CAPÍTULO 21 - La fotografía antigua
La fotografía estaba dentro de una funda transparente en casa de mis padres.
Mi padre no quería enseñármela.
Por eso supe que debía verla.
—No sirve para nada —dijo.
—Perfecto. Entonces no te importará.
Mi madre se marchó de la habitación.
Fernando no estaba.
Nos quedamos solos.
La imagen era antigua.
Un restaurante.
Seis personas.
Reconocí a mi padre.
A Sergio.
A Álvaro.
A Marcos.
La fecha estaba escrita detrás.
Tres años antes de que yo conociera a Sergio.
—¿Por qué estabas con ellos?
Mi padre se quitó las gafas.
—Asesoraba a la empresa.
—No eras asesor.
—Era responsable financiero externo. Durante un tiempo.
—¿Y nunca me lo contaste?
—No tenía ninguna relación contigo.
—Hasta que Sergio apareció.
Mi padre cerró los ojos.
—Sí.
Amplié la fotografía con el teléfono.
En una esquina había otra cara.
Una mujer.
No Elena.
Mi madre.
Me quedé inmóvil.
—Mamá estaba allí.
—Sí.
—¿También trabajaba con Nexum?
—No.
—¿Entonces?
—Fue conmigo.
Aquello me alivió más de lo que debería.
Al menos una persona no tenía un pasado secreto en una empresa de memoria.
—¿Sergio sabía que tenías una hija?
Mi padre no respondió.
—Papá.
—Sí.
—¿Había visto fotos mías?
—Sí.
El estómago se me cerró.
—¿Cuántas?
—No lo sé.
—¿Le hablaste de mí?
—A veces.
—¿Por qué?
—Porque la gente habla de sus hijos, Clara.
—No me conviertas esto en normal.
Golpeé la fotografía con un dedo.
—Años después ese hombre aparece en mi vida como si fuera casualidad.
Mi padre bajó la vista.
—Yo tampoco supe que te había buscado hasta mucho después.
—¿Cuándo?
—Después de vuestra boda.
—¿Y qué hiciste?
—Le pedí que se alejara.
—¿A mi marido?
—Sí.
—¿Y a mí no me dijiste nada?
—Intenté hacerlo.
Recordé discusiones.
Mi padre diciendo que Sergio no le gustaba.
Yo acusándolo de no soportar a nadie.
Sergio esperando en el coche.
Una memoria antigua que ahora cambiaba de significado.
—Nunca me dijiste por qué.
—Porque para explicártelo tenía que contarte Nexum. Marcos. Salas. Todo.
—Entonces elegiste mentirme.
—Elegí creer que Sergio se había enamorado de ti y que lo anterior ya no importaba.
—¿Se enamoró?
Mi padre me miró.
—Sí.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque un hombre que solo quiere información no construye una vida contigo durante años.
La respuesta me dolió.
Quería odiar a Sergio.
Era más fácil.
—¿Por qué me buscó exactamente?
—Quería saber si yo conservaba una copia del archivo de Marcos.
—¿La conservabas?
Mi padre tardó.
—No.
—Eso ha sonado mal.
—Porque pensé que sí.
—¿Dónde?
—Marcos me había enviado un sobre la noche del accidente.
—¿Y?
—Nunca llegó.
—Sergio creía que sí.
—Sí.
Me senté.
Toda nuestra historia podía haber empezado por un sobre que mi padre ni siquiera recibió.
—¿Sergio me utilizó?
—Al principio, sí.
La sinceridad me hizo cerrar los ojos.
—¿Y después?
—Eso tienes que preguntárselo a él.
Otra vez.
La frase que todos reservaban para el golpe final.
Guardé una copia de la foto.
Cuando iba a salir, mi padre dijo:
—Clara.
Me volví.
—Hay algo que no sabes.
—Sorpréndeme.
—Cuando descubriste todo esto la primera vez no dejaste a Sergio inmediatamente.
—¿Por qué?
—Porque él te contó la verdad.
—¿Toda?
Mi padre sonrió sin humor.
—En esta familia deberíamos prohibir esa palabra.
—¿Y lo perdoné?
—No.
—Pero me quedé.
—Un tiempo.
—¿Por qué?
Mi padre tardó.
—Porque descubrir que el comienzo fue una mentira no consiguió borrar lo que había pasado después.
Miré la fotografía.
Tres años antes.
Sergio todavía no me conocía.
Pero ya sabía mi nombre.
Y yo empezaba a comprender que el misterio de mi matrimonio no estaba en decidir si había sido verdadero.
Estaba en aceptar que algo podía empezar por el peor motivo y convertirse, aun así, en una parte real de tu vida.