12. Sloan
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A va me lleva a un diner de los de siempre, con sillones de cuero gastado y una máquina de discos que parpadea como si estuviera cansada.
Es el tipo de sitio donde nadie te mira raro si lloras sobre una taza de café.
Nos hemos despedido de las chicas con la excusa de que no me ha sentado bien la cena, pero en el fondo sé que se han dado cuenta de que algo raro ha pasado en el pub.
Ava pide dos americanos y se sienta frente a mí, mirándome preocupada. Esperamos a que la camarera traiga nuestras bebidas y rodeo el vaso con las manos, como si quisiera calentármelas con él. Una tontería, dado que el café está helado.
―¿Vas a decirme por qué has reaccionado así al ver al director Han con una mujer? ―pregunta al fin― Sé que fue tu primer amor, pero hace años que rompisteis. No debería afectarte así.
―Es... complicado.
―Siempre me dices que es complicado, pero si no me lo cuentas no podré ayudarte.
―Yo tuve la culpa de que rompiéramos, Ava. Y jamás he dejado de amarlo.
Alarga la mano sobre la mesa y aprieta la mía, intentando darme ánimos. Me mira con una mezcla de comprensión y esa preocupación silenciosa que solo muestran las amigas de verdad.
―¿Qué pasó?
―Tae siempre fue el novio perfecto. Atento, dulce, cariñoso y fiel. Yo sabía que me amaba... Dios, me amaba tanto que pensó en dejar a su familia para quedarse en Nueva York conmigo.
―Pero aquí está... con su familia.
―Por aquel entonces era solo un estudiante de intercambio que debía volver a Busan, Ava. No sé por qué su familia está aquí.
―A ver, vamos por partes... Te amaba. ¿Y qué pasó?
―Empezó a hablar de una vida juntos. Montaríamos una pequeña galería para los dos, tendríamos tres hijos y seríamos felices por siempre. Y yo me sumergí tanto en aquel sueño que no me di cuenta de la realidad.
Doy un sorbo a mi bebida para tragarme el nudo que se me ha formado en la garganta al recordar el pasado.
―Un día recibí una llamada de su madre ―continúo―. Me citó en un local exclusivo del Upper East Side para que charláramos. Pasé más de dos horas delante del espejo eligiendo mi outfit, quería estar perfecta para conocer a mi suegra. Pero nada salió como había pensado.
―No le agradaste ―adivina.
―Te quedas corta ―respondo riendo con amargura―. Ella planeaba casar a Tae con una coreana, la hija de un gigante de la tecnología o algo por el estilo. Me ofreció un sobre de dinero para que me alejara de Tae. Mucho dinero, Ava. Más del que podré ganar durante el resto de mi vida.
―Dime que no lo aceptaste...
―Claro que no lo acepté. Al principio le dije que no pensaba dejar a Tae, que estábamos enamorados y que pensábamos casarnos. Pero amenazó con hacer daño a mi abuela. Esa mujer tenía el poder suficiente para dejarnos en la ruina y tuve que aceptar alejarme de él para protegerla.
Rompo a llorar de nuevo, porque siento que mi corazón se resquebraja otra vez al darle voz a todo el sufrimiento que llevo dentro. Ava estira el brazo para tomar mi mano y la aprieta con fuerza, animándome a continuar.
―Le hice creer que le engañaba con otro ―susurro―.
Sabía que una infidelidad sería lo único que lo alejaría de mí.
Utilicé a un amigo para hacerle creer que estaba besándolo.
Ni siquiera le dije a Ethan lo que tenía en mente hacer, pero por suerte solo me siguió la corriente.
El dolor que vi en sus ojos, Ava... ese dolor me perseguirá por el resto de mi vida.
―Sloan...
―Le dije cosas horribles. Cosas que no pensaba y que hicieron trizas mi corazón al pronunciarlas. Me sentía tan despreciable que me daba asco a mí misma, pero continué con la farsa para alejarle de mí. Tuve que morderme la mejilla por dentro para no romper en llanto y confesarle la verdad.
―¿Pero por qué no se lo contaste? ¿Por qué no le dijiste lo que hizo su madre?
―Tae perdió a su padre siendo niño. Ella era lo único que le quedaba... ¿Cómo iba a hacerle aquello? Si le hubiera contado la verdad, habría roto lazos con ella y con el tiempo me lo habría echado en cara. Además... somos de clases sociales diferentes. Su madre en eso tenía razón.
―Esa es la mayor estupidez que he escuchado en mi vida, Sloan. No estamos en la Edad Media, en donde un conde no podía casarse con una costurera.
Su comparación me hace reír entre lágrimas.
―Lees demasiado romance histórico, en serio ―protesto.
―Lo que intento decir es que la diferencia de poder adquisitivo no es motivo de ruptura hoy en día. Él es rico, estamos de acuerdo, pero ¿qué más da? Lo importante es el amor, Sloan, no el dinero que llevas en el bolso.
