosado y de aureolas grandes. Los recuerdo tan perfectamente como si hubiera sido ayer mismo la última vez que los probé.

Dejo escapar un gemido y aprieto mi polla a través de la tela del pantalón, pero ni por esas se me baja la maldita erección de mil demonios que ha hecho tienda de campaña debajo.

No puedo apartar mis ojos de la fruncida punta, y me queman los dedos por las ganas que tengo de apretarla entre ellos.

Sin pensar, meto la mano dentro del pantalón y aprieto mi rabo con fuerza entre los dedos.

Mis muslos se tensan ante la oleada de placer que me recorre, y antes de darme cuenta me veo moviendo la mano arriba y abajo, aplicando la presión justa que sé que me llevará de cabeza al orgasmo.

Alargo el dedo y lo paso con suavidad sobre el pezón de Sloan, mordiéndome el labio con fuerza para no terminar gimiendo. Quisiera acercarme, metérmelo en la boca y atormentarlo como sé que le gusta hasta arrancar un gemido de esos perfectos labios con forma de corazón.

Definitivamente estoy enfermo.

Mi mano aprieta con más fuerza mi erección, acercándome un poco más al orgasmo. Cierro los ojos para evitar rozarme con ella, porque entonces sí que estaría para que me encierren... y os juro que no estoy muy lejos de hacerlo.

Sin embargo, me imagino desnudándola lentamente ante su atenta mirada de deseo.

Primero me desharía de esa maldita camiseta reveladora, para poder enterrar la cabeza entre sus pechos y lamerlos completamente.

Después, bajaría de golpe sus pantalones y esa mierda que Sky ha llamado bragas para rozar mi polla contra sus labios tersos.

Está depilada, aunque no del todo. He podido verlo cuando se ha bajado la ropa para ir al baño.

Imagino que sus labios están completamente empapados por esos jugos dulces que tantas veces he probado.

Me restregaría contra ella una y otra vez, humedeciendo mi rabo y calentando mi sangre.

Un gemido involuntario escapa de mis labios ante la imagen que se forma en mi cabeza.

Abro los ojos, pero ella permanece completamente dormida, así que no puede ver lo depravado que estoy siendo ahora mismo.

Pero entreabre los labios con un suspiro, y estoy completamente perdido.

Me pongo de espaldas y aparto la manta de mi cuerpo, porque voy a entrar en combustión y necesito aire fresco. Me bajo los pantalones lo justo, y observo cómo se mueve mi mano alrededor de mi erección.

No, mi mano no, sino la de ella.

Es su mano de impecables uñas cortas y bien cuidadas la que está masajeándome la polla.

―Joder... ―susurro sin poder evitarlo.

Continúo masturbándome, imaginando que es ella quien lo hace, y mi cuerpo se tensa completamente cuando ríos de semen caliente caen sobre mi estómago. Maldita sea, ha sido la mejor masturbación de la historia.

Miro a Sloan para asegurarme de que no la he despertado y que no está mirándome con asco.

Me levanto de la cama y voy al cuarto de baño para limpiar el desastre que yo mismo he causado.

Vuelvo a mi vestidor, cojo una camiseta limpia y, tras ponérmela, regreso a la cama.

Me acuesto de espaldas a Sloan, aunque en algún momento entre el baño y el vestidor ella también se ha dado la vuelta.

Mejor así. Porque me avergüenzo de mí mismo por haber sido capaz de hacer lo que he hecho.

Necesito controlarme, joder.

Sloan y yo vamos a pasar un tiempo juntos y necesito tener el control de mí mismo para no terminar haciendo algo de lo que me arrepentiré más adelante.

Porque está fuera de discusión follarme a Sloan a la fuerza.

Si alguna vez lo hiciera, sería con su consentimiento.

Y sé que eso no va a pasar, porque ahora me tiene miedo.

Mi móvil vibra en la mesita de noche y pongo los ojos en blanco al ver que es Joon quien me llama.

Seguramente Na Ri ya le ha ido con el cuento, y me espera una bronca monumental.

Me levanto de la cama y salgo al salón para no despertar a Sloan, porque tengo la sensación de que Joon me va a gritar... y yo a él también.

―Joder, hyung . Son las... ―miro el reloj de la pared― tres de la mañana. ¿No podías esperar a que me levantara?

―Sé la hora que es, pero quería hablar contigo antes de la reunión con el comprador del Monet. ¿Cómo va todo por ahí?

Arqueo una ceja. ¿No sabe nada sobre Sloan? Porque, si lo supiera, te aseguro que no me estaría hablando con tanta tranquilidad. Bien por Na Ri, que no ha ido de chivata.

―Todo controlado, hyung . ¿Puedo irme a dormir ahora?

―Me ha dicho Lee que la puerta de tu despacho ha tenido un problema. ¿Qué ha pasado?

Mierda. Lo sabe. Definitivamente lo sabe.

―Hubo un problema con la humedad de la sala Dalbit. El técnico que lo arregló se cargó el cableado del lector biométrico y se quedó medio abierta. Nada que lamentar.

―¿Y el Monet? ¿Cómo va Woo Sung con eso?

―Ha tenido algunas dudas, pero ya están resueltas. Está más o menos a la mitad, lo tendremos listo mucho antes de la subasta.

―Perfecto, me alegra oír que todo funciona en mi ausencia.

―¿Algo más?

―Que estoy hasta la polla de mi padre, que estoy deseando volver a casa y que, por desgracia, tengo que ir a la maldita boda con una niña rica que detesto desde que era niño ―bufa, haciéndome reír.

―¿La princesa de Koryo Systems?

―Me conoces demasiado bien. Cuando llegué a casa, me encontré con que su padre y ella estaban, convenientemente, de visita. Mi padre me puso entre la espada y la pared, tío. Esto es una mierda.

―¿Qué más te da? Volverás a Nueva York en un par de semanas. Ve con ella a la boda, fóllatela todo lo que puedas y vuelve con las pelotas más livianas.

―Muy gracioso ―protesta―. Va a ser que no. ¿Cómo van las cosas con ella?

Trago saliva de nuevo. Allá va otra vez. No se va a detener hasta que le diga lo que pasa, pero no pienso abrir la boca.

―Sigo ignorándola como hasta ahora. Ella me evita cuanto puede, así que sin problemas.

―Te lo dije. Esto era lo que hacía falta para sacártela de la cabeza.

Miro inconscientemente hacia la habitación. Si él supiera...

―Bueno, capullo... ―digo― No sé tú, pero yo tengo sueño y me quiero ir a la cama. Si no hay nada más...

―Vete a dormir, anda. Te llamaré por la mañana para contarte cómo fue la reunión.

―Sí, bueno... que sea a partir de las diez, hazme el favor. Me debes horas de sueño por haberme despertado.

―Marmota de mierda...

Escucho su risa antes de que termine la llamada y respiro aliviado. No, definitivamente no sabe nada sobre Sloan. Eso quiere decir que tengo dos malditas semanas para pensar en qué demonios hacer con ella.

Porque ni loco voy a permitir que mi primo le ponga una mano encima.