Mi lugar favorito (Academia Rider 2) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

Mrs. Sabina seguía a cargo de todos nuestros entrenamientos, algo que me encantaba, aunque me había hecho darme cuenta de lo exigente que era.

Aun así, tenía una cualidad que la diferenciaba de muchos otros entrenadores: siempre encontraba la manera de hacerte mejorar sin que te vinieras abajo.

Por eso, cuando me dijo que esa tarde íbamos a empezar con los cambios de pie, supe que la sesión sería intensa e interesante.

—Olivia, el objetivo de hoy es enseñarle a Liberty los cambios de pie.

Este año entráis en la categoría de seis años, y todo se complica un poco más —me comentó—.

Antes de empezar, tienes que entender que cada caballo tiene su ritmo para aprenderlos.

Aunque Liberty puede sorprendernos, suele ser un ejercicio que les cuesta entender, y más si también tenemos que enseñártelos a ti, porque nunca los has trabajado con otro caballo —dijo Mrs. Sabina a través de los intercomunicadores ceecoach mientras observaba a Liberty desde la caseta en la letra E.

—De acuerdo —respondí—. ¿Y cómo se los enseñamos? —pregunté, acariciando a Liberty, que movía las orejas atento, como siempre.

—Primero, necesitamos que tenga un equilibrio perfecto al galope y que mantenga la rectitud.

Recuerda que un cambio de pie no es más que el resultado del equilibrio y la coordinación entre las ayudas.

Vamos a empezar con un ejercicio en la línea de cuarto: tres trancos al galope en firme, transición al paso, y tres trancos al galope en trocado. Así sucesivamente.

Empezamos con unos minutos de calentamiento, como siempre. Liberty parecía más motivado que nunca, como si notara mi emoción.

Cuando tuvimos controlado el ejercicio, Mrs. Sabina se acercó.

—Muy bien, Olivia. Ahora seguiremos trabajando en la línea de cuarto, pero manteniendo el galope en trocado.

Vas a tocar a Liberty sutilmente, como si quisieras que saltara de atrás, y en el momento justo (te avisaré), empujarás con la pierna exterior y moverás tu peso de manera leve para pedir el cambio —lo explicó con una teoría perfecta, aunque de la teoría a la práctica había un mundo, pensé—.

Tiene que ser sutil, como una invitación, no una orden. Debe sentirse cómodo cambiando.

Mrs. Sabina volvió a su sitio y, tras observarnos unos minutos, murmuró para sí misma, aunque yo lo podía escuchar todo a través de los auriculares:

—Este caballo está increíble hoy.

A medida que practicábamos, me di cuenta de que Liberty tenía una facilidad innata para entender lo que le pedía.

De momento, solo saltaba la grupa preparando el cambio, pero eso ya era un gran avance.

Mrs. Sabina me guiaba en todo momento, ajustando mi posición y corrigiendo mis piernas, manos y espalda con paciencia. Cada detalle contaba.

—Relaja las manos, Olivia, y no te precipites con las ayudas. Él lo hará cuando todo esté en su lugar.

Respiré profundamente y volví a intentarlo. El ritmo del galope era bueno: activo y saltado. Galopamos sobre la línea de cuarto y, en el momento justo, moví con sutileza las piernas y cambié mi peso. Liberty respondió al instante con un cambio de pie limpio y elegante.

—¡Eso es! —exclamó Mrs. Sabina, sorprendida. Su tono solía ser más comedido, pero esta vez no pudo contener su entusiasmo.

Puse a Liberty al paso de inmediato y me lancé sobre su cuello para acariciarlo.

—¿Lo has visto? ¡Le ha salido a la primera! ¡Qué feeling ! —dije, aún sin creérmelo.

—No solo lo he visto, Olivia, lo he montado también contigo desde aquí. —Mrs. Sabina sonrió—. Tengo que decirte que Liberty tiene una facilidad asombrosa para los cambios. Felicidades, lo estáis haciendo genial. A este ritmo, seguro que podremos participar en algún concurso esta temporada.

