Mi mayor condena (Sombras En Manhattan 1) 7.  Tae Min
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7.  Tae Min

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E n cuanto entro en mi despacho, cierro la puerta de un portazo y me deshago rápidamente el nudo de la corbata. Joder, no puedo respirar. Ver a Sloan ha sido tan impactante que...

Me sirvo un vaso de whisky y me dejo caer en mi sillón, cerrando los ojos. ¿Por qué coño está aquí? Y justo ahora, maldita sea...

Han pasado diez malditos años... y parece que fue ayer. Por aquel entonces era estúpido, demasiado estúpido... y ella supo aprovecharlo bien.

Conocí a Sloan Calloway una tarde de lluvia, cuando Joon Seo y yo acabábamos de mudarnos a Nueva York.

Ella no tenía paraguas, yo sí... y soy coreano, así que me acerqué a ella y se lo entregué.

Así, sin más. Ni siquiera me presenté, coloqué sobre su cabeza el dichoso paraguas, tomé su mano para que rodeara el mango y me marché.

Lo que nunca esperé es que al día siguiente me buscara en la cancha de baloncesto para devolvérmelo y darme las gracias.

Tampoco me esperé que bajo la luz del sol me pareciera más hermosa, más brillante...

yo qué sé. Pero el caso es que desde aquel día no pude volver a apartar mis malditos ojos de ella.

Inconscientemente la seguía con la mirada cuando estaba entrenando con las animadoras, o cuando estudiaba en la biblioteca de la universidad.

De vez en cuando pasaba por su lado y dejaba sin más una bebida junto a ella, pero irónicamente jamás se percataba de ello hasta que me había camuflado con el resto de estudiantes.

Descubrí que era una estudiante modelo. Teníamos varias asignaturas en común, aunque yo estaba dos cursos por delante de ella.

Me fijé en que solía pasar mucho tiempo estudiando, ya fuera en las gradas durante los días en los que hacía buen tiempo o en su rincón preferido, un banco de la parte trasera de la universidad que estaba en la sombra todo el día por los árboles que tenía a su alrededor.

Quería acercarme, hablar con ella, pero siempre que intentaba hacerlo Joon Seo me necesitaba para poner en marcha nuestra organización.

Por aquel entonces estábamos empezando. Éramos dos novatos en el mundo de la Kangpae, dos herederos de segunda que jamás habríamos llegado a donde lo hemos hecho de habernos quedado en Busan.

Joon Seo sería el bujan de su hermano mayor, Do Hyun, con el tiempo, pero yo solo formaría parte de la gawun o, con suerte, me convertiría en gajang.

Pero mi primo le echó un par de huevos, desafió a su padre y terminamos montando nuestra propia facción internacional.

Y joder, lo hicimos de puta madre. En diez años no solo hemos formado una mafia consolidada y firme, sino que hemos sido capaces de desbancar a la ‘Ndrangheta como mayor potencia de la ciudad.

Y ni siquiera hizo falta una guerra... solo fue necesario una pandemia y un cerebro mejor que el de Vitto Ferretti. Nada más.

Pero en aquel entonces nos manteníamos a duras penas.

No teníamos contactos, nadie nos veía como lo que realmente éramos y ninguno de nosotros tenía formación suficiente para llevar adelante el negocio como correspondía.

Así que mis oportunidades de hablar con Sloan terminaron por ser mínimas... o nulas.

Hasta un año después. El profesor Feldman, mi tutor de Fundamentos de Teoría del Arte, me llamó a su despacho para pedirme que le diera clase a una de sus alumnas.

―Es brillante ―me dijo―, pero la teoría se le atraviesa. Es una estudiante becada, y si suspende la asignatura...

―Perderá la beca ―adiviné.

―Sé que tienes mucho con lo que lidiar, pero...

―Lo haré ―dije sin dudar―. Cuente conmigo.

¿Lo hice por el profesor Feldman o el dinero? Ni de puta coña.

Lo hice porque para entonces estaba tan jodidamente obsesionado con ella que aproveché la oportunidad que el destino me puso por delante.

El destino... o el putísimo Satanás, que la utilizó para hacerme pagar por mis pecados.

Porque se convirtió en lo mejor que me había pasado en la vida... y también en lo peor.

Las clases empezaron siendo impersonales.

