Mi lugar favorito (Academia Rider 2) CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

La biblioteca de la academia se había convertido definitivamente en mi segundo hogar.

Ahora que solo quedaban dos semanas para los exámenes, se encontraba más concurrida que nunca.

Al entrar, vi que las mesas estaban llenas de alumnos concentrados, rodeados de libros y apuntes; algunos murmuraban, agotados de tanto estudiar, mientras que otros repasaban e intercambiaban notas.

A diferencia de Brooke y Emily, que preferían estudiar en nuestra habitación, yo encontraba demasiadas distracciones allí.

Necesitaba el ambiente de concentración de la biblioteca.

Aunque tenía mis apuntes al día y las asignaturas teóricas más o menos bajo control, mi verdadera preocupación seguía siendo el completo. Todos los demás exámenes, aunque importantes, quedaban en un segundo plano.

Mientras repasaba Anatomía y una lista de enfermedades comunes en caballos de deporte, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Jack:

@Jack.Hawthorne: Me han puesto entreno con Phoenix y no podré verte en el cross . Confía en ti. ¿Quedamos esta noche?

Suspiré, un poco triste, pero respondí rápidamente.

@Olivia.Thorn: Lo intentaré. No estoy muy convencida de poder hacerlo. ¿Cuándo y dónde?

Su respuesta no tardó en llegar:

@Jack.Hawthorne: En el jardín de nuestra primera cita, después de cenar. No tengo mucho tiempo porque necesito estudiar (voy un poco retrasado), pero tengo ganas de que me cuentes cómo te ha ido. Lo harás genial.

Sonreí al leerlo. Jack últimamente estaba siendo tan positivo.

Puntual, me dirigí al campo de cross , donde había quedado con Alexander para montar a Winterfell. Al llegar, me encontré con una sorpresa: Harper y Grace estaban allí, con sus caballos preparados. Los tres llevaban los sudaderos caqui de la casa de completo, combinados con orejeras del mismo tono.

—¿Qué hacéis aquí? —pregunté, desconcertada, mientras me ponía el casco y el chaleco protector.

Harper, con una sonrisa y levantando las cejas un par de veces, me miró mientras terminaba de ajustar la brida de Harmony.

—Te acompañaremos en el cross —dijo Grace.

—Esto se llama cross en equipo —explicó Alexander mientras ajustaba los estribos de Winterfell—.

Harmony y Harper irán delante, marcando el ritmo.

Tú las seguirás con Winterfell, y finalmente, Revolution y Grace cerrarán el grupo.

De esta manera, mantendrás un ritmo constante y no tendrás que preocuparte de tantas cosas. Solo debes concentrarte en saltar.

Parpadeé, sorprendida.

—¿Esto es… un nuevo estilo de competición? —pregunté con curiosidad.

—Exacto. Es algo que la FEI y la academia están probando para introducir en competiciones oficiales, y nosotros queremos formar un equipo, así que hoy nos servirá de entrenamiento —explicó Grace, acariciando a Revolution.

No estaba segura de que esto fuera a funcionar. Por un lado, agradecía no tener que hacerlo sola. Por otro, sabía que no tendría excusas si algo salía mal.

Mientras subía a Winterfell, mis pensamientos iban y venían sin cesar. «¿Y si nos caemos? ¿Y si no controlo su velocidad? ¿Y si no puedo seguirles el ritmo? ¿Qué pasa y que hago si me bloqueo?»

Respiré hondo y cerré los ojos un momento. Necesitaba calmarme y concentrarme.

Comencé a repetir una serie de mantras mentalmente mientras calentábamos al trote y galope.

«Ahora o nunca», me decía a mí misma. «Este es tu sueño.

La Olivia de hace un año no habría sido capaz de hacerlo, pero he crecido y aprendido.

Estar aquí es lo mejor que me ha pasado, y no voy a desaprovechar esta oportunidad».

Pensé en mi beca, en el esfuerzo que había hecho para llegar hasta aquí.

Sabía que no tenía los recursos de muchos de mis compañeros en la academia, pero también sabía que eso no me hacía menos capaz.

«El dinero ayuda, pero no lo es todo. No voy a dejar que unos saltos y un caballo acelerado me aparten de mi sueño.

Vamos, Olivia. Monta como tú sabes y hazlo».

Harmony y Harper arrancaron al galope delante, marcando un ritmo constante pero lo suficientemente rápido como para que Winterfell estuviera cómoda siguiéndolos.

Harmony, aunque era una poni, llegaba a una velocidad sorprendente.

Me concentré en mantener mi posición, en molestar lo menos posible a Winterfell y en dejar que la velocidad fluyera.