No cabía en mí de la emoción. El resto del entrenamiento fue intenso, pero cuando Liberty hizo los cambios bien a ambas manos, lo dejamos.

Parecía disfrutar del trabajo, como si no le costara.

Aunque en los primeros intentos a mano derecha, cambiaba en dos tiempos, dejando el pie en el cambio y pasándolo un tranco tarde aun así, su capacidad de aprendizaje era impresionante.

Al final, mientras lo paseaba al paso, Mrs. Sabina se acercó y me comentó en voz bajita, casi como si no quisiera que nadie más lo escuchara:

—He revisado los planes de trabajo de Liberty que me has ido mandando. He visto que tienes pensado seguir saltando con él.

—Sí… —respondí, algo insegura sobre hacia dónde iba la conversación, ya que le había mandado varios plannings con día de cavalettis y salto—. Disfruté mucho saltando el trimestre pasado, y a él se le dio increíble, así que quiero seguir aprendiendo.

—Me parece una idea excelente. Siempre he creído que los caballos deberían hacer un poco de todo para mantenerse mentalmente sanos.

Pero… —Mrs. Sabina hizo una pausa y suspiró— la escuela tiene normas muy rígidas al respecto.

El cuerpo directivo quiere caballos top especializados en una sola disciplina.

No entienden que un caballo puede destacar tanto en doma como en salto.

—¿Y qué hacemos entonces?

—Déjamelo a mí. Voy a mover algunos hilos para que puedas usar la pista de salto en vez de las pistas generales. Quizás consiga que alguien te ayude a entrenar. Pero, Olivia, ten cuidado hasta entonces. No saltes mucho, no quiero que os hagáis daño.

Le agradecí su apoyo. Por un momento, había pensado que me lo iban a prohibir y, obviamente, se habría convertido en otra norma que romper.

Durante los días siguientes, tuvimos varias sesiones de intercambio con Winterfell. Cada entrenamiento era más emocionante que el anterior, y a Alexander le encantaba enseñarnos. Grace, Harper y sus caballos, Harmony y Revolution, nos acompañaban casi siempre en los entrenamientos.

—¿Sabes? Cantar mientras galopas ayuda a mantener el ritmo constante —me dijo Harper en una de las sesiones de esa semana, mientras trotábamos una al lado de otra.

—¿Cantar? —pregunté, riéndome.

—Sí. Piensa en una canción con un ritmo claro y sigue ese tempo mientras galopas por el campo de cross . Si te aceleras o pierdes el ritmo, lo sabrás enseguida porque no estarás siguiendo la canción.

Probé el truco y, para mi sorpresa, funcionó.

Winterfell, a pesar de que cada día me sorprendía más con lo caliente que era, respondía mejor cuando mi ritmo era constante y mi cabeza estaba entretenida cantando.

En efecto, estábamos progresando adecuadamente.

Aunque aún no teníamos las distancias bien calculadas y había mucho por mejorar, Alexander se sentía muy orgulloso de mí.

—Por cierto, ¿qué tal estás viendo esto del completo? —me preguntó Grace al finalizar el entrenamiento.

—Es más complicado de lo que pensaba, pero me está encantando —les dije.

Finalmente, llegó el día más esperado de la semana.

El sábado por la tarde me dirigí segura de mí misma con Liberty a la pista general para poner algunos pequeños saltos y practicar.

Al ser sábado por la tarde, pensé que estaría sola, pero mientras ajustaba la cincha de mi montura de doma, una voz familiar me sobresaltó.

—¿Por qué no vuelves a casa los fines de semana como la mayoría? —dijo.

Me giré y ahí estaba Jack, apoyado en la puerta de la pista con esa expresión de aparente desinterés que siempre me ponía nerviosa, pero con una sonrisa pícara.

—¿Y perderme esto de poder saltar? —respondí, señalando a Liberty.

