CAPÍTULO 9 - Mi otra vida
La llamada duró once segundos.
Nadie dijo una palabra.
Cuando intenté devolverla, el número ya no estaba disponible.
A la mañana siguiente fingí que había dormido.
Álvaro fingió creerme.
Empezaba a descubrir que nuestro matrimonio, al menos aquel que yo podía ver, estaba lleno de cortesías extrañas.
Él preparaba café.
Yo no preguntaba por qué sabía exactamente cuánta leche echar.
Yo dejaba el teléfono boca abajo.
Él no preguntaba por qué.
—Voy a salir.
—¿Con quién?
Lo miré.
—Has tardado poco en volver a ser mi marido.
Aceptó el golpe.
—No era mi intención.
—Con Marta.
No era verdad.
Iba a la dirección que aparecía en el historial del teléfono viejo.
Instituto Salas.
El edificio no tenía nada amenazador.
Cristal.
Plantas.
Una recepcionista que sonreía demasiado.
Pedí mis informes.
La sonrisa desapareció.
—Necesitamos una solicitud por escrito.
—Soy la paciente.
—Lo sé.
—Entonces deme mis informes.
La mujer miró hacia una puerta.
Apareció un hombre de unos sesenta años.
Delgado. Pelo blanco. Gafas sin montura.
Me reconoció.
No hubo duda.
—Clara.
Su voz me produjo una presión detrás de los ojos.
—Víctor Salas.
No era una pregunta.
—Sí.
—¿Me trató usted?
—Sí.
—¿Cuántas veces?
—¿Podemos hablar en mi despacho?
—Aquí está bien.
La recepcionista miró hacia otro lado.
Salas bajó la voz.
—Tuviste un accidente. No deberías estar sola.
—Curioso. Todo el mundo sabe más de mis altas médicas que yo.
No sonrió.
—¿Qué recuerdas?
La pregunta me molestó.
—Eso no le importa.
—Me importa profesionalmente.
—Ya no es mi médico.
Algo cruzó su cara.
Alivio.
Aquello me puso alerta.
—Quiero mis informes.
—Te los daremos.
—Hoy.
—Hay documentación que no está aquí.
—¿Dónde?
—Archivada.
—¿En Nexum?
No sabía por qué dije la palabra.
La había visto en una de las hojas de Fernando, casi tapada por una marca.
Salas se quedó inmóvil.
Solo medio segundo.
Fue suficiente.
—¿Qué has dicho?
—Nexum.
—¿Quién te ha hablado de eso?
No respondí.
Salas se acercó.
—Clara, si estás teniendo recuerdos espontáneos...
—No he dicho que lo recuerde.
—Entonces ¿de dónde ha salido?
La presión en mi cabeza aumentó.
Una habitación blanca.
Una luz.
Una voz.
Respira.
Nada más.
—¿Qué me hizo?
Salas bajó la mirada.
—Te traté por trauma complejo y episodios disociativos.
—Fernando dice que trabajaba con reconsolidación de memoria.
—Fernando no es tu psiquiatra.
—Es mi hermano.
—Precisamente.
—¿Intentó borrarme recuerdos?
Salas negó.
—Eso no existe.
—¿Intentó hacer más difícil que recordara ciertas cosas?
No contestó inmediatamente.
—Intentamos reducir la respuesta emocional asociada a recuerdos traumáticos.
—¿Funcionó?
—Durante un tiempo.
—¿Y después?
—Tu caso se complicó.
—¿Porque olvidé más de lo que debía?
—Porque ya tenías problemas de memoria antes del procedimiento.
Aquello me detuvo.
—¿Antes?
—Sí.
—¿Por qué?
—Estrés. Falta de sueño. Medicación. Trauma.
—¿Qué trauma?
Salas me sostuvo la mirada.
—La muerte de Sergio.
Mentía.
No sabía cómo lo sabía.
—Yo empecé el tratamiento antes de su muerte oficial.
Su cara cambió.
Muy poco.
Había acertado.
—Quiero mis informes.
—Clara...
—Y quiero saber quién era Elena Robles.
Salas dejó de respirar.
La recepcionista levantó la vista.
—¿Quién te ha hablado de Elena?
—Todo el mundo hace esa pregunta.
—Elena estaba enferma.
—¿Era paciente suya?
—No puedo hablar de otros pacientes.
—Entonces sí.
Se giró.
—Te llamaremos cuando esté preparada la documentación.
—No.
Me interpuse.
—Yo conocía a Elena.
Salas bajó la voz.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque buscabais lo mismo.
—¿Qué?
Su expresión cambió.
Por primera vez vi miedo.
—Una explicación que ninguna de las dos estaba preparada para encontrar.
Salí antes de que pudiera añadir nada.
En el coche abrí el teléfono antiguo.
Busqué el contacto E.
Había archivos adjuntos.
Fotografías.
La primera era una captura de un informe.
PROYECTO NEXUM.
La segunda mostraba a tres hombres mucho más jóvenes.
Reconocí a Álvaro.
Reconocí a Sergio.
El tercero tenía el nombre escrito debajo.
MARCOS VIDAL.
La última fotografía era de una mujer.
Elena.
En el reverso digital había una nota:
Viuda de Marcos. No confiar en Salas. Ella recuerda la noche.
Yo había escrito aquello.
Mi otra vida no estaba esperando a que yo la recordara.
Llevaba meses dejándome un camino.