Mi lugar favorito (Academia Rider 2) CAPÍTULO 9 #2
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CAPÍTULO 9 #2

La pista a la que me había llevado Alexander la había visto antes, pero nunca me había fijado tanto en ella como ahora que la tenía delante.

Durante el tour inicial por la academia, me quedé tan maravillada cuando vi el campo de cross que le resté importancia a la pista Y en los exámenes de Emily y Brooke el trimestre pasado, había estado tan concentrada en ayudarlas que ni siquiera me había detenido a observarla bien.

Pero ese día sí pude apreciar cada detalle.

Era impresionante. El suelo, al igual que en nuestras pistas, era de sílice, con un drenaje perfecto que lo mantenía seco pocas horas después de una tormenta.

Debía de medir unos ciento veinte metros de largo por ochenta de ancho y estaba dividida en dos mitades.

En una se encontraba un recorrido de salto clásico con verticales, oxers , una ría y un laboratorio de cinco o seis barras montadas.

Pero lo más espectacular era la otra mitad: quedaba más elevada gracias a tres banquetas de distintas alturas, que debías subir o bajar para acceder a diferentes zonas.

Una vez arriba, había zanjas, troncos, algún toronto jump y un sky jump . Era como un recorrido de completo dentro de una pista.

—Es como un chiquipark para cualquiera que adore el salto —comenté, sin poder dejar de mirar a mi alrededor.

Alexander sonrió.

—Sí, aunque para algunos puede ser más bien una pesadilla.

—¿Has saltado mucho en general? —me preguntó antes de montar, con su acento italiano.

—Cero. Para serte sincera, salté por primera vez el trimestre pasado —confesé, algo avergonzada.

Él alzó las cejas, exagerando su sorpresa.

— Cara , eso hay que solucionarlo.

Me reí y Alexander me ayudó a subir a Winterfell de un salto.

Como estaba acostumbrada a Liberty, cualquier caballo de más de un metro y sesenta y cinco centímetros me parecía un dinosaurio; es decir, el 99 % de los caballos de esta academia.

Y Winterfell no era la excepción; el suelo quedaba bastante lejos desde ahí arriba.

Alexander ya me había advertido que era una yegua caliente y que debía tomarme las cosas con calma, porque a veces sacaba su carácter.

Empecé a calentar tranquilamente, al paso y al trote la notaba relajada y atenta a mí, pero al galopar sentías toda esa energía acumulada en los posteriores. Me daba la sensación de que en cualquier momento podía explotar.

—Usa muchas medias paradas con ella, tienen que ser constantes —me aconsejó mientras calentábamos al galope—. No dejes que se enganche del hierro para correr.

Una vez terminado el calentamiento en llano, nos dirigimos a la zona de salto de obstáculos, para probar algunas cruzadas y verticales para terminar de calentar.

Exceptuando a Liberty, solo había saltado con Phoenix, y noté una diferencia abismal entre ambos.

Winterfell empujaba con mucha más fuerza y, en cuanto veía un salto, quería correr hacia él.

Al final, en el completo no se trataba de saltar un metro y cincuenta centímetros y calcular la distancia perfecta para superar la barra; aquí, el objetivo era cumplir con el tiempo óptimo, galopando a la velocidad más eficiente para no cansarse, mientras superabas los obstáculos de la forma más fluida posible. Superfácil, pensé con ironía.

Una vez que logré calcular mejor su tranco en las cruzadas y veía un poco las distancias, pasamos a trabajar en las banquetas, primero en las más bajas y luego subiendo poco a poco. Alexander me guiaba en cada paso, corrigiendo mi posición y dándome consejos.

— Ricorda , Olivia, no es solo cuestión de técnica. Es mental. Confía en ella, y ella confiará en ti.

Y tenía razón. Cada vez que dudaba, Winterfell lo notaba.

No podía imaginar a los grandes jinetes en los concursos cinco estrellas aproximándose a saltos imponentes con total tranquilidad, confiando a ciegas en sus caballos.

Definitivamente, para hacer completo a ese nivel, había que tener una pizca de locura.

Después de un rato, empezamos a probar los obstáculos más complicados.

El sky jump era imponente: primero tenías que subir un pequeño montículo donde, en la cima, te esperaba un salto de no más de ochenta centímetros, seguido inmediatamente de una bajada.

Y las zanjas tenían una profundidad que intimidaba más de lo que esperaba, pero las primeras las cruzamos al paso con Alexander de la mano y las riendas casi sueltas, un ejercicio que según me había comentado hacían mucho para transmitir seguridad, era increíble la confianza que le transmitía a Winterfell.

Eso constituía un verdadero vínculo entre ellos.

Cuando terminamos, desmonté y acaricié a Winterfell.

—Es impresionante —admití.

—Te dije que te gustaría. Ahora solo falta añadirle velocidad y unos cuantos kilómetros de terreno para correr.

—Uff, para el carro, poco a poco —dije mientras imaginaba cómo sería salir al campo grande con Winterfell.

Alexander sonrió, pero su expresión se tornó pensativa.

—Ahora fuera de bromas, sabiendo tutto lo que hizo tu caballo el último trimestre, tengo curiosidad por verte con Liberty en un completo.

Me reí.

—No puedo esperar para probarlo. Pero por hoy, creo que he tenido suficiente.

En ese momento, vi a Jack fuera de la pista, observándonos. Pero justo cuando me giré para mirarlo mejor, él, disimuladamente, se dio la vuelta y se fue como si no hubiera visto nada.

No pude evitar que mi mente volviera a él una y otra vez.

Acaricié a Winterfell una última vez antes de que Alexander la llevara al paddock . Debía de ser la hora de comer, pero la mañana se me había pasado volando.

Mientras caminaba hacia la residencia, deseando darme una ducha y ponerme ropa cómoda tras lo vivido hoy, no podía evitar sonreír. La combinación de adrenalina, saltos fijos, Jack, Alexander y ese primer feeling con Winterfell era algo que no se me borraría fácilmente.

Y lo mejor de todo: apenas había sido la primera clase. Aún teníamos un largo camino por delante antes de enfrentarnos al examen de abril.