CAPÍTULO 9
Después de volver a la academia tras haber probado el horseball , parecía que la semana no dejaba de traer emociones fuertes. Al día siguiente, en el tablón de anuncios del castillo central, estaban colgados los intercambios de caballos que haríamos durante el segundo trimestre.
Brooke, Emily y yo fuimos directamente a buscar nuestros nombres en la lista. Para mi sorpresa, encontré el mío rápidamente:
Olivia Thorn: intercambio con Alexander Lombardi. Disciplina: doma-completo.
—¡Bien! —dijo Brooke—. Vuelvo a hacer completo otra vez.
—A mí me ha tocado salto, a ver qué tal —dijo Emily.
—¡Yo tengo completo, chicas! Y con Alexander —dije emocionada. Al menos, pensé, no tendré que lidiar con alguien tan duro como Jack.
Antes de irnos, busqué rápidamente a Jack para ver qué le había tocado este trimestre:
Jack Hawthorne: intercambio con Grace Ellington. Disciplina: salto-completo
Interesante, pensé. Vamos a hacer el mismo examen; esto se ponía cada vez mejor.
Por la tarde, me reuní con Alexander en la cafetería para comentar cómo eran nuestros caballos y trazar un plan de entrenamientos.
—¡Querida! —dijo Alexander desde lejos, levantando la mano para saludarme.
—Ey, Alexander —dije, sin tanta efusividad como él—. ¿Nos sentamos por aquí?
—¡Sí! ¡Ay, che bello que nos haya tocado juntos! Va a ser emocionante, ya verás. ¿Cómo llevas lo del completo? Los domeros soléis ser muy estirados y os cuesta un poco lo de correr por el campo.
—Bueno…, nunca he hecho cross . La parte de doma creo que la llevaré bien, el salto me apaño, pero el cross …, pues tendremos que descubrirlo —dije con una sonrisa.
—Uff, vale, chica. Tenemos lavoro da fare , porque mi yegua no es la más fácil del mundo.
—¡Cuéntame! ¿Cómo se llama?
—Se llama Winterfell. Es una yegua trakehner de capa ratonera; es decir, tiene el cuerpo grisáceo con crines negras.
Es divina. Tiene trece años y estamos compitiendo en internacionales de una estrella, somos de lo más normal de esta academia, pero no me importa.
Es muy valiente, pero tiene mucho genio.
Si no entras bien en las distancias, arrasa con todo.
Nunca rehúsa, pero alguna vez nos hemos comido algún que otro salto.
Tiene muchísima energía y, cuando ve el campo de cross , se emociona un poco —concluyó.
Viendo mi cara de preocupación, añadió enseguida—: Pero non ti preoccupare , empezaremos piano piano e iremos viendo.
—Vale… El examen de completo que tengo que hacer a final de trimestre tampoco es tan complicado, ¿no? Es como los del trimestre pasado.
—Sí, solo tenéis que hacer una reprise , y algunos saltos en pista y en el campo de cross a ochenta centímetros, una altura superasequible, ya verás —dijo animándome—. Y… cuéntame algo sobre Liberty, sono emozionato de poder montar un caballo domero y mejorar mi posición.
—Liberty aún es un potro, no te esperes un gran caballazo. Está aprendiendo, pero es muy bueno.
—Sí, escuché algo de que el trimestre pasado sorprendisteis a todos.
—Algo así. Tuvimos que improvisar un poco en los últimos exámenes —dije, recordando la locura que fue—.
En los próximos días vamos a empezar a trabajar los cambios de pie.
En marzo, Liberty, cumple seis años y en la reprise de este año ya nos sale esto, así que vas a participar en el proceso.
Ojalá le sea fácil aprenderlos, porque, si no, ya vamos a ser el hazmerreír de este sitio.
—¡Claro que sí, Libby! —dijo Alexander—. ¿Te puedo llamar Libby?
—Sí, así es como me llama mi madre y mis amigas, sin problema.
—¿Qué te parece si el domingo quedamos, pruebas algunos saltos con Winterfell y yo monto un poco a Liberty?
Como su familia está en Italia, a Alexander no le era posible ir a casa cada fin de semana, por lo que pasaba la mayoría de ellos en la academia, y los domingos podía hacer planes como yo.
—Genial, me parece súper. Yo también suelo quedarme los fines de semana por aquí, así que, por mí, perfecto —terminé diciendo.
Los domingos siempre eran los días más tranquilos en la academia.
Un silencio apacible lo envolvía todo. La mayoría de los alumnos se habían ido a casa, y siempre había pensado que hasta los caballos sabían que era un día para bajar el ritmo y relajarse.
Aunque mi domingo no prometía ser del todo tranquilo.
El día anterior, Alexander y yo habíamos organizado el plan: tendría a Liberty listo en la pista de doma a las nueve de la mañana para que él pudiera probarlo.
Luego, mientras yo lo desensillaba, Alexander iría a buscar a Winterfell y nos encontraríamos en la pista de salto para hacer una introducción al completo con ella.