—Eres tan cabezota —dijo mientras se acercaba.

—Cabezota no; Rompenormas querrás decir.

—¿Y tú? ¿Por qué no vuelves a casa? —pregunté por curiosidad.

Jack se rio, pero no contestó mientras se acercaba a la cabeza de Liberty para ajustar una hebilla suelta del ahogadero.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó, con ese tono burlón que siempre parecía usar conmigo.

—¿De ti? No, gracias —dije, intentando sonar seria y desinteresada, aunque no quería admitir que, ya que estaba allí, podría enseñarme algo.

—Bueno, menos mal que tu caballo es un genio saltando, incluso si tú no calculas las distancias bien. Nos lo dejó claro a todos en el examen.

—¡Oye! —protesté, dándole un leve empujón en el hombro.

Jack sonrió, encantado de haberme picado.

—Venga, Olivia, móntate y vamos a ver si puedo enseñarte algo útil.

Objetivo conseguido. Y sin tener que pedírselo yo, pensé mientras trataba de evitar que me saliera una sonrisa:

—Está bien, vamos a ver qué tienes para enseñarme.

El entrenamiento fue intenso. Mi montura de doma para saltar con Liberty me estaba matando, con los tacos no había manera de colocarme bien y a esto había que sumarle que Jack no se callaba desde el suelo, corrigiendo mi postura, que parecía estar toda al revés, y haciéndome repetir ejercicios básicos una y otra vez.

Por supuesto, no podía evitar hacer sus comentarios sarcásticos cada vez que la liaba con la distancia o en el recorrido.

—¿Eso ha sido un salto o una catapulta? —bromeó después de que Liberty y yo cogiéramos cierta distancia desde muy lejos.

—¡Muy gracioso, Jack! —respondí, fingiendo no tener ganas de reír.

Al final de la clase, desmonté y llevé a Liberty al paso por la pista para enfriarlo. Jack caminaba a mi lado, con las manos en los bolsillos. No sabía qué decir, y el silencio empezaba a ser incómodo. Después de no callarse en toda la clase, ¿ahora no tenía nada más que decirme?

—Por cierto, Jack… —dije, rompiendo el silencio.

—¿Qué? —contestó, mirándome mientras seguía a mi lado.

—¿Cómo te va en el completo con Revolution? No te imagino siendo completero, no te he visto entrenar en esa disciplina.

Jack tardó un momento en responder, hasta que comentó:

—Me gusta el completo, pero no tanto la velocidad. Yo soy más de saltar altura. Prefiero la precisión de un recorrido limpio. Aunque Revolution tiene talento para las dos cosas, seguro que me va bien en el examen con él.

—Vaya, nunca pensé que dirías algo tan… razonable —dije, sonriendo.

—No te acostumbres. Y tú… ¿crees que podrás con el examen de completo? Has saltado más bien poco en tu vida ecuestre —me preguntó, volviendo a ese tono burlón que me sacaba de quicio.

—Claro que sí. No me subestimes, Jack.

—No te subestimo. Solo me divierte verte tan decidida después de estos últimos entrenos que has tenido.

—Se detuvo y me miró con esa mirada que siempre me dejaba descolocada—.

Pero, si quieres un consejo, no te obsesiones con ser perfecta.

La imperfección es lo que hace que todo sea interesante en las disciplinas fuera de la doma.

Me quedé en silencio, procesando sus palabras. Era cierto que en doma todo era perfección y pulcritud, pero en las otras disciplinas no debía cargar con esa misma presión.

—Gracias —supuse, sin saber muy bien cómo responder.

—De nada. Ahora, anda, ve a despreparar a tu caballo antes de que se piense que eres tan lenta como saltando.

—¡Jack! —protesté, pero él ya se estaba alejando, riéndose como siempre.

No podía negar que me sentía bien después de ese entrenamiento con Jack… y, para qué engañarme, tenía ganas de más.