Mi marido no es mi marido CAPÍTULO 15 - La nota
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CAPÍTULO 15 - La nota

No volví a casa directamente.

Me senté en el coche y escuché los archivos de Elena.

No todos.

Los suficientes.

Nexum había empezado como una empresa tecnológica.

Sergio, Álvaro y Marcos desarrollaban sistemas para clínicas privadas. Una de ellas pertenecía a Víctor Salas.

Al principio eran historias clínicas.

Después bases de datos de pacientes.

Luego un proyecto específico sobre trauma.

RECONSOLIDACIÓN.

Elena pronunciaba la palabra con desprecio.

—Le llaman así porque “alterar lo que una persona puede recordar” suena peor en una presentación.

Según ella, Marcos descubrió que algunos pacientes estaban recibiendo procedimientos sin que el consentimiento describiera correctamente los riesgos.

Quiso copiar los datos.

Murió antes.

Accidente.

Caída por una escalera durante una discusión.

Sergio y Álvaro estaban allí.

Mi padre llegó después.

Salas consiguió que todo pareciera una desgracia sin relación con el proyecto.

No había un asesinato limpio.

Había algo más realista.

Personas asustadas tomando decisiones horribles una detrás de otra.

En el último archivo Elena decía:

—Clara, tú no empezaste a investigar porque quisieras vengar a Marcos. Empezaste porque descubriste que Salas te había tratado con un protocolo derivado de aquello. Cuando comprendiste que tus lagunas no eran solo consecuencia del trauma, me buscaste.

El audio terminaba.

No explicaba cómo había llegado yo hasta Salas.

Ni por qué había aceptado.

Ni qué había ocurrido con Elena.

Eso estaba en otro sitio.

En el fondo de la caja encontré un sobre.

La nota era mía.

Sergio está vivo.

Álvaro lo sabe.

Salas sabe que tú lo sabes.

Hasta ahí nada nuevo.

Después:

No busques a Sergio hasta saber por qué se acercó a ti.

Sentí un golpe en el pecho.

Leí otra vez.

Se acercó a ti.

No "te conoció".

No "se enamoró".

Se acercó.

Debajo:

Papá sabe la respuesta.

Llamé a mi padre.

No contestó.

Otra vez.

Nada.

Escribí:

Voy para allá.

Respondió inmediatamente.

No vengas.

Eso confirmó que estaba mirando el teléfono.

Volví a llamar.

Contestó.

—Clara.

—¿Conocías a Sergio antes que yo?

Silencio.

—¿De dónde has sacado eso?

—Sí o no.

—No es una conversación para...

—No vuelvas a decirme dónde puedo tener mis conversaciones.

Mi padre respiró.

—Sí.

No sentí sorpresa.

Solo cansancio.

—¿Cuánto antes?

—Años.

—¿Por Nexum?

Silencio.

—¿Por Marcos?

—Clara.

—¿Sergio sabía quién era yo antes de que nos presentaran?

Mi padre no respondió.

Y aquella ausencia tuvo el peso exacto de un sí.

—Dímelo.

—Sí.

Cerré los ojos.

La primera vez.

Marta.

Un bar.

Sergio bromeando porque no conseguía pedir una cerveza.

Mi recuerdo favorito.

Una casualidad.

—¿Me buscó?

—No sé qué palabra usar.

—Prueba con la verdad.

Mi padre tardó.

—Quería llegar hasta mí.

La frase no me dolió de inmediato.

Tardó.

—Y usó a tu hija.

—Al principio sí.

Tuve que bajar la ventanilla.

Me faltaba aire.

—¿Y tú no me dijiste nada?

—Cuando comprendí que estabais juntos ya te habías enamorado.

—Eso no responde.

—Intenté apartarlo.

—Sin contarme por qué.

—Sí.

—Como todos.

Colgué.

El número oculto escribió.

¿Ya lo sabes?

No contesté.

Otro mensaje.

Que el principio fue una mentira no significa que todo lo demás lo fuera.

Me enfadé.

Escribí:

No me expliques mi matrimonio.

La respuesta tardó.

Tienes razón.

Eso me hizo más daño que una discusión.

Guardé el teléfono.

La última hoja del sobre tenía una instrucción.

A partir de aquí deja de preguntar.

Finge.

Leí.

Si Álvaro cree que estás recordando despacio, cometerá errores.

Si Salas cree que no recuerdas, se acercará.

Si Sergio cree que todavía lo necesitas como marido, intentará hablar contigo.

La mujer que había escrito aquello conocía a los tres.

Y conocía algo más.

A mí.

Al final había una frase:

Tu ventaja es que todos creen saber qué Clara va a despertar.

No se la des.

Arranqué el coche.

Por primera vez desde el hospital, no iba a buscar una respuesta.

Iba a esperar a que alguien me la regalara.