A las nueve en punto, tenía a Liberty completamente listo.
Lo había vestido con los colores de la casa: llevaba el sudadero granate y protectores a juego.
En las clases de Biomecánica, habíamos estudiado los efectos de las vendas en los tendones de los caballos en comparación con los protectores, y llegamos a la conclusión de que las vendas provocaban un sobrecalentamiento en los tendones, así que intentaba usarlas lo menos posible.
Alexander llegó con puntualidad, vistiendo con su característico estilo: pantalones grises, casco KEP completamente blanco y una sudadera caqui de la casa de completo, que le resaltaban la figura.
La verdad, entre Liberty de granate y Alexander de caqui, no estaba muy convencida de que visualmente combinaran muy bien.
—¡Qué guapo está Liberty! —dijo, acercándose para acariciarlo.
—Liberty, te presento a Alexander. Este trimestre va a ser nuestro rider de intercambio —le dije a Liberty, sonriendo.
—Tú y yo nos vamos a llevar molto bene —añadió Alexander, siguiéndome el juego.
—¿Estás preparado?
—Por favor, nací preparado —dijo con dramatismo exagerado mientras se reía—. Al final, los intercambios con caballos de doma son los más fáciles que podemos hacer. Son los caballos más domados y predecibles.
Y no le faltaba razón, pensé. La reprise que Alexander tenía que hacer no era particularmente complicada: algunos apoyos, piruetas al paso, pasos atrás, diagonales y círculos en los tres aires, además de algunos cambios de pie simples.
Era sencillo en teoría, aunque algunos caballos, al estar extremadamente domados, solían tensarse en la parte del paso, esperando empezar a piafar o salir al galope.
Sus jinetes de intercambio no lograban relajarlos y, como todos los ejercicios al paso contaban doble, su puntuación bajaba mucho.
Pero ese no era un problema que fuera a tener con Liberty, ya que vivía más bien relajado que estresado siempre.
Para aprobar el examen, Alexander necesitaba sacar más de un 67 %, así que teníamos que ponernos manos a la obra.
Alexander se subió a Liberty con una facilidad envidiable.
Lib medía como mucho un metro y sesenta y cinco centímetros, así que, para un chico de un metro y ochenta centímetros como él, debía de sentirse como montar un poni.
Desde el primer tranco, quedó claro que Liberty y Alexander se entendían a la perfección.
Él lo acariciaba constantemente, le hablaba en voz baja, y Liberty respondía moviendo las orejas, atento y relajado.
Parecía encantado, y yo también pude relajarme.
Al menos, ellos dos sí habían hecho match .
Ya veríamos qué tal me llevaba yo con Winterfell.
Durante la clase, hicimos ejercicios básicos para que se conocieran, principalmente transiciones usando mucho el cuerpo, ya que tenía a Liberty muy acostumbrado a esto. También trabajamos su rectitud al galope, haciendo serpentinas con bucles en galope firme y en galope trocado. Daba gusto verlos.
Era increíble poder ver a Liberty con otro jinete, ya que yo solo me veía en el espejo y no podía apreciar del todo cuánto había mejorado desde que llegamos a la academia.
—¿Cómo lo ves? ¿Qué piensas? —me preguntó Alexander cuando terminó.
—Que Liberty se ha enamorado de ti —dije sin pensar—. Ahora veremos si yo le gusto tanto a Winterfell.
Se bajó de Liberty con la misma elegancia con la que se había subido y, mientras yo lo desensillaba, él fue a buscar a Winterfell.
Mi conclusión era que los jinetes de completo tenían una base y posición mucho mejores que los jinetes de salto.
Lo había comprobado comparando a Jack y Alexander, y también lo había notado en Grace y Harper cuando montaban.
Al final, en el completo se incluye una reprise de doma, por lo que deben practicar mucho más su posición, mientras que los jinetes de salto casi siempre están más enfocados en volar por encima de los obstáculos (sea como sea) que en cuidar la elegancia de su posición sobre el caballo.
Winterfell era una yegua imponente desde el primer momento en que la veías.
Su capa ratonera era realmente especial.
Aunque Alexander ya me lo había contado, ver en directo esas crines tan negras contrastando con su cuerpo gris resultaba fascinante.
Tenía una expresión noble y unos ojos valientes y brillantes.
—¿Sabes, Olivia? Dicen que las yeguas tienen fama de ser molto valientes —comentó Alexander con su característico acento italiano mientras ajustaba los estribos a mi medida—. Por eso se usan tanto en disciplinas como el salto y el completo.
—¿Y es verdad? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
—Totalmente. Lo más importante en el completo, aparte de tener un caballo capaz de desenvolverse bien en las tres pruebas, es que sea valiente y confiado.
A ciertos niveles, no puedes permitirte un caballo que titubee ante un salto grande con un foso o con cualquier obstáculo extraño que le dé miedo.