Íbamos a alguna sala de la universidad, veía su temario, lo que más se le atragantaba en los exámenes, e intentaba explicárselo de una forma divertida que le sirviera para recordarlo más tarde.

A veces sustituía la letra de alguna canción que a ella le gustara por el temario, o simplemente inventaba algo divertido que pudiera recordar.

Pero poco a poco empezamos a quedarnos después hablando de nosotros, cambiamos la sala de estudio por una cafetería o algún lugar bonito, y antes de darme cuenta estaba total e irremediablemente enamorado de ella.

Estuvimos saliendo juntos alrededor de un año.

Fue mi puto año, joder. El mejor de mi vida.

Sloan era todo mi mundo y yo... creía que también era todo el suyo.

Planeábamos irnos a vivir juntos, montar una galería de arte, incluso tener varios niños.

Pero mi secreto se interponía entre nosotros.

Así que después de mucho pensarlo, le dije a Joon Seo que estaba pensando en dejarlo.

Si hubiera sido mi tío... mejor ni pensarlo.

Pero mi primo lo entendió y se comprometió a ayudarme en todo lo que estuviera en su mano.

“Yo pagaré la maldita boda como regalo de despedida, y te aseguro que será la boda del siglo” me dijo.

Pero nunca imaginé que mi castillo de naipes se derrumbaría tan solo cuatro días después, haciéndome ver lo imbécil que había sido.

Ethan Blackwell... mi putísimo grano en el culo.

Sloan y él eran buenos. De hecho, se conocían antes de que yo entrase en la ecuación, y habíamos tenido algunas discusiones precisamente por eso.

Habíamos tenido algunas discusiones precisamente por eso.

El hijo de puta estaba enamorado de Sloan, y ella no se daba ni cuenta.

Así que cuando le reclamaba por no pasar tiempo con él, ella terminaba anulando los planes que tenía conmigo para contentarlo.

Y a mí eso me hervía la sangre como el mismísimo infierno.

Sloan llevaba varios días muy rara. Se alejaba cuando yo intentaba tener sexo, estaba apática y deprimida y siempre que nos encontrábamos me daba cuenta de que había estado llorando. Le pregunté qué ocurría más de mil veces, pero ella siempre dijo que eran imaginaciones mías.

Los cojones.

6 de marzo de 2015 a las 3:45 de la tarde.

No se me va a olvidar en la vida. Ella llevaba todo el día sin cogerme el teléfono, y me volví loco buscándola por todo el campus. No estaba en su residencia, ni tampoco en clase. Tampoco estaba en su lugar favorito... así que probé suerte y la busqué en la cancha.

Bingo.

Estaba allí... con la lengua de Ethan metida hasta la garganta.

Las manos de ese bastardo sobaban su culo como si fuera su dueño, y joder, si en ese momento hubiera tenido a mano mi arma le habría pegado un puto tiro.

Entre ceja y ceja. Pero tuve que conformarme con darle un puñetazo.

Y otro... y otro más. De repente lo vi todo rojo, y ni siquiera escuchaba los gritos desesperados de Sloan.

Cuando Joon Seo y Daniel me apartaron de él, su rostro era una amalgama sanguinolenta de piel y huesos.

―¿Te has vuelto loco? ―gritó Sloan― ¿Por qué lo has hecho?

La miré como si la estuviera viendo por primera vez. ¿En serio lo preguntaba?

―¡Te estaba besando, joder!

―¡Yo quería que lo hiciera!

Escuché cómo mi corazón se paraba, lo juro. Sentí cómo los pedazos se desprendían poco a poco y un vacío insoportable ocupaba su lugar.

―Llevas días diciéndome que estoy rara, y tienes razón ―continuó―. Estoy cansada de nuestra relación tóxica. No puedo estar las veinticuatro horas del día pegada a ti como pegamento, Tae. Se acabó.

―¡¿Y no podías haberme dejado antes de que este hijo de puta te la metiera?! ―grité― ¿Cuánto tiempo lleva pasando, Sloan? ¡¿Cuánto?!

―Eso no importa.

―¡Desde luego que importa, joder! ¡Me has estado haciendo quedar como un gilipollas y exijo saber desde cuándo!

―Desde que me fui con mis amigos a pasar el fin de semana en la playa.

Tres meses.

Llevaba engañándome tres putos meses y yo no me había dado ni cuenta. El amor es una puta mierda, joder.