El primer salto fue un obstáculo sencillo. Harmony voló por encima de él, y Winterfell, aunque más explosiva, la siguió sin problemas. De Grace y Revolution solo escuchaba el sonido de sus cascos golpeando fuerte contra el suelo, cerrando el grupo.

—¡Bien hecho, equipo! —gritó Harper, girándose para mirarnos. Mi cara debía ser de miedo, porque añadió—: Vamos, Olivia, sonríe. Acabas de pasar al otro lado del obstáculo. ¡Vamos a por más!

A medida que avanzábamos, Harper, con la ayuda de Alexander desde tierra, iba seleccionando obstáculos más complicados: un tronco caído muy ancho, la banqueta más grande del campo y una zanja de aproximadamente ochenta centímetros de ancho y treinta de hondo.

Con cada salto, mi confianza crecía. Debía admitir que saltar con ellas lo hacía todo más fácil. Winterfell respondía a mis indicaciones, y volvía a sentir que trabajábamos como un equipo, como en nuestras primeras veces.

Desde la valla, escuché a Alexander comentar:

—De verdad, parece toda una completera. Tiene muchísimo feeling saltando. Y para ser una domera estirada, la posición está muy bien. Después de ver los vídeos con Liberty y ahora con Winterfell, creo que podría ser increíble en esta disciplina.

Sonreí, feliz por el cumplido. En doma, tanto mi posición como los movimientos de Liberty pasaban más bien desapercibidos, porque ni yo tenía el mejor asiento, ni Liberty tenía los mejores movimientos, así que escuchar estas cosas de vez en cuando me hacía sentir bien.

—Ahora que se te ve más confiada, no quiero amargarte el momento, pero te informo de que no va a ser la última vez que caigas —dijo Grace riendo—. Los completeros y saltimbanquis nos caemos cada dos por tres, así que tenlo en mente.

—Ya, es que los domeros casi nunca caemos, es muy raro.

—A ver, lo más normal es que te caigas, te levantes, te montes y sigas montando. Fin. Lo tuyo fue mucho, pero piensa que, cuando empecé con Harmony, en una de mis primeras clases, no me tiró ni una, ni dos veces, sino tres veces… ¡En cuarenta y cinco minutos, Olivia! ¡Imagínate!

—Sí, lo mío fue mala suerte. Sé que caerse es parte de montar, no hay otra.

—Dicen que no eres un buen jinete hasta que no te has caído ocho veces. Te quedan siete, Olivia.

Nos reímos juntas. Solo quedaba un paso para terminar de superar este obstáculo: saltar sola con Winterfell.

Después de enfriar bien, con las riendas largas al trote y galope, y caminar durante unos veinte minutos charlando, desmonté y acaricié a Winterfell.

—Lo has hecho genial, Winterfell —le dije mientras Alexander venía a buscarla y nos despedíamos.

Aún quedaban varias horas antes de contarle a Jack cómo nos había ido, así que me fui directa a la biblioteca.

Entre los mil apuntes de Biomecánica e Historia de la Equitación, se me estaba haciendo una bola, y esta última asignatura se me resistía un poco.

Brooke había hecho un resumen que nos ayudaba a todas a estudiar, pero había que completarlo con mil detalles más.

Aunque, si me sabía esto, al menos podía rascar varios puntos en el examen:

Los caballos fueron domesticados alrededor del 4000 a.

C. en las estepas euroasiáticas. Inicialmente, solo se utilizaban por su carne y leche, pero hacia el 3000 a.

C., empezaron a domarse para su uso como método de transporte.

Civilizaciones antiguas como los egipcios y los sumerios los usaron para arrastrar carros de combate, mientras que los pueblos nómadas perfeccionaban cada vez más su manera de montar para moverse de un sitio a otro.

En la Edad Media, los caballos se convirtieron en pieza clave de la guerra, con caballeros montados con armadura. Más adelante, en el Renacimiento, surgieron las primeras escuelas ecuestres, como la Escuela Española de Equitación de Viena.

Además de la guerra, los caballos tenían otros usos.

En la agricultura, se usaban para labrar los campos y, durante la Revolución Industrial, fueron fundamentales en las minas y en el transporte urbano.

De hecho, en París se estableció una línea de carruajes tirados por caballos que realizaban siempre la misma ruta, este hecho supuso un precursor de los autobuses actuales.

Curiosamente, los caballos desaparecieron de América durante un tiempo y fueron reintroducidos por los colonizadores españoles en el siglo XVI. Se expandieron y criaron por las Grandes Llanuras, adaptándose al entorno y formando parte de la cultura de los pueblos indígenas.

Su rol práctico disminuyó en el siglo XX con la llegada de los automóviles, y fue entonces cuando su uso se destinó por completo al deporte.

