CAPÍTULO 13
Abrí los ojos con esfuerzo. La luz blanca del techo me cegó por un momento, y en mi cabeza solo retumbaba el leve pitido de un monitor cerca de mí.
Mi brazo izquierdo tenía una gran venda.
Moví todos los dedos y pensé: «Estás más o menos bien Olivia, respira».
Al girar la cabeza, allí estaba Jack, con la frente apoyada en mi cama, con los ojos cerrados y su mano rozando la mía.
Miré hacia mis pies y descubrí que seguía llevando los mismos breeches que me había puesto antes de mi caída, pero ahora sucios y con algún que otro agujero. Cuando Jack notó que me movía, levantó la cabeza, dejó escapar un suspiro de alivio y me dedicó una sonrisa.
—Por fin despiertas, Olivia, bienvenida de vuelta —dijo Jack, con una sonrisa de oreja a oreja.
Intenté reírme, pero todo me dolía y no podía moverme mucho. Solté un suspiro y cerré los ojos de nuevo.
—¿Qué…? ¿Dónde…? —logré decirle, con la voz entrecortada.
—Estás en el hospital de Northwood, Olivia. Han pasado unas horas desde que te caíste de Winterfell en el cross . Por suerte, solo te han tenido que dar unos puntos en el brazo.
Mi mente intentaba conectar los puntos. Recordé a Winterfell saltando, el impacto contra el salto, el suelo, y luego… todo se volvió oscuro.
—¿Cuántas horas llevo aquí? ¿Cómo llegué al hospital? —dije toda preocupada.
Jack se inclinó hacia mí, apoyando los codos en las rodillas.
—Fue todo un show , Rompenormas —dijo, riéndose—.
Llamaron a un helicóptero para sacarte del campo de cross .
Te aseguro que ahora mismo no se habla de otra cosa en la academia.
Mrs. Sabina estaba a punto de desmayarse, y yo…
bueno, casi me da algo. —Jack dejó escapar una risa nerviosa—.
Pero vinieron rápido, y después te trajeron directo aquí.
Los médicos dicen que estás bien. Que te habías desmayado, pero que, excepto el corte en tu brazo, todo lo demás está en orden.
—¿Y Winterfell? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.
—Tranquila, está perfecta. Solo tiene un pequeño golpe en una mano, pero nada grave. Los veterinarios la vieron al momento y todo ha quedado en un gran susto. En cuatro días tiene permiso para volver a saltar.
Suspiré aliviada y, tras una pausa, intenté bromear:
—Bueno, al menos alguien salió ileso de esto.
—Tú tampoco tienes nada grave —recalcó Jack.
—¿Nada grave? —levanté ligeramente mi brazo vendado—. ¿Te parece poco esto?
Jack se encogió de hombros con una sonrisa divertida.
—Comparado con lo que podría haber pasado, no está tan mal, créeme.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió y entró una enfermera vestida con una bata verde.
—Bienvenida, Olivia. Qué bien que estés despierta. Los doctores pasarán en un rato para darte el alta, pero quería informarte que tus padres ya están al tanto de todo.
Mi corazón se aceleró.
—¿Mis padres?
Jack asintió, apoyándose contra el respaldo de la silla.
—Les llamaron en cuanto llegaste aquí. Mrs. Sabina les explicó todo, y luego yo les fui contando novedades. Estaban preocupados, pero ahora tranquilos de saber que te encuentras bien, aunque están atentos al teléfono, yo de ti después les llamaría, les tranquilizará escuchar tu voz.
Solté un suspiro largo, dejando caer la cabeza contra la almohada.
—Genial, ahora tengo a toda la familia montando guardia.
La enfermera sonrió y revisó el gotero antes de salir. Jack volvió a mirarme y añadió:
—Hablando en serio, Olivia, los médicos han dicho que tienes que hacer reposo.
Nada de montar en tres semanas. Los puntos te los quitarán en diez días, pero después no podrás montar inmediatamente; habrá que esperar unos días más hasta que la herida cicatrice.
Tienes un corte bastante profundo y te han dado quince puntos, ya que te cortó el estribo de la montura, y aunque Winterfell se apoyó en tu brazo para levantarse y no te ha roto nada, el corte necesita tiempo para curarse.
También te diste un buen golpe en la cabeza, así que nada de locuras ni romper normas.
Fruncí el ceño.
—¿Tres semanas? ¿Sin montar? Eso es una eternidad.
—Bueno, más tiempo para que vengas a verme montar a Phoenix, ¿no? Que parece que después del primer trimestre ya no quieres saber nada más de él, pobre —respondió Jack con una sonrisa pícara.