Joon Seo hizo bien en arrastrarme lejos de allí.

Me llevó a casa y, por primera y única vez en toda mi vida, lloré.

Lo hice hasta que no me quedaron lágrimas, abrazado a mi primo como un niño, y después de eso enfermé.

Pasé varios días en cama, con cuarenta de fiebre.

Supongo que es la respuesta de tu cuerpo cuando se queda sin corazón.

Sloan desapareció de la faz de la tierra.

No volví a verla jamás después de aquello.

Envié a mis hombres a investigarlo y descubrieron que había abandonado el estado.

Me costó mucho recomponerme, volver a ser el mismo ―tanto como fue posible, porque aquello me marcó para siempre―.

Y ahora... Joder, es como si no hubiera pasado ni un puto día desde aquello.

Na Ri entra en mi despacho y cierra dando un portazo.

―Pequeña, no estoy de humor ―advierto.

―¿No me digas? Pues mala suerte, porque me vas a escuchar. ¿Se puede saber por qué demonios has despedido a Sloan?

―Porque no encaja en el perfil.

―Que no encaja en el... ¡Si ni siquiera has leído su currículum!

―No encaja y punto.

―¡Es perfecta para el puesto, oppa ! Sus notas en la carrera son muy buenas, y aunque no haya ejercido...

―Ahí lo tienes... no ha ejercido. Sigue buscando, Na Ri.

―¡No tengo tiempo! La exposición es dentro de una semana y...

―¡Yo mismo te ayudaré, joder! ―exploto, sorprendiéndola.

― Oppa ...

Me siento mal por haberle gritado. Es la pequeña de la familia y nunca, jamás, le había levantado la voz. Pero está poniendo a prueba mi paciencia, y si continúa insistiendo, yo...

Joon Seo entra en el despacho, seguramente al escuchar mis gritos. Estupendo... lo que me faltaba.

―¿Se puede saber qué coño está pasando aquí?

―He contratado a una ayudante y Tae la ha despedido antes de que firme el contrato ―se queja Na Ri, cruzándose de brazos.

Joon Seo levanta una ceja, pero desvío la mirada.

―Tengo mis motivos ―es todo lo que voy a decir.

― Oppa , es perfecta para el puesto ―le explica Na Ri―. No ha ejercido, es cierto, pero tiene unas notas muy buenas en la universidad y muchas ganas de aprender. La necesito como respirar, lo juro. ¡Y Tae no me dice por qué no puedo contratarla!

―Déjanos solos, princesa ―ordena Joon con suavidad.

―¡Pero oppa ...

Na Ri se calla con tan solo una mirada de Joon Seo, que se sienta sobre el escritorio, a mi lado, cuando mi prima sale del despacho y cierra la puerta.

―¿Qué pasa realmente? ―pregunta.

―Es ella.

―¿Es quién, Tae?

―Sloan.

Joon Seo deja escapar una maldición y se pasa las manos por la cara. Perfecto, ahora tendré su apoyo.

―Es una auténtica putada, lo admito ―responde―. Pero Na Ri tiene razón. Falta muy poco para la exposición, necesita ayuda con urgencia y yo te necesito en la organización. No hay tiempo para buscar a otra ayudante.

― Hyung ...

―Sé mejor que nadie el daño que esa mujer te hizo, pero esto puede servir para sacarte esa espina que aún tienes clavada.

―¿Espina? ¡Me rompió el puto corazón!

―Razón de más para contratarla. Ya es hora de que lo superes. Han pasado diez años y desde entonces no has salido con nadie.

―¿Tengo que recordarte a la mujer que has sacado esta mañana de mi casa?

―Eso es follar, no tener una relación.

―No me hagas esto, Joon. Por favor... no lo hagas.

―Vas a odiarme, sé que vas a hacerlo, pero con el tiempo terminarás por entender que tengo razón. ―Se levanta y se dirige hacia la puerta―. Sloan se queda, es mi última palabra.

Estampo el vaso de whisky contra la pared con toda la furia que siento. Grito hasta que me duelen los putos pulmones, y barro con el brazo todo lo que tengo en el escritorio. Necesito romper algo, lo que sea, para que esta angustia que siento me deje pensar con algo de claridad.

Tener que lidiar con Sloan va a ser un infierno... y lo peor es que no puedo escapar.