Salí directa de la biblioteca, sin tiempo para ir a cenar al restaurante de la academia. Las horas se me habían pasado volando, pero aún tenía el tiempo justo para salir corriendo y llegar puntual al jardín.

El jardín detrás de la academia seguía tan bonito como hacía unas semanas. Era el lugar de nuestra primera cita, y no pude evitar sonreír al recordar cómo había cambiado todo desde aquel momento.

Jack ya estaba esperando, sentado en uno de los bancos de madera. Al verme, se incorporó ligeramente y sonrió.

—¿Cómo estás? —preguntó mientras me acercaba y, con un gesto, indicó que me sentara a su lado.

Suspiré, sin saber muy bien cómo responder. Había tantas emociones dentro de mí que era difícil ponerlas en palabras. En lugar de contestar de inmediato, dejé que me rodeara con sus brazos.

—Estoy orgulloso de ti —murmuró, acariciando suavemente el pelo y besándome en la frente—. Alexander me ha escrito un mensaje diciéndome que has estado increíble.

Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero no era de tristeza, sino de alivio, emoción y, tal vez, un poco de orgullo.

Aún no me había permitido llorar en todo este tiempo, quitando mi ataque en el que no podía respirar y sentía cómo lo tenía todo acumulado dentro.

Me aparté lo suficiente para mirarlo a los ojos y, antes de que pudiera decir algo, me besó.

Cuando nos separamos, me observó con una mezcla de curiosidad y preocupación mientras las lágrimas seguían cayendo por mis mejillas.

—Ahora en serio, Olivia, ¿cómo estás?

Me quedé en silencio por un momento, buscando la respuesta adecuada.

Podría decirle que me sentía aterrada, que el miedo a no ser capaz de repetir lo que había conseguido hoy por mi cuenta seguía atormentándome.

Podría haberle contado que había sido una batalla constante con mi propia mente, luchando contra todas las dudas y los «¿y si no puedes?

» que aparecían una y otra vez en mis pensamientos.

Pero también podía decirle que estaba orgullosa. Orgullosa de haberme enfrentado a esos miedos, de haber dado un paso adelante cuando todo dentro de mí quería retroceder.

—Es complicado —dije finalmente, intentando ordenar mis pensamientos—. Estos dos trimestres en la academia han sido un reto tras otro. Todo lo que hemos vivido aquí ha sido… intenso. Pero, si me preguntas cómo me siento ahora mismo, a grandes rasgos, te diría que feliz.

Jack ladeó la cabeza, mirándome, como si esperara que continuara.

—Feliz de haber dejado mi pequeño pueblo, Wickford Hollow, mi familia y mi hípica para venir aquí y vivir esto —añadí, levantando la vista para encontrarme con la suya—. Aunque no siempre salga todo como planeo, aunque haya días en los que todo parezca demasiado para mí, no lo cambiaría por nada.

Apoyé la cabeza en su hombro y dejé unos segundos de silencio. Sentía su respiración tranquila y las lágrimas que se iban secando en mis mejillas.

—Gracias, Jack —murmuré.

—¿Por qué?

—Por creer en mí, incluso cuando yo misma no lo hago.

Él soltó una risa y me apretó un poco más contra su cuerpo.

—Eso es fácil, Olivia. Eres increíble, aunque a veces te cueste verlo.

Sonreí, cerrando los ojos y dejando que sus palabras me abrazaran.

—¿Sabes? —dije después de un rato—. Hoy, mientras estaba en el cross con Winterfell, me di cuenta de algo.

—¿De qué, Olivia? Sorpréndeme.

—Me di cuenta de que quiero más. Quiero seguir mejorando. Quiero seguir montando, quiero empaparme de todo. No sé cómo explicarlo.

Jack asintió, como si entendiera exactamente a qué me refería.

—Ese es el espíritu —dijo con una sonrisa.

Me reí, sacudiendo la cabeza.

Me apartó detrás de una columna, mirando hacia un lado y otro para asegurarse de que nadie nos veía. Entonces, Jack se acercó, y sin decir palabra, me besó con suavidad. Después, con su pulgar, empezó a acariciar despacio la parte superior de mi mano, transmitiéndome una calma que no esperaba.

—Sé que estoy en el lugar correcto —le dije sin apartarme mucho de él—. Y aunque todavía tengo mucho que aprender, quiero demostrar que no necesitas tener los mejores caballos ni el equipo más caro para ser buena.

Jack cogió mi mano y la apretó.

—Y lo harás, Olivia. Lo sé. Tienes un gran futuro.

Vamos, te acompaño a la residencia. Aún podemos estudiar un par de horas y debemos descansar bien, porque mañana tenemos volteo.

Y tengo MUUUUCHAS ganas —dijo, alargando la palabra con diversión— de ver cómo se te da hacer acrobacias encima de un caballo.