CAPÍTULO 14
Los días después del accidente, la biblioteca de la academia se había convertido en un refugio para mí.
Aislada y silenciosa, era el único lugar donde podía concentrarme sin distracciones.
Desde mi caída con Winterfell, parecía que toda la academia estaba pendiente de mí las veinticuatro horas del día, pero en este rincón, al menos por un rato, podía estar tranquila y centrarme en mis cosas.
Siempre me sentaba en la misma mesa, ahora cubierta de libros, apuntes y mi portátil.
Como no podía mover del todo el brazo izquierdo, iba dejando todo un poco desperdigado, sin poder tenerlo todo ordenado como a mí me gustaba.
Los trabajos se acumulaban: Historia de la Equitación, Análisis de Biomecánica, Horsemanship …
y eso sin contar las clases prácticas en las que asistía como oyente, pero me ponían trabajos extras. Todo se me estaba haciendo una montaña.
Suspiré, apoyando la frente en la palma de la mano. El brazo me seguía doliendo y los puntos me tiraban según el movimiento, aunque mucho menos que el primer día, lo cual era una muy buena señal y me tranquilizaba. Sin embargo, el dolor de cabeza seguía molestándome un poco.
Al menos Liberty está en buenas manos, pensé, intentando encontrar consuelo.
Al día siguiente de la caída, organizamos cómo nos encargaríamos de sus cuidados.
Obviamente, Liberty necesitaba seguir con sus entrenamientos, así que Alexander se ofreció para montarlo mientras yo no estaba en condiciones de hacerlo.
Confiaba en él, y Mrs. Sabina supervisaría todos los entrenamientos, pero no podía evitar sentir envidia de no ser yo quien estuviera encima de él.
Mientras repasaba mis notas y pasaba los apuntes a limpio, una sombra cubrió mis papeles. Levanté la mirada y me encontré con Jack, enseñándome una Coca-Cola.
—Te he traído esto. La cafeína no es la mejor idea, pero pensé que lo necesitarías para despejarte y coger energía.
Suspiré. Jack llevaba días siendo… excesivo, por decirlo de una manera suave.
Desde el accidente, parecía haber asumido el rol de mi sombra personal.
No podía dar un paso sin que él supiera qué hacía, ofreciendo ayuda, consejos, mensajes a todas horas o simplemente observándome como si fuera a romperme en cualquier momento.
—Gracias, Jack, pero no tengo sed ahora mismo. —Intenté sonreír, aunque mi paciencia ya estaba al límite.
—¿Has comido? —preguntó, ignorando mi respuesta mientras colocaba la Coca-Cola sobre la mesa—. No puedes trabajar todo el día sin comer algo.
—Jack, estoy bien, solo me duele un poco la cabeza —repetí, esta vez con más firmeza.
—¿Llamo al médico para que te dé algo y te revise? Porque no parece que estés bien. No deberías estar sola.
Lo interrumpí antes de que pudiera seguir.
—¡Jack! Estoy perfectamente y soy capaz de decidir lo que necesito.
Él levantó las manos en un gesto de rendición, pero por su expresión noté que seguía estando preocupado.
—Solo intento ayudarte.
—Lo sé, pero no necesito ayuda. Estoy bien.
Volví a mis apuntes, esperando que entendiera la indirecta y me dejara sola. Pero, como era de esperar, Jack no se movió.
—Jack… Nos vemos en la cena. No me dejas concentrarme mirándome tan fijamente.
—De acuerdo. Eres lo más testaruda del mundo. Prométeme que, si te duele más la cabeza, llamarás al médico.
—Prometido —le dije solo para que se callara de una vez, mientras se iba.
Pude seguir con mis trabajos de Anatomía y Bienestar Animal hasta pasadas las cinco, cuando puse rumbo al paddock de Liberty para ver el entrenamiento con Alexander.
Me sentaba al lado de Mrs. Sabina en cada clase para que pudiera escuchar todas las indicaciones que le daba, y eso, la verdad, me animaba porque podía seguir aprendiendo.
Además, ver a Liberty montado por otra persona me permitía notar detalles que desde arriba no era capaz de percibir.
Liberty estaba trabajando muy bien. Desde el primer momento, él y Alexander habían hecho muy buenas migas, y Alexander lo trataba con mucho cariño y tranquilidad.
Después de entrenar y desensillar a Liberty, nos reunimos con las chicas y pusimos rumbo al gimnasio para empezar con mis ejercicios de fuerza.
Aunque no podía entrenar con normalidad, tenía una rutina especialmente hecha para mí, con algunos ejercicios que no implicaban los brazos.
Pero lo de no montar lo estaba notando muchísimo; cada ejercicio me costaba el doble.
Terminé la rutina de core , pero a Brooke y Emily aún les quedaban algunas series, así que fui a sentarme para recuperar el aliento.
Jack estaba también en el gimnasio, muy sudado y con los guantes de boxeo puestos, encadenando jabs, crosses y hooks contra el saco sin descanso, hasta que me vio sentada. Se detuvo de golpe y se acercó a mí.
Respiré hondo, intentando mantener la calma.
—Olivia, ¿estás bien? ¿Te duele aún la cabeza? —dijo con voz de preocupación una vez más.
—Estoy bien, Jack, solo descansando después de la rutina.
—No tienes buena cara, déjame acompañarte a la residencia para que descanses —insistió.
La verdad, me notaba cansada, y el dolor de cabeza no terminaba de desaparecer, pero no era nada del otro mundo. Mucho menos como para irme a la cama.
—Jack, estoy lidiando con los trabajos, la caída, Liberty, no poder montar… Déjame respirar, por favor.
—Pero…
—¡Basta! —Mi voz resonó más fuerte y con más rabia de lo que pretendía, y varias personas en el gimnasio se giraron hacia nosotros. Bajé el tono, pero mi enfado seguía siendo evidente—. No necesito que me digas qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo. Estoy bien. No necesito una niñera.
Jack me miró en silencio, sorprendido por mi contestación y tono.
—Gracias por preocuparte, de verdad, pero necesito hacer esto a mi manera. Estoy bien —dije intentando volver a la calma y serenidad de mi voz.
Me levanté, buscando entre las máquinas a Emily y Brooke.
—Olivia, espera… —le salió a Jack con un hilo de voz.
—No, Jack. Para.
Y así, me giré y me fui.
Solo tenía ganas de llorar. No entendía de dónde había salido esa rabia para hablarle así de mal a Jack, pero estaba enfadada.
Se lo había dicho a la cara, por mensaje y de todas las maneras posibles: yo estaba bien.
Sabía que Jack solo intentaba ayudar, pero su constante atención lo único que hacía era ahogarme.
Al salir del gimnasio, el aire me dio de golpe. Me paré un momento, mientras Brooke y Emily seguían andando, y cerré los ojos, intentando calmarme. Jack era mi amigo, supongo, pero necesitaba entender que no podía estar tan encima de mí.