Intenté lanzarle una mirada de enfado, pero me rendí al ver su expresión. Y solo me salió:
—Gracias, Jack… Por quedarte conmigo.
Se encogió de hombros, como si no fuera nada.
Un rato después, los médicos confirmaron lo que Jack había dicho. Tres semanas de reposo, nada de montar, saltar ni nada parecido hasta que me quitaran y revisaran la herida. Podía seguir en la academia, con las clases y trabajo físico ligero en el gimnasio sin usar el brazo.
Al salir del hospital, Mrs. Sabina nos esperaba en un coche, con su semblante serio pero aliviado, para llevarnos de vuelta a la academia.
—Bienvenida a casa, Olivia. Qué susto nos has dado a todos. Y, bueno, si hubieras visto cómo se ha puesto el señor Hawthorne para acompañarte en helicóptero al hospital… Vino corriendo con Phoenix a mitad del entreno y no se separó de ti —dijo Mrs. Sabina en un tono entre enfadado y divertido.
Mi mirada fue directa a Jack, que, aunque intentaba disimular, se le habían subido los colores.
—Ahora empieza tu proceso de recuperación —añadió Mrs. Sabina mientras conducía—. Aunque no puedas montar, seguiremos trabajando. Tendrás una rutina adaptada sin usar el brazo para mantenerte en forma y algún trabajo de clase extra para hacer.
Qué bien, pensé.
El resto del viaje lo pasamos en silencio. Me dolía la cabeza y prefería tranquilidad y no hablar. Cerré los ojos hasta que llegamos a la academia y entramos por sus puertas. Debían ser pasadas las doce de la noche. Jack, siempre oportuno, le preguntó a Mrs. Sabina:
—¿Puedo acompañarla a su residencia? Está muy oscuro y…
Mrs. Sabina lo miró, levantando una ceja, como si estuviera muy enfadada con él, y asintió.
Así que en silencio nos pusimos rumbo a la residencia.
Desde la entrada podía ver todo el edificio completamente oscuro, excepto mi habitación.
Supuse que Brooke y Emily estaban preocupadas.
Al abrir la puerta, no solo las vi a ellas, sino que me encontré con Brooke, Emily, Harper, Grace y Alexander esperándome con caras de medio preocupación y medio alivio.
La habitación estaba decorada con pequeñas guirnaldas improvisadas y un cartel que decía: «¡Bienvenida, Olivia! ».
—¡Por fin! —exclamó Brooke, corriendo hacia mí para abrazarme con cuidado—. Nos tenías preocupadas.
—Chicos —contesté—, como si me hubiera ido varios días, han sido horas, no seáis exagerados.
Emily se cruzó de brazos, fingiendo estar molesta.
—Pues yo ya iba a llamar a un comité de rescate, la verdad —respondió Emily.
Harper y Grace sonrieron, y Alexander, siempre dramático, se puso una mano en el pecho.
—Libby, no vuelvas a hacernos esto. Il mio cuore no lo soporta.
No pude evitar reírme y mirar a Jack, que levantaba las dos cejas y miraba hacia arriba, intentando contenerse de hacerle un comentario al delicado de Alexander.
—Gracias, chicos. En serio —dije.
Jack les había mantenido informados de mi estado en todo momento, así que no tardó en relajarse el ambiente.
—Tres semanas se pasan volando, Olivia —dijo Harper—. Y antes de que te des cuenta, estarás saltando otra vez.
Mi sonrisa se desvaneció ligeramente, y un nudo de ansiedad me invadió el pecho. Solo con pensar en volver a saltar, sentía un vacío en el estómago. Pero no dije nada. Seguramente, en tres semanas lo vería todo más claro y ya enfrentaría ese miedo cuando llegara el momento.
Jack se despidió diciendo que iba a dormir con el móvil encendido y que cualquier cosa le llamara, mientras que Harper, Alexander y Grace no se atrevían a volver tan tarde a sus residencias por miedo a que les pillaran.
La jefa de la residencia, la señora Hathaway, daba verdadero miedo enfadada si los pillaba.
Así que Harper durmió con Emily, Grace con Brooke y Alexander se acurrucó en el minisofá que teníamos en la habitación, en el cual se le salía medio cuerpo.
Ahora, solo necesitaba descansar y dejar que mi cuerpo y mi confianza se recuperaran.
Antes de dormir, saqué mi móvil para enviar un mensaje rápido a mis padres.
Familia, estoy bien, no os preocupéis. Ya he salido del hospital y he vuelto a la academia. Los médicos dicen que solo tengo que descansar, pero todo está bien. Os llamo mañana, os quiero.
Guardé el móvil y me acurruqué en la cama sintiendo en extremo cada hueso, músculo y articulación de mi cuerpo.