―En aquel entonces era demasiado joven y estúpida ―reconozco―. Después de aquello, recogí mis cosas y me mudé a Cleveland. Empecé de cero, y te aseguro que fue muy difícil. Demasiado. No tenía a nadie, vivía para estudiar y trabajar a la vez, y nunca consideré aquella ciudad mi hogar.
―¿Por eso has vuelto?
―Lo he hecho porque mi abuela tuvo un accidente doméstico y estaba en el hospital. Acababa de perder mi empleo y no tenía nada que me atara a aquel lugar, así que pensé que sería bueno volver a casa para echarle una mano.
―Hiciste bien ―insiste, apretándome de nuevo la mano―. Porque ahora sabes que Tae está aquí, que está soltero, y tienes una oportunidad de recuperarlo.
―Me odia ―le recuerdo―. Me odia tanto que no quería que trabajara en la galería. Si no llega a ser por el presidente Han, yo no estaría ahora mismo aquí.
―Dicen que del amor al odio hay un paso.
―Te recuerdo que él ya dio ese paso... en sentido contrario.
―Ha salido detrás de ti ―susurra.
―¿Cómo dices?
―Cuando has salido a correr, ha ido tras de ti. Iba a acercarse cuando estabas llorando en el callejón, yo se lo impedí. Supuse que él era la causa de tus lágrimas y... ―Se muerde el labio―. Tal vez he metido la pata, ¿no?
―No lo has hecho ―me apresuro a calmarla―. Seguramente su intención era burlarse o algo peor.
―Eso es imposible, Sloan. Su expresión no era de burla, sino de preocupación.
―Habrás visto mal.
―Le sigues amando, ¿no?
―Tanto que me falta el aire cuando lo tengo delante ―asiento.
―Pues entonces no te rindas. Intenta volver a acercarte a él, y cuando ese odio que dices que siente se diluya, discúlpate por lo que hiciste. Ya que no quieres decirle la verdad, dile que eras joven y estúpida.
―Tae jamás perdonará una traición, Ava. Es un hombre con unos principios muy claros y siempre me dijo que lo único que era incapaz de perdonar era una traición.
―Te lo dijo con veinte años, Sloan. La gente cambia.
―Han pasado diez años y parece como si jamás hubiera sentido nada por mí.
―Pues vuelve a conquistarlo. Haz que vuelva a enamorarse de ti.
―¿Y qué hacemos con su madre? Te recuerdo que sigue estando en la ecuación.
―Bueno, es obvio que el matrimonio que tenía acordado para él no se llevó a cabo. Seguramente el director Han se negó a casarse con aquella chica, y si lo hizo con veinte años puede hacerlo perfectamente ahora.
―¿Y si le hace daño a mi abuela?
―El único daño que puede hacerte es despedirte de la galería, pero dudo mucho que pueda hacerlo cuando cuentas con el apoyo del presidente Han y de Na Ri.
―En aquel entonces amenazó con quitarle la casa y el taller a mi abuela. ¿Y si cuenta con ese poder?
―Dudo mucho que esa mujer controle el mundo inmobiliario del estado, Sloan. Si la casa es alquilada y tiene el poder de echaros, podéis buscar otro lugar.
―Supongo que en aquel entonces era demasiado tonta como para pensar en ello ―protesto al darme cuenta de lo simple que habría sido solucionarlo hace diez años.
―Eras apenas una niña a la que estaban amedrentando. Pero ahora eres una mujer adulta, y una anciana no va a poder contigo.
―No es una anciana ―rio―. Es una mujer madura y, la verdad, bastante guapa.
―De nada sirve toda su belleza cuando tiene el corazón podrido.
―Gracias por escucharme, de verdad. Me siento mucho mejor ahora que lo he hablado con alguien.
―¿No se lo contaste a nadie? ―Niego―. ¿Nunca?
―Tenía miedo de contárselo a mis amigas de entonces y que ellas se lo confesaran a Tae Min ―explico―. Por eso ni siquiera me despedí de ellas. No sé qué será de sus vidas, si se casaron o no... Dios, hice las cosas fatal, ¿no?
―De la peor manera. Pero ahora me tienes a mí para decirte cuándo estás comportándote como una tonta.
―¿La mayor parte del tiempo? ―bromeo.
―Solo cuando el director Han está cerca.
―¿De verdad crees que tengo oportunidad de recuperarle, Ava?
―Por la forma en la que te miraba cuando estabas sola en el callejón, yo diría que tienes al menos una.
―No es mucho, la verdad.
―Roma no se construyó en un día, querida.
Me quedo mirándola con la esperanza bailando en el corazón.
¿Y si tiene razón? ¿Y si todo el odio y el rencor que Tae vuelca sobre mí se debe a que todavía existen sentimientos entre nosotros?
¿Debería arriesgarme a intentarlo? Hacerlo significaría aguantar que descargue su rabia sobre mí, pero...
¿Valdría realmente la pena el intento? Si con ello consigo que vuelva a amarme soportaré lo que sea.
Porque por primera vez en diez años... siento que hay esperanza.